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miércoles, 21 de junio de 2017

Nada está lejos, la colaboración es importante

Cada día me convenzo más que como especie en este planeta estamos en una encrucijada múltiple que debemos resolver colaborativamente. Como comenté la semana pasada, del 13 al 16 de junio se celebró en Mérida, Yucatán la Cumbre Internacional de Estudiantes en Energía (SES2017) y a ella asistieron más de 500 representantes de más de 80 países. Todos ellos mostraron una verdadera actitud de colaboración para propiciar sinergias desde cada lugar del mundo y contender con problemas de hoy. Los jóvenes discutieron sobre temas de energía y presenciaron la exposición de diferentes posturas, desde las que comparto sobre que el acceso a la energía debe ser democratizado y en armonía con el ambiente y en concordancia con las necesidades definidas por los lugareños, hasta aquellas que privilegian las ganancias en el menor tiempo posible; contra las que evidentemente lucho. Esta oposición a propiciar las ganancias en el menor tiempo posible obedece a que esta forma de priorizar los fenómenos o los procesos maximiza la entropía y genera distribuciones paretianas que son profundamente inequitativas. Quizá con esta última frase perdí al 80% de los lectores, pero aquellas personas que pasaron de esa oración supercondensada merecen una explicación detallada de ella. El Prof. Adrian Bejan establece en su postulación de la Ley Constructual que tanto los fenómenos naturales como los económicos o culturales obedecen a una tendencia natural a maximizar los flujos. Es decir, la naturaleza privilegia los procesos donde la masa fluye más rápido, la energía térmica se propaga más rápidamente, donde el agua fluye de la montaña lo más rápido posible hacia el mar. Es más que la estructura ramificada de los sistemas de aguas en la superficie de la tierra: riachuelos, arroyos y ríos obedece a la tendencia a maximizar el flujo de agua de las montañas al mar. Esta misma tendencia se puede encontrar en los sistemas vasculares de las plantas y de los árboles que producen flujos máximos. De igual forma la estructura de los conductos en los pulmones de los mamíferos maximiza el flujo de aire para la oxigenación de la sangre. El Prof. Bejan también comenta que los sistemas económicos están diseñados para maximizar el flujo del dinero o que los sistemas carreteros bien diseñados maximizan el flujo de vehículos. Quizá estos hechos nos puedan parecer adecuados ya que los procesos naturales tienden a maximizar los flujos. Sin embargo los procesos que maximizan los flujos conducen a generar una producción de entropía máxima que lleva a distribuciones paretianas. Las funciones paretianas son aquellas donde unos cuantos tienen mucho y muchos tienen muy poco. En términos de ríos y riachuelos, indica que muchos riachuelos tienen poca agua y que solamente los ríos grandes son caudalosos, eso parece una situación trivial, pero en términos de riqueza o bienestar para las personas es catastrófico. Por ejemplo, como lo he mencionado antes, implica que más de la mitad de las personas en México vivan por debajo de la línea de pobreza y que solo una cuantas familias mexicanas poseen riqueza equivalente o mayor a las personas con bienestar en otros países.
Desde mi punto de vista, esta lacerante inequidad es la principal causa de la inseguridad en nuestro país y requerimos que haya una menor desigualdad en la distribución de la riqueza que garantice el bienestar social; es imperioso propiciar un aumento en los ingresos de la población. El aporte de energía para que las personas produzcan productos o servicios que intercambien por otros productos o servicios que les permitan vivir en bienestar es necesario.
Esta semana estuve colaborando con colegas cubanos y alemanes para promover el uso de la energía solar en la isla caribeña.
Aquí debo aclarar que la colaboración alemana, a cargo de su organismo GIZ, propicia que nosotros los mexicanos compartamos nuestras experiencias con los cubanos. La GIZ nos ayuda financiando la mayor parte de los costos de la colaboración y tanto el gobierno mexicano como el cubano fomentan la participación. Esta semana académicos del IER-UNAM estamos definiendo programas de cooperación para promover el uso de la energía solar en Cuba.
Ha sido importante la experiencia que hemos tenido en el fomento y puesta en marcha de ejemplos en la república mexicana. En particular, hemos compartido éxitos como la implementación de los estímulos fiscales por parte del gobierno de Morelos hacia los hoteles y balnearios por la implantación de sistemas de calentamiento solar de agua. En estas reuniones mencionamos que esta política de fomento fue propiciada por el proyecto demostrativo en el Hotel las Quintas de Cuernavaca que desarrolló el IER-UNAM y que por la visión de la Secretaría de Innovación Ciencias y Tecnología se transformó en una política de fomento por parte del gobierno estatal que debería ser imitada por otros estados.
Considero muy importante resaltar que la sociedad alemana mediante la GIZ está promoviendo el desarrollo de otros lugares en el mundo, concibiendo que la equidad en el mundo es fundamental para construir un planeta donde impere el bienestar social y que todo los lugares del planeta están los suficientemente cercanos para promover el bienestar en ellos y así obtener el bienestar social en nuestros respectivos lugares. Así, gobierno alemán considera que el bienestar social en todos los rincones del mundo impactará positivamente en el bienestar social de su población.
Esto contrasta con las acciones impulsadas por nuestros vecinos del norte que, con su actitud ególatra, condena a transitar caminos sinuosos a los cubanos por igual que a los mexicanos, disminuyendo la posibilidad de construcción de caminos hacia la sustentabilidad.
De esta manera considero que lo que hacemos localmente puede ser ejemplo para modificarse y adaptarse a otros entornos donde el conocimiento local amalgamado con el conocimiento científico puede generar soluciones de largo plazo. Estos dos eventos, la cumbre internacional de estudiantes y el plan de colaboración trilateral para impulsar la energía solar en Cuba son ejemplos de actividades hacia la construcción de un mundo sustentable.


Una versión previa de este artículo fue publicada el día 21 de Junio en la Unión de Morelos.

miércoles, 6 de julio de 2016

Tenemos que actuar

Estas semanas he leído diferentes columnas en periódicos u oído comentarios sobre la dificultad de conseguir una economía verde o un desarrollo económico entonado con el ambiente. Por supuesto que el paradigma de la sustentabilidad radica precisamente en encontrar el balance entre los ámbitos social, económico, natural y organizacional (institucional). Así el paradigma consiste en generar acciones que consideren las cuatro direcciones de la brújula de la sustentabilidad (Naturaleza, Economía, Sociedad y Organizacional) claramente todos nosotros sabemos que en el espacio físico los caminos solamente pueden dirigirse a una dirección o quizá establecer direcciones entre dos de los puntos cardinales; pero la sustentabilidad requiere que en cada acción contemplemos todos los ámbitos. Este requerimiento es realmente un verdadero reto.
Por supuesto que la inclusión de aspectos sociales limita las ganancias para un individuo; pero este individuo debe conocer que la autolimitación conducirá a un desarrollo más equilibrado y con ello fortalecerá la seguridad en su entorno. Al contemplar los aspectos naturales podrá conseguir un mejor ambiente y por lo tanto salud y esparcimiento natural. Cuando se contempla conseguir beneficios económicos de los entornos naturales y se persigue que estos beneficios estén disponibles por generaciones se estará reduciendo la rapidez con que fluye lo monetario, pero se logrará que tanto los ámbitos naturales como sociales se vean fortalecidos. Sin duda para esto último es necesario que las normas sean consensadas y se cumplan.
Lo anterior son lucubraciones teóricas o de modelos construidos por científicos de todas las ramas desde las naturales hasta las sociales, sin embargo debemos ser capaces de proponer acciones cotidianas que permitan a todos nosotros contribuir con la ruptura del paradigma de obtener lo máximo posible en el menor tiempo y construir la opción que genere beneficios sociales duraderos.
Las estrategias para determinar las acciones son múltiples y ya son conocidas por todos nosotros: usar energía solar, separar los desechos sólidos, reciclar, reducir, reusar, hacer compostas, cuidar los jardines y parques, usar el transporte público, pagar salarios que permitan tener satisfactores, apagar las luces que no usamos, disminuir el uso de vehículos con motor de combustión, no desperdiciar el agua, usar eficientemente la cocina, no pedir bolsas cuando compramos, pagar lo justo por mercancías, fomentar el comercio justo y muchas otras más. Todas estas pequeñas acciones, que muchas de ellas están completamente a nuestro alcance, contribuyen a construir la opción de beneficios de largo plazo.
Evidentemente un compromiso social de gran envergadura (gobiernos, empresas y sociedad civil) podría facilitar este tránsito hacia la sustentabilidad; pero en la ausencia de esta situación cualquier contribución, por pequeña que sea, redundará en trazar rutas certeras y perdurables hacia un bienestar social.
Debo insistir en que debemos definir indicadores (cocientes de mediciones) que permiten monitorizar el desempeño de las políticas o acciones que emprendemos. Así la huella ecológica que indica el impacto que causamos en nuestra vida diaria sobre la biósfera. Hoy en día el 86% de la población vive en regiones donde se le exige más al ambiente natural de lo que puede ofrecer, así se contamina el aire, la tierra, el agua o se explotan los recursos naturales a una tasa mayor de la que se pueden regenerar (para más detalle consultar [1]).
Estas frases suena huecas cuando en nuestro país sufrimos una desigualdad lacerante: el gobierno impone políticas sin contemplar la diversidad de las localidades, la corrupción ha capturado a organizaciones gubernamentales, empresariales y sociales y a individuos por igual. Esta desigualdad ha causado que en la búsqueda de satisfactores inmediatos se violenten las más elementales reglas de la convivencia.
Requerimos un esfuerzo que va desde lo individual pasa por lo colectivo y llega hasta lo mundial, pero todo empieza en nuestro diario actuar, no dejemos pasar la oportunidad de tomar acciones concretas que apunten hacia la sustentabilidad.

[1] Siguiendo la Huella por Mireya Imaz et al. (México, UNAM-Siglo XXI, 2015)

Este artículo fue publicado el día 6 de Julio en el periódico la Unión de Morelos

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Maximizar potencia no es una alternativa sustentable


Recientemente leí en una revista que el cambio en la temperatura promedio de nuestro planeta tiene una tendencia a aumentar, que producirá cambios sustanciales en nuestra vida.
En este contexto una pregunta que taladra mis pensamientos es ¿por qué los humanos no entendemos que la explotación de los recursos sin considerar su limitación es una constante en el desarrollo de la humanidad? Esta pregunta me recuerda que en el libro de Colapso de Jared Diamond se puede encontrar que el agotamiento de los recursos naturales es una de las causas más recurrentes en el colapso de las civilizaciones a lo largo de la historia. En este mismo sentido podemos encontrar el libro de Natural Design de Adrian Bejan que establece que tanto los fenómenos naturales como los económicos o culturales obedecen a una tendencia natural a maximizar los flujos. Esta frase merece una explicación mayor. En este libro, Bejan nos hace ver que la estructura ramificada de los sistemas de aguas en la superficie de la tierra: riachuelos, arroyos y ríos obedece a la tendencia a maximizar el flujo de agua de las montañas al mar. Esta misma tendencia se puede encontrar en los sistemas vasculares de las plantas y de los árboles que producen flujos máximos. De igual forma la estructura de los conductos en los pulmones de los mamíferos maximiza el flujo de aire para la oxigenación de la sangre. Adrian Bejan también comenta que los sistemas económicos están diseñados para maximizar el flujo del dinero o que los sistemas carreteros bien diseñados maximizan el flujo de vehículos. De hecho a esta forma de operar del mundo se le llama Teoría constructual.
Por lo tanto, parece ser que los procesos naturales tienden a maximizar los flujos. La idea de maximizar los flujos implica que se desea obtener el mayor beneficio en el menor tiempo posible. Estos hallazgos contrastan con la ingenua idea de que los procesos naturales son eficientes. Debemos aquí aclarar que un proceso eficiente es aquel que “hace más con menos” en cambio la maximización de los flujos implica hacer las cosas lo más rápido posible. En la mayoría de los procesos naturales, económicos o sociales estas dos formas de operar no son equivalentes.
Para mí es claro que esto no es algo que se conocía con anterioridad, es hasta finales del siglo XX que se puede concluir que los procesos maximizan el flujo. Para aquellos que conocen la termodinámica podemos decirles que los procesos naturales al maximizar los flujos maximizan la producción de entropía (la producción de entropía es una función bilineal de los flujos) y por lo tanto aumentan la irreversibilidad, hecho que los aleja de ser eficientes.
Con estos argumentos podríamos pensar que las personas percibimos que la forma óptima de actuar es maximizar los flujos y por lo tanto no ponemos atención en la eficiencia y por ende agotamos los recursos. De ser cierto esta conjetura, podríamos decir que los procesos, tanto naturales como económicos o sociales, tienden a degradar el entorno.
Una de las consecuencias de la maximización de los flujos radica en la aparición de distribuciones libres de escala en la mayoría de los procesos. Estas son distribuciones que se miran iguales desde cualquier escala. Así, encontramos el principio de Pareto o distribución del 80 – 20. Aunque el principio de Pareto fue enunciado en la primera mitad del siglo pasado, solo recientemente se ha encontrado que este principio resulta válido para muchísimos procesos. Como ejemplo encontramos que cuando ordenamos a las empresas de acuerdo a su capital encontramos pocas empresas que tienen un gran capital y muchas empresas con un capital exiguo. Lo mismo pasa cuando ordenamos a las personas de acuerdo a su riqueza. Esto también sucede con el número de especies en las regiones, hay pocas regiones con muchísima biodiversidad o muchas con unas cuantas especies. Es decir, la maximización de los flujos provoca que haya una distribución no equitativa de los recursos.
No podría resumir aquí la discusión amplia que Bejan hace en su libro; pero si me queda muy claro que de aceptar los modelos sociales o económicos actuales, que dicho sea de paso solo replican los procesos naturales de maximizar los flujos, no podemos alcanzar una distribución con mayor equidad del bienestar. Este principio establece que en una distribución hay pocos con mucho y muchos con poco, claramente esto no puede ser sustentable en el sentido que hemos planteado muchas veces en estos textos.
En cambio, la búsqueda de la eficiencia produce fenómenos que hacen más con menos. En física e ingeniería la noción de eficiencia es totalmente diferente de la potencia. Como mencioné arriba en el texto, maximizar potencia busca obtener beneficios lo más rápido posible, esto implica que desperdiciamos parte de lo que deseamos durante el proceso, la búsqueda de obtener lo máximo posible sin importar mucho el tiempo puede disminuir las diferencias en la distribución, es decir buscar procesos eficientes es una alternativa para evitar las distribuciones inequitativas.
En otras palabras, quizá sea conveniente considerar aspectos de largo plazo en lugar de tener objetivos de corto plazo.
Es así como desde mi punto de vista un enfoque hacia la eficiencia puede conducirnos a una distribución de la riqueza, de los recursos o del conocimiento más equitativa. Sirva esto para dialogar.

Una versión previa de este artículo fue publicada el día 23 de Septiembre