miércoles, 25 de marzo de 2015

Comprar, usar, reparar, usar

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Este fin de semana alguien muy querido me preguntaba ¿qué si los mexicanos habíamos perdido la capacidad de reparar los aparatos electrónicos? Para poder continuar con el tema, considero muy importante aclarar el contexto en que surgió la pregunta.
Estábamos platicando sobre las vicisitudes de los aparatos electrodomésticos. Estaba comentando el hecho de que de repente empezó a fallar mi horno de microondas y tuve que llevarlo a revisar. En el taller me dijeron que todo estaba bien con el horno y que seguramente tenía bajo voltaje en casa. Esto era algo común hace unos 25 años, pero desde hace varios años, debo decir que la calidad del fluido eléctrico ha sido adecuada. Regresé con mi horno a casa, cabizbajo ya que decía para mis adentros: ¿por qué no checaste primero el voltaje? En lugar de pensar que los aparatos ya no tienen la vida que antes. Debo confesar que el anterior horno de microondas que acabo de jubilar nos dio excelente servicio por más de 20 años y ahora el nuevo tiene menos de 3. Así que llegue a casa y saqué mi multímetro para medir el voltaje. El voltaje era el adecuado antes de poner a funcionar el horno y cuando empezaba a funcionar caía a menos de 100 Volts (el voltaje adecuado es 120 V) evitando que el horno funcione bien. Esta falla generalmente se debe a que el neutro que proviene de la CFE y entra a las instalaciones se desconectó o tiene un falso contacto. Lo demás funcionaba dado que tengo una tierra eléctrica adecuada. Efectivamente salí a la calle y pude observar que el cable que llegaba a mi casa tenía el otro extremo flotando en el aire. Por supuesto llamé a la CFE, me atendieron amablemente y coincidieron en que mi explicación podría ser la causa de la falla de mi horno de microondas. Me dieron varios números y me comentaron que en menos de 48 horas debería estar arreglado el problema. Para mi sorpresa el cable suelto fue arreglado por la CFE en menos de 4 horas.
Sirva todo este preámbulo para continuar con la primera pregunta (que para estos momentos el lector quizá habrá olvidado, al menos el escritor tuvo que volver a leerla). Estaba comentando lo del horno cuando de repente saltamos al tema de que últimamente entre los conversadores habíamos mandado a reparar cuatro teléfonos celulares o aparatos electrónicos pequeños para oír música y que la respuesta común de los técnicos de los diferentes servicios era que costaba más repararlo o que no tenían las partes para reparar el aparato.
En este contexto surgió la pregunta, ¿estamos perdiendo la capacidad de reparación en nuestro país?
La respuesta es que sí, sin embargo no es algo exclusivo de nuestro país. Esta capacidad se está perdiendo en todo el mundo, dado que nos encontramos en una estrategia de maximización del consumismo. Los cuatro aparatos fueron diagnosticados y la respuesta que se obtuvo fue que la refacción ya no se encontraba; pero en todos los casos tenían menos de cuatro años de uso, surgen muchas preguntas. Uno tenía el display estrellado, pero lo demás funcionaba, otro la conexión para cargarlo estaba rota, otro más que el sector de arranque se había dañado, etc. Todas estas explicación indican que se tiene la capacidad de diagnosticar las fallas, pero no la de reparar los aparatos. En la actualidad los fabricantes de aparatos electrónicos no tienen la obligación de fabricar refacciones para poder repararlos en caso de falla. Recuerdo que hace algunos años un fabricante de automóviles adquiría el compromiso de fabricar las refacciones por al menos diez años. En el caso de los electrónicos no es así.
La situación todavía es más alarmante, en la actualidad contamos con dispositivos electrónicos que están programados para ya no trabajar después de una corta vida de uso. Sí, aunque el lector no lo crea, hay fabricantes que programan sus productos para morir sin motivo alguno, solamente propiciando la compra de un nuevo producto. Es más, en la actualidad varios celulares que electrónicamente funcionan, ya no pueden ser utilizados debido a que el nuevo software no puede correr en ellos. De esta manera, si uno desea contar con nuevos servicios requiere de comprar un nuevo celular. Este fenómeno es conocido como obsolescencia programada y tiene aspectos que deben ser considerados en su análisis.


Vean este excelente video de unos 8 minutos sobre Obsolescencia programada por MakingUFeel

Un argumento a favor de esta programación para la salida de circulación de los productos es que con ello se generan empleos y las personas pueden vivir. Claramente, este argumento puede ser rebatido fácilmente, ya que la fabricación de las refacciones también puede generar los empleos suficientes.
Para mayor información les recomiendo ver la película “Comprar, Tirar, Comprar”. Yo la vi por primera vez en el festival Cinemaplaneta (en este abril será la nueva edición) hace algunos años y todavía la recuerdo. La verdad es que el comportamiento consumista actual hace que la recuerde vívidamente.
Hoy en día estamos enfrentado una problemática compleja con múltiples aspectos a considerar. Algunos estamos convencidos que el desarrollo sustentable es una alternativa, pero se requiere que todos contemos con información y podamos decidir con conocimiento.

Una primera versión de este artículo fue publicado el día 25 de Marzo en la Unión de Morelos.

miércoles, 18 de marzo de 2015

En la búsqueda del bienestar social.

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Esta semana comenzó con una mala noticia para quienes valoramos el periodismo real y comprometido con difundir información. Claramente, no puede haber información imparcial, toda información tiene el sesgo de quien la difunde. Sin embargo, debemos reconocer el comprometido esfuerzo que ha realizado Carmen Aristegui y su equipo de colaboradores desde hace varios años.
Todos los días en la mañana tenía la disyuntiva de escuchar la noticias locales o los programas de ciencia matutinos o escuchar las muy interesantes y agudas narraciones, entrevistas o los comentarios de los invitados de Carmen Aristegui. Conocía perfectamente las frecuencias para poder escucharla, ya sea en el D.F. o en Cuernavaca y cuando viajaba también la escuchaba por Internet. Todo el tiempo me era claro que iba a decir cuidadosamente lo que pensaba y mediante preguntas inteligentes hacer que sus entrevistados dieran información.
En artículos anteriores he comentado como el periodismo ciudadano está cambiando la manera en que la sociedad se informa; pero siempre es importante contar con un equipo profesional, crítico y comprometido para informar de la manera más amplia posible, sin restricción de parte de intereses mezquinos.
En esta ocasión, quiero comentar que desde mi perspectiva existen muchos posibles argumentos para que MVS decidiera no permitir más que Carmen Aristegui continuara con el noticiero matutino líder en el país. Todas ellas muestran la mezquindad, egoísmo y avaricia del sector social mexicano que se ha apoderado tanto del ámbito político como del ámbito empresarial. Desde mi punto de vista, el periodismo crítico de Carmen Aristegui sirvió a MVS mientras se discutían las leyes de radio y televisión, pero ahora ya no les interesa mantener posturas críticas a los dueños de esa empresa. Ellos también son parte de la sociedad mexicana; pero claramente tienen una desmedida ansia de poseer sin dejar algo para los demás.
Por supuesto que esta situación me despierta coraje, impotencia e incontrolables deseos de acceso a niveles de decisión para poder transformar los paradigmas actuales. Estos deseos lo plasmo en mi vida cotidiana, tratando de formar mejores personas al dar clases, realizar investigación y formar personas más preparadas y con compromiso social.
Ya es tradicional que mencione aquí algunos textos de personas que han dedicado tiempo y esfuerzo para entender la problemática que nos aqueja y vislumbrar con ello las posibles soluciones.
El día de hoy pensaba argumentar más lo que discutí hace algunas semanas sobre la problemática de la tragedia de los comunes. Con mucho agrado, la semana pasada, recibí un mensaje a mi cuenta de Facebook de Alejandro Pisanty, buen amigo, científico y promotor de un activo y socialmente responsable Internet. El Dr. Pisanty me sugirió leyera otro libro de Elinor OstromUnderstanding Institutional Diversity” para que completara la propuesta de solución a la conformación de instituciones que atiendan la complejidad de limitaciones en los recursos y que al mismo tiempo sean promotoras del bienestar de su comunidad maximizando ese bienestar colectivo. Por supuesto, estas estrategias son diametralmente opuestas a las que estamos sufriendo, donde las reformas estructurales parece beneficiar solamente a los sectores más pudientes. Esto último, Donella Meadows lo denomina acciones que dan más a los exitosos. Para contrarrestar el beneficio individual desmedido propusimos la educación y concientización. A esto el Dr. Pisanty me recordó que debemos definir reglas de uso, aprovechamiento y mantenimiento de los recursos en dos niveles: a) reglas propuestas por la comunidad y b) reglas propuestas por el entorno social de la institución, esto es discutido ampliamente en el libro que me recomendó. Por supuesto Alejandro Pisanty tiene razón y debemos construir estructuras sólidas en los dos niveles. La fortaleza de las reglas comunitarias podría ser suficiente en un entorno cerrado, pero debemos trabajar para construir y fortalecer las reglas externas. Actualmente tenemos en México y en el planeta este tipo de reglas; pero en ambos niveles son muy débiles. En las dictaduras las reglas fuertes son extracomunitarias. Por esta razón considero imperioso empecemos a trabajar colectivamente para definir y hacer respetar reglas con la fortaleza de haber sido consensuadas para que garanticen que los procesos de nuestra vida consigan involucrar equitativamente los ámbitos económicos, sociales, ambientales e institucionales.
Percibo severas dificultades en este camino; pero invito a continuar trabajando para conformar sólidas bases colectivas, por ejemplo: periodismo ciudadano (la iniciativa Mexicoleaks es un claro ejemplo), ciencia ciudadana (estudiando localmente los problemas locales, amalgamando el conocimiento tradicional con el científico) y en general organizaciones sociales para institucionalizar reglas basadas en perspectivas de largo plazo y que su objetivo sea maximizar el bienestar social. Quizá nuestro deseo de un periodismo crítico pueda ser un detonador de actividades colectivas que construyan entes sociales capaces de generar beneficio social que deseamos.

Una versión resumida de este artículo fue publicado el día 18 de Marzo

miércoles, 4 de marzo de 2015

Del Sr. Funcionario a la solución de la tragedia de los comunes

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El día de hoy quiero insistir en la importancia de construir esquemas organizativos que permitan contender con la problemática compleja a la que nos enfrentamos en nuestro planeta. A lo largo de la historia las organizaciones humanas han sido fundamentalmente jerárquicas. Incluso en las democracias los elegidos se invisten de títulos que recuerdan a los títulos nobiliarios. Por ejemplo, la forma de dirigirnos a los miembros del congreso en los países democráticos tiene una carga cortesana: nos referimos al Sr. Senador Menganito, al Sr, Diputado Sutanito, al Sr. Presidente Municipal Perenganito, lo mismo hacemos con los presidentes y gobernadores. Para mi es claro que todos estos puestos fueron otorgados por el voto directo de los electores y el nombramiento no siempre confiere distinción a las personas diferente a la de haber sido electos. Claramente esto no es así para los reyes y emperadores que por “derecho divino” les fue conferido el cargo o título. Aquí no me voy a referir a lo justo de ese nombramiento divino, me concretaré a comentar los aspectos de las democracias o de las designaciones.
Desde mi punto de vista hay organizaciones y más concretamente actividades y tareas sociales que deben ser realizadas por entes jerárquicos, mencionemos, por ejemplo, la aplicación de la ley en sanciones a faltas. Sin embargo, hay muchas otras tareas que requieren del concurso del acuerdo social. Pongamos como ejemplo: la convivencia social en un parque de cualquier ciudad, si el parque fuera muy grande y con una gran diversidad de lugares, atractores y entornos, quizá no se requiriera el concurso del acuerdo; pero generalmente son pequeños, así que un buen parque tiene áreas para practicar deportes, otras para juegos infantiles y otra para estar. La definición de estas áreas y su distribución puede ser motivo de conflicto entre la comunidad, pero seguramente se puede llegar a un acuerdo si se busca una buena administración de esta área de uso y disfrute común. Otro ejemplo puede ser el propio instituto donde trabajo, o cualquier otra entidad de investigación. Ahí comparto instalaciones con 67 académicos y más de 300 estudiantes y 80 trabajadores administrativos para desarrollar nuestras labores todos estamos de acuerdo en que se requieren aulas y laboratorios, pero también para contribuir un desarrollo integral de toda la comunidad se requieren instalaciones recreativas y deportivas. Esto último ya entra en conflicto con lo primero. Se requiere de mantenimiento tanto para los laboratorios como de las aulas; pero también es necesario prestar atención a las otras instalaciones. Es más déjenme exponer un tema mucho más específico. Para hacer investigación los académicos del instituto solicitan donativos a muchas instituciones y todos recibimos dinero para desarrollar proyectos de investigación. Cabe decir que la mayor parte del presupuesto operativo de los institutos de la UNAM proviene de fuentes externas a la misma UNAM, es decir, los académicos necesitamos concursar por apoyo de muy diversas organizaciones. Con estos apoyos compramos equipos, algunos muy costosos que pasan a formar parte de la infraestructura del instituto. Dada esta situación tenemos al menos dos posibles conflictos. Los académicos de mayor antigüedad pueden tener más espacio para colocar más equipos, por otro lado estos equipos requieren de mantenimiento y la mayoría de los proyectos tienen una vigencia menor a la vida útil de los equipos; por lo tanto se requiere el pago de mantenimientos con cargo al presupuesto del instituto, que en principio es para todos los académicos. Este tipo de conflictos es conocido como la administración o gobernanza de los comunes. La premio nobel de economía Elionor Ostrom escribió un libro titulado “Governing the Commons” muy interesante donde analiza la gobernanza de los comunes y concluye, al igual que Donella Meadows en el libro, que ya he comentado, “Thinking in Systems”,que este tipo de conflictos pueden ser solucionados desde la teoría de sistemas. En particular, la solución involucra definir reglas claras de uso, mantenimiento y equidad de largo plazo, así como cuotas de recuperación para mantenimiento y reparto de áreas de uso. Todo esto con la finalidad de obtener beneficio social maximizado en lugar de extraer beneficio individual con marginación para muchos. En otras ocasiones he propuesto organizaciones horizontales que promuevan la participación de las personas involucradas.
Fundamentalmente la educación y exhortación a los usuarios para que ellos entiendan las consecuencias del abuso de los recursos son las herramientas que proponen. También la implementación de acciones de retroalimentación para enfatizar mediante la concientización del uso de los recursos y para que colectivamente se sancione los posibles abusos. Una acción también importante es alinear a los actores hacia una meta común de largo plazo en lugar de seguir las metas individuales, generalmente de corto aliento. Señalan como opciones la auto-organización y auto-gobierno como alternativas una vez que se cuente con credibilidad, compromiso y mutua vigilancia de los recursos compartidos. Todo esto apunta en dirección opuesta a mis frases del principio donde anotaba la costumbre que tenemos de otorgar títulos nobiliarios a las personas encargadas de defender los intereses de las comunidades y sugerir acciones verticales que no siempre son adecuadas ni comprendidas por la comunidad.
Debemos construir organizaciones con personas capaces de aportar al bien social. Espero estas líneas nos indiquen que los problemas sociales no se resuelven con tomas de decisiones autoritarias o democráticas, sino mediante el concurso, compromiso, participación, convencimiento y educación sobre las diferentes formas de resolver el conflicto que nos ocasiona compartir el la calle, la colonia, la ciudad, la región, el estado, el país y finalmente nuestro planeta, ya que todos son finitos. Quizá el Universo no lo sea.

Una versión resumida de este artículo fue publicado el día 4 de Febrero en la Unión de Morelos