jueves, 21 de abril de 2011

Un ejemplo de energía para la sustentabilidad

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El abasto de energía es uno de los aspectos relevantes que toda comunidad debe considerar para su desarrollo. Contar con reservas de petróleo era la forma de asegurar este abasto en el siglo pasado. También en la segunda mitad del siglo XX, la energía nuclear fue ampliamente utilizada y promovida como una fuente de energía que no contribuye al incremento en los gases de efecto invernadero. Esta última afirmación es cierta; pero también debe quedar muy claro que la energía nuclear no es una fuente renovable de energía. En mi opinión, el uso de la energía nuclear es equivalente a pedirles a las generaciones futuras que carguen la basura tóxica que producimos actualmente y que la lleven en sus espaldas por miles de años. La disposición final de los desechos nucleares es un problema ético, ya que, estos desechos, requieren ser confinados bajo sistemas de alta seguridad por miles de años. Se requiere construir instalaciones que alberguen en forma segura los desechos nucleares, además su funcionamiento se debe garantizar por más de diez mil años; es decir, es necesario pensar, diseñar y construir edificaciones, no solamente que duren, que se mantengan en pie, sino que trabajen por más tiempo que lo que lleva de existencia la civilización humana como tal. Las edificaciones antiguas con más de mil años que han llegado a nuestros días ya no funcionan, ya no son usadas, solamente son reliquias necesitadas de conservación. ¿Cómo podríamos asegurar que las instalaciones que alberguen los deshechos nucleares sobrevivan a terremotos, maremotos o huracanes? Ésta es una pregunta fundamental y su respuesta no es trivial. Por supuesto, también deben seguir funcionando aun en época de guerra, revoluciones o ataques terroristas, algo más para pensar. En mi opinión la película Into Eternity aborda con seriedad y con una belleza abrumadora este problema del confinamiento final de los desechos nucleares.




Por otro lado, además de estas consideraciones, en México tenemos el problema adicional de que casi todo el territorio nacional es susceptible de sufrir terremotos, situación que nos remite inmediatamente al caso de la planta nucleoeléctrica de Fukushima Daiichi, que sufrió un terremoto y posteriormente los estragos de un maremoto para desencadenar un accidente de catastróficas consecuencias aún no cuantificadas. Los científicos pueden explicar claramente los que sucede cuando tienen la información. Una explicación detallada de los primeros momentos del accidente de Fukushima Daiichi después de maremoto fue dada por un experto mexicano.



Sin embargo, hay hechos que se dijeron que nunca pasarían y ya pasaron y provocaron el accidente (leer creafuturos para más información). La sociedad, todos nosotros, debemos reclamar información precisa sobre los accidentes en las plantas nucleares. Lo que pasó en Chernobyl, ahora 25 años después, todavía tiene consecuencias. AFP tiene un reporte sencillo de las consecuencias hasta nuestros días.

Es importante mencionar que hace menos de un mes hubo un temblor de más de 6 grados que pasó por Laguna Verde en una zona donde no se esperaba pasara un sismo.
Por estas razones, insisto, deberíamos apostar por las fuentes renovables de energía, en particular en México, por la solar. En la actualidad tenemos la posibilidad de usar sistemas fotovoltaicos para producir directamente energía eléctrica, hace algunos meses propuse el uso de 80,000 azoteas para poner sistemas fotovoltaicos, es decir se requieren solamente 18 metros cuadrados para poder producir más de 180 kW-h por mes, es decir, convertir del Sol más energía eléctrica de la que consume una casa promedio.
De acuerdo con el censo, en Morelos hay más de 450 mil viviendas habitadas que disponen de electricidad (datos del Censo 2010, ver www.inegi.org.mx). Así, podríamos generar con energía solar toda la energía que el Estado requiere usando solamente 18 metros cuadrados por vivienda, en promedio. Este proyecto es viable y se paga en diez años.
En esta propuesta, sólo estoy contando las viviendas habitadas; pero qué podemos decir de los edificios públicos, de los edificios donde residen los órganos de gobierno o las oficinas gubernamentales. Creo que el uso de estas azoteas para la producción de electricidad sería una acción benéfica para todos nosotros. El problema actual es que esto es redituable en un período del orden de 10 años; que lamentablemente es mayor a los 3 y 6 años que les interesa a la mayoría de los políticos
Otra pregunta ¿Qué podemos decir de las azoteas de las empresas? Una alternativa sería poner sistemas fotovoltaicos en los techos de los supermercados o de las industrias, etc. también podría ser una forma de obtener nuestra seguridad energética, pero no existen los mecanismos de financiamiento a largo plazo para estas acciones. Aunque este plazo podría disminuirse si se pudiera vender el excedente de producción eléctrica. Actualmente la ley no permite la producción de electricidad para su venta neta, solamente se puede producir la misma cantidad de energía que se consume e introducirla a la red general de distribución. Bajo la actual reglamentación, la CFE no pagará la energía que en un corte anual no consumamos.
Considero muy importante que: a) los legisladores analicen la forma en que se pudiera producir electricidad por pequeños productores y venderla para que la CFE la distribuyera, b) los secretarios de obras públicas de todos los niveles evalúen las posibilidades del uso de las azoteas y c) la CFE analice la viabilidad y requerimientos de la generación distribuida. La energía solar fotovoltaica no es la más barata en este momento, pero bien vale la pena hacer estos análisis y estoy seguro el sector científico tecnológico está listo para trabajar en conjunto para generar soluciones hacia la sustentabilidad.
Una primera versión de este texto fue publicada el día 20 de abril, 2011.

sábado, 16 de abril de 2011

Los topes o la incivilidad

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Hace algún tiempo escuché un trabajo de investigación que abordaba los efectos de los topes en el tránsito vehicular. Este trabajo realizado por estudiantes de bachillerato fue presentado en el XXI Congreso Regional de Investigación (2010) organizado por el CUAM y la Academia de Ciencias de Morelos. En mi opinión, ese trabajo era muy original, se usaban algunas herramientas de la física estadística para estudiar los efectos provocados por los topes y en particular analizaban las propiedades estadísticas de colas que se producen detrás de ellos. Si me refiero a los topes que las autoridades de tránsito ponen para regular el paso de los vehículos. El estudio se enfocó a analizar dos topes en la Ciudad de Cuernavaca situados en lugares donde no hay mucho afluencia de vehículos y, por lo tanto, concluyó que los topes no afectaban el tránsito. Resultado que hubiera sido diferente si se analizan las colas de vehículos provocadas por topes en sitios muy transitados. Sin embargo, lo importante no es si los topes provocan colas o no. Lo que nos debe preocupar es por qué se necesitan topes.
Uno de los lugares favorito para poner topes son en las avenidas donde hay escuelas con el argumento de que se hace para evitar accidentes a los niños. Pero, que no bastaría con poner un letrero que dijera ESCUELA y que con ello a las horas de entrada y salida de los escolares los conductores deberían maximizar su precaución y por lo tanto minimizar su velocidad. El hecho de poner topes es una muestra de incivilidad. Estoy seguro que los mismos conductores en otros lugares del mundo respetarían ese letrero y disminuirían su velocidad al pasar por una escuela. El detenernos en un tope enfrente de una escuela a media noche es totalmente ineficiente y un derroche de energía, es tirar nuestro dinero. Cada uno de los conductores paga la gasolina, pero cada uno de nosotros, ciudadanos, sufrimos la contaminación generada por esa frenada, es decir también nos cuesta, aún a los que no pasamos por esa calle con tope. Por lo tanto, el poner topes no es una solución barata, quizá deberíamos exigir semáforos inteligentes, por supuesto el costo total a la larga sería menor para la sociedad en conjunto.
En la mayoría de las ciudades del sur de la República Mexicana, y por supuesto en Morelos, se construyen autopistas e inmediatamente se ponen topes al paso de las poblaciones. Esto es totalmente incongruente. Las autopistas se hacen para que los automóviles pueden ir a mayor velocidad y los topes para frenarlos. Nuevamente, bastaría un letrero de poblado próximo y avisar de una reducción de la velocidad. Comportamiento que si vemos en otros lugares del país.
Uno más de los lugares donde no debe haber topes es en las entradas y salidas de la glorietas. Las glorietas se usan para regular el flujo seguro en la intersecciones de dos o más avenidas principales sin utilizar semáforos. La idea de la glorieta es que el vehículo que ya entró en la glorieta tiene el paso y que todo vehículo que pretende entrar a la glorieta debe dejar el paso al que ya entró. Esta regla sencilla y que todos deberíamos respetar bastaría para hacer funcionar la glorietas. También es cierto que muchas glorietas no cumplen con el tamaño mínimo para que funcionen.
Los topes claramente son un elemento negativo para el libre tránsito de los vehículos. También son un fuente de aumento de las emisiones de carbono, cada vez que tenemos que frenar, casi hacer alto total, para luego continuar. Todos pagamos y sufrimos la aberración de los topes
¿Cuál es la solución? Una respuesta simple y al mismo tiempo liberadora de todos es: que se enseñe bien los aspectos de vialidad en la escuela. Claro que la educación vial se debe dar en las escuelas, pero también debemos hacerlo en las casas, en la familia, con los amigos. Todos nosotros debemos enseñar con el ejemplo. Por supuesto, tanto la incivilidad como la educación vial se enseñan con el ejemplo. ¡Elijamos la educación vial!


Esta es una versión ampliada del texto publicado en el periódico La Unión de Morelos en día 12 de mayo de 2010 en la sección "Y sin embargo se mueve".

miércoles, 13 de abril de 2011

Cuenten bien... eramos más... los muertos ya no están

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El Sol empezaba a menguar, pero de todas formas los sombreros eran necesarios, estábamos caminando desde casa hacia la Glorieta de la Paloma, vimos a Paco lo saludamos y comentamos que nos veríamos allá arriba. Después nos encontramos a  Karla, Lupita, Manuel, Mariano, Raúl en frente de Villa Bejar, se nos unió Jorge. Empezamos a caminar ya casi eran las 17:00 hrs. Al llegar a la glorieta, nuestro asombro comenzó a incrementarse, la magnitud de la convocatoria empezó a notarse. Seguimos el río de personas que iniciaba un caminar sobre Heroico Colegio Militar, exactamente al costado de los cuarteles, sin prisa, saludando a casi todos los que veíamos. Realmente era la gente de Cuernavaca, todos nos ubicábamos, reconocíamos, saludábamos, conversábamos con todos. Pasó Sicilia por el otro carril, para ese entonces, yo ya no veía el principio ni el final de la marcha, que todavía estaba quieta, dormida, esperando el tiempo preciso para iniciar su caminar lento, pesado, con ansias de manifestarse y hacerse escuchar. En esos momentos nos percatamos: somos miles y una consciencia colectiva se gestaba. Durante todo el trayecto una incógnita nos corroía: ¿cuántos seremos? Durante el trayecto de la glorieta de Zapata a la de Tlaltenango no se ve principio ni fin. Todos eramos cuernavacos, tricolores, amarillos, pumas, americanistas, chivas, músicos, choferes, médicos, maestros, científicos, periodistas, poetas, amas de casa, estudiantes, ingenieros, en fin, cuernavacos todos. La avanzada leía poemas, increpaba a las autoridades, nosotros los de en medio, caminábamos tranquilos observando a los artistas espontáneos con representaciones improvisadas, con gritos de reclamo que salían de lo más profundo de cada uno. Con letreros que decían lo callado por mucho tiempo y aguantado por prudencia, miedo o desesperanza.
De repente sorpresas: algunos jóvenes con bolsas iban recogiendo la basura durante el camino. Una muestra de civilidad que solamente pueden tener las personas más conscientes de su entorno. ¡Bravo por estos jóvenes! Por ellos marchamos, para que ellos ya no caigan muertos. Observé como varios automovilistas atorados por la marcha levantaban el pulgar y tocaban el claxon para indicar que estaban de acuerdo con las consignas, que a pesar de que ellos no podían seguir su camino simpatizaban con los que habíamos decidido manifestarnos, eramos más. Tanto ellos atrapados, como nosotros los caminantes, obligados a usar esta herramienta de la desesperanza, esta último recurso para indicar a los gobernantes que están haciendo mal su trabajo. Para señalarles que esta guerra ya tiene muchos de nuestros hijos, hijas, jóvenes, mujeres y hombres, demasiados conciudadanos muertos, demasiadas vidas truncadas. La incertidumbre del poder salir a trabajar, a estudiar, a comprar, a divertirse sin saber si regresaremos, aniquila poco a poco a la sociedad misma.
En medio de la marcha:
- ¡Qué gusto verte!
- Pues ... La verdad a mi NO me da gusto verte ... aquí. No deberíamos estar aquí. deberíamos estar trabajando, jugando, estudiando, divirtiéndonos...
- Es cierto nadie desea estar en esta situación.
Ésa es la verdad ninguno de los marchistas ha deseado estar en esta situación; pero la ineficacia de los gobernantes nos ha obligado a tomar la calle.
Dan las 18:03 y estamos en las oficinas de tránsito ¡qué poco hemos caminado! Media hora más y ya estamos en la glorieta de Tlaltenango, a las 19:05 pasamos junto a la ayudantía de Tlaltenango, la gente en la aceras también participaba en la marcha, una familia con palomas de papel se unía a los gritos de reclamo:
¡México despierta ... están matando tu futuro!
19:39 hrs, apenas en el Calvario, el caminar se hace más lento. Para esos momentos el contingente ya no podía entrar a la plaza de armas, es más nunca pudo entrar completo, la plaza ya estaba repleta antes de que llegara la avanzada.
Finalmente a las 20:07 hrs. llegábamos a la plaza de armas, pero como anticipábamos no cabíamos, tuvimos que dar la vuelta y entrar por el correo, vimos a mucha gente saliendo de la plaza, muchas atentas a los discursos, muchas otras cansadas, pero satisfechas de haber participado, haber manifestado que no estaban de acuerdo en la forma de manejar los problemas que nos aquejan. La pregunta y ahora qué ... el turno a los gobernantes. Ojalá el miedo no los paralice y convoquen a todos para resolver los problemas entre todos.
Regresamos a casa ... veo las noticias y dicen que eramos unos diez mil, otros dicen que 30 mil, ¿quién sabe contar?, ¿cómo contar una marcha de esta magnitud? Eramos mucho más de los que estábamos, “cuenta bien ... eramos más ... los muertos ya no están”.


Publicado en el periódico "La Unión de Morelos" Miércoles 13 de abril pp. 24.

jueves, 7 de abril de 2011

Ciencia desde las raíces de la sociedad

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Cuando pensamos dónde se realiza la ciencia nos imaginamos; Universidades o Institutos especializados. Sin embargo, en la actualidad existe un movimiento social muy interesante que empieza a generar conocimiento científico en forma espontánea desde las raíces de la sociedad. Con las tecnologías tanto de medición como de información de que disponemos en nuestros días es posible para toda persona, con un nivel de estudios de bachillerato, realizar estudios sistemáticos o monitoreo de algunos parámetros que permitan generar modelos para describir los fenómenos estudiados. Esto es lo que hacen los científicos. A este tipo de ciencia se le está llamando ciencia desde las raíces de la sociedad (grassroots science) para diferenciarla de la ciencia que hacen profesionalmente los científicos. Por supuesto, estos estudios están mucho más enfocados a problemas cotidianos y son la herramienta que la sociedad puede esgrimir para tomar decisiones con fundamento en el conocimiento.
Es muy importante destacar que las personas involucradas en la ciencia desde las raíces no están peleadas con los científicos, sino que han decidido realizar ellas mismas los estudios que necesitan para resolver problemas cotidianos complejos. La mayoría de los proyectos que se realizan son liderados por un profesional de la ciencia que coordina las actividades, pero los trabajos realizados y los conocimiento son generados y producidos por la sociedad misma en un genuino afán cooperativista.
Esta nueva forma de hacer ciencia permite una interacción más clara y directa entre el conocimiento tradicional y el conocimiento científico, generando y amalgamando estos dos  conocimientos que en ocasiones parecen oponerse.
Esta interacción entre los científicos y los actores sociales está generando alternativas de solución de los problemas complejos que la sustentabilidad plantea en la actualidad.
Este camino no es fácil, ya que se requiere de la comunicación entre los científicos y los actores sociales, se requiere hablar diferentes jergas lingüísticas. Tenemos que ir construyendo paulatinamente las actividades que permitan fluir estas interacciones en una forma más natural, menos tortuosa.
En mi opinión, una forma de empezar a construir datos en forma conjunta, desde las raíces de la sociedad y con la tutoría de científicos podría ser la generación de bases de datos distribuidas con información de eventos. Como mencioné los avances informáticos y de telecomunicaciones hacen posible que una gran parte de la población tenga acceso a Internet y con ello los costos asociados a las encuestas pueden disminuirse grandemente. Por esta razón, una encuesta a través de Internet sobre enfermedades respiratorias puede ser una actividad que brinde información útil.
Podemos mencionar que esto ya ha sido iniciado en diferentes partes del Mundo y, en particular, también en México. Para detallar este ejemplo déjeme recordar la epidemia de influenza A H1N1 que sufrimos hace dos años en México. Esta epidemia tomó por sorpresa al sistema de salud del país y mostró que los sistemas de alerta tienen deficiencias. Podríamos discutir estas deficiencias largamente, destacando la burocracia del sistema de salud o la renuencia de la población a acudir a estos servicios, pero en su lugar, aquí, mostraré un ejemplo de participación ciudadana que puede ayudar en forma eficiente a tener información en tiempo real de la situación que tienen las enfermedades respiratorias en la población.
Reporta es una página en la Internet dedicada a monitorear de enfermedades respiratorias (http://reporta.c3.org.mx/). Esta página contiene una encuesta que con unas simples preguntas puede mantener una base de datos dinámica para generar información útil en el monitoreo de enfermedades, en particular las respiratorias. En palabras de sus creadores: “Elaboramos esta encuesta como una herramienta social que complementa los esfuerzos que llevan a cabo las autoridades para perfilar el virus de la influenza, pero para ello necesitamos de tu participación. Con ella buscamos consolidar una base de datos fidedigna, que nos permita conocer la presencia y ubicación de enfermedades respiratorias en la población residente en México. Esto puede servir para detectar de forma temprana brotes epidémicos, y nos permite conocer qué personas son más propensas a enfermarse, con lo cual es más fácil diseñar estrategias eficaces para contener un brote.” La participación ciudadana nos conducirá a la sustentabilidad
Te invito a participar en esta investigación colaborativa visita http://reporta.c3.org.mx/ regístrate y participa cada semana. Construyamos los datos que necesitamos.

P.D. Nos vemos en la Marcha Nacional ¡Por La Paz! ¡La No Violencia!

Nota: esta post data fue para la marcha del día 6 de Abril, donde asistimos más de 30 mil personas

publicado en “La Unión” Miércoles 6 de abril pp. 24 (2011)

viernes, 1 de abril de 2011

La hora oficial

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Era una mañana helada, con neblina; el efímero calor de la respiración calmaba momentáneamente el frío sobre las mejilla de Cronos Contreras. Eran las 6:15 de la mañana según su reloj, pero todavía no se asomaba el Sol. La Iglesia en medio del pueblo, a sus espaldas, y las dos maletas a sus pies parecían indicar que esperaba un autobús.
    Mientras esperaba, sus pensamientos volaban y se preguntaba: “¿no que el Sol sale a las 6:00 AM? Yo aquí esperando en plena oscuridad”.
    Recordó que iba rumbo a la tierra de los canguros y que en ese momento en Sidney eran las 17:45. Cronos nunca se imaginó que hubiera esa transformación de horario oficial, once y media horas de diferencia. Creía que los horarios estaban definidos cada hora. En eso recordó que la hora oficial es un asunto de convención, “en Chiapas decían hora de Dios o de Zedillo para referirse a la hora 'local' o a la hora oficial; o quizás a la hora solar”; pero ¿qué era eso de hora solar? “Si en cada punto de la Tierra el medio día solar lo define el momento en que la sombra de una vara vertical es perpendicular a la línea que genera su misma sombra durante el transcurso del día. ¡Qué trabamentes! Mejor decir el momento justo en que la sombra de esa vara tiene su longitud más corta. ¿A esa hora se refiere la hora de Dios? ¡Qué cosa más rara: un horario para cada punto de la Tierra! De esta manera cien kilómetros al este el medio día solar sucede un poco antes que unos cien kilómetros al oeste de cualquier punto  del país... bueno... por eso se definió la misma hora local para cada gajo de la Tierra de 15 grados que llamamos meridiano. Así, para cada meridiano el momento en el que en su centro es la hora solar se define como la hora local para todo el gajo. Por supuesto la hora local en las fronteras entre los meridianos difiere una media hora de la hora solar del sitio. Mientras que la hora oficial es la que define el gobierno de cada país. Así que eso de la hora es algo relativo, no de la relatividad propuesta por Einstein, pero sí relativo al lugar donde esté definido el tiempo. Otra pregunta más compleja, ¿qué es el tiempo?”
    Miró una pareja caminando presurosa hacia la obscuridad, hecho que lo distrajo de tan compleja pregunta y retornó a una más terrenal: “¿quién necesitó definir un horario para un país? Solamente a los burócratas o a los comerciantes se les podría haber ocurrido definir una hora oficial, ya que a los campesinos, a los obreros a los maestros les basta con la hora local; a sus parcelas,  rebaños, jefes de planta, alumnos no les interesa la hora de otro lugar más que la suya propia”.
    Volteó impaciente a ver si veía las luces del autobús, mientras continuaba cavilando. “Seguramente los burócratas no querían estar atentos en la oficina todo el tiempo y pusieron un horario oficial para que todos ellos en cualquier parte de un país, o nación, trabajaran al unísono y si el jefe supremo les hablara por teléfono, el burócrata segundón le respondiera al instante al otro lado de la línea. Esto no pasaría en una ciudad; tendría que ser un sistema burocrático gobernando una porción grande del globo terráqueo que necesitara definir un horario oficial y, además, requeriría de un sistema de comunicación muy eficiente. Ni Alejandro Magno ni Pakal tuvieron que definir un horario oficial; pero tanto los griegos, como los romanos y los mayas sí definieron un calendario oficial; la resolución en el tiempo que se requería era otra en aquellos días. En nuestros días contamos las horas, los minutos y aún los segundos... ¡qué cambio tan radical! ... Quizás fue un comerciante que disponía de un transporte muy rápido y sincronizado, el que promovió el horario oficial, porque deseaba pasar a recoger los productos de los campesinos u obreros en diferentes lugares en una forma eficiente para disminuir costos. De hecho, la hora oficial no tiene más de tres siglos desde que se implantó el horario de Greenwich para sincronizar los horarios de los trenes.”
    Giró la cabeza para ver al campanario y vislumbró las tenues figuras de las palomas que empezaban a agitarse con los ligeros destellos de luz del oriente; los pensamientos se agolpaban: “Ahora ese cuento de que con el cambio de horario en verano habrá un ahorro de energía. Los políticos definieron que el verano dura 7 meses de abril a octubre, cuando a mí desde chiquito me dijeron que el verano dura sólo 3. Cada vez me queda más claro que eso del horario de verano es benéfico, pero solamente una hora no dos”. Esta afirmación le venía a la mente, recordaba que en la década de los cuarentas se corrió el horario de toda la república una hora. Ya casi en este milenio, se corrió otra hora más en el verano de los políticos, con lo que el centro del país está adelantado dos horas de abril a octubre con respecto a la hora solar. “¡Qué líos! Hora oficial, hora local, hora solar”.
    La humedad de las últimas lluvias, el cordonazo de San Francisco se había atrasado, incrementaba la sensación de frío en sus pies y a su mente venía su anterior viaje: corría a las 6:00 hrs. en las playas de Durban, Sudáfrica. En esos momentos el mar refrescaba sus pies y el Sol le quemaba las mejillas no obstante ser tan de mañana; parecía ayer cuando veía a los ciclistas y corredores tomar una café después de su ejercicio y antes de irse a trabajar. “¡Qué diferencia... la misma hora oficial y por allá corriendo con un rico y arropador amanecer. Ése es un pueblo muy sano; bueno, al menos la élite que puede ejercitarse; pero ése si es un horario pensado en la gente. Poder hacer ejercicio antes de las 6:00 AM con Sol... es vida y ... saludable. En cambio la cultura de levantarse en la obscuridad para poder ir de compras con luz a las 20:00 hrs. no piensa en establecer una población saludable”.
    En eso le pareció más nítido y claro el recuerdo de la conferencia de prensa de los investigadores del Centro de Investigación en Energía, donde aclaraban todo esto y lo más importante: “Efectivamente, el cambio de horario de una hora sí ahorró al país muchos kilovatios hora; pero que el segundo cambio era inadecuado para los meses de abril y octubre, ya que el Sol salía demasiado tarde, ¡el verano no tiene 7 meses! La razón era la latitud de nuestro país. Por ejemplo, en Chiapas, el paralelo 14 grados, el Sol sale en el verano solamente 50 minutos antes que en invierno; mientras que en Baja California, paralelo 32, el Sol lo hace 1 hora 50 minutos antes. Con estas diferencias en el amanecer se justifica el mover el horario oficial en el Norte otra hora más, pero no en el Sur.” Un giro momentáneo en su pensamiento lo llevó a deducir que el cambio de una segunda hora podía ser también adecuado para lugares más al norte del Río Bravo.
    Frotó nuevamente sus manos frente a su boca para calentarlas unos momentos; repasaba las razones de sus pensamientos: “México es uno de los países más grandes del mundo y por él cruzan tres husos horarios”. Recordaba a la maestra Julia, su maestra de tercer año de primaria, cuando le decía: “México va desde la longitud 86 grados hasta 118 grados oeste. Por lo tanto tiene 3 husos horarios: 90, 105 y 120”. Continuó recordando que no le salían las cuentas: “La Cd. de México está en el centro, por lo tanto, le corresponde el huso horario 105, eso quiere decir que debería tener 7 horas de diferencia con Londres” y su maestra le decía que había 6. Ya en aquellos días se había ganado la fama de verdadero contreras preguntando por qué esta diferencia. Como había recordado antes la razón radicaba en que en 1948 el gobierno del país había decidido tener solamente dos husos horarios: el de 120 en el Oeste (Baja California y Sonora) y el de 90 en el resto del país. Con esta selección se consiguió tener una hora más de insolación en la tarde en el centro del país y fomentar la actividad mercantil. Volvió a sus cavilaciones, “sería mejor vivir en Mérida”, ahí en estos momentos los rayos del Sol lo estarían calentando “o en Ensenada” ahí todavía estaría dormido.
    Sus pensamientos regresaron a la conferencia: “Lo adecuado para acercarse más al horario solar era considerar al país en tres zonas por latitud y tres por longitud con diferencias de una hora cada una; pero se había argumentado que nueve diferentes horas oficiales eran demasiado para el país y más que unas zonas cambiaban en verano y otras no. Sería un verdadero relajo. No cabe duda el país es grande y los movimientos de los rayos del Sol en esta esfera llamada Tierra son complicados y enredados”.
    Recordó cómo había manifestado su acuerdo con que nueve husos horarios eran una exageración, pero ese día sábado, justo un día antes del cambio al horario de invierno, tenía la certeza que la propuesta de los investigadores de restringir el nuevo cambio de horario de verano en toda la República a cuatro meses era verdaderamente idónea para un país como México. “¿Acaso los nuevos burócratas segundones tienen que obedecer a nuevos jefes supremos que no están en México?, ¿los modernos comerciantes ahora tienen sistemas mucho más rápidos y eficientes de colección de dinero para requerir una sincronización mayor a mayores distancias? Es claro.” pensó “Los horarios oficiales pueden proponerse con diferentes motivaciones. ¿Cuál sería la que nos dio un verano de 7 meses? ¿Podría haber otras motivaciones para definir un horario de verano?” Estas preguntas circulaban en su mente, cuando finalmente, al mismo tiempo que tenues rayos rosados iluminaron parte de las nubes, dos destellos blancos parecieron surgir del pavimento, era el autobús con el que iniciaba su viaje a tierras australianas, país que, como Sudáfrica, respeta a sus ciudadanos más que a los de Wall Street.


Primeramente publicado en: "Ciencia y Ficción". Eds. K.G. Cedano y F. Rebolledo ISBN 978-607-02-0642-9 pp. 95-102 (2009).