miércoles, 28 de abril de 2021

Prefiero las renovables a la nuclear

Han pasado diez años desde el accidente en la planta nuclear de Fukushima. Como consecuencia de un terremoto en el océano Pacífico se produjo un tsunami que provocó la fusión de los tres reactores de la planta nuclear de Fukushima. Este accidente ha sido el accidente más grave en el ámbito internacional. Aunado a esto, las recientes conjeturas sobre el manejo de la planta de Laguna Verde nos alertan sobre los riesgos inherentes a las planteas nucleares para generar electricidad (termonucleares o nucleoléctricas).
Han pasado diez años desde el desastre de Fukushima y la comunidad científica continua aprendiendo sobre los impactos que todavía se están manifestando. Los efectos de la radiación residual y del transporte de los isótopos radiactivos en los ecosistemas todavía requiere mayores estudios. Por supuesto de las alternativas de cómo mitigar en el futuro este tipo de accidentes  son temas de investigación actual. Por ejemplo, hoy en día se debate si es adecuado que Japón diluya el agua contaminada en el océano. 
A continuación comentaré algunos de los estudios en revistas científicas a los que cualquier persona puede acceder mediante la Internet. 
Los estudios científicos empezaron a ser publicados aproximadamente un año después del accidente, estos estudios son necesarios para diseñar las acciones para mitigar los daños. Así, uno de los primeros artículos versa sobre los productos radioactivos de las reacciones de fisión que se liberaron al ambiente. Se encontraron ampliamente distribuidos isótopos radioactivos volátiles de Telurio, Iodo, y Cerio en la región de Fukushima y de las prefecturas adyacentes del este de Japón. También se encontraron actinoides como el Plutonio tanto en la atmósfera como en el suelo del noroeste y el sur de la Planta termonuclear de Fukushima. 
Los primeros efectos en el ambiente natural empezaron a ser reportados un año después y se encontró que tanto las hojas como las ramas que se encontraban en el suelo del bosque presentaban altas concentraciones de isótopos de Cerio radioactivo y que estos isótopos eran transmitidos al suelo para su mayor dispersión. Por lo tanto, era necesario la remoción de la capa orgánica más resiente en el suelo. Esta medida de mitigación trae consecuencias para la salud del ecosistema, pero menores a las que produce la contaminación radioactiva. Un año después se reportaron mediciones del isótopo radiactivo del Iodo en personas evacuadas de la zona, encontrándose actividad del isótopo en la tiroides en el 74% de los estudiados.
Los daños causados por la radioactividad liberada al ambiente son de largo plazo en las personas, pero pueden ser analizados en forma más temprana en otras especies. Por ejemplo se encontraron daños fisiológicos y genéticos en una mariposa común en el Japón (Zizeeria maha). En mariposas que se colectaron en mayo 2011 mostraron leves anomalías, en cambio su descendencia presentó anomalías más graves, que fueron heredadas a la siguiente generación. En cuanto a estudios realizados en animales más parecidos a las personas, podemos encontrar una investigación en monos salvajes japoneses (Macaca fuscata) de los bosques alrededor de la ciudad de Fukushima y a unos 70 km de la planta nuclear de Fukushima publicado en 2014. En ellos se encontraron significativamente menores conteos de hemoglobina, células rojas y blancas en la sangre en comparación con monos localizados a una distancia de 400 km de la planta nuclear. La reducción de la células en la sangre también fue reportada en población infantil después del accidente de Chernobyl. Aunque los conteos bajos de las células de la sangre no necesariamente indican un riesgo en la salud, si sugieren que el sistema inmune está comprometido y la susceptibilidad a enfermedades o epidemias aumenta. También se encontró (2016) la incorporación de isótopos radioactivos de Estroncio en los dientes de ganado abandonado durante la evacuación de la zona cercana a la plata nuclear de Fukushima y se pudo asociar su concentración en los dientes a la contaminación radioactiva en el ambiente. En la comida también se ha podido encontrar contaminación radioactiva causada por el accidente nuclear. Por ejemplo, los hongos secos en la prefectura de Iwate (aproximadamente unos 200 km de Fukushima) presentaron concentraciones de isótopos radioactivos de Cesio mayores una y media veces  a las de otros lugares de Japón. Sin embargo la contaminación con isótopos de Cesio en Japón es conocida con anterioridad. La explosiones de las bombas nucleares todavía muestran sus impactos en las diferentes regiones. La contaminación radioactiva tiene implicaciones a muy largo plazo.
Después de casi una década, el cáncer de tiroides en la población infantil muestra una correlación positiva con los niveles de contaminación radioactiva en el ambiente. 
Estos resultados son solo una muestra de la vastísima literatura científica que muestra la contaminación radioactiva causada por este accidente. 
En una sociedad adicta la energía, la solución de generar electricidad en cantidades enormes y sin emitir gases de efecto invernadero parecía adecuada hace unos 40 años. Hoy en día, ante el desarrollo tecnológico de las fuentes renovables y de las posibilidades de almacenamiento en un proceso de disminución de precios, la centrales nucleares de fisión no son una alternativa a elegir. 
Desde mi punto de vista, las tecnologías actuales de fuentes renovables tienen un impacto mucho menor y de corto tiempo comparadas con los combustibles fósiles y las centrales nucleares. Por supuesto, la crisis económica provocada por la COVID-19 nos ha enseñado que podemos disminuir y distribuir nuestra demanda de energía. Así la eficiencia energética y el uso de renovables son un camino que debemos promover.

Este artículo fue publicado el día 28 de abril en el periódico la Unión de Morelos.

miércoles, 14 de abril de 2021

Las renovables van

Tenemos una buena noticia, en el mundo las fuentes renovables de energía están ganando terreno y cada año se instalan más plantas de generación renovable. De acuerdo con el reporte estadístico 2021 de la Agencia Internacional de Energía Renovable (IRENA) en el mundo se añadieron más de 260 GW de capacidad de fuentes renovables de energía en el 2020, incrementándose un 50 % adicional a la expansión que se realizó en 2019. Este dato sobrepasó a las estimaciones de mediados del año pasado al inicio de la crisis económica provocada por la COVID-19. Es de reconocer que todavía se instalan plantas de generación con combustibles fósiles, pero solamente fueron 60 GW de capacidad instalada con fósiles que es menor a un cuarto de la instalación de fuentes renovables. 
Por supuesto que debemos redoblar los esfuerzos para aumentar la eficiencia con la que usamos la energía y de ser necesario la ampliación de la capacidad de generación, debemos optar por las fuentes renovables.
Al anunciar estas noticias el director del IRENA, Francesco la Camera afirmó: “Estos números dicen una notable historia de resiliencia y esperanza. A pesar de los retos y la incertidumbre del 2020, las energías renovables emergen como una fuente de innegable optimismo para un mejor, más equitativo, resiliente, limpio y justo futuro”. Por supuesto comparto su opinión y considero importante redoblar los esfuerzos para construir ese futuro con bienestar social.
En particular, Francesco la Camera enfatizó que estamos comenzando la década de las energías renovables. Así es como en el mundo se observa que para salir de la crisis económica el impulso a las fuentes renovables es una alternativa real y posible. No solo los costos de la energía generada con renovables están disminuyendo día con día, sino que cada vez más las opciones renovables se adecuan al entorno natural y social construyendo caminos hacia la sustentabilidad. 
Parte de las buenas noticias son, que a pesar de la crisis económica provocada por la COVID-19, las opciones renovables están mostrando sus bondades y se están posicionando cada vez más en la selección de alternativas energéticas. Por supuesto, que la búsqueda de opciones eficientes siempre es preferible a la generación de energía, pero es claro que necesitamos generar energía para poder construir bienestar social.
Los datos son importantes y podemos afirmar que en nuestro país pasamos de tener en el 2011 una capacidad instalada de 13,480 MW a 28,358 MW en el 2020. De esta capacidad instalada en 2020, de acuerdo con los datos oficiales que comparte IRENA, observamos que 12,671 MW son hidroeléctricos, 8,128 MW corresponden a eólica, 5, 630 MW a fotovoltaica, termosolar aporta 14 MW, mientras que 1,010 MW son de bioenergía y de geotermia 906 MW para un total de 32.2 % de proporción de renovables en la generación eléctrica. 
Estas contribuciones de renovables diferentes a la hidroeléctrica son fundamentalmente aportadas por las personas y empresas que están convencidas de que es necesario contribuir para contender contra el cambio climático. Además de esta ventaja ambiental, para las personas y empresas es evidente que el costo de la electricidad generada con fuentes renovables es más barato que la generada con combustibles fósiles; de esta manera, salimos ganando quienes instalamos renovables en forma distribuida y quienes vivimos y respiramos un aire menos contaminado. Claramente, al definir estrategias de ahorro y uso eficiente de energía estamos disminuyendo los efectos negativos de nuestras actividades. 
Desde mi perspectiva es necesario un cambio en la política energética del país y que con ello decididamente fomente el uso de las fuentes renovables de energía. Este giro, además de los beneficios ambientales abrirá más empleos mejor remunerados y posibilitará de una manera más directa la democratización de la energía.
Sirvan estas líneas para motivación para, con ella, exigir un cambio de política energética hacia el bienestar social.


Este artículo fue publicado el día 14 de abril  en el periódico la Unión de Morelos.

miércoles, 7 de abril de 2021

La máscara

La protección más sencilla y más eficiente que tenemos a nuestro alcance contra la COVID-19 es la máscara o cubrebocas. Esta medida que ha sido despreciada por muchas personas es la que ha mostrado tener mayor eficiencia para disminuir los riesgos de contraer la enfermedad que nos nuestra salud, nos mantiene en constante tensión emocional y bajo crisis económica ya desde hace poco más de un año.
Un interesante artículo publicado en la revista Proccedings of de National Academy of Science (PNAS) el pasado mes de enero  analiza la eficiencia del uso adecuado del cubrebocas. Primeramente, se reconoce que la principal vía de contagio de la COVID-19 es la respiración de partículas emitidas por personas presintomáticas o asintomáticas, pero infectadas. Recordemos que hace un año esta vía no era reconocida como la principal y por eso se dudaba de la eficacia del uso de la máscara. Hoy en día y después de muchísimos estudios se ha determinado que la principal vía de contagio es la respiración de partículas portando los virus SARS-CoV-2. 
Por estas razones, se ha determinado dos acciones que reducen la propagación de la enfermedad: limitando el contacto con las personas infectadas mediante aislamiento y reducción de contacto. Es claro que el cubrebocas reduce el contacto con las partículas suspendidas en el aire arrojadas por personas infectadas y, por lo tanto, baja la posibilidad de aspirarlas. Al mismo tiempo, si la persona que la porta está infectada evita que esparza esas partículas al aire; aunque ella no lo sepa y la máscara actúa como una barrera. 
Es importante mencionar que las pruebas muestran que el uso de cubrebocas en ambientes de laboratorios y hospitales reduce la transmisión de la enfermedad. En los entornos públicos cotidianos el uso del cubrebocas es la acción más efectiva para reducir la propagación del virus cuando su uso es mayoritario. 
Las conclusiones y recomendaciones de este artículo se basan en una revisión muy amplia de investigaciones sobre otras enfermedades respiratorias y datos nuevos precisamente de la transmisión del SARS-CoV-2. 
Aquí un aspecto interesante es la forma en la que muchos estudios se han realizado utilizando tanto prueba directa, estudios directos en hospitales, como análisis de metadatos utilizando herramientas sofisticadas. Estas herramientas pertenecen mayoritariamente a la ciencia de datos y son usadas ampliamente hoy en día en muy diferentes áreas, desde mercadotecnia hasta salud. También realizaron una revisión sistemática de estudios observacionales no sesgados que encuentren prueba convincente de la eficacia del uso público de máscaras como reductores del contagio. 
En estos estudios se encontró que el contagio es hasta 7.5 veces más alto en países donde no hay un mandato de uso de cubrebocas. Una de las formas de análisis del tipo de minería de datos se observa en los estudios que investigaron las correlaciones en el interés de las personas de una región por los cubrebocas en el mercado electrónico, que muestra un factor importante en el control de la COVID-19 en esa región. Si las regiones donde las personas se interesaban más en las compras en la Internet por cubrebocas mostraron un mejor control de la enfermedad, es decir, menor tasa de contagio. El control al usar el cubrebocas parece ser más claro al evitar que una persona infectada, sin saberlo, esparza los virus, aunque hay ciertas pruebas que también protege a la persona que no está infectada. Para ello el artículo destaca que la eficacia del cubrebocas está totalmente relacionada con dos aspectos la capacidad de filtración y el diseño para ajuste en la cara (por supuesto la forma de portarlo). La recomendación para los materiales indica que cubrebocas multicapas de poliestar y algodón son una buena alternativa que puede equipararse en la eficiencia en la filtración a los cubrebocas especializados. 
Por supuesto, que uno de los aspectos más importantes es procurar que la máscara cubre completamente la nariz y boca. El uso de pequeñas láminas o alambres para que haya un mejor ajuste entre la tela y la piel cercana a la nariz es fundamental. Una búsqueda sencilla en los mercados electrónicos arroja la posibilidad de comprar estas láminas por precios muy accesibles y costurarlos a mano en la infinidad de cubrebocas de telas disponibles hoy en día que no lo tengan.
Estamos ante la evidente apertura gradual de las actividades que teníamos antes del 2020, pero para poder realizar esas actividades va a ser necesario que usemos cotidianamente el cubrebocas en lugares públicos. 
Todavía no se conoce con certeza la eficacia de la vacunación a largo plazo o la inmunidad de aquellas personas que ya sufrieron la enfermedad. En muchos lugares se documentan reinfecciones.
El cubrebocas será una prenda más en nuestra vida cotidiana, más vale que sepamos utilizarlo, lavarlo mantenerlo y portarlo. Espero estas líneas aporten información para que basados en información podamos decidir por el bienestar social. 


Este artículo fue publicado el día 7 de abril en el periódico La Unión de Morelos.