viernes, 1 de abril de 2011

La hora oficial

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Era una mañana helada, con neblina; el efímero calor de la respiración calmaba momentáneamente el frío sobre las mejilla de Cronos Contreras. Eran las 6:15 de la mañana según su reloj, pero todavía no se asomaba el Sol. La Iglesia en medio del pueblo, a sus espaldas, y las dos maletas a sus pies parecían indicar que esperaba un autobús.
    Mientras esperaba, sus pensamientos volaban y se preguntaba: “¿no que el Sol sale a las 6:00 AM? Yo aquí esperando en plena oscuridad”.
    Recordó que iba rumbo a la tierra de los canguros y que en ese momento en Sidney eran las 17:45. Cronos nunca se imaginó que hubiera esa transformación de horario oficial, once y media horas de diferencia. Creía que los horarios estaban definidos cada hora. En eso recordó que la hora oficial es un asunto de convención, “en Chiapas decían hora de Dios o de Zedillo para referirse a la hora 'local' o a la hora oficial; o quizás a la hora solar”; pero ¿qué era eso de hora solar? “Si en cada punto de la Tierra el medio día solar lo define el momento en que la sombra de una vara vertical es perpendicular a la línea que genera su misma sombra durante el transcurso del día. ¡Qué trabamentes! Mejor decir el momento justo en que la sombra de esa vara tiene su longitud más corta. ¿A esa hora se refiere la hora de Dios? ¡Qué cosa más rara: un horario para cada punto de la Tierra! De esta manera cien kilómetros al este el medio día solar sucede un poco antes que unos cien kilómetros al oeste de cualquier punto  del país... bueno... por eso se definió la misma hora local para cada gajo de la Tierra de 15 grados que llamamos meridiano. Así, para cada meridiano el momento en el que en su centro es la hora solar se define como la hora local para todo el gajo. Por supuesto la hora local en las fronteras entre los meridianos difiere una media hora de la hora solar del sitio. Mientras que la hora oficial es la que define el gobierno de cada país. Así que eso de la hora es algo relativo, no de la relatividad propuesta por Einstein, pero sí relativo al lugar donde esté definido el tiempo. Otra pregunta más compleja, ¿qué es el tiempo?”
    Miró una pareja caminando presurosa hacia la obscuridad, hecho que lo distrajo de tan compleja pregunta y retornó a una más terrenal: “¿quién necesitó definir un horario para un país? Solamente a los burócratas o a los comerciantes se les podría haber ocurrido definir una hora oficial, ya que a los campesinos, a los obreros a los maestros les basta con la hora local; a sus parcelas,  rebaños, jefes de planta, alumnos no les interesa la hora de otro lugar más que la suya propia”.
    Volteó impaciente a ver si veía las luces del autobús, mientras continuaba cavilando. “Seguramente los burócratas no querían estar atentos en la oficina todo el tiempo y pusieron un horario oficial para que todos ellos en cualquier parte de un país, o nación, trabajaran al unísono y si el jefe supremo les hablara por teléfono, el burócrata segundón le respondiera al instante al otro lado de la línea. Esto no pasaría en una ciudad; tendría que ser un sistema burocrático gobernando una porción grande del globo terráqueo que necesitara definir un horario oficial y, además, requeriría de un sistema de comunicación muy eficiente. Ni Alejandro Magno ni Pakal tuvieron que definir un horario oficial; pero tanto los griegos, como los romanos y los mayas sí definieron un calendario oficial; la resolución en el tiempo que se requería era otra en aquellos días. En nuestros días contamos las horas, los minutos y aún los segundos... ¡qué cambio tan radical! ... Quizás fue un comerciante que disponía de un transporte muy rápido y sincronizado, el que promovió el horario oficial, porque deseaba pasar a recoger los productos de los campesinos u obreros en diferentes lugares en una forma eficiente para disminuir costos. De hecho, la hora oficial no tiene más de tres siglos desde que se implantó el horario de Greenwich para sincronizar los horarios de los trenes.”
    Giró la cabeza para ver al campanario y vislumbró las tenues figuras de las palomas que empezaban a agitarse con los ligeros destellos de luz del oriente; los pensamientos se agolpaban: “Ahora ese cuento de que con el cambio de horario en verano habrá un ahorro de energía. Los políticos definieron que el verano dura 7 meses de abril a octubre, cuando a mí desde chiquito me dijeron que el verano dura sólo 3. Cada vez me queda más claro que eso del horario de verano es benéfico, pero solamente una hora no dos”. Esta afirmación le venía a la mente, recordaba que en la década de los cuarentas se corrió el horario de toda la república una hora. Ya casi en este milenio, se corrió otra hora más en el verano de los políticos, con lo que el centro del país está adelantado dos horas de abril a octubre con respecto a la hora solar. “¡Qué líos! Hora oficial, hora local, hora solar”.
    La humedad de las últimas lluvias, el cordonazo de San Francisco se había atrasado, incrementaba la sensación de frío en sus pies y a su mente venía su anterior viaje: corría a las 6:00 hrs. en las playas de Durban, Sudáfrica. En esos momentos el mar refrescaba sus pies y el Sol le quemaba las mejillas no obstante ser tan de mañana; parecía ayer cuando veía a los ciclistas y corredores tomar una café después de su ejercicio y antes de irse a trabajar. “¡Qué diferencia... la misma hora oficial y por allá corriendo con un rico y arropador amanecer. Ése es un pueblo muy sano; bueno, al menos la élite que puede ejercitarse; pero ése si es un horario pensado en la gente. Poder hacer ejercicio antes de las 6:00 AM con Sol... es vida y ... saludable. En cambio la cultura de levantarse en la obscuridad para poder ir de compras con luz a las 20:00 hrs. no piensa en establecer una población saludable”.
    En eso le pareció más nítido y claro el recuerdo de la conferencia de prensa de los investigadores del Centro de Investigación en Energía, donde aclaraban todo esto y lo más importante: “Efectivamente, el cambio de horario de una hora sí ahorró al país muchos kilovatios hora; pero que el segundo cambio era inadecuado para los meses de abril y octubre, ya que el Sol salía demasiado tarde, ¡el verano no tiene 7 meses! La razón era la latitud de nuestro país. Por ejemplo, en Chiapas, el paralelo 14 grados, el Sol sale en el verano solamente 50 minutos antes que en invierno; mientras que en Baja California, paralelo 32, el Sol lo hace 1 hora 50 minutos antes. Con estas diferencias en el amanecer se justifica el mover el horario oficial en el Norte otra hora más, pero no en el Sur.” Un giro momentáneo en su pensamiento lo llevó a deducir que el cambio de una segunda hora podía ser también adecuado para lugares más al norte del Río Bravo.
    Frotó nuevamente sus manos frente a su boca para calentarlas unos momentos; repasaba las razones de sus pensamientos: “México es uno de los países más grandes del mundo y por él cruzan tres husos horarios”. Recordaba a la maestra Julia, su maestra de tercer año de primaria, cuando le decía: “México va desde la longitud 86 grados hasta 118 grados oeste. Por lo tanto tiene 3 husos horarios: 90, 105 y 120”. Continuó recordando que no le salían las cuentas: “La Cd. de México está en el centro, por lo tanto, le corresponde el huso horario 105, eso quiere decir que debería tener 7 horas de diferencia con Londres” y su maestra le decía que había 6. Ya en aquellos días se había ganado la fama de verdadero contreras preguntando por qué esta diferencia. Como había recordado antes la razón radicaba en que en 1948 el gobierno del país había decidido tener solamente dos husos horarios: el de 120 en el Oeste (Baja California y Sonora) y el de 90 en el resto del país. Con esta selección se consiguió tener una hora más de insolación en la tarde en el centro del país y fomentar la actividad mercantil. Volvió a sus cavilaciones, “sería mejor vivir en Mérida”, ahí en estos momentos los rayos del Sol lo estarían calentando “o en Ensenada” ahí todavía estaría dormido.
    Sus pensamientos regresaron a la conferencia: “Lo adecuado para acercarse más al horario solar era considerar al país en tres zonas por latitud y tres por longitud con diferencias de una hora cada una; pero se había argumentado que nueve diferentes horas oficiales eran demasiado para el país y más que unas zonas cambiaban en verano y otras no. Sería un verdadero relajo. No cabe duda el país es grande y los movimientos de los rayos del Sol en esta esfera llamada Tierra son complicados y enredados”.
    Recordó cómo había manifestado su acuerdo con que nueve husos horarios eran una exageración, pero ese día sábado, justo un día antes del cambio al horario de invierno, tenía la certeza que la propuesta de los investigadores de restringir el nuevo cambio de horario de verano en toda la República a cuatro meses era verdaderamente idónea para un país como México. “¿Acaso los nuevos burócratas segundones tienen que obedecer a nuevos jefes supremos que no están en México?, ¿los modernos comerciantes ahora tienen sistemas mucho más rápidos y eficientes de colección de dinero para requerir una sincronización mayor a mayores distancias? Es claro.” pensó “Los horarios oficiales pueden proponerse con diferentes motivaciones. ¿Cuál sería la que nos dio un verano de 7 meses? ¿Podría haber otras motivaciones para definir un horario de verano?” Estas preguntas circulaban en su mente, cuando finalmente, al mismo tiempo que tenues rayos rosados iluminaron parte de las nubes, dos destellos blancos parecieron surgir del pavimento, era el autobús con el que iniciaba su viaje a tierras australianas, país que, como Sudáfrica, respeta a sus ciudadanos más que a los de Wall Street.


Primeramente publicado en: "Ciencia y Ficción". Eds. K.G. Cedano y F. Rebolledo ISBN 978-607-02-0642-9 pp. 95-102 (2009).

3 comentarios:

  1. Un esrcito entretenido e interesante para entender los usos horarios y las razones reales del controvertido horario de verano e invierno

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  2. Me aclara cosas que no entendí, hasta ahora. Interesante en verdad

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