miércoles, 24 de febrero de 2016

Necesitamos evaluaciones que mejoren el desempeño


Las instituciones públicas de investigación en nuestro país cuentan con metodologías de evaluación para sus académicos. Estas instituciones son las encargadas fundamentalmente de mantener el sector científico del país. De hecho el sector científico mexicano es uno de los sectores nacionales con una tradición de más de 30 años de evaluación constante. Independientemente de lo exhaustiva o de idoneidad de esta metodología de evaluación se ha conseguido, en este período de tiempo, profesionalizar este sector. Hoy podemos decir que este el sector científico mexicano es profesional y puede contribuir a la generación de conocimiento en el ámbito internacional. Sin embargo, todavía este sector no tiene el tamaño adecuado para que sus hallazgos puedan impactar positivamente en los diferentes sectores sociales, empresariales y gubernamentales. En palabras científicas el sector científico mexicano todavía no percola en la sociedad. Sí, en analogía a la preparación de café cuando el grano de café está muy pulverizado y el agua no puede pasar a través del él y no obtenemos la bebida amarga que a muchos nos gusta, la ciencia todavía no ha sido capaz de difundirse en la sociedad para que los mexicanos basemos nuestras decisiones en el conocimiento.
En estos días en el sector de investigación de la UNAM se están haciendo las evaluaciones anuales al personal académico. En esta buena costumbre participan los órganos internos de planeación y evaluación. Para la evaluación anual de los académicos se utiliza a consejos internos donde los participantes son académicos de cada una de las entidades. Es decir es una “auto-evaluación”; para la permanencia y promoción se convocan a comisiones dictaminadoras que son fundamentalmente integradas por colegas ajenos a las entidades mismas.
Desde mi punto de vista, el sector científico presenta característica de los sistemas complejos y claramente su evalaución no puede ser realizada en forma sencilla por cualquier persona, sino que debe ser llevada a cabo por personas igualmente entrenadas en el ámbito académico. A esta forma se le conoce como evaluación por “pares”. Podemos decir que es el sector científico es un sistema auto-regulado, que se evalúa a sí mismo. Como lo comenté hace algún tiempo, de acuerdo con Donella Meadows, los sistemas auto-regulados pueden tender a un desempeño pobre cuando se permite que las remuneraciones a los integrantes de los sistemas autoregulados sean otorgadas por miembros del sistema mismo. Es decir, la participación de personas ajenas en las evaluaciones es deseable para poder mantener un desempeño a la alta. Por otra parte, la definición de estándares absolutos que no dependan del peor desempeño individual, sino que promueva el compromiso individual hacia una calificación mayor es lo que impulsa a todo el sistema a salir de la trampa hacia el bajo desempeño. Evidentemente, esto implica que los estándares de evaluación tienden a evolucionar y cada vez se convierten en mayores retos. Cabe mencionar que mi experiencia indica que con el tiempo la dificultad de cumplir con los estándares anteriores es menor.
Por supuesto que esta propuesta contrasta con las definiciones de niveles académicos otorgados con base en la antigüedad y puede ser vista como inequitativa para los de mayor y menor edad en comparación con aquellos que se encuentran en la plenitud de su vida académica. También es comprensible el anhelo de muchos académicos de conseguir un nivel para incursionar en temas de mayor envergadura, pero esto contrasta con la audacia que va disminuyendo con la edad y que permite atacar retos con formas novedosas como pueden ser propuestas por los más jóvenes.
Es importante mencionar, que las situaciones que he mencionado pueden ser muy diferentes para diferentes individuos y un joven puede ser extremadamente cauteloso y solamente abordar temas que le garanticen una producción sostenida, aunque su contribución no sea de ruptura.
Es difícil proponer una sola estrategia para evaluar el trabajo académico, considero que debemos optar por diferentes formas de abordar el problema y, basados en una perspectiva de sistema, contender con las llamadas trampas de los sistemas complejos por Donella Meadows. De ser así debemos aprender a combinar tanto las bondades de los jóvenes con las virtudes de los más experimentados para conseguir un desempeño a la alta en el ámbito académico, como las bondades de las evaluaciones por miembros internos y externos del sistema.
Desde mi punto de vista, necesitamos evaluaciones de muchas actividades que mejoren claramente el desempeños y que esta forma de atacar el problema de la evaluación puede ser trasladado a cualquiera de los ámbitos en la sociedad que presente una estructura compleja.

Este artículo fue publicado en La Unión de Morelos el día 24 de Febrero

miércoles, 10 de febrero de 2016

Festejando 50 años de oportunidades para jóvenes

Este lunes tuve profundos y agradables recuerdos de mi adolescencia. Recordé mis cascaritas o tochitos en el amplio espacio que separaba los carriles centrales de la lateral en la amplísima avenida de los Insurgentes Norte en la década de los setentas. Revisité mis clases sobre geometría analítica, lógica, ética, dibujo de imitación, biología y muchas otras; todas ellas compartidas con muchos otros adolescentes que teníamos sueños de ser médicos, arquitectos, sociólogos o físicos. Todos nosotros éramos la décima generación que estudiaba en ese plantel de la preparatoria.
A principio de semana tuve el gusto y el honor de estar en la ceremonia del inicio de los festejos del 50 aniversario de la Preparatoria 9 “Pedro de Alba” de la UNAM. La Q.F.B. Roberta Orozco Hernández, directora del plantel, me invitó a compartir este festejo. Así recordé ese fugaz período, hoy lo veo así, en aquel entonces tuve que sufrir algunos interminables soñolientos cursos, aunque también gocé de muchos otros retadores o motivadores que me permitieron continuar con mi formación académica y concluirla con éxito.
Ya lo he mencionado en otras ocasiones, la creación, establecimiento y consolidación de instituciones educativas son acciones que debemos festejar y fomentar. Celebrar 50 años de una institución educativa dedicada a los jóvenes es un motivo de congratulación que debemos compartir. La Prepa 9 forma miles de estudiantes al año y estoy seguro que durante este medio siglo ha contribuido sustancialmente a que jóvenes se conviertan en personas que propicien el bienestar tanto individual como social. Esta es una de las principales labores de nuestras instituciones educativas.
El año pasado en Morelos diversas instituciones celebramos 10, 15 y hasta 30 años de labores en nuestro estado, hecho que festejamos con alegría.
También es responsabilidad de estas instituciones, y más en el ámbito superior, mostrar madurez y contribuir a formar verdaderas personas que fomenten el bienestar social. En este sentido una de las obligaciones de estas instituciones educativas es desligarse de la concepción paternalista del estado y conseguir mediante proyectos útiles para la sociedad una parte de los recurso para formar personas críticas y autosuficientes. Debemos reconocer que es necesario construir esquemas que propicien la toma de decisiones desde las regiones locales con vista a la problemática global y esto pasa por evitar acciones como la del pasado de vergüenza donde se pasaba lista en mítines pro-gobiernistas para asegurar el empleo. Las instituciones educativas no deben propiciar este tipo de acciones para mantenerse con autoridad moral para poder criticar situaciones similares cuando sean usadas por otros con arteras intenciones de obtener ganancias ilimitadas.
Reconozco que en el esquema actual, la sociedad le ha otorgado al gobierno la tarea de financiar la educación, pero también entiendo que la actual forma de educación puede no satisfacer a muchos, por esta razón considero muy importante que la instituciones de educación superior tengan independencia para poder decidir la forma en que se imparte educación. Desde mi punto de vista, es igual y quizá de mayor importancia que estas instituciones informen con transparencia y oportunidad de los recursos de todos que usan. El día de hoy las autoridades federales auditan a nuestras instituciones y la UNAM, institución educativa donde laboro, ha considerado adecuado informar y, en consecuencia, respondemos a las autoridades federales dando información oportuna. Esta actitud para nada merma la autonomía universitaria y sí da certeza a las personas de la forma en que son usados los recursos que provienen de sus contribuciones a través del pago de impuestos.
Estoy convencido de las bondades de una educación pública consolidada y que compita con cualquier otra institución de educación superior obteniendo las mejores calificaciones en todos los aspectos. Es una obligación de estas instituciones formar personas críticas y que, en forma diversa, aporten soluciones a las tremenda problemática que nos aqueja.
Cuando veo las situaciones actuales me da tristeza, siento que les estamos dejando una sociedad enferma a estos jóvenes. Durante mi charlas con los estudiantes preparatorianos, les comentaba que cuando asistía a la Prepa 9 las puertas siempre estaban abiertas, había algunos problemas con jóvenes que no veían alternativas de movilidad social y respondían en forma antisocial agrediendo a otros jóvenes, pero las agresiones eran mínimas. Hoy, para mi dolor, encontré unas instalaciones cerradas como respuesta a una sociedad que agrede a sus semejantes. Por supuesto, esta situación de auto-encierro no es deseada, pero es necesaria para proteger a los jóvenes que han decidido estudiar para poder construir soluciones a los problemas que les heredamos.
Termino reiterando que debemos festejar el paso del tiempo de nuestras instituciones educativas, que debemos reconocer el trabajo cotidiano de muchos maestros y profesores que han dedicado su vida a la formación de jóvenes que se han convertido en adultos y que han aportado soluciones. Así también, debemos festejar los logros de los jóvenes que pasan día a día por estas instituciones y que en un futuro muy próximo, más pronto de lo que ellos imaginan, nos sustituirán.

Este artículo fue publicado el día 10 de Febrero en el periódico la Unión de Morelos.

miércoles, 3 de febrero de 2016

No debemos argumentar que no sabíamos

Escucha este texto
Estaba en el supermercado pasando por la sección de jabones y escuche a dos personas platicando: “No compres el jabón de pasta... es mejor el líquido”. Es muy común escuchar, recibir y dar este tipo de recomendaciones a la hora de adquirir algún producto; pero con qué criterios se emitió el juicio de mejor. En otras ocasiones he mencionado que varios de los problemas que hoy en día enfrentamos se deben a que cuando se desarrollaron algunas soluciones o productos se desconocían sus posibles efectos secundarios, pero ahora ya lo sabemos. Esto es muy claro en el ámbito de las medicinas, donde se han establecido protocolos de investigación para determinar los efectos secundarios no deseados de los nuevos medicamentos. Este cuidado que se tiene actualmente con los medicamentos es un procedimiento que deberíamos extender para todo lo que consumimos, usamos o creamos.
Así con el conocimiento científico de hoy podemos tomar decisiones menos dañinas para nosotros. Cuando me refiero a nosotros, incluyo a otras personas y al ambiente, así la frase de menos dañinas debe entenderse en un sentido muy amplio y con implicaciones de largo plazo.
En este sentido, debemos empezar a promover un tipo de análisis detallado de los impactos (benéficos y dañinos) que causan los productos o procesos que desarrollamos con la nueva tecnología o que se han aplicado por décadas o siglos. A este tipo de análisis se les conoce como análisis de ciclo de vida (ACV o LCA, por sus siglas en inglés). Desde mi punto de vista con este tipo de análisis, que debe explicitar los supuestos en los que se basa y las condiciones en las que se realizó, es que podemos empezar a tomar decisiones. De esta manera, podemos realmente llegar al construir una sociedad del conocimiento. No basta con que alguna parte de la sociedad conozca el proceso, sino que toda la comunidad involucrada debe participar de este conocimiento.
Déjenme regresar a la pregunta inicial y comentar que en 2009 se realizó un cuidadoso análisis, con esta perspectiva, de dos tipos de jabón para lavarse las manos. En este estudio Annete Koehler y Caroline Wildbolz llevaron a cabo una evaluación detallada del ciclo de vida de nueve productos de cuidado en el hogar y de higiene personal. Su objetivo era cuantificar y comparar los impactos ambientales de los productos que se podrían utilizar para la misma aplicación, por ejemplo, barra jabón contra el jabón líquido para lavarse las manos. En este aspecto podemos resumir su resultado como: Aunque la huella ambiental de 1 kg de barra de jabón desde su fabricación hasta su final tiene mayores impactos negativos que la del jabón líquido; el lavado de manos con jabón en barra, en general, resulta tener un impacto menor al jabón líquido para todos los indicadores que ellas estudiaron. Los productos en barra muestran claras ventajas y desventajas: el lavado de manos con jabón en barra requiere cantidades más pequeñas de jabón, y esto provoca impactos considerablemente más bajos en la cadena de suministro de barras de jabón. Sin embargo, se necesitan volúmenes de agua caliente más grandes para la aplicación de barra de jabón, y las cargas ambientales en consecuencia son más altas. Desde mi punto de vista es importante notar que este estudio fue realizado en Suiza, en un contexto europeo, y por ende consideran muy importante el uso de agua caliente en el lavado de manos, aspecto que pudiera ser menos relevante para el caso mexicano. De aquí la necesidad de empezar a realizar este ACV para los productos que usamos y con las formas que los usamos en nuestro país. Claramente, también puede ser importante contextualizar en las diferentes regiones de México.


Es importante conocer las sustancias y las consecuencias de usar productos en el largo plazo; el análisis de ciclo de vida de los productos nos da información para decidir

Este tipo de estudios ha sido promovido por la Asociación Internacional de Jabones, Detergentes y Productos de mantenimiento (AISE por sus siglas en inglés) desde 2005 para promover estrategias para la sustentabilidad de la industria de productos de limpieza. Con este marco recientemente se publicó otro trabajo realizado por un grupo europeo que comparó los estudios de seis categorías de productos de limpieza para el hogar: lava trastos, líquido lava ropa, líquido lava-ventanas, líquido para aspersar para baños, líquido con ácidos para baños, y fluidos blanqueadores de baño sin ácidos. En este estudio se concluyó que las variables que determinan los resultados para detergentes lava trastos y detergentes para ropa son: la temperatura del agua, el consumo de agua, la dosis de producto, y la selección y cantidad de agente tensoactivo. En cambio, para los aspersores de baño, limpiadores con ácido y sin ácido, los factores determinantes son: los envases de plástico, transporte hasta el usuario, y los ingredientes específicos. Además, el tipo de tensoactivo es muy importante para los blanqueadores.
Claramente estos estudios deben ser realizados para los productos que actualmente están disponibles en nuestro país y también deberíamos realizarlos para todos aquellos que se venden a granel en algunos comercios locales como productos de limpieza “biodegradables” o “amigables” con el ambiente; no sabemos cuales son los tensoactivos, ácidos o blanqueadores que utilizan, pero nos dicen que son amigables. Hoy en día debemos, como ciudadanos, conocer más y propiciar la apropiación del conocimiento por todas las personas para realmente basar nuestras decisiones en el conocimiento, seamos responsables, ¡ya no debemos argumentar que no sabíamos!

Una versión previa de este artículo fue publicada el día 3 de Febrero