miércoles, 16 de enero de 2013

Desde Haití, 2013

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Como he mencionado en artículos anteriores, los problemas que tiene Haití son extremadamente complicados, su solución requiere un esfuerzo más allá de lo imaginado por muchos. La degradación ambiental, la voracidad e irresponsabilidad de las industrias, la falta de una educación de calidad, todos ellos aspectos, entre otros muchos, que hemos encontrado en Haití y que son ejemplos exacerbados de las cosas que se hacen en muchas partes del mundo y que conducen a catástrofes autodestructivas que cíclicamente practicamos los humanos. Aquí sugiero leer “Colapso” de Jared Diamond para abundar sobre este punto.

Estufa solar como material didáctico elaborada en Haití

Los académicos de la UNAM que participamos en esta escuela de ciencias e ingeniería, que durante dos semanas impartimos clases en la Universidad Estatal de Haití, tenemos las mejores intenciones para contribuir en la formación de los futuros científicos e ingenieros que ese país requiere y hacemos lo que está a nuestro alcance. Sin embargo, a veces la realidad nos apabulla y obliga a la reflexión y nos preguntamos ¿estamos haciendo lo adecuado?, ¿servirá para algo nuestro esfuerzo? No me cabe la menor duda que somos un grupo optimista y que lucha por lo que consideramos adecuado, a pesar de esto no dejamos de preguntarnos continuamente la pregunta ¿qué hacer? ante lo que observamos y que, desafortunadamente, nos refiere a a nuestros lugares de origen o donde vivimos. Claramente, al estar en Haití me acuerdo del mercado de Ocotlán en Oaxaca, de la frontera entre México y Estados Unidos en Tijuana, el tiradero a cielo abierto de Tetlama en Morelos, de la situación de las escuelas en Morelos, Tlaxcala, Michoacán, etc. En todos estos lugares la pobreza lacerante, el deterioro ambiental, junto con la poca o nula información sobre nuestras acciones, no hacen más que enfatizar la gran indiferencia e irresponsabilidad con la que muchas personas que vivimos en las ciudades usamos productos desechables, desperdiciamos energía, agua, alimentos y en particular contaminamos nuestro entorno. Todo esto en una sociedad basada en el consumo irracional que busca la máxima producción en el menor tiempo posible, con el menor costo y con la máxima tasa de retorno en la inversión. Esta premisa solamente puede ser satisfecha si se explotan los recursos naturales en el menor tiempo posible, si se pagan los menores salarios posibles, si se mantiene en un estado de enajenación extrema a la mayoría de la población y en un profundo desconocimiento del pasado y de lo que puede devenir. Esto es todo lo contrario a un desarrollo sustentable. Es lo contrario al proceso democrático participativo que algunos anhelamos y que consideramos dignos de vivir en él, donde nuestras acciones se basen en nuestro conocimiento.
Hace unos días leí en la bitácora de un amigo que era importante participar y actuar en consecuencia, dejar de criticar y premiar a los que sí contribuyen a cambiar la situación en la que vivimos. Comparto totalmente esta afirmación, aunque considero que el mejor premio para nuestros amigos o conocidos que actúan para transformar nuestro entorno es imitarlos. Las luchas estériles en el ámbito político solamente hace ganar en la rapidez para llegar al colapso de nuestra sociedad. La argumentación retórica no conduce a acciones concretas, la discusión basada en conocimiento impulsa los acuerdos y nos lleva a la implementación de propuestas de consenso.
Todo esto lo comento para afirmar que los científicos mexicanos hemos decidido, desde hace varios años, salir de nuestros cubículos para fomentar la cultura científica en nuestro país e impulsar la toma de decisiones con base en el conocimiento. Con estas acciones colaboramos con divulgadores, periodistas, voluntarios y otras personas en la búsqueda de información para decidir. Las instituciones de educación superior tienen dentro de sus objetivos implantar este tipo de acciones, pero los científicos han decidido hacer algo más. De hecho las Academias Mexicana de Ciencias y de Ciencias de Morelos son un ejemplo en estas acciones, para muestra consultar su páginas en la Internet o en Facebook o en Twitter.
En Morelos hace 19 años se fundó la Academia de Ciencias de Morelos y este viernes 18 a las 11:00 horas tiene cambio de su mesa directiva, que celebrará con una conferencia para todo público en el auditorio del Museo Cuauhnáuac en el Palacio de Cortés en Cuernavaca impartida por Arturo Álvarez Bullya con el tema "Células Madre y los Rehiletes del Cerebro". Todos estamos invitados.
Este tipo de acciones contribuyen a conformar una opinión informada en la sociedad. Así como veo difícil la situación que encuentro en Haití, también veo que requerimos muchos trabajo para conseguir una sociedad equitativa consigo misma y con el ambiente en nuestra ciudad, en nuestro estado, en nuestro país, en nuestro mundo.

Una primera versión de este artículo fue publicado el día 16 de Enero

1 comentario:

  1. En definitiva la gran labor de las academias mencionadas ha sido un ejemplo muy importante para muchos de nosotros. Hay muchísimo trabajo por hacer para acortar aún más la brecha entre la ciencia y los diversos grupos de nuestra sociedad, y para lograr un desarrollo integral y sustentable.

    Me parece excelente la labor de los académicos de la UNAM que van más allá de México a compartir sus conocimientos, ya que además de transmitirlos, adquieren también una perspectiva más amplia para evaluar los problemas por resolver en nuestro país, y las posibles soluciones.

    En definitiva creo que tomar como ejemplo acciones como éstas y multiplicarlas es el mejor reconocimiento para quienes las inician, haciendo trascender las buenas ideas y participando activamente en la construcción de una sociedad en progreso.

    Gracias por compartir estas experiencias ¡Saludos!

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