miércoles, 7 de diciembre de 2016

Los usos indiscriminados y el análisis de ciclo de vida

Estas semanas he tenido que viajar y conocer de cerca problemáticas en diferentes lugares del mundo. En particular, he visto situaciones donde la posibilidad de un futuro sustentable está comprometido gravemente. Hoy en día ante la negativa de algunas personas a considerar que la mayoría de la población está siendo afectada negativamente por las acciones de los últimos años, es importante que divulguemos lo que hemos aprendido con los estudios sobre el clima y los cambios en la composición de la atmósfera y de los océanos. Cuando me refiero a los últimos años pienso en el siglo pasado y al decir acciones considero lo que hacemos cotidianamente.
En estos textos me he referido a que la forma en que hemos usado los hidrocarburos como una fuente de energía traslada su costo a las generaciones futuras y empobrece a una gran porción de la población actual. Existen muchos ejemplos del uso de recursos naturales o de procesos artificiales que trasladan el costo a las generaciones futuras.
Considero importante dar ejemplos para sustentar las afirmaciones anteriores.
Pensemos lo útil que ha sido el desarrollo del proceso Harber-Bosch para transformar el nitrógeno del aire en amoniaco para poder fabricar fertilizantes. Este proceso desarrollado a principios del siglo XX permitió fertilizar los suelos y con ello aumentar la producción de alimentos. Este vanagloriado desarrollo, ahora. después de algunas décadas mostró que su uso indiscriminado produjo cuantiosos daños en muchos ecosistemas al cambiar la composición química de los suelos y de las aguas en los ríos que finalmente cambian el entorno marino. Efectivamente este proceso que permitió dar alimentos más baratos y en mayor cantidad, ahora presenta daños que tendrán que remediar nuestra y las futuras generaciones. Sin mencionar que los peces que ven disminuidas sus probabilidad de sobrevivir al tener sobre ellos algas que aprovechan el exceso de nitrógeno en algunas regiones de los océanos bloqueando el sol y con ellos el desarrollo de la vida marina. Así la solución a la problemática de la alimentación cuando solamente se observa una de las dimensiones de la sustentabilidad, la económica (la meta eran precios bajos) en este caso, puede atentar contra otra de las dimensiones, digamos la natural y la social. Pero muchos de ustedes dirán que cómo se podría anticipar el resultado de la eutrofización de los océanos por el uso de los fertilizantes químicos en la zonas agrícolas, y eso es verdad, pero ahora ya lo sabemos. Hoy en día se están buscando alternativas para la fertilización y la producción de alimentos que no causen daño al entorno. Así, lo que parecía una forma barata de producir alimentos ahora genera costos no contemplados que deben ser pagados por quienes no fueron alimentados con los fertilizantes vertidos en décadas pasadas.
Esta situación es muy similar a lo que ha sucedido con el uso indiscriminado de los hidrocarburos como fuente de energía. Nadie puede negar que la densidad energética de ellos ha permitido el desarrollo que hoy observamos en el planeta; pero también la forma en la que los hemos utilizado ha causado el cambio climático antropogénico que deberá ser pagado por las generaciones futuras. En nuestros días el uso de las fuentes renovables de energía es una alternativa que debemos promover. Los costos de mitigación y de adaptación al cambio climático no fueron, ni han sido, contemplados en los costos de los hidrocarburos como energéticos; es decir, el uso de los hidrocarburos tiene un costo mucho mayor al que estamos pagando en la actualidad. Estos costos serán pagados por quienes no usaron los hidrocarburos como fuente de energía.
El desarrollo de los plásticos es otro de los ejemplos donde la forma indiscriminada en que los usamos y su posterior desecho, sin reciclarlos, ha causado daños en regiones alejadas de los sitios de su uso primario. Los plásticos en la década de los sesentas del siglo pasado parecían indicar bienestar para la sociedad al disminuir el peso de los envases y diversificar los utensilios y sus formas, etc. Nadie puede negar que los plásticos han simplificado y posibilitado un sin fin de utensilios en la vida cotidiana: desde la bolsa que nos dan en la tiendas, sean de barrio o supermercados, hasta las sillas o respaldos de ellas donde nos sentamos, pasando por muchos otras desarrollos. Así el costo de los plásticos no contempla su posterior reciclado o disposición final sin alterar los ecosistemas.
Con estos ejemplos quiero ilustrar que la sociedad actual ha propiciado un rápido desarrollo basado en el consumismo que pretende aumentar el flujo de dinero en forma interminable; pero nuestro planeta es finito. Esta forma de obtener los mayores beneficios lo más rápido posible, sin contemplar los costos reales de lo que hacemos, propicia que se agoten los recursos y que los costos de mantener la vida, por un largo plazo, en el planeta no sea considerado.
Por esta razón, ahora es necesario que realicemos análisis de ciclo de vida de los productos y procesos que desarrollamos. Este tipo de análisis es una herramienta que investiga y evalúa los impactos ambientales, sociales, económicos de un producto o servicio durante todas las etapas de su existencia: extracción, producción, distribución, uso y fin de vida (reutilización, reciclaje, valorización y eliminación/disposición de los residuos/desecho. Ahora este tipo de estudios se están realizando y cada vez hay más información sobre los productos o servicios,, etc. En el pasado no sabíamos que tan finito era nuestro planeta. Hoy en día, con el conocimiento que hemos generado, nos hemos percatado de la necesidad de realizar estos estudios para saber los límites de las nuevas o antiguas formas de producir utensilios o energía o cualquier nuevo producto y podemos asociar costos reales.
Hace un siglo la humanidad desconocía muchas de las cosas que ahora sabe, ya no podemos argumentar desconocimiento; pero es urgente que divulguemos ese conocimiento científico para que tomemos decisiones basadas él.


Una versión previa de este artículo fue publicado el día 7 de Diciembre en el periódico la Unión de Morelos

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