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miércoles, 5 de julio de 2023

Salarios equitativos

Al vivir en comunidad las personas demandamos seguridad social. Desde la antigüedad las personas se agrupaban en clanes para defenderse de otras especies o para organizarse y hacer mejor las labores de forrajeo o caza. Adicionalmente, los gastos para el cuidado de los congéneres se pueden repartir en la colectividad y, por lo tanto, el esfuerzo individual es menor. Con esta idea simple del contrato social y el desarrollo de las técnicas agropecuarias es que las personas hemos asumido el contrato social desde que se conforman las poblaciones tanto nómadas como sedentarias. 
En los tiempos actuales, el tamaño de estas poblaciones se ha incrementado de manera insostenible y estamos observando que el pacto social no se cumple. Las demandas de las personas en diferentes lugares implican que la seguridad social, que hoy tenemos, dista mucho de lo que la mayoría deseamos.
Sin embargo, es notorio que en algunos lugares en el mundo estos reclamos se centran en aspectos realmente de sobrevivencia y en otros en aspectos del que podemos llamar bienestar.
Lamentablemente, en México con más del 50 % de la población por debajo de la línea de pobreza, estamos en los reclamos pertenecientes a la sobrevivencia. La mayoría de la población mexicana está preocupada por aspectos para subsistir en el día a día. En este contexto, las ofertas de micro apoyos económicos aparentan resolver el subsistir diario; aunque no ofrecen una solución que apunte hacia el bienestar social. Así surge la pregunta ¿cómo podemos cambiar esta situación?

Imagen generada con inteligencia artificial con la frase "Image showing poor people on the street and rich people on a terrace on the second floor impressionist style" en https://labs.openai.com/.

Las causas son múltiples, pero podemos intentar esbozar algunas de ellas y plantear así algunas estrategias con miras a encontrar soluciones a estas situaciones de pobreza. Empecemos con algunas preguntas:
Los gobiernos tienden a dar apoyos económicos, pero ¿por qué es necesario que los gobiernos den dinero? Una simple respuesta es porque no toda la gente tiene el suficiente dinero para satisfacer sus necesidades y ¿por qué no lo tienen? Otra vez, simplemente porque por su trabajo recibe muy poca remuneración y con este salario no les alcanza. En particular, en México con una economía entre las 20 primeras del mundo pareciera ser que en promedio debería alcanzarle a la población para con su trabajo obtener un salario que le permita satisfacer sus necesidades y no estar por debajo de la línea de pobreza. Por supuesto, el PIB per cápita está por arriba del ingreso mínimo para no estar en el segmento de pobreza. Entonces, ¿por qué a la mayoría de las personas en México no les alcanza su salario? Esto implica que los salarios son bajos. ¿Podemos establecer estrategias para que se incrementen? Estas estrategias van desde las individuales: buscar mayor capacitación, escalar en los niveles educativos y adquirir mayores destrezas para atender puestos de trabajo con mayor paga. También las estrategias productivistas, como aumentar la productividad de la fuerza laboral para que reciba mayores salarios. Sin embargo, estas estrategias se centran en aspectos individualistas y no recaen en el ámbito de lo colectivo. Las estrategias colectivas apuntan hacia cambios profundos y que atienden a muchas personas al mismo tiempo.
Analicemos con mayor detalle los datos del párrafo anterior. Partamos de dos hechos que nos pueden dar explicaciones y con ellos podemos definir otras estrategias. 1) La economía mexicana, en promedio, debería ser suficiente para que la mayoría de la población no estuviera por debajo de la línea de pobreza. 2) Los salarios son bajos y no le alcanzan a la mayoría de la población para satisfacer sus necesidades. Estas dos frases indican que la distribución de la riqueza generada es profundamente desigual y para nada considera el pacto social que implícitamente aceptamos al vivir en sociedad. En síntesis hay que distribuir equitativamente la riqueza generada.
Otro dato adicional aporta información importante: en México el capital se apropia del 65 % del valor agregado por el trabajo conjunto de las personas asalariadas. En cambio, en el resto del mundo este porcentaje es del 49 %. Es decir, en México, los salarios podrían ser aumentados con ese 15 % que se apropia el capital para promover la equidad.
Notemos que existe diferencia en recibir salarios que permitan satisfacer nuestras necesidades a que recibamos dádivas para satisfacerlas. Me parece que conocemos las ventajas de conocer que por nuestro trabajo y esfuerzo satisfacemos nuestras necesidades; en lugar de depender de las dádivas del gobierno para irla sobrellevando. La primera es una estrategia que beneficia desde abajo, desde la raíz del problema en lugar de intentar distribuir a posteriori lo que se puede distribuir equitativamente desde el principio.
Desde mi perspectiva, la diferencia es abismal en el dar dádivas o pagar mayores salarios. Es así, como el mismo capital en nuestro país debería reconocer esta diferencia y reafirmar el pacto social aumentando salarios. Aquí no voy a discutir si ese 49 % que se apropia el capital en otros lugares es justo. Lo que es evidente y lacerante para una población que se dice promover el bienestar social es el que las diferencias en la repartición de la riqueza generada conduzcan a la mayoría de la población a vivir en la pobreza.
Adicionalmente, si las contribuciones de las personas físicas o morales para la atención de las necesidades colectivas son saqueadas por personas corruptas, la situación se torna verdaderamente conflictiva y preocupante para toda la población. Esto último, es otro agravante en nuestro país, pero no es la primera causa, sino la muy desigual distribución de la riqueza generada que no se resuelve con dádivas sino con salarios equitativos y justos.


Este artículo fue publicado el día 5 de julio en el periódico la Unión de Morelos.

miércoles, 14 de junio de 2023

Combatir la pobreza vs combatir la desigualdad

Durante la semana pasada, llamó mi atención un tuit donde se presentaba la información de la evolución del porcentaje de la renta nacional en manos del segmento más rico de la población (10 %). El gráfico disponible en el tuit, muestra que para México el 30 % de la renta nacional está en manos del 10 % de la población. En mi opinión esta desigualdad es lacerante, opinión fue compartida y enfatizada por colegas.
Así, a pesar de que esta opinión me parecía tendría consenso, me sorprendí al leer las respuestas al tuit original. En ellas se polemizaba sobre que lo importante era combatir la pobreza y no la desigualdad. Me parecen extrañas estas precisiones. El combate a la pobreza y el combate a la desigualdad son necesarios para construir situaciones donde tengamos bienestar social. Combatir la pobreza y combatir la desigualdad son dos objetivos relacionados; pero, parece ser, distintos para construir una sociedad sustentable. Aunque ambos están interrelacionados, abordan aspectos diferentes de los desafíos ambientales, sociales y económicos que enfrenta México. Déjenme en pocas palabras intentar resumir las posiciones. 
Podemos decir que el combate a la pobreza se enfoca en la reducción de la pobreza extrema y la mejora de las condiciones de vida de las personas que viven en situaciones de pobreza. Esto implica proporcionar acceso a servicios básicos como vivienda, educación, atención médica, alimentación y agua potable. El combate a la pobreza busca garantizar que todas las personas puedan satisfacer sus necesidades básicas. Sin pretender una distribución igualitaria de los recursos.
El combate a la desigualdad se refiere a la reducción de las disparidades socioeconómicas entre diferentes grupos de la población. Esto implica abordar las desigualdades en la distribución del ingreso, el acceso a oportunidades educativas, el empleo, la salud y otros aspectos que han sido considerados implícitamente en los “pactos sociales” que hemos asumido. El combate a la desigualdad busca garantizar una distribución más equitativa de los beneficios económicos y sociales, promoviendo la inclusión y la justicia social. Sin pretender que impere la pobreza en la población.
Cuando privilegiamos una visión sobre la otra, estaremos optando por concepciones sociales diferentes. 
Sin embargo, cuando observamos que compartimos un planeta con recursos finitos y limitados queda claro que el enfoque debe ser simultáneo: sin combate a la pobreza y a la desigualdad la construcción del bienestar social es imposible.
Pensemos en un escenario hipotético donde los recursos fueran infinitos, el enfoque principal podría ser el combate a la pobreza. En este caso, se podría trabajar en la erradicación de la pobreza extrema garantizando que todas las personas tengan acceso a los recursos necesarios para satisfacer sus necesidades básicas. La idea sería brindar oportunidades y apoyo para que las personas puedan mejorar su calidad de vida ya que no tienen que competir por recursos, pues son, en este escenario, ilimitados.
Por supuesto ese escenario no existe, como ya mencioné vivimos en un planeta donde los recursos son limitados. Así, para promover el bienestar social, es decir, para que las personas y las otras especies en el planeta vivan con bienestar, el enfoque debe desplazarse hacia el combate a la desigualdad. Debemos aceptar que para que estemos bien otras personas también deben estar bien y con ello evitar competencia por los recursos escasos. En este caso, es importante garantizar que las distribuciones de los bienes estén en concordancia las necesidades evitando el acaparamiento. En un mundo limitado, para que unas personas sean ricas y tengan mucho, otras deben ser pobres y tener muy poco. Las distribuciones de los recursos en la actualidad siguen una distribución paretiana (en forma sencilla esta distribución indica que el 80 % de la “riqueza” la tiene el 20 % de la población). Es decir, hoy en México y en el mundo hay una desigualdad lacerante. 
Por supuesto en todas partes las personas desean ser partícipes de los recursos y buscan trabajo con mejores salarios, buscan educación capacitación, defiende sus entornos, migran, etc. Todo con el afán de tener bienestar. Estoy convencido que para que cada persona tenga bienestar se debe promover el bienestar social, es decir, que se comparta el bienestar entre la población. Esta repartición no debe ser paretiana y también estoy consiente que no es igualar a la población en la pobreza.
Insisto solamente combatir la pobreza no construye bienestar social.

Imagen creada con inteligencia artificial con la frase "people enjoying wellbeing in impressionist style" en https://labs.openai.com/ .

En resumen, la estrategia para construir una sociedad sustentable con bienestar social debe combatir tanto la pobreza como la desigualdad, adaptándose al contexto específico y considerando la disponibilidad de recursos de cada entorno. Un enfoque integral que equilibre la justicia social, el desarrollo económico y la protección ambiental es esencial para lograr una sociedad equitativa y sustentable.

Este artículo fue publicado el día 14 de junio en el periódico la Unión de Morelos.

miércoles, 17 de mayo de 2023

Continuamos en un capitalismo de amistades

En nuestros cursos de historia nos presentan al gobierno de Porfirio Díaz orientado a proponer una estrategia de progreso otorgando y dando concesiones los capitales extranjeros y nacionales. De hecho, las concesiones se otorgaron a las amistades del presidente y de su círculo más cercano. A este tipo de gobiernos que otorgan beneficios orientados a los capitales de amistades se les conoce, en algunos ámbitos, como capitalismo de amigos o “Crony Capitalism”. Recientemente leí un artículo donde se analizan las estructuras gubernamentales en los países capitalistas, como México, en términos de un índice de capitalismo de amigos. Este índice mide la cantidad de riqueza que ganan las amistades multimillonarias del gobierno en turno. En particular, también el índice considera si los ingresos de la población se ven afectados negativamente por el otorgamiento de estas concesiones.
En el mundo, el índice de capitalismo de compinches de 2023 muestra que la riqueza de las amistades de los gobernantes ha aumentado de $ 315 mil millones, o el 1 % del PIB global, hace 25 años a $ 3 billones o casi el 3 % del PIB global hoy día. En este índice Rusia ocupa el primer lugar con el 19 % de su producto interno bruto asociado con empresas de amistades de las personas que gobiernan. Actualmente, México ocupa el quinto lugar mientras que en 2016 ocupaba el sexto lugar en esta lista, muy adelante de Brasil que ocupa el lugar 23 [2]. Para comparación, Brasil ocupaba el lugar 14 en 2016.
Este lamentable lugar que ocupa México indica que el actual gobierno no ha podido disminuir los privilegios a los grandes capitales, si acaso ha cambiado de personas a las que privilegia. Se ha aumentado el porcentaje de más del 6 % a más del 8 % del producto interno bruto generado por millonarios que son amistades de las personas del gobierno de México.
Debo reconocer que hay críticas a este índice puesto que no considera todos los sectores de la economía en la evaluación ni tampoco mecanismos de cabildeo de las empresas con sectores gubernamentales; pero, este índice, es una medida parcial del beneficio que los gobernantes otorgan a sus amistades, generando desigualdad y sin combatir la pobreza.

Imagen creada con inteligencia artificial con la frase "rich capitalists in a balcony  observing  a crowd on the street in dark style" en https://huggingface.co/spaces/stabilityai/stable-diffusion

El índice “crony-capitalism” lo que sí indica es qué tanto prosperan las empresas prosperan a través de relaciones en lugar de crecer con base en la competencia y mejoramiento de sus servicios o productos. En un amplio sentido mide la colusión entre un sector de la clase empresarial y la clase política. En su peor forma, el capitalismo de amistades es un sistema corrupto donde se prescinde de cualquier pretensión de competencia, los sobornos a los funcionarios del gobierno son una rutina y el sistema se convierte en una oligarquía. En este sentido, el capitalismo de amistades puede conducir a una alta desigualdad de ingresos. Más grave es todavía que en esta situación, algunos intereses comerciales presionan al gobierno para que incline el campo de juego a su favor, lo que puede limitar la competencia y generar una gran desigualdad de ingresos. En particular, el efecto se observa más en las pequeñas empresas o sobre los emprendimientos, ya que los negocios no pueden iniciarse o mantenerse sin la existencia de una estrecha relación entre quien emprende y quienes ocupan puestos en el gobierno. A menudo, hay favoritismo en la concesión de permisos de construcción y de otro tipo, subvenciones gubernamentales, exenciones fiscales especiales y otras actividades del estado regulador. Así, es más complicado para las pequeñas empresas, y aún más complicado para el negocio que inicia,  competir con uno de los grandes jugadores algún día. 
Lamentablemente, cada día aparecen más noticias donde las amistades de diferentes personas asociadas con puestos en el gobierno actual están obteniendo beneficios para establecer negocios, iniciar obras u otorgar servicios. Cada vez más observamos que las personas que ocupan puestos en la administración actual se benefician de otorgar concesiones a sus amistadas o que hacen amistades al otorgar estos beneficios.
En síntesis el capitalismo de amistades es una forma de corrupción que debemos desterrar de la actualidad.


Este artículo fue publicado el día 17 de mayo en el periódico la Unión de Morelos-

miércoles, 24 de noviembre de 2021

Las consecuencias de la pobreza para los impactos de la COVID-19

En nuestro país, de acuerdo con los últimos datos del INEGI reportados por CONEVAL, tenemos más del 50 % de la población viviendo por debajo de línea de pobreza. Hace más de tres años se observaba una ligera mejora en este indicador al encontrarse por debajo de ese 50 %; sin embargo, en este año se incrementó sustancialmente. Es muy probable que la crisis económica provocada por la COVID-19 haya incrementado este lacerante indicador; que ya de por si ocasionó que una proporción muy grande de la población buscara alternativas diferentes a los cambios que se ofrecían a principios de este siglo, optando por un gobierno que prometía apoyar a la población pobre. 
Muy lamentablemente los datos indican que tanto la COVID-19 como el otro problema mundial que nos afecta, el cambio climático están impactando más negativamente en el sector de la población mexicana pobre. Es cierto que estos dos eventos, no han sido causados por esa población; pero si está sufriendo sus consecuencias. En cuanto al cambio climático, lo discutiremos en otra ocasión, en este texto comentaremos sobre las consecuencias de la pobreza para los impactos de la COVID-19 en la población según sus ingresos.
En este mes, se publicó un artículo en la revista The Lancet que observa una diferencia en los ingresos de las personas en México que mueren y aquellas que aunque se enferman no llegan a sufrir la muerte. En ese artículo se afirma que la pandemia de COVID-19 evidenció grandes desigualdades estructurales mostrando disparidades en la salud de las personas en función del nivel socioeconómico. En la mayoría de los artículos previos los datos agregados o de simulaciones apuntan a otros posibles mecanismos detrás de la asociación, en particular se hacía referencia a la situación de salud previa, comorbilidades, de las personas. En este artículo se han realizado estudios específicos, sobre la diferencia en los ingresos de las personas que llegaron a morir por la COVID-19 en nuestro país. En particular, el análisis se basó en datos en el ámbito individual y ajustados por comorbilidades o acceso a la atención médica. Para no dejar duda de los resultados en el estudio se controlaron las variables de comorbilidad y de atención médica y se concluye que las personas en el decil de ingresos más bajo tenían una probabilidad de morir de COVID-19 cinco veces mayor que las del decil superior. La diferencia no es un porcentaje menor, sino cinco veces más probable de morir al sufrir la COVID-19 si se es pobre. Este resultado es un indicador inequívoco de que la estrategia que se ha impulsado no ha podido atender a la población más pobre, quienes han sufrido la muerte en una proporción mucho mayor. Notemos que al controlar las variables de comorbilidad y de acceso a los cuidados de salud, se descartan estas variables y se deja una terrible conclusión de que la población más pobre está pagando con creces las decisiones de la actual política para contender al COVID-19. La situación de desigualdad de los impactos ya había sido esbozada en boletines de la Facultad de Medicina de la UNAM.
A mediados del año pasado, nuestro país, junto con Brasil y EE. UU., eran ejemplos para ilustrar que la profunda polarización política y la ausencia de propuestas basadas en conocimiento causan efectos negativos sobre la habilidad de los gobiernos para responder a la COIVD-19. Además, se apuntaba hacia la desigualdad económica de la población en los primeros dos países. En ese entonces se ilustraba con el número de muertos por casos confirmados, pero no había información detallada. 
Es muy lamentable que, el artículo de Eva Arceo Gómez y colaboradores que se publicó en The Lancet, como mencioné anteriormente, confirma, sin lugar a dudas, que en nuestro país la afectación a la población más pobre está siendo muy por encima de aquella de la población con bienestar. Esta terrible conclusión nos exige reflexionar y demandar un cambio de estrategia que disminuya los efectos sobre la población más pobre de las crisis. Estoy seguro de que hay aspectos correlacionados con el bienestar que merecen ser ampliados a la población más pobre y así disminuir los efectos de las crisis, en particular de la provocada por la COVID-19.

Nurse Graffiti COVID-19
Grafiti de sanitario COVID-19 en Málaga, España, sobre el muro sur que delimita la finca de San José (imagen Daniel Capilla)

Me atrevo a insistir, en lo obvio y que tanto se ha enfatizado, el uso adecuado del cubrebocas de tres capas en todos los espacios, ya que es una medida barata y que debe enfatizarse con el ejemplo desde todas las posiciones. Estoy seguro de que toda la población mexicana puede seguir estas reglas, como se ha mostrado cuando se viaja a otro país donde la regla es el uso obligatorio del cubrebocas. Hemos observado como hasta el presidente de la República Mexicana usa el cubrebocas en reuniones en otros lugares. Así que debemos continuar con ese uso, incluso en las reuniones en nuestro país y dar el ejemplo. 
Por otro lado, es imperiosa la vacunación contra el COVID-19 o cualquier otra enfermedad a toda la población, la salud de la población es uno de los requisitos para el bienestar social y la contribución de las vacunas es fundamental. Esto último implica un esfuerzo económico que toda la población merece, en especial, la población infantil. No debemos escatimar esfuerzos y en cuanto sea seguro vacunar a toda la población la obligación de los gobiernos es ofrecer esa alternativa.
Sigamos cuidándonos, aunque estemos vacunados hay personas que no han podido hacerlo y a la población infantil no se le ha otorgado ese derecho. Usemos el cubrebocas en nuestras actividades cotidianas.


Una versión previa de este artículo fue publicada el día 24 de noviembre en el periódico la Unión de Morelos.

miércoles, 14 de julio de 2021

Alarmante situación laboral

En las conversaciones cotidianas se comenta la situación económica que se está sufriendo hoy en día y ha sido acentuada por la COVID-19. El platicar y comentar es una de las actividades que permite reflexionar sobre las situaciones que enfrentamos y nos ayuda a construir posibles soluciones. La información veraz que podamos compartir y analizar en todas las esferas es la que nos posibilitará argumentar y establecer rutas posibles para resolver la problemática que enfrentamos en todos los niveles: comunitarios, locales, estatales, nacionales o mundiales. En este sentido, es importante conocer y analizar la información que nos está ofreciendo el INEGI mediante los resultados del Censo 2020. 
En esta ocasión me gustaría comentar sobre el análisis que presenta el CONEVAL basados en los datos del INEGI sobre la pobreza laboral al primer trimestre de 2021 [1]. En particular los datos referentes a aspectos laborales son un indicador que involucra las dimensiones social y económica dando la oportunidad de evaluar parte de las trayectorias hacia la sustentabilidad.
Al comparar el ingreso laboral real per cápita en el primer trimestre del 2020 con el mismo periodo del 2021 encontramos que el ingreso nacional disminuyó de $ 1,919.84 a $ 1,827.39, es decir, hubo una pequeña disminución en este indicador nacional. Observemos el monto de este ingreso real que señala el salario con el que la población promedio subsiste hoy en día que nos obliga a reflexionar sobre la situación que viven las personas en nuestro país y que siendo menor a dos mil pesos mensuales no permite pensar en un bienestar social mientras este salario promedio se mantenga.  
Los indicadores promedio en poblaciones donde la distribución es paretiana, es decir, donde muchos ganan muy poco y muy pocos ganan mucho no son de lo más adecuado para definir las medidas para construir el bienestar social; sino que conocer las distribuciones nos dan una mejor idea de la situación y reflejan con mayor claridad los aspectos esenciales a considerar. En este sentido, de lo más preocupante es el porcentaje de la población que tiene ingreso laboral inferior al costo de la canasta básica alimentaria, que en el ámbito nacional pasó del 35.6 % al 39.4 %. Tenemos hoy un 4 % más de personas que no ganan lo suficiente para poder alimentarse adecuadamente. En el sector urbano este indicador pasó del 31.7 % al 36.4 % y en el sector rural pasó de 48.0 % a 48.9 %, indicando que durante la pandemia el sector urbano fue el que sufrió mayormente el impacto de la crisis económica, pero que también el sector rural se vio afectado negativamente. Con esta información podemos afirmar que es imperioso disminuir esta proporción de personas que no ganan lo suficiente para alimentarse, ya no digamos para tener otros satisfactores. Con estos datos, tanto en el ámbito urbano como en el rural, podemos afirmar que estamos viviendo un aumento de personas con pobreza salarial.
Otro de los datos más alarmantes lo podemos encontrar al analizar la distribución de los salarios en la población. Así encontramos que la proporción de las personas que ganan un monto igual o menor al salario mínimo que pasó del 31.7 % al 35.3 % del 2020 al 2021. En nuestro país, casi un tercio de la población con salario gana no más del salario mínimo. Por supuesto que con esta situación no podemos aspirar a un bienestar de la población.  Aunado a esto el porcentaje de la población que gana entre uno y dos salarios mínimos pasó del 40.0 % al 40.6 %, pero la población que gana entre dos y tres salarios mínimos bajó del 17.5 % al 14.8 %. Situaciones de decrecimiento similares se observan en la población que gana más de tres salarios mínimos que pasó del 10.7 % al 9.5 %. Es decir, mientras la proporción de personas que ganan menos de dos salarios mínimos creció la proporción población que gana más de dos salarios mínimos decreció. Es esencial notar que hoy en día, la proporción de la población que gana más de tres salarios mínimos es menor al 10 %, es fundamental que entendamos que con esta distribución de la riqueza es imposible alcanzar el bienestar para todas las personas, inclusive para aquellas que ganan más.
Desde mi punto de vista es imperioso definir estrategias que posibiliten que las personas obtengan una remuneración que les permita obtener los satisfactores adecuados para construir un bienestar social. No podemos seguir con mecanismos egoístas, ya que solamente crearán mayores diferencias generando descontentos que a la larga afectarán el propio bienestar de cada una de las personas, inclusive las que hoy gozan de privilegios.

Este artículo fue publicado el día 14 de julio en el periódico la Unión de Morelos

jueves, 14 de marzo de 2019

Apuntes para discusión sobre el CTI 2019

Mis apuntes para la discusión en el Conversatorio para el análisis del sistema CTI 2019

Participé en: Mesa 8
Las actividades científicas, tecnológicas y de innovación para la solución de los problemas nacionales. Los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) como eje transversal en el Plan Nacional de Desarrollo (PND) y el Programa Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación (PECiTI).

Hoy en día la generación de conocimiento debe contemplarse desde una perspectiva global que incluya los conocimientos desarrollados en el ámbito internacional para resolver la problemática local y global. Así, el sistema científico de una región debe responder a las demandas de los locales en un contexto internacional. Con esta visión, en un esfuerzo internacional por plantear estrategias de largo plazo, se definió la Agenda 2030 que busca monitorizar las políticas públicas hacia la sustentabilidad del planeta mediante la definición de objetivos, metas e indicadores. De esta manera, surge un acuerdo internacional al definir los 17 objetivos del desarrollo sustentable, que en forma sucinta son: (1) acabar con la pobreza, (2) hambre cero, (3) salud y bienestar para todos, (4) educación de calidad, (5) igualdad de género, (6) agua limpia y saneamiento, (7) energía asequible y no contaminante, (8) trabajo digno y crecimiento económico, (9) industria, innovación e infraestructura, (10) reducción de desigualdad, (11) ciudades y comunidades sustentables, (12) producción y consumo responsable, (13) acción por el clima, (14) vida submarina, (15) vida de ecosistemas terrestres, (16) paz, justicia e instituciones sólidas, y (17) alianzas intersectoriales. Estos objetivos contemplan que la sustentabilidad del planeta radica en considerar cuatro dimensiones, que podemos resumir como: Naturaleza, Economía, Sociedad y Organizacional (para recordarlo se puede usar la brújula de la sustentabilidad ver Fig. 1 ), para analizar cualquiera de nuestras actividades (económicas, sociales, políticas o recreacionales) y determinar la huella que dejamos al hacerla. Es importante hacer notar que la dimensión organizacional es muy importante para nuestro país ya que considera el buen gobierno como una dimensión esencial en el análisis y que esta dimensión no se contemplaba en los primeros esfuerzos por definir la sustentabilidad. Con estas bases recientemente, las instituciones dedicadas a la educación superior han reconocido la necesidad de colaborar y se ha formado la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible encabezada por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey y la Universidad Nacional Autónoma de México que fundamenta, desde el punto de vista científico, las estrategias para brindar soluciones hacia la sustentabilidad.


Figura 1. Brújula de la sustentabilidad que representa las dimensiones de la sustentabilidad y las ligas con los 17 ODS

En el ámbito internacional y nacional se ha reconocido que la investigación en temas de la sustentabilidad global y local representan retos mayúsculos; pero que son muy relevantes para la sociedad en su conjunto y en todas las regiones, ya que aportan conocimiento para la toma de decisiones. Uno de los principales retos para conseguir los Objetivos del Desarrollo Sostenible radica en la definición de las formas de medir el camino hacia su cumplimiento, de aquí que una de las principales tareas para el sector científico sea la determinación de los indicadores idóneos para medir ese tránsito hacia la sustentabilidad. El entrelazamiento de los ODS se observa en que cada uno de ellos está relacionado con las diferentes dimensiones de la sustentabilidad y, por lo tanto, para cumplirlos se requiere de estrategias multidimensionales tanto en aspectos ambientales, económicos, sociales y organizacionales pasando por su implementación en los diferentes niveles: globales, regionales y locales. El seguimiento de la evolución en el cumplimiento de los ODS requiere de un marco de indicadores donde las metodologías científicas son imprescindibles. La ciencia puede fundamentar los procedimientos para monitorizar estos indicadores que deben tanto depender de las características de las regiones como incorporar sus diversidades sociales, ambientales y culturales. La integración entre el conocimiento empírico, desarrollado por personas locales, y el conocimiento científico es necesaria para mejorar el entendimiento de las interrelaciones y sinergias que las estrategias pueden brindar al cumplimiento de los ODS en cada región.

Desde mi perspectiva, debe quedar claro que el sector científico mexicano es profesional y presenta un impacto positivo en la ciencia global; sin embargo los datos indican que el impacto en la sociedad todavía no es el deseable, analicemos algunos datos.


Figura 2. Esquema que representa esquemáticamente que la inversión en ciencia y tecnología correlaciona con la ausencia de pobreza

Primero debemos enmarcar a la ciencia en el contexto social y reconocer que la desigualdad en nuestro país es lacerante, ya que un 43\% de la población está por debajo de la línea de pobreza, que incluso comparado con otros países latinoamericanos es lamentable. Estos datos son más lamentables cuando vemos que el porcentaje del PIB dedicado a actividades científicas correlaciona con la pobreza (ver Fig. 2). Por ejemplo, Brasil y Venezuela reportan un 10\% y 33\% de personas por debajo de la línea de pobreza; mientras que en Corea y Alemania el porcentaje en este rubro es insignificante.


Figura 3. Esquema que representa esquemáticamente que la inversión en ciencia y tecnología correlaciona con el menor número de científicos

Con este simple gráfico de la desigualdad abordemos lo tocante al número de personas dedicadas a actividades científicas, en Brasil y Venezuela se reportan a 2.5 y 9 personas por cada 10 mil habitantes; en cambio Corea y Alemania reportan 71 y 49; mientras que en nuestro país somos solamente 3 personas dedicadas a la ciencia por cada 10 mil habitantes. El porcentaje del PIB dedicado como presupuesto a actividades científicas en estos países es: 2.94\% Alemania, 4.24\% Corea, 1.28\% Brasil, 0.25\% Venezuela y menos del 0.5\% del PIB en nuestro país (ver Fig. 3). Con tan magra inversión en la generación de conocimiento de nuestra sociedad no podemos augurar una intervención positiva en la disminución de la pobreza, así es de esperar que el impacto del sector científico no sea el que deseamos.


Figura 4. Esquema que representa las contribuciones de las universidades, las familias de patentes y el índice h de los artículos de los países que se usan para ilustrar el punto de GII, 2017

Para reforzar mi dicho analicemos otro indicador global: el Índice Global de Innovación que nos coloca en el lugar 31 de 64 países y donde Alemania, Corea y Brasil ocupan los lugares 4, 9 y 28, respectivamente, indicando que requerimos mejorar la actividad en este sector de innovación. Es importante mencionar que este índice de innovación es una combinación de indicadores de ciencia y de desempeño empresarial. Un análisis más detallado señala que los indicadores académicos que componen este índice muestran un mejor desempeño que los indicadores empresariales como podemos ver el lugar que ocupan nuestras universidades y el número $h$ de nuestros artículos impacta mayormente en el índice en comparación con el número de familias de patentes que es un indicador del sector empresarial e industrial (situación que se ilustra en la Fig. 4). Esta situación reclama que haya una mayor participación de la inversión privada en actividades científico tecnológicas con una verdadera vocación innovadora que transforme al sector económico hacia un sector basado en la generación de productos o servicios con alto valor agregado que promoverá el desempeño económico y, dada la actividad económica basada en conocimiento, generará un sesgo al bienestar social.

Estrategias
Con esta información en mente, regresemos a los ODS que contemplan claramente objetivos que hoy estamos convencidos que deben ser abordados en nuestro país: Fin a la pobreza y hambre, asegurar la vida saludable y educación de calidad, combate al cambio climático y la protección al ambiente desde lo local a lo global.

Al observar los 17 ODS podemos notar que se requiere la participación de todas la ciencias y las humanidades para definir las políticas públicas que permitan cumplirlos en forma local y global y, más importante, definir los indicadores específicos correspondientes a cada región que permitan darle seguimiento a estas políticas. Así desde el sector científico, para conseguir los ODS podemos proponer algunas estrategias:

  • Reconocer que la ciencia es una actividad humana que ayuda a la construcción de un mundo sustentable y que la ciencia básica es uno de los principales requerimientos para la innovación tecnológica y social, que conlleva a la actividad económica basada en productos o servicios de alto valor y que puede promover la armonía con el ambiente e inversión en el largo plazo.
  • Incrementar la diversidad en el sector científico consolidando la equidad de género y construyendo un amplio espectro de actores, incluyendo grupos subrepresentados y minorías en el quehacer científico.
  • Fortalecer la educación científica incrementando la divulgación de la ciencia y construyendo talento y entendimiento científico en todos los niveles educativos.
  • Invertir en educación y generación de conocimiento mediante becas para programas científicos fomentando la participación de las minorías sin menoscabo de la excelencia.
  • Incrementar el presupuesto a ciencia, tecnología e innovación al asignar el 1\% PIB para labores científicas y tecnológicas promoviendo la participación activa del sector privado para construir y consolidar la infraestructura científico tecnológica en escuelas, universidades, centros públicos de investigación y sector industrial y empresarial.
  • Promover un sector científico integrado abordando las cuatro dimensiones de la sustentabilidad considerando aspectos sociales, económicos, ambientales y de buen gobierno con perspectivas tanto disciplinarias como fomentando la inter-, multi- y transdisciplina sin olvidar la colaboración local, regional nacional e internacional.

En esta última estrategia, es importante que las minorías y sectores relegados sean incluidos en las políticas de Ciencia Tecnología e Innovación (CTI) y una forma de asegurar esta inclusión es tomar como referencia los ODS y el marco dimensional de la sustentabilidad.

La perspectiva que debemos tomar al abordar estas estrategias es la de teoría de sistemas y con ello debemos considerar la argumentación de Donella Meadows, en "Thinking in Systems" y de Elinor Ostrom en "Understanding Institutional Diversity": referente a que los sistemas e instituciones deben ser evaluados con base en su desempeño y de ser posible por agentes externos; además de mostrar flexibilidad para responder ante situaciones diversas. En este sentido el sector científico también debe estar sujeto a las evaluaciones externas, como lo ha estado, y a contemplar diversidad de organizaciones, disciplinas y por supuesto de opiniones en su seno. De aquí la importancia de concebir un sistema CTI con una amplia diversidad de actores. La construcción de un sistema CTI flexible con diversidad de opinión garantiza involucrar las dimensiones de la sustentabilidad y la selección de soluciones basadas en conocimiento local y global.

Precisamente la generación de conocimiento local debe contribuir al conocimiento global y la ciencia internacional puede contribuir en la construcción de soluciones reales y de largo plazo.

Estas estrategias se pueden ilustrar con ejemplos en el ámbito de las energías renovables que contribuye directamente al ODS 7. Las energías renovables brindan la oportunidad a la población para que ella genere su propia energía y ha sido la ciencia y la tecnología que han contribuido en este aspecto. Hace algunas décadas, por ejemplo, la energía solar fotovoltaica era cara, hoy en día es más barata que la energía producida con combustibles fósiles. Así debemos reconocer y divulgar este hecho. Hoy en día las mujeres están optando por estudios doctorales en ámbitos de las energías renovables y en algunas instituciones ya son la mitad de la matrícula. En aspectos de brindar energía a comunidades es importante consultarlas para que ellas definan las necesidades de acuerdo a las actividades que deseen desarrollar, sean para producir productos o servicios con valor de intercambio o de esparcimiento o de educación. La estrategia para brindar energía renovable de acuerdo al entorno (ambiental, social) debe ser definida por la comunidad misma con participación de científicos, tecnólogos y humanistas que aporten conocimiento verificable.

Objetivos

Con respecto a los objetivos del sector CTI existe la propuesta consensuada en la comunidad académica y plasmada en el documento “Hacia la consolidación y desarrollo de políticas públicas en ciencia, tecnología e innovación” donde se establece que es “prioritario para el sistema de CTI hacer del conocimiento, la tecnología y la innovación, incluida la innovación social, una palanca fundamental para el crecimiento económico sustentable de México, que favorezca el desarrollo humano, posibilite una mayor justicia social, consolide la democracia y la paz, y fortalezca la soberanía nacional”. En este mismo documento se indica que: “La transformación y expansión del Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación en México es un factor crucial para establecer una verdadera sociedad y economía basadas en el conocimiento y en la información, con una visión ética, de compromiso social y sustentable para conseguir el bienestar social.”

Con estas miras es claro que la generación de conocimiento es un eje transversal en el combate a la pobreza, desigualdad y deterioro del ambiente que hoy sufrimos y que la generación de indicadores que monitoricen el avance en los ODS es una de las tareas de las ciencias que manifiestan esta transversalidad.

Tanto las ciencias e ingenierías como las humanidades son actividades que las personas podemos cultivar y disfrutar por igual. Hoy más que en las épocas pasadas, la información tanto científica como tecnológica abre posibilidades muy interesantes para las ciencias sociales y humanidades y su futuro desarrollo y divulgación. La participación de la sociedad en estas actividades puede detonar interacciones entre los profesionales de las ciencias y humanidades con los no profesionales generando efectos sinérgicos en la búsqueda de soluciones a los problemas o diversificando las propias actividades o compartición de visiones. Actualmente, el sistema de educación superior con su enfoque de extensión está contribuyendo en estos aspectos.

La educación superior, basada en la generación de conocimiento, es una inversión social imprescindible; además consideramos importante mencionar que la diversidad en el sector de educación superior y de investigación es fundamental para conseguir que la construcción del conocimiento permita adaptación social que utilice la flexibilidad de los ecosistemas para otorgar versatilidad al sector empresarial en la generación de productos y servicios con valor de intercambio en el entorno local, nacional e internacional. La diversidad de instituciones participantes en el sector de educación superior: tecnológicas, politécnicas, autónomas, etc. debe garantizarse para construir una sociedad flexible y adaptable.

En este contexto es esencial reconocer que la ciencia se enmarca dentro de las actividades participativas de las personas que se dedican a ella y que no se construye con base en verdades absolutas, sino en acuerdos entre las personas que se dedican a ella basadas en información verificada.

Por lo tanto, los objetivos del sistema de CTI, además del impulso a la ciencia fundamental y de frontera, deben contemplar:

  • Facilitar el acceso al conocimiento científico y mejorar los procesos y mecanismos de transferencia y divulgación de conocimiento y tecnología, generados en las instituciones de educación superior y en los centros públicos de investigación.
  • Fomentar la generación de talento en ciencia, tecnología e innovación desde la llamada ciencia básica, considerando que solamente existe una clase de ciencias: las aplicables, hasta la innovación por parte del sector empresarial contemplando las características ambientales y culturales de las diferentes regiones.
  • Fomentar la divulgación del pensamiento científico y humanístico en todos los sectores sociales, así como buscar diferentes formas de acercamiento con organizaciones de la sociedad civil para la construcción, transferencia e intercambio de conocimientos y experiencias, respetando y construyendo diversidad.
  • Coadyuvar mediante la generación de conocimiento científico y tecnológico a la búsqueda de soluciones que contribuyan positivamente a elevar los niveles de bienestar de la población mexicana, atendiendo en particular a los grupos vulnerables y con un enfoque hacia la sustentabilidad.
  • Institucionalizar una coordinación efectiva entre todos los niveles de gobierno, la iniciativa privada, el sector social, las instituciones de educación superior y los centros públicos de investigación para fortalecer las tareas de vinculación en CTI; además de intensificar el intercambio entre las diversas instituciones de educación superior a lo largo del país, con el fin de compartir el conocimiento generado y propiciar su apropiación por parte de la población en general.
  • Construir participativamente planes estratégicos con indicadores para abordar los ODS en todas las regiones contemplando sus diversidades culturales, sociales y ambientales basados en conocimiento y en la identificación de las ausencias de información.

Nuevamente a manera de ejemplo puedo ilustrar algunos aspectos con un objetivo, en cuanto al ODS 7 : energía accesible y renovable. Podemos comentar que es necesario que el sector científico construya y abra bases de datos físicos, químicos o biológicos que ayuden a diseñar e implementar sistemas renovables como sistemas fotovoltaicos o eólicos para producir electricidad o sistemas termosolares para calentamiento de fluidos necesarios en algún proceso productivo o sanitario. Hoy en día es necesaria la formación de talento en los niveles técnicos, ingenieriles y de generación de conocimiento en los temas de las energías renovables. No contamos en el país con suficientes instaladores, diseñadores, verificadores y científicos en temas de energías renovables. La implantación de sistemas distribuidos en conjunto con sistemas centralizados generadores de energía requiere de la coordinación efectiva de diversos niveles de gobierno, empresas, organizaciones sociales y de instituciones de educación para generar, transferir, divulgar y apropiarse de conocimiento para la toma de decisiones. La construcción de soluciones locales y distribuidas de generación de energía son un verdadero ejemplo de democratización energética y empoderamiento de las personas y comunidades.

Todas las figuras de este texto fueron elaboradas en colaboración con la Lic. Celeste Morales Santiago del IER-UNAM