miércoles, 25 de mayo de 2022

Cambios antes y después del COVID-19

¿Qué patrones han cambiado en nuestras actividades con respecto a lo que hacíamos antes de la suspensión de actividades no esenciales durante la pandemia?

Esta pregunta está siendo contestada en algunas sociedades que basan la toma de decisiones en el conocimiento. En la zona Latino Americana, y en México en especial, deberíamos empezar a medir estos cambios. Con base en datos precisamente es que podemos tomar decisiones en el futuro.

Por ejemplo, en cuanto al transporte en Gran Bretaña se sabe hoy que el uso de automóviles ha disminuido en un 10 % con respecto a su uso en el 2019. En ese mismo período de tiempo el uso de los autobuses se redujo en un 9 %, el uso de los trenes retornó a un número muy parecido al que se tenía en 2019 y el uso del Metro en Londres (Tube) se redujo en un 20 % de su capacidad. Estas reducciones en los usos cotidianos del transporte pueden indicar cambios sustanciales en la conducta de las personas en la población inglesa. Podemos conjeturar que los trayectos de los domicilios a los centros de trabajo han disminuido indicando un mayor teletrabajo. Por supuesto, también se podría deber a un uso mayor del transporte no motorizado, viajes en bicicleta o desincentivar el uso del metro para realizar mayor número de traslados caminando. Estas dos últimas opciones podrían medirse también si se reportan estos datos. El aumento de jornadas de trabajo en el domicilio y una disminución de traslados al lugar de trabajo es posible e indica un cambio sustancial en el comportamiento laboral de la sociedad inglesa.

¿Qué ha pasado en nuestros países?, ¿en nuestras ciudades? Es importante conocer esta información para entender los cambios producidos localmente por esta tragedia global. Por supuesto que los cambios serán diferentes en la Ciudad de México, que en Cuernavaca o en Río de Janeiro o en Santiago de Chile, en cada ciudad grande o pequeña los cambios pueden ser diferentes o similares y su análisis podrá ayudarnos a entender el comportamiento individual y social que ahora estamos siguiendo. Estos cambios pudieran señalar un rumbo diferente al que teníamos antes del 2020 y su análisis es necesario para conocer si hemos aprendido. También es necesario hacer el análisis para atender posibles problemas antes de que aparezcan. Por ejemplo, en las ciudades donde el transporte es ofrecido por entes privados, como en Cuernavaca, ¿qué propondrán las empresas, cooperativas u organizaciones que ofrecen los servicios ante la disminución de sus ingresos? Esta situación puede suceder dado que es posible una disminución en el número de viajes por cambios en las conductas sociales de movilidad. Sin embargo, el transporte público no debe bajar en calidad ni aumentar desmedidamente en precio: ¿cómo anticipar este conflicto?

En estos momentos observamos conductas mezcladas: personas que usan el cubrebocas, mientras otras ya no lo usan. Recordemos que el uso del cubrebocas puede disminuir el contagio de otras enfermedades que se transmiten por vía aérea. ¿Cómo será nuestro comportamiento en algunos meses?

Otra de las posibles situaciones que debemos anticipar es que dado que en muchas ciudades la infraestructura para el transporte no motorizado es deficiente, el número de accidentes de tránsito donde la salud o la vida de ciclistas esté en riesgo puedan aumentar. De esta manera, la adecuación de las ciudades, que están diseñadas para el transporte de automóviles, se debe orientar hacia la infraestructura para la movilidad segura en bicicletas. Esto último también nos conducirá a un transporte verdaderamente sustentable.


Thousands of bicycles in Antwerp, Belgium


Otros aspectos pertinentes para considerar en los análisis son cómo cambiaron las formas de hacer actividades en nuestros domicilios y en nuestros entornos. Por ejemplo algunas actividades para analizar: comemos más veces o más días en nuestros hogares, compramos más alimentos para preparar o ya preparados, comemos más veces en lugares fuera de nuestros domicilios, vamos más a los parques o a los cines o a los antros, cuánta electricidad usamos o cuanto gas, hay muchas actividades que registrar y analizar.
La construcción de información útil es fundamental para tomar decisiones basadas en el conocimiento y con ellas conducir nuestras actividades hacia un bienestar social. Claramente nos hace falta mucha información y estamos en el momento para construirla.
En mi opinión, estamos ante una situación que al analizar el antes y el después puede arrojar conocimiento social del tipo experimental. Aunque este experimento no fue diseñado, pero la observación de los cambios puede ser muy útil en el diseño de la forma de transportarnos, del uso de los espacios públicos, de las formas de divertirnos, de los usos de la energía, de las formas y maneras de trabajar, etc.
Las autoridades citadinas están ante una posibilidad de dejar una costumbre de registro de métricas para construir posteriormente indicadores que sirvan para monitorizar nuestros comportamientos y fundamenten nuestras decisiones.

Una versión previa de este artículo fue publicada el día 25 de mayo en el periódico la Unión de Morelos

miércoles, 18 de mayo de 2022

Urge la revalorización del personal docente


Este domingo se celebró en México el día del personal docente, también, en estos días, se efectuó el examen para entrar a la UNAM y miles de jóvenes están concursando para obtener un lugar y estudiar. Con motivo de los exámenes para ingreso a la educación superior, leía una encuesta sobre los salarios que esta juventud esperaría obtener al egresar de las diferentes licenciaturas. En ese análisis las licenciaturas en ingeniería ocupaban los primeros lugares en cuanto a salarios. No me cabe la menor duda que la educación superior es una de las opciones que la juventud tiene para poder conseguir la forma de subsistir en su vida adulta. En particular, las instituciones públicas de educación han tenido un papel relevante en la construcción de personas con capacidades que les permita obtener un salario aceptable.
En esta ocasión, no quiero comentar sobre los salarios altos, sino que deseo reflexionar sobre las profesiones que están reportando los salarios más bajos de acuerdo con la encuesta de Reforma que llegó a mis manos. En ella se afirma que los salarios más bajos son para las profesiones que se dedican a enseñar a la población infantil. Comento que no fue una gran sorpresa constatar que los salarios a los docentes son bajos; pero esta información indica que la docencia en la fase elemental está muy mal pagada al ser de los últimos lugares profesionales. Este hecho, desde mi punto de vista es alarmante ya que, como sociedad, estamos menospreciando a quienes se dedican a la enseñanza de nuestra niñez y con ello no promovemos que las personas talentosas y con vocación elijan esas profesiones; o si las seleccionan que no perciban lo necesario para tener una vida con satisfactores plenos que les permita dedicarse, como seguramente lo desean, de cuerpo y alma a la formación de las futuras generaciones.
Esto fue así, a finales de la década de 1950 y principios de 1960, el magisterio mexicano organizado consiguió incrementos salariales que hicieron atractiva la profesión. En particular, yo disfruté de ese auge cuando mis maestras de primaria se dedicaban a enseñarnos con exigencia y cariño lo que nos sería útil a lo largo de nuestras vidas. Me permito decirles que cursé desde el jardín de niños hasta el doctorado en instituciones públicas; la primaria en la colonia Vallejo y la secundara en la Peralvillo; colonias proletarias donde íbamos a la escuela a aprender y convivir. Puedo afirmar que la formación que recibí en esas instituciones públicas me ha servido para construir una carrera académica en el entorno internacional y generar conocimiento al mismo tiempo que divulgarlo. Mi idea siempre ha sido que el conocimiento nos permite tomar decisiones que minimizan los posibles errores.
Esta situación, a mediados del siglo pasado, de compromiso magisterial y reconocimiento de la sociedad hacia los esfuerzos docentes, se modificó diametralmente al final de siglo pasado y principios de este. Para mi es claro, que el reconocimiento de la profesión docente ha decaído en los últimos años y más lamento que los salarios también hayan disminuido.

Niños de primero en clase de informatica
La formación de la población infantil es primordial para que en su edad adulta puedan tomar decisiones basadas en conocimiento.

Adicionalmente, me preocupa que el reconocimiento al esfuerzo del personal docente para impartir cursos durante la pandemia no haya sido el adecuado en muchos otros sectores y que algunas personas hayan afirmado que el magisterio estaba de vacaciones. Nada tan contrario a lo que estaban viviendo quienes se empeñaban en aprender técnicas de informática para impartir sus clases en un entorno totalmente diferente y menos quienes no podían contar con la infraestructura tanto de equipo como de comunicación por sus bajos salarios. No solo la población infantil sufrió por estas carencias, el mismo personal docente padeció de obsolescencia de equipos e insuficiencia en la velocidad de transmisión de información por sus canales de Internet, esta situación pudo haber sido desesperante y frustrante.
Es momento, bueno siempre ha sido el momento, de reconocer la labor de quienes nos enseñan a escribir, sumar, historia, geografía, biología, etc. En nuestra infancia y nos fomentaron los deseos por transformar nuestros entornos para tener bienestar. Coincido con algunas personas que es importante fomentar el comportamiento colectivo y disminuir las competencias a ultranza; pero también estoy convencido que el fomento del comportamiento que desde la infancia inculque una cultura enfocada a aportar resultados a nuestra colectividad en correspondencia a nuestras capacidades es fundamental para construir el bienestar social. 
Desde mi perspectiva, no basta con disminuir la competencia a ultranza, sino que es necesario fomentar el reconocimiento de los esfuerzos de la colectividad y del impacto que nuestras acciones imprimen en nuestros entornos para que de acuerdo con nuestras capacidades aportemos hacia la construcción del bienestar social.
Empecemos por valorar nuevamente al personal docente, es imperioso un aumento a sus salarios y es requisito fundamental que sea basado en la medición de sus impactos sobre la construcción de colectividad y toma de decisiones por parte de las poblaciones infantiles y juveniles. 


Este artículo fue publicado el día 18 de mayo en el periódico la Unión de Morelos

miércoles, 11 de mayo de 2022

Pensando en el futuro del transporte

Busquemos soluciones pensando a largo plazo. Esta frase la he mencionado en varias ocasiones y hoy quiero comentar que bajo las circunstancias actuales es esencial que lo hagamos y en especial en el transporte. La necesidad actual de definir acciones que permitan una vida confortable a las personas en el futuro es esencial para conseguir bienestar social. 
He tenido la oportunidad de viajar y conocer una diversidad de lugares que presentan soluciones diferentes en contextos distintos a problemas similares.
En esta ocasión quiero comentar algunas ideas en cómo modificar nuestra forma de transportarnos. Quiero comentar algunas ideas sobre la movilidad de las personas en nuestros días, pero que puedan tener impactos positivos en el futuro.
En primer lugar, hay que reconocer que la política de movilidad en nuestro país ha privilegiado la movilidad de una porción de la población con ingresos económicos suficientes para transportarse de manera individual utilizando vehículos con capacidad mínima de cinco personas. Si veamos esto, usar vehículos para movilizar a una sola persona ocupando el espacio disponible para el menos otras cuatro no parece adecuado. Claramente podemos concluir que esta forma no es eficiente y menos sustentable.
He conocido lugares donde la movilidad también es individual, pero la base es una movilidad no motorizada, donde el uso de la bicicleta es una opción. Esta alternativa es usada tanto en Europa como en Asia Oriental. Sin embargo, mientras en la primera región la infraestructura citadina se ha transformado recientemente para proveer caminos seguros a la comunidad ciclista; en la segunda la toma de las calles por un número de ciclistas que las desborda obliga a los automotores a conducir con precaución y respetan a esta comunidad de ciclistas. Esta forma de movilidad mediante una actividad física tiene beneficios a la salud directamente a la población, al promover precisamente actividades físicas y recreativas evita el sedentarismo. Por supuesto que la distancia que puede recorrerse con una bicicleta depende tanto de la condición física de la persona como de la calidad de la infraestructura disponible en la ciudad o poblado.
Por otro lado, para mayores distancias la movilidad mediante el transporte público, sea metro o autobús o trolebús confinado es otra verdadera alternativa para las ciudades. El transporte de este tipo tiene ya más de un siglo, en sus primeras modalidades en ciudades europeas o en Estados Unidos. Sin embargo, su modernización y mantenimiento continúa y por esta razón son usados multitudinariamente día a día. Por ejemplo, este mes iniciará una nueva línea en el metro de Londres (London Tube) y las diferentes estaciones tienen un plan de mantenimiento definido y algunas se cierran para dárselo de manera frecuente. Si bien la solución de un transporte subterráneo es cara y parece ser que solamente es costeable para ciudades grandes; la opción de sistemas públicos de transporte rápido basadas en vehículos eléctricos, como los trolebuses o autobuses eléctricos o de celdas de combustible, son una verdadera opción siempre y cuando se conciban con infraestructura incluyente.
En particular, la mayoría de las ciudades en México y en Latino América son de tamaño mediano donde una transformación de la infraestructura para contar con ciclo vías seguras y de calidad aunada a una red de movilidad rápida eléctrica podría constituir una opción a largo plazo. Cada día que pasa la electricidad que proviene de las renovables en generación distribuida es más rentable y, además, no emite gases de efecto invernadero disminuyendo el impacto sobre la atmósfera complementado a la movilidad eléctrica.

Trolebús de la Ciudad de México
La electromovilidad es una alternativa complementaria a la movilidad no motorizada.

Para mi es claro, que a inicios del siglo pasado cuando se optó por la movilidad individual basada en motores de combustión interna no se conocía los efectos que el uso de los combustibles fósiles tendría sobre la atmósfera y menos se anticipaba la consecuencia de provocar un cambio climático global. Esta situación es la que enfrentamos, pero con movilidad no motorizada y eléctrica podemos modificar las trayectorias que hoy en día tenemos en cuanto al cambio climático.
Por supuesto, no toda la solución está en el transporte, sino en la forma en la que usamos los ecosistemas como si fueran propiedad de algunas personas.
Desde mi punto de vista, todavía podemos construir soluciones para el sistema de transporte en ciudades como Cuernavaca transformando el actual sistema que no fue diseñado con base en información de usuarios, ni bajo los estudios de tecnología disponible pensando en el futuro. Es momento de trabajar con base en conocimiento y construir soluciones en el transporte para los próximos cien años, en lugar de hacerlo basados en corazonadas que provoquen problemas para las generaciones futuras. 

Este artículo fue publicado el día 11 de mayo

miércoles, 4 de mayo de 2022

¿Hay que seguir paranóicos?

Después de dos años de aislamiento, de sufrir el confinamiento y de enfrentar a lo desconocido empezamos a retomar las actividades que cotidianamente hacíamos antes. Una de las preguntas que nos hacemos al salir de casa es ¿llevo el cubrebocas? Quizás otras personas piensen: por fin sin cubrebocas.  Entre estas alternativas puede haber muy diferentes acciones.
Ayer, martes, me sorprendió leer un tuit de una excelente científica y divulgadora que comentaba la situación que enfrentó cuando al usar cubrebocas, ella y su hija, fue cuestionada:
“Entré a un lugar lleno de gente y una señora vió que sólo mi hija y yo llevábamos cubrebocas y me dijo: 
-¿Qué, hay que seguir paranoicos? 
-Paranoicos, no -le dije- pero lo que sea por cuidar la salud, ¿no? 
No me contestó. 
Pero luego me quedé pensando si había mejor respuesta”.
Primero quiero comentar la actitud crítica de la Dra. Perelman, quien a pesar de haber dado una muy buen respuesta a la intempestiva pregunta, adicionalmente se cuestiona si hay mejores respuestas que con información ayuden a prevenir situaciones de exposición. Esta actitud de constante búsqueda de maneras asertivas para comunicar el conocimiento nos ayuda a promover que el conocimiento sea nuestra base para la toma de decisiones de una manera informada.
Segundo, las respuestas a su tuit se pueden leer y muchas de ellas son muy ilustrativas. Las hay desde las que responden agresivamente hasta las que empáticamente se unen a la búsqueda de “mejores respuestas”. Insisto me parece que su respuesta fue adecuada y, por supuesto, hay otras que también son informativas y amables. Una de las respuestas que me pareció más informativa mencionaba un texto sobre qué respuestas dar ante esta situación. Las recomendaciones son: responder con honestidad, decir nuestras razones, decir que no queremos enfermar, que es para nuestra protección o no responder. Todas ellas son válidas y pueden tener muchos matices; pero lo esencial es mantener una actitud que obedezca a nuestra propia evaluación del riesgo que tomamos al usar el cubrebocas o no. La prevención ante el riesgo es importante. Desde mi punto de vista, el uso del cubrebocas en lugares cerrados donde hay mucha gente es recomendable para “Cuidarnos y cuidar a las otras personas”, las frases como “Uso cubrebocas para cuidarme y cuidarte” son precisas y concisas. No solo nos cuidan de posibles contagios de COVID-19, sino que nos protegen de muchas otras situaciones nocivas: polvo y algunos otros microorganismos. Por ejemplo, su uso puede disminuir significativamente los contagios de gripes en el transporte público, estoy seguro que cualquiera desearía tener menos gripas al año. 


Persona con cubrebocas orando en iglesia durante pandemia de COVID-19 en México
El uso de cubrebocas en lugares concurridos es una buena decisión.

En otros lugares del mundo el uso de cubrebocas ya era una costumbre antes de la llegada del COVID-19, así que usarlo es una forma de prevención que ha ayudado y puede continuar haciéndolo. 
Quiero comentar que personalmente lo usé y disfruté en el exterior en situación de invierno con nevada y, la verdad, que el cubrebocas disminuye nuestra sensación de frio y nos protege del viento. Aunque también lo tuve que usar en las estaciones calurosas y llega a ser muy molesto.
En este período de dos años la comunidad científica ha construido conocimiento en torno a la pandemia y con base en él podemos tomar decisiones para protegernos y proteger a quienes nos rodean. Esta actitud de protección colectiva es una de las que nos han permitido convivir en sociedad desde que apareció la especie humana. Podemos continuar con este tipo de acciones que nos benefician y benefician a otras personas, aunque no lo reconozcan.
Yo cuando salgo de casa siempre llevo mi cubrebocas de tela tricapa y lo uso cuando la situación me indica que hay un riesgo de no usarlo y me lo pongo. Tan sencillo como usar un paraguas: si al salir valoro que está lloviendo poco no lo uso, pero si está diluviando claro que lo abro y me pongo a resguardo. 
El cubrebocas es una prenda que nos puede acompañar y proteger, es pequeño y puede haber muy bonitos o que vayan con nuestra personalidad; usémoslo en situaciones donde no querramos padecer de un riesgo evitable.

Este artículo fue publicado el día 4 de Mayo en el periódico la Unión de Morelos

miércoles, 27 de abril de 2022

Regreso después del COVID19

La emergencia sanitaria que ha causado la COVID-19 está pasando y poco a poco estamos retomando muchas de las actividades que hacíamos antes de la declaratoria de pandemia.
Durante dos años hemos implementado una serie de medidas de distanciamiento físico, de uso de desinfectantes y de cubrebocas o mascarillas, etc. Ahora tenemos una pregunta de cuáles de ellas será conveniente continuar y cuáles podemos dejar de hacerlas.
En estos temas se están escribiendo y recomendando acciones en muchos medios. Hace una semana encontré un artículo sobre este tema en la revista Scientific American[1], que desde mi punto de vista, explica y resume los aspectos a considerar para evaluar el riesgo al retirar algunas de las recomendaciones que hemos seguido en estos años. En particular, este artículo se refiere a la evaluación del riesgo al dejar el uso del cubrebocas.
Me parece que es claro que el uso de desinfectantes en forma masiva ha dejado de ser recomendado, dado que la transmisión por contacto parece no ser la primaria. Sin embargo, el lavado de manos frecuentes puede ser una sana costumbre. También la toma de temperatura ha pasado a ser menos efectiva en la prevención de los contagios dado que muchas personas ahora son asintomáticas.
Por supuesto que la medida más importante en cuanto a eficacia es la vacunación, sí al haber recibido la vacuna y con refuerzo es la acción que disminuye los riesgos hospitalización y la muerte causada por la COVID-19 con mayor efectividad. Por esta razón, es importante vacunarse y tomar todos los refuerzos que nos sean recomendados. De manera similar a la influenza, parece que las vacunas de COVID-19 requerirán algún reforzamiento periódico. Así, que a vacunarse se ha dicho, recordemos que ahora es turno para la población infantil, quienes han visto disminuidas gravemente su posibilidad de interacción con las restricciones en las escuelas y otras actividades colectivas.
De lo más importante es nuestra valoración al riesgo que tenemos al decidir estar o no en diferentes situaciones. En este artículo que mencioné, se establece que la edad es un factor de riesgo y según los datos recabados en Estados Unidos Las personas mayores de 50 años tienen hasta 10 veces más probabilidades de llegar a la hospitalización o de morir que las más jóvenes. También dentro de nuestra valoración al riesgo es importante conocer los riesgos que tienen las personas que viven o trabajan en los mismos espacios donde nos desenvolvemos. Por esta razón, debemos ser solidarios y entender los riesgos de estas personas que nos acompañan cotidianamente y no ponerlas disminuir sus precauciones con nuestro proceder. Se tienen datos que alrededor del 50 % de las personas que viven o trabajan en un lugar donde hay una persona reportada como caso positivo de las nuevas variantes también resultan positivas mediante el contagio. Una persona en condición inmunodeprimida debe extremar precauciones y si estamos en contacto con alguna de ellas es importante saberlo y considerarlo para la toma de nuestras decisiones.

El uso del cubrebocas o mascarilla es nuestra decisión, pero tenemos que conocer el riesgo que tomamos.

Esta toma de decisiones puede basarse en las estadísticas que hay hasta ahora. En ellas podemos observar que las personas mayores de 60 años con vacunas de refuerzo tienen mucho menor riesgo que las no vacunadas más jóvenes. Las estadísticas de Estados Unidos pueden ser comparadas con otras enfermedades o actividades de riesgo, sugiero consultar el sitio [2] para observar estas comparaciones.
Parece ser razonable que las personas jóvenes vacunadas decidan no usar el cubrebocas si en el entorno donde se desenvuelven han sido reportadas menos de 50 casos en la semana por cada 100,000 habitantes. Observemos que este número se refiere a un riesgo para una persona joven de menos de 40 años, para una persona entre los 40 y 60 debe ser menor el número de casos para retirarse el cubrebocas con un riesgo aceptable. Verdaderamente me gustaría que en nuestro país lleváramos este tipo de estadísticas, pero se decidió disminuir recursos para construir bases de datos que los contengan.
Otro de los hechos que debemos considerar para evaluar el riesgo es el tiempo que estaremos en reuniones con otras personas y que tipo de actividad, no es lo mismo estar en una biblioteca que en una sala de baile o sala de ejercicios aeróbicos. Las dos últimas son peligrosas a los diez minutos de actividad dado el nivel de partículas procedentes de la respiración que se esparcen por el ambiente. En una reunión en ambiente cerrado y con ventilación es relativamente seguro el removerse la mascarilla para beber o comer. Es importante observar la buena ventilación del lugar como uno de los factores que nos ayuden a decidir si bebemos o comemos retirándonos el cubrebocas.
En síntesis anhelamos retornar a los momentos cuando reíamos, bailábamos, charlábamos en bares, salones de baile y lugares cerrados con amistades disfrutando de horas de esparcimiento y contacto físico, social y de sonrisas evidentes. Ante las probabilidades de contraer la COVD-19 y de transmitirla a otras personas cercanas, la evaluación del riesgo es muy importante. Sin embargo, el retirarnos un cubrebocas en ocasiones analizadas puede valer la pena al ofrecer y observar sonrisas y gestos que nos acerquen como antes a las personas que estimamos.
El uso del cubrebocas o mascarilla parece que nos acompañará por más tiempo, pero con la información verificada que tenemos hoy puede indicarnos cuando el cubrebocas debe ser utilizado o removido de manera adecuada. La importancia de que nuestro proceder sea basado en esta información que nos permitirá evaluar el riesgo con conocimiento para entablar interacciones personales y sociales sin incrementar en demasía el riesgo para nosotros y otras personas.
La COVID-19 nos ha dejado evidencia que el personal científico construye conocimiento de utilidad para todas las personas, pero también nos ha ilustrado como es necesario incrementar sustancialmente la divulgación y comunicación de ese conocimiento para que la mayoría de las personas tenga la posibilidad de tomar decisiones, precisamente, con base en ese conocimiento.  
Reanudemos actividades con la correspondiente evaluación del riesgo y seguramente lo haremos de una manera adecuada.


Este artículo fue publicado el día 27 de abril en el periódico la Unión de Morelos.

miércoles, 20 de abril de 2022

La reforma eléctrica, finalmente, quién ganó

En la cámara de diputados no se tuvo la mayoría calificada para aprobar la Reforma Eléctrica que propuso el presidente Andrés Manuel López Obrador. No era complicado esperar que esta reforma no pasaría sin los votos de algunos partidos diferentes a los que son aliados del presidente. A mí me inquieta el hecho de que después de abrir la discusión en el parlamento abierto sobre el tema se haya decidido a mantener la propuesta sin cambios. Desde mi perspectiva, la propuesta tenía puntos para mejorar con un enfoque hacia la sustentabilidad en lugar de enfatizar el papel rector de la CFE. 
Hoy en día, las fuentes renovables de energía posibilitan la construcción de esquemas distribuidos donde las decisiones se pueden tomar de manera participativa en lugar de imponer, desde un organismo central, las decisiones. Por supuesto, con la perspectiva desde la sustentabilidad las diferencias ambientales, económicas y sociales de las diferentes regiones del país pueden ser consideradas en las construcciones de soluciones energéticas. Debo enfatizar aquí los plurales de las palabras. Efectivamente, nuestro país es muy diverso tanto en ecosistemas como en aspectos económicos y en formas organizacionales. Es esencial incorporar más información para proponer soluciones que apunten hacia un manejo adecuado de las características ambientales.
Por ejemplo, en las regiones donde la temperatura es alta en el verano también se observa una mayor incidencia de energía solar. Por esta razón, la propuesta de uso de sistemas fotovoltaicos puede ser adecuada.  Así, la sustentabilidad de las soluciones energéticas demanda involucrar estas diversidades. De hecho, las tarifas de electricidad actuales consideran parcialmente esta diversidad al definir 7 regiones de acuerdo con la temperatura media mínima en verano del lugar. En estas tarifas de la CFE, la aportación gubernamental para toda la población es mayor al 70 % del costo de generación en al menos los primeros 75 kWh de consumo. 
Para analizar la parte económica es importante diferenciar el costo de generación y el costo al usuario. El costo de generación con fuentes renovables (solar y eólica) es menor al costo de generación con termoeléctricas de ciclo combinado (las plantas más eficientes de combustión). Por esta razón, la compra de energía generada con renovables puede ser más barata. Este hecho es el que aprovechan las grandes compañías para comprar energía a empresas generadoras de electricidad con renovables. De esta manera, mientras de la cantidad de energía que usemos provenga mayoritariamente de renovables el costo al usuario podría ser menor.  El costo al usuario es definido por el gobierno federal que desde hace varias décadas ha decidido hacer un aporte para el pago de la electricidad en todos los tipos de consumo. Con algunos años de la aportación gubernamental para los consumos básicos o intermedios bajos, se podrían financiar la instalación de estos sistemas con el aporte gubernamental y trabajarían más de 20 años. Es decir, el financiamiento de renovables saldría más barato para la población en general, ya que la aportación gubernamental la pagamos con nuestros impuestos. Aunque la inversión inicial en la mayoría de las fuentes renovables puede parecer alta; pero con miras transexenales serían totalmente redituables y más si consideramos las dimensiones ambientales y sociales. La ley actual dice que solo los grandes usuarios pueden acceder a la compra de energía de los generadores de energía que no sean CFE. Los usuarios domésticos pueden instalar sistemas distribuidos interconectados a la red. De hecho, la CFE o el gobierno federal podría destinar parte de la contribución gubernamental para instalar sistemas fotovoltaicos donde la población lo necesite para brindar productos o servicios con valor de intercambio, no solamente para alumbrado; sino para vitalizar la economía sin emitir gases de efecto invernadero. Situación similar se podría hacer con generadores eólicos, minihidráulicos u otras fuentes renovables.
En mi opinión, la visión de mantener una economía extractivista no ha mostrado disminuir las desigualdades en México ni tampoco en muchos otros lugares del mundo. La riqueza petrolera centralizada en un primer momento aportó movilidad social, pero con el devenir del tiempo no fue utilizada para construir el bienestar social. El litio es una riqueza que tampoco parece posibilitar por sí misma la eliminación de las desigualdades. No basta con reservar la extracción y el aprovechamiento, sino que es necesario el impulso al desarrollo de tecnologías y a la preparación de la población para generar productos y servicios que presenten valor de intercambio suficiente para impulsar el beneficio social.
Pergola agricola ombreggiante fotovoltaica impianto viti primitivo Laterza 2013
Construyendo estrategias sustentables de fotovoltaicos en la agricultura.

Desde mi punto de vista, el gobierno federal con la votación en contra de la reforma eléctrica puede atribuir a la oposición esta decisión que distiende las relaciones con otros países y con las empresas que han invertido en el país. Por esta razón, no se modificó la propuesta para que fuera votada en contra, y sin claudicar, sin ceder ante presiones extranjeras, se acepta la decisión para sin cambiar la postura mantener las relaciones en la forma actual con otros países y las grandes compañías energéticas.
La población mexicana, con estas maniobras, no hemos ganado nada, en mi opinión, debemos promover la transición energética hacia una energía sustentable, entendiendo por energía sustentable aquella que proviene de renovables y en la generación y uso considera los aspectos ambientales y sociales para promover el bienestar social.


Este artículo fue publicado el día 20 de abril en el periódico la Unión de Morelos.