Mostrando entradas con la etiqueta cubrebocas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cubrebocas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 27 de abril de 2022

Regreso después del COVID19

La emergencia sanitaria que ha causado la COVID-19 está pasando y poco a poco estamos retomando muchas de las actividades que hacíamos antes de la declaratoria de pandemia.
Durante dos años hemos implementado una serie de medidas de distanciamiento físico, de uso de desinfectantes y de cubrebocas o mascarillas, etc. Ahora tenemos una pregunta de cuáles de ellas será conveniente continuar y cuáles podemos dejar de hacerlas.
En estos temas se están escribiendo y recomendando acciones en muchos medios. Hace una semana encontré un artículo sobre este tema en la revista Scientific American[1], que desde mi punto de vista, explica y resume los aspectos a considerar para evaluar el riesgo al retirar algunas de las recomendaciones que hemos seguido en estos años. En particular, este artículo se refiere a la evaluación del riesgo al dejar el uso del cubrebocas.
Me parece que es claro que el uso de desinfectantes en forma masiva ha dejado de ser recomendado, dado que la transmisión por contacto parece no ser la primaria. Sin embargo, el lavado de manos frecuentes puede ser una sana costumbre. También la toma de temperatura ha pasado a ser menos efectiva en la prevención de los contagios dado que muchas personas ahora son asintomáticas.
Por supuesto que la medida más importante en cuanto a eficacia es la vacunación, sí al haber recibido la vacuna y con refuerzo es la acción que disminuye los riesgos hospitalización y la muerte causada por la COVID-19 con mayor efectividad. Por esta razón, es importante vacunarse y tomar todos los refuerzos que nos sean recomendados. De manera similar a la influenza, parece que las vacunas de COVID-19 requerirán algún reforzamiento periódico. Así, que a vacunarse se ha dicho, recordemos que ahora es turno para la población infantil, quienes han visto disminuidas gravemente su posibilidad de interacción con las restricciones en las escuelas y otras actividades colectivas.
De lo más importante es nuestra valoración al riesgo que tenemos al decidir estar o no en diferentes situaciones. En este artículo que mencioné, se establece que la edad es un factor de riesgo y según los datos recabados en Estados Unidos Las personas mayores de 50 años tienen hasta 10 veces más probabilidades de llegar a la hospitalización o de morir que las más jóvenes. También dentro de nuestra valoración al riesgo es importante conocer los riesgos que tienen las personas que viven o trabajan en los mismos espacios donde nos desenvolvemos. Por esta razón, debemos ser solidarios y entender los riesgos de estas personas que nos acompañan cotidianamente y no ponerlas disminuir sus precauciones con nuestro proceder. Se tienen datos que alrededor del 50 % de las personas que viven o trabajan en un lugar donde hay una persona reportada como caso positivo de las nuevas variantes también resultan positivas mediante el contagio. Una persona en condición inmunodeprimida debe extremar precauciones y si estamos en contacto con alguna de ellas es importante saberlo y considerarlo para la toma de nuestras decisiones.

El uso del cubrebocas o mascarilla es nuestra decisión, pero tenemos que conocer el riesgo que tomamos.

Esta toma de decisiones puede basarse en las estadísticas que hay hasta ahora. En ellas podemos observar que las personas mayores de 60 años con vacunas de refuerzo tienen mucho menor riesgo que las no vacunadas más jóvenes. Las estadísticas de Estados Unidos pueden ser comparadas con otras enfermedades o actividades de riesgo, sugiero consultar el sitio [2] para observar estas comparaciones.
Parece ser razonable que las personas jóvenes vacunadas decidan no usar el cubrebocas si en el entorno donde se desenvuelven han sido reportadas menos de 50 casos en la semana por cada 100,000 habitantes. Observemos que este número se refiere a un riesgo para una persona joven de menos de 40 años, para una persona entre los 40 y 60 debe ser menor el número de casos para retirarse el cubrebocas con un riesgo aceptable. Verdaderamente me gustaría que en nuestro país lleváramos este tipo de estadísticas, pero se decidió disminuir recursos para construir bases de datos que los contengan.
Otro de los hechos que debemos considerar para evaluar el riesgo es el tiempo que estaremos en reuniones con otras personas y que tipo de actividad, no es lo mismo estar en una biblioteca que en una sala de baile o sala de ejercicios aeróbicos. Las dos últimas son peligrosas a los diez minutos de actividad dado el nivel de partículas procedentes de la respiración que se esparcen por el ambiente. En una reunión en ambiente cerrado y con ventilación es relativamente seguro el removerse la mascarilla para beber o comer. Es importante observar la buena ventilación del lugar como uno de los factores que nos ayuden a decidir si bebemos o comemos retirándonos el cubrebocas.
En síntesis anhelamos retornar a los momentos cuando reíamos, bailábamos, charlábamos en bares, salones de baile y lugares cerrados con amistades disfrutando de horas de esparcimiento y contacto físico, social y de sonrisas evidentes. Ante las probabilidades de contraer la COVD-19 y de transmitirla a otras personas cercanas, la evaluación del riesgo es muy importante. Sin embargo, el retirarnos un cubrebocas en ocasiones analizadas puede valer la pena al ofrecer y observar sonrisas y gestos que nos acerquen como antes a las personas que estimamos.
El uso del cubrebocas o mascarilla parece que nos acompañará por más tiempo, pero con la información verificada que tenemos hoy puede indicarnos cuando el cubrebocas debe ser utilizado o removido de manera adecuada. La importancia de que nuestro proceder sea basado en esta información que nos permitirá evaluar el riesgo con conocimiento para entablar interacciones personales y sociales sin incrementar en demasía el riesgo para nosotros y otras personas.
La COVID-19 nos ha dejado evidencia que el personal científico construye conocimiento de utilidad para todas las personas, pero también nos ha ilustrado como es necesario incrementar sustancialmente la divulgación y comunicación de ese conocimiento para que la mayoría de las personas tenga la posibilidad de tomar decisiones, precisamente, con base en ese conocimiento.  
Reanudemos actividades con la correspondiente evaluación del riesgo y seguramente lo haremos de una manera adecuada.


Este artículo fue publicado el día 27 de abril en el periódico la Unión de Morelos.

miércoles, 12 de enero de 2022

Ya sabemos que hacer, hagámoslo

Del 25 de mayo al 22 de agosto del 2021 se pasó de tener aproximadamente 14 mil a más de 130 mil casos de COVID-19 a la semana registrados en México. Esa fue la última ola de la enfermedad del 2021. En cambio, al final del 2021 e inicios del 2022, la variante Ómicron cambió la tasa de contagio que pasó del 22 de diciembre al 9 de enero de aproximadamente 13 mil a más de 134 mil casos a la semana. En ambos períodos el incremento es de diez veces, pero mientras el del año pasado se reporta el cambio máximo, en este período parece solo el comienzo. Además, notemos que en el primer intervalo de tiempo pasaron casi tres meses, pero el último es de menos de un mes. Estamos sufriendo un embate muy fuerte para la salud pública en nuestro país. A finales de noviembre pasado escribía sobre que los impactos de la COVID-19 han sido más intensos en la población más pobre y en esta ocasión estamos presenciando lo mismo. Observamos larguísimas colas para la atención médica en los servicios públicos de salud. La ausencia en sus labores de las personas sufriendo la COVID-19 está provocando paralización en muchos sectores tanto púbicos como privados. Estas ausencias causan efectos similares a un cierre de las actividades. Por supuesto que la obligación de los gobiernos es alertar a la población. 
Con las experiencias de las primeras semanas en otros lugares del mundo se podía haber definido estrategias de aviso consiente e informado a la población, para intentar disminuir la rapidez de los contagios, pero no se ha hecho con vehemencia. Los diferentes niveles de gobierno optaron por menospreciar las posibles graves consecuencias que estamos empezando a observar. Somos uno de los países con mayor número de muertes por habitante, mostrando preocupante baja resiliencia a los efectos, económicos, sociales y de salud, de la COVID-19 que nos augura un muy lento proceso de recuperación y que quizá aumente las desigualdades en la sociedad. La tasa de resiliencia para nuestro país, es de la mitad de la mayoría de los países del tamaño de nuestra economía. Esto implicará que los efectos negativos permanecerán por más tiempo. No solo la hospitalización y las defunciones son lacerantes, las posibles consecuencias de haber sufrido la enfermedad sin las atenciones y cuidados informados porque no hay cupo también lo serán. Adicionalmente, las actitudes de menosprecio a las ciencias como apoyo para la toma de decisiones y enfatizar los objetivos de corto plazo de construcción de mega obras son aspectos que no parecen apuntar hacia el bienestar social. Estas últimas muy cuestionables en cuanto difícilmente conducirán a un bienestar social.
Enfatizo, lo que verdaderamente me desespera es que se sabía de la explosividad de contagio de la variante Ómicron y el gobierno mexicano no definió estrategias para disminuir la rapidez de contagio con las medidas que ya conocemos. En estos momentos, cuando el mismo presidente de la República, que evita el uso del cubrebocas en nuestro país, ha sido nuevamente detectado como positivo a la enfermedad, es uno de las últimas oportunidades para cambiar las estrategias y hacer caso a los sectores que construyen conocimiento y pugnamos por las estrategias que privilegian la salud de la población, en lugar de seguir privilegiando elefantes blancos.
En las últimas semanas de diciembre y la primera de enero, una esperanza estaba rondando por el mundo: si las infecciones causadas por el Ómicron son menos graves, la transición hacia una convivencia con un virus SARS-COV-2 menos letal parecía viable, pero últimamente hay algunos casos que no concuerdan con está hipótesis. Hay que seguir esperando más información; pero no podemos convertirnos en los sujetos experimentales para corroborar esta hipótesis. Si, al no evitar los contagios, estamos siendo una población que puede aportar datos a favor o en contra de esta hipótesis, es decir, con un número importante de casos graves o con una población que transitó hacia la convivencia con menos gravedad. Con esta irresponsable actitud, se está olvidando el principio precautorio del que tanto se habla en parte del sector científico en el poder actualmente; pero que se aplica selectivamente.
Tenemos prácticamente dos años, la población que tenemos el privilegio de contar con información global y que hemos podido sobrellevar la COVID-19 de una manera menos perjudicial, debemos actuar con el ejemplo y alertar a las personas que nos rodean para que con base en el conocimiento decidan y eviten enfermarse por primera vez o por segunda o por tercera; ya que cada nuevo contagio puede ser peligroso y traer consecuencias a largo plazo. 

Qué hacer para evitar contraer el Ómicrón, (UNAM)

Las instituciones académicas como la UNAM, están desplegando un esfuerzo mayúsculo aportando información confiable y poniéndola a disposición de amplios sectores de la población, pero se requiere acciones amplificadoras por parte de nosotros. Si cada persona puede usar sus redes de contactos para difundir estos mensajes. Esta semana podemos ver en el canal de YouTube de Gaceta UNAM un mensaje con algunas recomendaciones para disminuir el riesgo de infectarse con Ómicron. Hagamos nuestra labor de propagación, si tenemos contactos con acceso a la Internet compartamos la liga, pero seguramente conocemos a personas que no tienen este privilegio, compartamos lo que se dice y contribuyamos a construir una sociedad más informada y que actúe en concordancia con información basada en conocimiento.

Este artículo fue publicado el día 12 de enero en el periódico La Unión de Morelos.

miércoles, 15 de diciembre de 2021

Una opción para detección de COVID-19 de casos asintomáticos

La pandemia provocada por la COVID-19 nos ha enseñado la importancia de tomar decisiones con base en información. Así se ha hecho en muchos países. Desde el inicio de la pandemia, en nuestro país, un sector de las personas que nos dedicamos a la actividad científica solicitábamos que se realizaran mayor número de pruebas para contar con información. Esta solicitud no fue aceptada y se decidió por un muestreo menos caro, pero que no aportó lo datos necesarios para definir una adecuada estrategia y evitar las muertes asociadas a esta enfermedad que sobrepasan varias veces las primeras estimaciones.
La tecnología que disponemos en la actualidad hace posible la obtención de datos que pueden aportar información al instante, es decir, en el momento y no tener que esperar a colectarlos a mano por encuestas o de alguna otra forma, almacenarlos en papel o en una forma digital para su posterior análisis, como se hacía el siglo pasado.
En la actualidad, hay muy diversos dispositivos que nos permiten medir muy diferentes variables. No olvido lo difícil que era tener un voltímetro o amperímetro a mediados del siglo pasado y hoy en día están disponibles a un precio accesible. Dentro de estos dispositivos que nos facilitan muy diversas mediciones están los relojes que pueden detectar el ritmo cardíaco y vigilan algunos parámetros durante nuestro sueño, por ejemplo de las marcas Fitbit y Apple Watch. Esta disponibilidad de dispositivos hace  posible monitorizar a muchas personas al mismo tiempo. Por supuesto, que hay protocolos para respetar la privacidad de las personas y en la investigación científica se siguen y están disponibles al público para su escrutinio.

Rename IMG 6013 (11860382343)
Los relojes inteligentes pueden ser de gran utilidad para monitorizar aspectos de la salud.

Con estas facilidades y entornos seguros, un grupo de investigación de la Universidad de Stanford usó la información de más de tres mil personas con este tipo de relojes para realizar un estudio y analizar la posibilidad de usar estos dispositivos para detectar la COVID-19. La idea es sencilla estos relojes miden la frecuencia cardíaca durante el sueño y obtienen parámetros de su variabilidad definiendo estadías del sueño. Con estas variabilidades pueden definir anomalías durante el sueño que fueron asociadas con la respuesta del cuerpo a la infección por SARS-COV2, el virus causante de a COVID-19.
Este estudio fue publicado en la revista Nature Medicine el pasado 29 de noviembre. En él se presenta un sistema de alerta y detección al instante que puede asociar algunas variaciones en el pulso cardíaco con el inicio de la COVID-19 mediante el uso de este tipo de relojes inteligentes. En particular, el artículo establece que puede detectar COVID-19 en o antes de los síntomas en aproximadamente el 80 % de los casos sintomáticos e incluso, de lo más relevante, identifica casos asintomáticos desde el punto de vista clínico. Digo este estudio es de lo más relevante que he leído, ya que puede detectar casos asintomáticos, casos que de otra manera pudieran pasar totalmente desapercibidos y contagiar a muchas personas. Aunque es difícil juzgar el número real de casos asintomáticos porque la mayoría de los estos casos nunca se someten a una prueba PCR, en este trabajo se consiguió obtener resultados prometedores en la detección de este tipo de COVID-19. En este sentido, el informe encuentra 14 de 18 casos asintomáticos presentes en el estudio mediante el registro las variaciones en los parámetros del ritmo cardíaco cerca de la fecha de la prueba y con un algoritmo detecta que estas variaciones pueden ser asociadas a la COVID-19. Es decir, se detectaban ciertas anomalías y se enviaba una alerta a la persona quién con esta alerta podía decidir hacerse una prueba PCR o de antígeno y podía salir positiva. Se encontró que si salía positiva solía presentar los síntomas unos tres días después de la alerta. Aunque en ocasiones nunca presentaron síntomas, que son los casos asintomáticos. Con estas alertas, durante los tres días de anticipación en los casos sintomáticos se evitó el contagio y para los asintomáticos la consecuente medida de aislamiento llevó a evitar mucho mayor dispersión de la enfermedad. 
Aunque hubo casos de alertas asociados a otros eventos, digamos fatigas, consumo de alcohol ejercicio intenso, etc., los avisos de alerta que evitaron contagios son de resaltar.
Este hallazgo muestra otra de las bondades de medir y compartir los datos que nos permiten desarrollar métodos de análisis para apuntar hacia el bienestar social.
Por supuesto que este tipo de dispositivos, los relojes inteligentes, no están al alcance de todas las personas y son un factor más de la desigualdad que impera en nuestras sociedades. Sin embargo, algo que un gobierno puede hacer, para reducir los efectos dañinos de las desigualdades, es hacer pruebas de antígenos a todas las personas que tengan que asistir a reuniones presenciales con periodicidad adecuada. Por ejemplo, hacer pruebas de antígenos semanales a la población docente e infantil que asiste a las escuelas. Esta medida ya fue puesta en marcha en otros países y, por supuesto el número de casos detectados aumentó, pero, con el aislamiento individual se evitaron contagios o se pudo instrumentar un cierre de actividades locales e incrementar la rapidez de vacunación en determinadas zonas. Todas estas acciones disminuyeron el número de muertes comparadas con el número de casos al ser detectados tempranamente. Es decir, hubo una acción basada en conocimiento que impactó positivamente en el bienestar de la sociedad.
Debemos aprender de las crisis, esta crisis causada por la COVID-19, nos ha permitido apreciar que con información podemos construir conocimiento y con este conocimiento tomar decisiones que beneficien a las personas directamente. Aquí la importancia de compartir la información con fines estadísticos y por supuesto respetando la confidencialidad.
Reitero, tenemos que vacunarnos cuando nos toca, usar el cubrebocas adecuadamente, evitar los lugares no ventilados y con mucha asistencia, medir, aunque sea indirectamente, la concentración de partículas producto de nuestra respiración en el aire (medir el CO2) y hacer pruebas en poblaciones que asisten a lugares confinados. En cuanto a las autoridades, debemos exigirles, la vacunación a toda persona que sea seguro hacerlo (hasta hoy mayores de 5 años), obtener datos de casos y de vacunados y, por supuesto, compartirlos para que la sociedad pueda analizarlos y construir conocimiento para tomar decisiones.

Una versión previa de este artículo fue publicada el día 15 de Diciembre en el periódico la Unión de Morelos.

miércoles, 24 de noviembre de 2021

Las consecuencias de la pobreza para los impactos de la COVID-19

En nuestro país, de acuerdo con los últimos datos del INEGI reportados por CONEVAL, tenemos más del 50 % de la población viviendo por debajo de línea de pobreza. Hace más de tres años se observaba una ligera mejora en este indicador al encontrarse por debajo de ese 50 %; sin embargo, en este año se incrementó sustancialmente. Es muy probable que la crisis económica provocada por la COVID-19 haya incrementado este lacerante indicador; que ya de por si ocasionó que una proporción muy grande de la población buscara alternativas diferentes a los cambios que se ofrecían a principios de este siglo, optando por un gobierno que prometía apoyar a la población pobre. 
Muy lamentablemente los datos indican que tanto la COVID-19 como el otro problema mundial que nos afecta, el cambio climático están impactando más negativamente en el sector de la población mexicana pobre. Es cierto que estos dos eventos, no han sido causados por esa población; pero si está sufriendo sus consecuencias. En cuanto al cambio climático, lo discutiremos en otra ocasión, en este texto comentaremos sobre las consecuencias de la pobreza para los impactos de la COVID-19 en la población según sus ingresos.
En este mes, se publicó un artículo en la revista The Lancet que observa una diferencia en los ingresos de las personas en México que mueren y aquellas que aunque se enferman no llegan a sufrir la muerte. En ese artículo se afirma que la pandemia de COVID-19 evidenció grandes desigualdades estructurales mostrando disparidades en la salud de las personas en función del nivel socioeconómico. En la mayoría de los artículos previos los datos agregados o de simulaciones apuntan a otros posibles mecanismos detrás de la asociación, en particular se hacía referencia a la situación de salud previa, comorbilidades, de las personas. En este artículo se han realizado estudios específicos, sobre la diferencia en los ingresos de las personas que llegaron a morir por la COVID-19 en nuestro país. En particular, el análisis se basó en datos en el ámbito individual y ajustados por comorbilidades o acceso a la atención médica. Para no dejar duda de los resultados en el estudio se controlaron las variables de comorbilidad y de atención médica y se concluye que las personas en el decil de ingresos más bajo tenían una probabilidad de morir de COVID-19 cinco veces mayor que las del decil superior. La diferencia no es un porcentaje menor, sino cinco veces más probable de morir al sufrir la COVID-19 si se es pobre. Este resultado es un indicador inequívoco de que la estrategia que se ha impulsado no ha podido atender a la población más pobre, quienes han sufrido la muerte en una proporción mucho mayor. Notemos que al controlar las variables de comorbilidad y de acceso a los cuidados de salud, se descartan estas variables y se deja una terrible conclusión de que la población más pobre está pagando con creces las decisiones de la actual política para contender al COVID-19. La situación de desigualdad de los impactos ya había sido esbozada en boletines de la Facultad de Medicina de la UNAM.
A mediados del año pasado, nuestro país, junto con Brasil y EE. UU., eran ejemplos para ilustrar que la profunda polarización política y la ausencia de propuestas basadas en conocimiento causan efectos negativos sobre la habilidad de los gobiernos para responder a la COIVD-19. Además, se apuntaba hacia la desigualdad económica de la población en los primeros dos países. En ese entonces se ilustraba con el número de muertos por casos confirmados, pero no había información detallada. 
Es muy lamentable que, el artículo de Eva Arceo Gómez y colaboradores que se publicó en The Lancet, como mencioné anteriormente, confirma, sin lugar a dudas, que en nuestro país la afectación a la población más pobre está siendo muy por encima de aquella de la población con bienestar. Esta terrible conclusión nos exige reflexionar y demandar un cambio de estrategia que disminuya los efectos sobre la población más pobre de las crisis. Estoy seguro de que hay aspectos correlacionados con el bienestar que merecen ser ampliados a la población más pobre y así disminuir los efectos de las crisis, en particular de la provocada por la COVID-19.

Nurse Graffiti COVID-19
Grafiti de sanitario COVID-19 en Málaga, España, sobre el muro sur que delimita la finca de San José (imagen Daniel Capilla)

Me atrevo a insistir, en lo obvio y que tanto se ha enfatizado, el uso adecuado del cubrebocas de tres capas en todos los espacios, ya que es una medida barata y que debe enfatizarse con el ejemplo desde todas las posiciones. Estoy seguro de que toda la población mexicana puede seguir estas reglas, como se ha mostrado cuando se viaja a otro país donde la regla es el uso obligatorio del cubrebocas. Hemos observado como hasta el presidente de la República Mexicana usa el cubrebocas en reuniones en otros lugares. Así que debemos continuar con ese uso, incluso en las reuniones en nuestro país y dar el ejemplo. 
Por otro lado, es imperiosa la vacunación contra el COVID-19 o cualquier otra enfermedad a toda la población, la salud de la población es uno de los requisitos para el bienestar social y la contribución de las vacunas es fundamental. Esto último implica un esfuerzo económico que toda la población merece, en especial, la población infantil. No debemos escatimar esfuerzos y en cuanto sea seguro vacunar a toda la población la obligación de los gobiernos es ofrecer esa alternativa.
Sigamos cuidándonos, aunque estemos vacunados hay personas que no han podido hacerlo y a la población infantil no se le ha otorgado ese derecho. Usemos el cubrebocas en nuestras actividades cotidianas.


Una versión previa de este artículo fue publicada el día 24 de noviembre en el periódico la Unión de Morelos.

miércoles, 7 de abril de 2021

La máscara

La protección más sencilla y más eficiente que tenemos a nuestro alcance contra la COVID-19 es la máscara o cubrebocas. Esta medida que ha sido despreciada por muchas personas es la que ha mostrado tener mayor eficiencia para disminuir los riesgos de contraer la enfermedad que nos nuestra salud, nos mantiene en constante tensión emocional y bajo crisis económica ya desde hace poco más de un año.
Un interesante artículo publicado en la revista Proccedings of de National Academy of Science (PNAS) el pasado mes de enero  analiza la eficiencia del uso adecuado del cubrebocas. Primeramente, se reconoce que la principal vía de contagio de la COVID-19 es la respiración de partículas emitidas por personas presintomáticas o asintomáticas, pero infectadas. Recordemos que hace un año esta vía no era reconocida como la principal y por eso se dudaba de la eficacia del uso de la máscara. Hoy en día y después de muchísimos estudios se ha determinado que la principal vía de contagio es la respiración de partículas portando los virus SARS-CoV-2. 
Por estas razones, se ha determinado dos acciones que reducen la propagación de la enfermedad: limitando el contacto con las personas infectadas mediante aislamiento y reducción de contacto. Es claro que el cubrebocas reduce el contacto con las partículas suspendidas en el aire arrojadas por personas infectadas y, por lo tanto, baja la posibilidad de aspirarlas. Al mismo tiempo, si la persona que la porta está infectada evita que esparza esas partículas al aire; aunque ella no lo sepa y la máscara actúa como una barrera. 
Es importante mencionar que las pruebas muestran que el uso de cubrebocas en ambientes de laboratorios y hospitales reduce la transmisión de la enfermedad. En los entornos públicos cotidianos el uso del cubrebocas es la acción más efectiva para reducir la propagación del virus cuando su uso es mayoritario. 
Las conclusiones y recomendaciones de este artículo se basan en una revisión muy amplia de investigaciones sobre otras enfermedades respiratorias y datos nuevos precisamente de la transmisión del SARS-CoV-2. 
Aquí un aspecto interesante es la forma en la que muchos estudios se han realizado utilizando tanto prueba directa, estudios directos en hospitales, como análisis de metadatos utilizando herramientas sofisticadas. Estas herramientas pertenecen mayoritariamente a la ciencia de datos y son usadas ampliamente hoy en día en muy diferentes áreas, desde mercadotecnia hasta salud. También realizaron una revisión sistemática de estudios observacionales no sesgados que encuentren prueba convincente de la eficacia del uso público de máscaras como reductores del contagio. 
En estos estudios se encontró que el contagio es hasta 7.5 veces más alto en países donde no hay un mandato de uso de cubrebocas. Una de las formas de análisis del tipo de minería de datos se observa en los estudios que investigaron las correlaciones en el interés de las personas de una región por los cubrebocas en el mercado electrónico, que muestra un factor importante en el control de la COVID-19 en esa región. Si las regiones donde las personas se interesaban más en las compras en la Internet por cubrebocas mostraron un mejor control de la enfermedad, es decir, menor tasa de contagio. El control al usar el cubrebocas parece ser más claro al evitar que una persona infectada, sin saberlo, esparza los virus, aunque hay ciertas pruebas que también protege a la persona que no está infectada. Para ello el artículo destaca que la eficacia del cubrebocas está totalmente relacionada con dos aspectos la capacidad de filtración y el diseño para ajuste en la cara (por supuesto la forma de portarlo). La recomendación para los materiales indica que cubrebocas multicapas de poliestar y algodón son una buena alternativa que puede equipararse en la eficiencia en la filtración a los cubrebocas especializados. 
Por supuesto, que uno de los aspectos más importantes es procurar que la máscara cubre completamente la nariz y boca. El uso de pequeñas láminas o alambres para que haya un mejor ajuste entre la tela y la piel cercana a la nariz es fundamental. Una búsqueda sencilla en los mercados electrónicos arroja la posibilidad de comprar estas láminas por precios muy accesibles y costurarlos a mano en la infinidad de cubrebocas de telas disponibles hoy en día que no lo tengan.
Estamos ante la evidente apertura gradual de las actividades que teníamos antes del 2020, pero para poder realizar esas actividades va a ser necesario que usemos cotidianamente el cubrebocas en lugares públicos. 
Todavía no se conoce con certeza la eficacia de la vacunación a largo plazo o la inmunidad de aquellas personas que ya sufrieron la enfermedad. En muchos lugares se documentan reinfecciones.
El cubrebocas será una prenda más en nuestra vida cotidiana, más vale que sepamos utilizarlo, lavarlo mantenerlo y portarlo. Espero estas líneas aporten información para que basados en información podamos decidir por el bienestar social. 


Este artículo fue publicado el día 7 de abril en el periódico La Unión de Morelos.

miércoles, 29 de abril de 2020

Quédate en Casa y si tienes que salir usa cubrebocas.

Hace dos semanas me aventuré a escribir que: los datos disponibles en ese momento nos podían indicar que el #QuédateEnCasa estaba funcionando, hoy los datos indican que no está mal el comportamiento de las personas, pero en los últimos días puede haber señales de alerta. Reitero mi advertencia, no soy médico, ni epidemiólogo; solo puedo decir que el entrenamiento que los científicos tenemos nos permite analizar los datos disponibles y realizar transformaciones en ellos para poder describir y entender los fenómenos naturales y sociales.
Por supuesto que hay diferentes forma de analizar los datos y las propuestas son desde la generación de modelos hasta los que transforman los datos para entenderlos e interpretarlos de diferentes formas. Una variedad de estas formas la encontramos en una muestra de científicos como Aatish Bhatia, Luis Mochán, Héctor Cortés, Leonardo Castro, Plinio Sosa Fernández, Federico del Río, Moisés Santillán, entre muchos otros. Los invito a visitar sus sitios para leer sus análisis. Todos ellos no son epidemiólogos o médicos, pero tienen entrenamiento para analizar los datos y la conclusión es que el #QuédateEnCasa funciona, pero … ya sé... en las redes se manifiestan muchas personas señalando que los datos no contabilizan todos los casos. Sin embargo, todas las personas que mencioné saben como analizar datos con incerteza o una muestra significativa del conjunto completo. En este caso los datos son de un muestreo. El Dr. Hugo López Gatell ha comentado en muy diversas ocasiones que los datos que presenta son del muestreo estadístico Centinela que se ha implementado para enfermedades respiratorios como la influenza y ahora se ha seguido para el Covid-19.
En esta ocasión voy a insistir en ilustrar con una gráfica que el #QuédateEnCasa está funcionando, pero, si lo rompemos o relajamos podemos recaer y sufrir un repunte de la enfermedad con severas consecuencias para la población. Considero que una comparación de gráficas permitirá más fácilmente evaluar la consecuencia de nuestro confinamiento y espero el lector tenga la paciencia para seguir los argumentos. Primeramente consideremos los datos que presenta el Dr. López Gatell como lo hace él en la gráfica 1, recordemos que cada punto es el número de casos confirmados cada día. Así en esta gráfica vemos un aumento sostenido con algunas variaciones de una línea suave, pero no observamos nada claro.


Gráfica 1: Tal y como la presenta el Dr. Hugo López Gatell

En esta forma los datos son difíciles de entender y más si queremos compararlos con lo que sucedió o está sucediendo en otros países (ya el 8 de abril hice las comparaciones pertinentes). Así que transformamos estos datos para poder comparar fácilmente con otros países y poder inferir si el comportamiento que tenemos ayuda o no. Desde mi perspectiva, uno de los datos a cuidar es el número de casos confirmados por día. En esta gráfica se ven estos datos confirmados en las pequeñas columnas de color naranja o amarillo que oscilan pero crecen día con día.


Gráfica 2: Una transformación para poder comparar entre diferentes países

En la gráfica 2 para una comparación sencilla mostramos los casos de México en comparación conotros países, a diferencia de las que se publicó el 8 de abril, solamente se graficaron los datos de cuatro países: México (MX), Estados Unidos (US), España (ES) y Japón (JP). Los datos para MX son los mismos que se presentan en la gráfica 1, pero transformados. Así en la gráfica 2 se presentan los números promedio de casos confirmados en los últimos siete días contra los números de casos confirmados totales hasta el momento. Los datos que promediamos son precisamente las pequeñas barras de color dorado de las gráficas del Dr. López Gatell. Lo primero que quiero resaltar de la gráfica 2 es que se observa que Japón ya controló la epidemia y el número de infectados promedio va en caída y quizá con algunos ligeros rebrotes en los últimos días, pero en caída y en número mucho menor que US. En cambio ES y US se observa que si bien los nuevos casos confirmados en promedio disminuyeron hace algunos días, ahora se han mantenido constantes, esto lo que indica es que el número de nuevos casos es prácticamente el mismo en los últimos días, lo cuál tampoco es deseable. Una información importante que debemos tomar en cuenta es que la línea que pueden seguir nuestros ojos con los datos de US y ES desde la izquierda (que es el comienzo de la epidemia en cada país) indica que cada dos días se duplican el número de casos confirmados. Esto es un comportamiento explosivo y que no queremos que esto pase en México. Los datos de MX no siguen actualmente esa tendencia (aunque la siguieron en los primeros días) y eso es un logro con el programa de la Sana Distancia, y que podemos observar que nos separó de la línea de duplicación cada dos días cuando había mil casos confirmados aproximadamente.
Aquí debo hacer notar que estas primeras conclusiones son prácticamente independientes de si se tienen los datos totales o un buen muestreo, como suponemos es el Centinela. Otro aspecto importante que debo explicar, es que el efecto de aplanar la curva (que tanto se mencionó en días previos a la declaración de emergencia) no se observa de igual manera en el tipo de gráficas como la gráfica 2. Bajo esta transformación de los datos, el aplanamiento se ve más como un efecto de desplazar la curva como sí se observa en la gráfica 2. Sí, efectivamente lo apreciamos en la representación de los datos de JP y MX. Sin embargo, preocupa la separación de los últimos puntos para México que pueden sugerir una aceleración de los casos nuevos.
Podemos hacer un cambio en la escala y observar más claramente las oscilaciones que tienen los datos de nuestro país, en comparación con el movimiento rápido que tuvieron en fases similares US y ES. Estos análisis nos dan tranquilidad, y podemos tratar de obtener más información de las gráficas. Sin embargo, lo que me preocupa, y que no he realizado, es el análisis de los decesos, pero para evitar estos últimos lo mejor es evitar los contagios.


Gráfica 3: Un acecamiento a la zona de interés para nuestro país con respecto a la Gráfica 2

Quiero terminar este escrito con un comentario a lo que escuché decir al Dr. López Gatell sobre el uso de los cubrebocas el lunes 26 de abril. En particular en referencia a la lámina que presentó para no enfatizar el uso de estos cubrebocas, en el punto 3 de Resultados se leía: “3) Solo un estudio estimó una reducción del 20% en la incidencia al asumir 10 a 50% de población usa correctamente el cubrebocas” (sic) e inexplicablemente pone en las conclusiones “… la evidencia científica no es concluyente para sustentar la utilización poblacional de cubrebocas” (sic). Desde mi perspectiva, el punto 3 de esa lámina justifica plenamente la recomendación que diversas autoridades estatales y municipales han establecido sobre el uso obligatorio del cubrebocas en la vía pública. Si necesitamos salir y el 50% de los que salimos usamos adecuadamente el cubrebocas podemos tener un 20% menos incidencias, por lo tanto, vale la pena usar el cubrebocas. Por supuesto, es mejor no salir.
Así déjenme concluir, desde mi perspectiva de análisis, la jornada de la Sana Distancia con el #QuédateEnCasa está funcionando, pero con la alerta que todos pueden observar en los últimos puntos de la gráfica 2 para MX. Adicionalmente, en caso de necesidad, al salir debemos usar el cubrebocas para intentar disminuir en un 20% la incidencia. Por lo tanto, me uno a que lo han recomendado la jefa de Gobierno, Claudia Sehimbaum, y el presidente municipal de Cuernavaca, Francisco Antonio Villalobos entre otras autoridades: usemos cubrebocas.

Una versión previa de este artículo fue publicada el día 29 de Abril en el periódico La Unión de Morelos.