miércoles, 24 de agosto de 2016

La realidad aumentada mexicana

La irrupción del acceso al mundo cibernético desde nuestros celulares ha generado una muy interesante posibilidad: la realidad aumentada. La realidad aumentada es el término que se usa para definir una visión a través de un dispositivo tecnológico, directa o indirecta, de un entorno físico del mundo real, cuyos elementos se combinan con elementos virtuales para la creación de una realidad mixta en tiempo real. En corto es la mezcla de elementos no reales con el mundo real. Esta posibilidad ya aparece ligeramente cuando, hace algunos años, usamos el dispositivo llamado GPS para conocer la forma en que podíamos llegar de un lugar a otro. Este dispositivo electrónico nos ilustraba la ruta a seguir. Posteriormente se incorporó la posibilidad de escuchar una voz que nos iba indicando el camino. Hoy en día con el google maps o el waze podemos, con algoritmos y datos reales colectados en el momento y compartidos por los usuarios, hasta anticipar el tiempo que haremos y seleccionar la ruta más rápida.
Sin embargo, estos casos pudieran parecer simples ante lo ue puede ocurrir. Hace un mes se lanzó un juego que precisamente es un claro ejemplo de la mezcla entre realidad y elementos virtuales: Pokemon Go. Este juego fue muy bien explicado por Alejandra Zayas en el artículo de este lunes en la Ciencia desde Morelos para el Mundo publicado en la Unión de Morelos. En ese texto se señaló que el algoritmo del juego podría ser utilizado para, desde una perspectiva de la ciencia ciudadana, realizar muestreos de aves. Pero, regresemos al juego de Pokemon Go que consiste en caminar y visitar muchos lugares para atrapar pequeños demonios virtuales que aparecen de improviso y que se mezclan con la imagen real de nuestro entorno. Con ellos luego se puede conquistar y defender gimnasios virtuales. Cuando digo virtuales quiero decir que solamente se manifiestan en el juego del celular, pero que se sobreponen al mundo real. Los jugadores ven en sus celulares un mapa donde aparecen los pokemones o gimnasios. Así la pequeña glorieta de Cuauhtémoc en la avenida Teopanzolco de Cuernavaca o el atrio de la iglesia de Yecapixtla o el estadio Olímpico Universitario en la ciudad de México son gimnasios virtuales donde los jugadores de pokemones pueden combatir por ellos para conquistarlos y luego defenderlos.
Este ejemplo de realidad aumentada es un juego que ha puesto a caminar a muchos y nos indica que la novela de Aldous Huxley “Un Mundo Feliz” (Brave New World) ha quedado corta en algunos aspectos en menos de un siglo, hoy sin necesidad de drogas como el soma podemos ver pokemones, pokegimnasios o pokeparadas donde no existen.
Sin embargo, esta realidad aumentada no es extraño para los mexicanos, si bien las películas del Santo contra las momias que fueron, sin intención, aportes surrealistas mexicanos al cine; ahora los asaltos a la ética en la escritura de tesis se les llama errores de estilo y solamente son otro ejemplo de la realidad aumentada que vivimos hoy en día en nuestro país.
Así, en nuestro México, vemos y sufrimos diariamente agresiones al mundo real que intenta distorsionarlo y transformarlo al antojo de algunos. Pretender ser víctima de persecución política para no rendir cuentas del dinero de todos es otro ejemplo de sobreposición del mundo real con la fantasía. Claramente esta pretención no tiene los fines de esparcimiento de Pokemon Go.
Todos los días estamos siendo testigos de situaciones que intentan modificar la realidad y conformar una opinión pública para conducir a las conciencias, no tan claras, por caminos de no realistas.
Por estas razones, me atrevo a considerar que Pokemon Go nos copio a los mexicanos quienes hemos ya experimentado por muchos años la realidad aumentada; pero para nuestra desgracia esta experiencia ha conducido a un país plagado de corrupción, pobreza extrema, agotamiento de los recursos naturales y una población que confunde los héroes deportivos con los posibles tomadores de decisiones para conducir los futuros de ciudades.
La única forma de combatir a estos pretenciosos de la realidad aumentada es con información real y buena memoria para recordar los dichos y acciones anteriores. Podemos admirar, participar de la realidad aumentada; pero siempre debemos reconocer que es un juego y no la realidad. La realidad aumentada que sufrimos hoy puede ser una mentira que seduce, confunde y enajena con fines no lúdicos.


Una versión previa de este artículo fue publicado el día 24 de Agosto en el periódico La Unión de Morelos

miércoles, 17 de agosto de 2016

Seleccionar soluciones con bondades en el largo plazo.

El día de ayer martes me invitaron a los Diálogos para la Sustentabilidad en la Ciudad de México. Este evento organizado por el Colegio Nacional y la UNAM es una de las respuestas de la academia ante la crisis ambiental y social que enfrenta la Ciudad de México; pero esta situación es desafortunadamente compartida por la mayoría de las ciudades de nuestro país. Esta problemática, en la ciudad de México, fue anticipada en la década de los ochentas del siglo pasado; pero nosotros como sociedad no supimos evaluar la situación y decidimos optar por los menores costos en aquel tiempo. Aunque ahora pagamos costos mayores y con réditos sin haber resuelto la problemática, solamente tomamos paleativos.


Considero importante repetir la argumentación y enfatizar los problemas que tenemos y que seguramente en el futuro cercano pueden agravarse hasta caer en una crisis de proporciones mayúsculas que no aquilatamos y no hemos visto antes.
La idea de dialogar para conseguir la sustentabilidad abre la posibilidad de discutir los problemas, encontrar sus orígenes y proponer acciones para enmendar y vislumbrar soluciones.
En el ámbito citadino la energía usada en el transporte es una de las principales fuentes de contaminación. Por esta razón, el uso de transporte eficiente y no emisor de gases de efecto invernadero es, sin discusión, la solución considerando las dimensiones ambientales y sociales. Sin embargo, se apela a la dimensión económica para argumentar su inviabilidad. En mi opinión, es precisamente esta dimensión económica que reforzaría la selección de un transporte no emisor de contaminantes si consideráramos todos los costos del uso de la energía.
Necesito aclarar esta frase de todos los costos del uso de la energía.
Esta afirmación indica que en el precio que hoy pagamos por la gasolina para movernos en automóviles o autobuses no incluye todos los costos. Esto es totalmente cierto. Los costos totales deberían incluir el dejar el ambiente en las mismas condiciones que antes de haber quemado la gasolina. Para que esto último pueda ser alcanzado se requiere que el bióxido o monóxido de carbono producto de la combustión en los motores sea colectado y depositado en lugares seguros que no modifiquen la composición de la atmósfera o de los océanos. Verdaderamente hoy en día los motores de combustión interna que utilizamos para movilizarnos son tremendas fuentes emisoras móviles de gases de efecto invernadero que cambian la composición de la atmósfera. Una posible solución es utilizar motores más eficientes, pero eso solo es una ilusión ya que las emisiones serán menores por el kilómetro recorrido y claramente la composición de la atmósfera cambia. Otra alternativa es aumentar la infraestructura, como con el libramiento de Cuernavaca, y con ello disminuir el tiempo de funcionamiento de los motores al recorrer las distancias; pero nuevamente las emisiones se realizan.
Solo hay dos soluciones posibles el día de hoy utilizar: 1) motores que usen hidrógeno como combustibles o 2) motores eléctricos. Estas dos posibles soluciones implican que en algún otro lugar se almacenará la energía en hidrógeno o en baterías y, entonces, se deberá producir secuestrando el carbono o con energía renovables el hidrógeno o la electricidad necesaria. Sin embargo, es más fácil secuestrar los gases en un solo lugar que intentar hacerlo en los millones de motores de combustión interna utilizados en los automóviles o autobuses.
Hoy se dice que estas dos alternativas son caras; pero estas dos soluciones facilitan el secuestro del carbono o el uso de las fuentes renovables de energía y minimizan los daños al entorno.
Como ciudadanos debemos analizar la situación y exigir verdaderas soluciones para los problemas que nos aquejan y seleccionar aquellas que nos garanticen su bondad en el largo plazo.

Este artículo fue publicado el día 17 de Agosto en el periódico La Unión de Morelos

miércoles, 27 de julio de 2016

La cooperación en poblaciones puede conducir al esplendor

En estos días donde las noticias en el mundo se refieren a atentados contra la vida de personas que, como cualquiera de nosotros, camina por las ciudades, se mueve en transporte público, asiste a una festividad, sea religiosa o civil o gobiernan un municipio quiero abundar sobre un punto que debemos entender y que descuidamos.
Compartimos un planeta, territorio, ciudad, colonia o condominio y en muchas ocasiones manifestamos un poderoso actuar egoísta que atenta contra el bienestar colectivo, de todos.
La semana pasada escribí sobre la problemática de compartir y que debemos aprender a hacerlo, recibí dos comentarios sobre ese texto de dos colegas científicos. Los dos me hicieron notar que había escogido como ejemplo algo banal y que el comportamiento egoísta tenía mucho más manifestaciones. Aquí me permito transcribir algunas frases de Agustín López Munguía: “Tienes toda la razón. Sin embargo me parece que en nuestro cotidiano hay una infinidad de acciones mucho más graves y más egoístas que las que señalas. Nuestra simple incapacidad de aceptar las reglas de tránsito para no ir más lejos. Nuestra incapacidad para implementar el famoso “uno y uno”, los embotellamientos por bloqueo de los cruceros, el no detenerse en la luz roja, o seguir circulando “aprovechando” que los autos siguen pasando ... todo deriva de lo mismo que señalas: mi tiempo es más valioso que el tuyo. Te recomiendo el artículo de Jorge Volpi de hoy (sábado 23 de julio 2016) en Reforma, sobre Empatías. Inicia con una anécdota que va mucho más allá de considerar el tiempo del otro tan valioso como el de uno mismo, y es considerar al otro tan valioso como tu mismo.” Mientras que una científica que se transporta todos los días en la Ciudad de México en bicicleta, Natalia Mantilla, comentó: “Entiendo que la situación de la que hablas, dentro de un estacionamiento, le da «sentido social» al estacionarse en doble fila y me parece una observación relevante e interesante. En lo cotidiano me topo con todo tipo de coches mal estacionados (en lugar prohibido, o en segunda y tercera fila) y me impresiona un tanto la falta de autocrítica o de responsabilidad implícita en ello, además de que en este caso sólo hay agandalle y no un compartir. Creo que tu reflexión y la de Volpi, que cita Agustín, son necesarias en este tiempo, y me sigo preguntando de qué manera podremos avanzar hacia una convivencia más consciente, amable, sana y solidaria”.
Por estos comentarios considero importante que analicemos las posibilidades de aprender a compartir y algo quizá más profundo aprender a tomar decisiones cotidianas que apunten al compartir para lograr una autoorganización óptima.
Con estas ideas en mente me encontré un muy interesante artículo de científicos trabajando en México sobre un modelo matemático para la organización social colectiva de los antiguos teotihuacanos.
Recordemos que Teotihuacan fue una de las metrópolis más pobladas en el mundo de su época y en ese artículo se comenta que la tradición en arqueología sugiere asociar la complejidad social de las metrópolis con una jerarquía centralizada. Sin embargo, hay datos que indican que en Teotihuacan hubo un gobierno de co-gobernantes, y algunas tradiciones artísticas expresan una ideología igualitaria. En este artículo Tom Froese, Carlos Gershenson y Linda R. Manzanilla elaboraron y analizaron un modelo matemático de una red hipotética de representantes en la ciudad para probar formalmente el concepto de que la cooperación generalizada de una manera totalmente distribuida es algo posible. En ese modelo, las decisiones se convierten en configuraciones auto-organizadas óptimas a nivel global a pesar de que algunos representantes locales se comportan y modifican sus relaciones de una manera racional y egoísta. Esta autooptimización requiere crucialmente de las ocasionales interrupciones comunales de la actividad normal, y la autoorganización desaparece cuando algunas secciones de la red son demasiado independientes. Por supuesto los autores plantean que estos ciclos contribuyeron a la desintegración de la megalópolis teotihuacana.
Con estas menciones considero importante saber que han existido períodos en la historia donde el comportamiento cooperativo y colectivo ha permitido construir entornos de esplendor; aunque debo reconocer que hoy sabemos que debemos considerar al entorno natural para posibilitar que estos períodos tengan una mayor duración.
El comportamiento no egoísta puede aumentar el bienestar social y con ello optimizar el bienestar individual de cada uno.


Este artículo fue publicado el día 27 de Julio en el periódico La Unión de Morelos