miércoles, 12 de mayo de 2021

Cómo disminuir la división en la sociedad

En este siglo hemos observado que las sociedades se polarizan, dividen y parecen que no se puede generar consenso, sino que las divisiones son irreconciliables. En nuestro país desde hace unos veinte años se han visto elecciones cerradas y parece que las opiniones se alejan. Lo mismo ha pasado en Estados Unidos y en el Reino Unido donde las decisiones políticas se toman por diferencias mínimas y las sociedades parecen polarizan. ¿Esta situación es la que abundará en el futuro? ¿Podemos como sociedades hacer algo?
En muchos de estos escritos he opinado que una alternativa sería fijar objetivos a largo plazo, donde intuitivamente parece que sí nos podemos poner de acuerdo. Repito, esta sugerencia la propongo, al igual que más personas, con base en nuestra experiencia y la propuesta parece ser adecuada.
En eso estaba pensando cuando al revisar el artículo de la semana pasada, volví a revisar la literatura y encontré que hace dos semanas se publicó otro artículo que modela el comportamiento social con un modelo matemático de agentes en una red estructurada y concluye que existen condiciones que promueven el desvanecimiento de los cúmulos polarizados y se puede llegar a un consenso.
La motivación que tuvieron D. Andersson, S. Bratsberg, A.K Ringsmuth y A.S. de Wijn colegas de Europa, radica en que desearon encontrar las condiciones para determinar cuándo puede haber una acción colectiva que enfrente a los desafíos urgentes que enfrentamos. En particular, los desafíos para gestionar de una manera sustentable y justa los recursos de uso común a gran escala son mayúsculos y dado que para cuando se puede observar el decaimiento de esos recursos puede ser ya demasiado tarde para evitar la tragedia es imperioso actuar antes. El equipo europeo considera que para resolver este tipo de problemas, se debe lograr un nivel suficiente de cooperación con una norma de comportamiento a favor de la conservación, dentro del entorno sociopolítico imperante. Por esa razón, en su estudio investigaron la dinámica transitoria del cambio de comportamiento en un modelo basado en agentes en redes estructuradas que también están expuestas a una influencia externa global. Encontraron que la polarización surge naturalmente, pero, es temporal para los agentes que actúan con abse en información y conocimiento. La velocidad de convergencia a un consenso final está controlada por la velocidad a la que se disuelven los cúmulos polarizados. Descubrieron que la tasa de convergencia se ve fuertemente afectada tanto por la conectividad de la red como por la intensidad del campo externo. Aquí el campo externo, puede ser una opinión de muy largo plazo que si encuentre consenso, digamos la necesidad de conservar el entorno natural para el futuro. Así, un campo a favor de la conservación les da a los cooperadores la ventaja de convertir lentamente a los desertores en los perímetros del cúmulo. También descubrieron que un influencer celoso y muy conectado puede convencer a los demás y acelerar enormemente la convergencia. Con esta idea en mente, actoras como Greta Thunberg y Xiye Bastida tienen un rol muy importante en el juego de intercambio de propuestas razonadas que puede contrastar contra las intervenciones dictatoriales de Trump, por ejemplo. Estas opiniones, pueden ser enfatizadas por el conocimiento como un verdadero campo externo que promueve el desvanecimiento de los cúmulos polarizados y las soluciones egoístas. 
Otro aspecto importante, es la estructura de la red. En este estudio se encontró que es necesaria una red muy conectada para promover que en los cúmulos predominen las fronteras y se disminuyan los nodos lejanos a las fronteras. En este sentido, la Internet juega un rol importante, pero parece tener una mayor influencia nuestra selección adecuada de las redes sociales a las que pertenecemos. En este sentido debemos tener redes donde las opiniones sean diversas. En este sentido reitero la frase que le escuché al Dr. Alejandro Pisanti hace algunos años: Si tu Twitter no te hace enojar dos veces al día, no es lo suficientemente diverso. Afectivamente, la buena costumbre de que en nuestras redes, como Twitter o FB, aceptemos leer y reflexionar sobre opiniones diferentes a la nuestra propiciará un mayor intercambio de ideas y, por lo tanto, fomentará el consenso. En resumen de acuerdo con el artículo, se necesitan tanto una alta conectividad como un entorno favorable para obtener rápidamente el consenso final.
Insisto, en mi opinión, para llegar a consensos debemos formular objetivos en el largo plazo donde podemos obtener acuerdos generales y con ellos, en una red altamente conectada que promueva muchos intercambios de ideas, podemos disminuir los cúmulos divisionistas para llegar a definir las acciones colectivas que requerimos. Debemos evitar las discusiones de detalle antes de acordar objetivos globales.


Una versión previa de este artículo fue publicado el día 12 de mayo en el periódico la Unión de Morelos.

miércoles, 5 de mayo de 2021

Comportamiento cooperativo, nuestra respuesta para el regreso del aislamiento del COVID-19

Con la vacunación para contender contra la COVID-19 a las personas que laboran en el sector educativo se está planeando el regreso de la población infantil, adolescente y universitaria a las actividades presenciales. Estamos a punto de iniciar una nueva forma de interaccionar en nuestros entornos cercanos. La COVID-19 nos obligó a cambiar por más de un año nuestras actividades, por un lado enfatizó nuestro aspecto egoísta al mismo tiempo que fomentaba nuestro comportamiento cooperativista. 
Me parece que tengo que explicar la frase anterior que parece contradictoria. El comportamiento, egoísta se observa en la reclusión que pudimos hacer quienes pudimos trabajar desde nuestro domicilio, sin importar lo que pudiera pasar fuera de nuestro entorno. Sin embargo, nuestro comportamiento cooperativista se manifestó de diferentes formas, al realizar compras en los comercios locales, al resguardarnos al menor síntoma de enfermedad respiratoria o al usar el cubrebocas. La población en conjunto tuvo en mayor o menor medida este tipo de actitudes.
La pregunta ahora es ¿cómo debe ser nuestro comportamiento en el regreso a las actividades presenciales? 
En esta serie de escritos he mencionado con anterioridad el “Dilema de prisionero” como un artilugio matemático para, de una manera simple, representar lo complejo del comportamiento humano. Este modelo fue empleado por Robert Axelrod para analizar la evolución del comportamiento cooperativista en la población humana[1]. Recordemos en una manera resumida este dilema: La policía arresta a dos personas y los acusa de cometer un delito. No hay pruebas suficientes para condenarlas, parece son inocentes, y, tras haberlas separado, se les interroga por separado y se les ofrece el mismo trato. Si una delata y la otra no, el que no delató será condenada a la pena de tres años, y la delatora será liberada. Si ambas delatan, ambas serán condenadas a dos años. Si ambas no delatan serán encerradas solamente seis meses. Claramente, el comportamiento egoísta prefiere delatar; sin embargo, si ambas delatan desde el punto de vista colectivo es la peor respuesta, ya que en total la sociedad pierde cuatro años de actividades de una persona, dos de cada una en la cárcel; pero ambas ganan ya solo tienen dos años. En cambio, si este juego es realizado muchas veces, es decir, se hace iterativamente, se encuentra que un comportamiento cooperativista donde ninguno delata es el que produce bienestar social, ya que solamente serán encarceladas 1 año (6 meses cada una), es decir, la sociedad gana totalmente con un comportamiento cooperativista. Este experimento se ha realizado a manera de juego tanto de forma presencial como en su versión computacional. Este modelo data ya desde mediados del siglo pasado y ha sido frecuentemente utilizado para análisis conductuales y hoy nos puede ilustrar la forma en la que debemos regresar a las actividades presenciales en diferentes entornos.
Uno de los principales retos en el esclarecimiento del comportamiento de las personas radica en poder distinguir cuando se transita de un comportamiento intuitivo de cooperación a un comportamiento intencional de cooperación. El primero, no requiere de información y conocimiento, el segundo se basa en razonamientos y reflexiones explícitas sobre el conocimiento de la situación. Es, precisamente, el comportamiento cooperativo basado en el conocimiento en el que debemos basar nuestro actuar en el regreso.
Recientemente, se publicó un trabajo precisamente sobre la transición entre un comportamiento altruista intuitivo y otro de deliberada racionalidad cooperativista. Este estudio realizado por R. Gallotti y J. Grujic se publicó en 2019 en formato de acceso abierto. En él se encontró, que aunque en la fase inicial del problema, el comportamiento intuitivo predomina muy rápidamente; mientras que la solución basada en la deliberación racional se vuelve predominante hacia la cooperación con la repetición del dilema, es decir con el tiempo. Esta transición se basa en el fomento para las acciones cooperativistas y las retroalimentaciones negativas por el actuar egoísta. El proceso de aprendizaje basado en las pruebas de los resultados positivos hacia el cooperativismo es crucial, es decir, el reforzamiento hacia la cooperación debe ser constante.
De esta manera, es muy importante que en nuestro actuar cotidiano empecemos a fomentar con retroalimentación positiva hacia el comportamiento cooperativista de nuestro entorno. 
Efectivamente, en nuestro próximo retorno a un accionar presencial con mayor número de personas, tenemos la oportunidad de transformar el comportamiento de quienes nos rodean hacia las acciones que beneficien en forma colectiva a nuestra comunidad. Con este proceder estaremos cediendo algunos beneficios a cambio de cosechar beneficios compartidos mayores. 

[1] Axelrod, Robert (2006), The Evolution of Cooperation, Perseus Books Group, ISBN 0-465-00564-0

Este artículo fue publicado el día 5 de mayo en el periódico la Unión de Morelos.

miércoles, 28 de abril de 2021

Prefiero las renovables a la nuclear

Han pasado diez años desde el accidente en la planta nuclear de Fukushima. Como consecuencia de un terremoto en el océano Pacífico se produjo un tsunami que provocó la fusión de los tres reactores de la planta nuclear de Fukushima. Este accidente ha sido el accidente más grave en el ámbito internacional. Aunado a esto, las recientes conjeturas sobre el manejo de la planta de Laguna Verde nos alertan sobre los riesgos inherentes a las planteas nucleares para generar electricidad (termonucleares o nucleoléctricas).
Han pasado diez años desde el desastre de Fukushima y la comunidad científica continua aprendiendo sobre los impactos que todavía se están manifestando. Los efectos de la radiación residual y del transporte de los isótopos radiactivos en los ecosistemas todavía requiere mayores estudios. Por supuesto de las alternativas de cómo mitigar en el futuro este tipo de accidentes  son temas de investigación actual. Por ejemplo, hoy en día se debate si es adecuado que Japón diluya el agua contaminada en el océano. 
A continuación comentaré algunos de los estudios en revistas científicas a los que cualquier persona puede acceder mediante la Internet. 
Los estudios científicos empezaron a ser publicados aproximadamente un año después del accidente, estos estudios son necesarios para diseñar las acciones para mitigar los daños. Así, uno de los primeros artículos versa sobre los productos radioactivos de las reacciones de fisión que se liberaron al ambiente. Se encontraron ampliamente distribuidos isótopos radioactivos volátiles de Telurio, Iodo, y Cerio en la región de Fukushima y de las prefecturas adyacentes del este de Japón. También se encontraron actinoides como el Plutonio tanto en la atmósfera como en el suelo del noroeste y el sur de la Planta termonuclear de Fukushima. 
Los primeros efectos en el ambiente natural empezaron a ser reportados un año después y se encontró que tanto las hojas como las ramas que se encontraban en el suelo del bosque presentaban altas concentraciones de isótopos de Cerio radioactivo y que estos isótopos eran transmitidos al suelo para su mayor dispersión. Por lo tanto, era necesario la remoción de la capa orgánica más resiente en el suelo. Esta medida de mitigación trae consecuencias para la salud del ecosistema, pero menores a las que produce la contaminación radioactiva. Un año después se reportaron mediciones del isótopo radiactivo del Iodo en personas evacuadas de la zona, encontrándose actividad del isótopo en la tiroides en el 74% de los estudiados.
Los daños causados por la radioactividad liberada al ambiente son de largo plazo en las personas, pero pueden ser analizados en forma más temprana en otras especies. Por ejemplo se encontraron daños fisiológicos y genéticos en una mariposa común en el Japón (Zizeeria maha). En mariposas que se colectaron en mayo 2011 mostraron leves anomalías, en cambio su descendencia presentó anomalías más graves, que fueron heredadas a la siguiente generación. En cuanto a estudios realizados en animales más parecidos a las personas, podemos encontrar una investigación en monos salvajes japoneses (Macaca fuscata) de los bosques alrededor de la ciudad de Fukushima y a unos 70 km de la planta nuclear de Fukushima publicado en 2014. En ellos se encontraron significativamente menores conteos de hemoglobina, células rojas y blancas en la sangre en comparación con monos localizados a una distancia de 400 km de la planta nuclear. La reducción de la células en la sangre también fue reportada en población infantil después del accidente de Chernobyl. Aunque los conteos bajos de las células de la sangre no necesariamente indican un riesgo en la salud, si sugieren que el sistema inmune está comprometido y la susceptibilidad a enfermedades o epidemias aumenta. También se encontró (2016) la incorporación de isótopos radioactivos de Estroncio en los dientes de ganado abandonado durante la evacuación de la zona cercana a la plata nuclear de Fukushima y se pudo asociar su concentración en los dientes a la contaminación radioactiva en el ambiente. En la comida también se ha podido encontrar contaminación radioactiva causada por el accidente nuclear. Por ejemplo, los hongos secos en la prefectura de Iwate (aproximadamente unos 200 km de Fukushima) presentaron concentraciones de isótopos radioactivos de Cesio mayores una y media veces  a las de otros lugares de Japón. Sin embargo la contaminación con isótopos de Cesio en Japón es conocida con anterioridad. La explosiones de las bombas nucleares todavía muestran sus impactos en las diferentes regiones. La contaminación radioactiva tiene implicaciones a muy largo plazo.
Después de casi una década, el cáncer de tiroides en la población infantil muestra una correlación positiva con los niveles de contaminación radioactiva en el ambiente. 
Estos resultados son solo una muestra de la vastísima literatura científica que muestra la contaminación radioactiva causada por este accidente. 
En una sociedad adicta la energía, la solución de generar electricidad en cantidades enormes y sin emitir gases de efecto invernadero parecía adecuada hace unos 40 años. Hoy en día, ante el desarrollo tecnológico de las fuentes renovables y de las posibilidades de almacenamiento en un proceso de disminución de precios, la centrales nucleares de fisión no son una alternativa a elegir. 
Desde mi punto de vista, las tecnologías actuales de fuentes renovables tienen un impacto mucho menor y de corto tiempo comparadas con los combustibles fósiles y las centrales nucleares. Por supuesto, la crisis económica provocada por la COVID-19 nos ha enseñado que podemos disminuir y distribuir nuestra demanda de energía. Así la eficiencia energética y el uso de renovables son un camino que debemos promover.

Este artículo fue publicado el día 28 de abril en el periódico la Unión de Morelos.

miércoles, 14 de abril de 2021

Las renovables van

Tenemos una buena noticia, en el mundo las fuentes renovables de energía están ganando terreno y cada año se instalan más plantas de generación renovable. De acuerdo con el reporte estadístico 2021 de la Agencia Internacional de Energía Renovable (IRENA) en el mundo se añadieron más de 260 GW de capacidad de fuentes renovables de energía en el 2020, incrementándose un 50 % adicional a la expansión que se realizó en 2019. Este dato sobrepasó a las estimaciones de mediados del año pasado al inicio de la crisis económica provocada por la COVID-19. Es de reconocer que todavía se instalan plantas de generación con combustibles fósiles, pero solamente fueron 60 GW de capacidad instalada con fósiles que es menor a un cuarto de la instalación de fuentes renovables. 
Por supuesto que debemos redoblar los esfuerzos para aumentar la eficiencia con la que usamos la energía y de ser necesario la ampliación de la capacidad de generación, debemos optar por las fuentes renovables.
Al anunciar estas noticias el director del IRENA, Francesco la Camera afirmó: “Estos números dicen una notable historia de resiliencia y esperanza. A pesar de los retos y la incertidumbre del 2020, las energías renovables emergen como una fuente de innegable optimismo para un mejor, más equitativo, resiliente, limpio y justo futuro”. Por supuesto comparto su opinión y considero importante redoblar los esfuerzos para construir ese futuro con bienestar social.
En particular, Francesco la Camera enfatizó que estamos comenzando la década de las energías renovables. Así es como en el mundo se observa que para salir de la crisis económica el impulso a las fuentes renovables es una alternativa real y posible. No solo los costos de la energía generada con renovables están disminuyendo día con día, sino que cada vez más las opciones renovables se adecuan al entorno natural y social construyendo caminos hacia la sustentabilidad. 
Parte de las buenas noticias son, que a pesar de la crisis económica provocada por la COVID-19, las opciones renovables están mostrando sus bondades y se están posicionando cada vez más en la selección de alternativas energéticas. Por supuesto, que la búsqueda de opciones eficientes siempre es preferible a la generación de energía, pero es claro que necesitamos generar energía para poder construir bienestar social.
Los datos son importantes y podemos afirmar que en nuestro país pasamos de tener en el 2011 una capacidad instalada de 13,480 MW a 28,358 MW en el 2020. De esta capacidad instalada en 2020, de acuerdo con los datos oficiales que comparte IRENA, observamos que 12,671 MW son hidroeléctricos, 8,128 MW corresponden a eólica, 5, 630 MW a fotovoltaica, termosolar aporta 14 MW, mientras que 1,010 MW son de bioenergía y de geotermia 906 MW para un total de 32.2 % de proporción de renovables en la generación eléctrica. 
Estas contribuciones de renovables diferentes a la hidroeléctrica son fundamentalmente aportadas por las personas y empresas que están convencidas de que es necesario contribuir para contender contra el cambio climático. Además de esta ventaja ambiental, para las personas y empresas es evidente que el costo de la electricidad generada con fuentes renovables es más barato que la generada con combustibles fósiles; de esta manera, salimos ganando quienes instalamos renovables en forma distribuida y quienes vivimos y respiramos un aire menos contaminado. Claramente, al definir estrategias de ahorro y uso eficiente de energía estamos disminuyendo los efectos negativos de nuestras actividades. 
Desde mi perspectiva es necesario un cambio en la política energética del país y que con ello decididamente fomente el uso de las fuentes renovables de energía. Este giro, además de los beneficios ambientales abrirá más empleos mejor remunerados y posibilitará de una manera más directa la democratización de la energía.
Sirvan estas líneas para motivación para, con ella, exigir un cambio de política energética hacia el bienestar social.


Este artículo fue publicado el día 14 de abril  en el periódico la Unión de Morelos.

miércoles, 7 de abril de 2021

La máscara

La protección más sencilla y más eficiente que tenemos a nuestro alcance contra la COVID-19 es la máscara o cubrebocas. Esta medida que ha sido despreciada por muchas personas es la que ha mostrado tener mayor eficiencia para disminuir los riesgos de contraer la enfermedad que nos nuestra salud, nos mantiene en constante tensión emocional y bajo crisis económica ya desde hace poco más de un año.
Un interesante artículo publicado en la revista Proccedings of de National Academy of Science (PNAS) el pasado mes de enero  analiza la eficiencia del uso adecuado del cubrebocas. Primeramente, se reconoce que la principal vía de contagio de la COVID-19 es la respiración de partículas emitidas por personas presintomáticas o asintomáticas, pero infectadas. Recordemos que hace un año esta vía no era reconocida como la principal y por eso se dudaba de la eficacia del uso de la máscara. Hoy en día y después de muchísimos estudios se ha determinado que la principal vía de contagio es la respiración de partículas portando los virus SARS-CoV-2. 
Por estas razones, se ha determinado dos acciones que reducen la propagación de la enfermedad: limitando el contacto con las personas infectadas mediante aislamiento y reducción de contacto. Es claro que el cubrebocas reduce el contacto con las partículas suspendidas en el aire arrojadas por personas infectadas y, por lo tanto, baja la posibilidad de aspirarlas. Al mismo tiempo, si la persona que la porta está infectada evita que esparza esas partículas al aire; aunque ella no lo sepa y la máscara actúa como una barrera. 
Es importante mencionar que las pruebas muestran que el uso de cubrebocas en ambientes de laboratorios y hospitales reduce la transmisión de la enfermedad. En los entornos públicos cotidianos el uso del cubrebocas es la acción más efectiva para reducir la propagación del virus cuando su uso es mayoritario. 
Las conclusiones y recomendaciones de este artículo se basan en una revisión muy amplia de investigaciones sobre otras enfermedades respiratorias y datos nuevos precisamente de la transmisión del SARS-CoV-2. 
Aquí un aspecto interesante es la forma en la que muchos estudios se han realizado utilizando tanto prueba directa, estudios directos en hospitales, como análisis de metadatos utilizando herramientas sofisticadas. Estas herramientas pertenecen mayoritariamente a la ciencia de datos y son usadas ampliamente hoy en día en muy diferentes áreas, desde mercadotecnia hasta salud. También realizaron una revisión sistemática de estudios observacionales no sesgados que encuentren prueba convincente de la eficacia del uso público de máscaras como reductores del contagio. 
En estos estudios se encontró que el contagio es hasta 7.5 veces más alto en países donde no hay un mandato de uso de cubrebocas. Una de las formas de análisis del tipo de minería de datos se observa en los estudios que investigaron las correlaciones en el interés de las personas de una región por los cubrebocas en el mercado electrónico, que muestra un factor importante en el control de la COVID-19 en esa región. Si las regiones donde las personas se interesaban más en las compras en la Internet por cubrebocas mostraron un mejor control de la enfermedad, es decir, menor tasa de contagio. El control al usar el cubrebocas parece ser más claro al evitar que una persona infectada, sin saberlo, esparza los virus, aunque hay ciertas pruebas que también protege a la persona que no está infectada. Para ello el artículo destaca que la eficacia del cubrebocas está totalmente relacionada con dos aspectos la capacidad de filtración y el diseño para ajuste en la cara (por supuesto la forma de portarlo). La recomendación para los materiales indica que cubrebocas multicapas de poliestar y algodón son una buena alternativa que puede equipararse en la eficiencia en la filtración a los cubrebocas especializados. 
Por supuesto, que uno de los aspectos más importantes es procurar que la máscara cubre completamente la nariz y boca. El uso de pequeñas láminas o alambres para que haya un mejor ajuste entre la tela y la piel cercana a la nariz es fundamental. Una búsqueda sencilla en los mercados electrónicos arroja la posibilidad de comprar estas láminas por precios muy accesibles y costurarlos a mano en la infinidad de cubrebocas de telas disponibles hoy en día que no lo tengan.
Estamos ante la evidente apertura gradual de las actividades que teníamos antes del 2020, pero para poder realizar esas actividades va a ser necesario que usemos cotidianamente el cubrebocas en lugares públicos. 
Todavía no se conoce con certeza la eficacia de la vacunación a largo plazo o la inmunidad de aquellas personas que ya sufrieron la enfermedad. En muchos lugares se documentan reinfecciones.
El cubrebocas será una prenda más en nuestra vida cotidiana, más vale que sepamos utilizarlo, lavarlo mantenerlo y portarlo. Espero estas líneas aporten información para que basados en información podamos decidir por el bienestar social. 


Este artículo fue publicado el día 7 de abril en el periódico La Unión de Morelos.

miércoles, 31 de marzo de 2021

La transición energética es ineludible

La transición energética hacia las fuentes renovables de energía es ineludible a escala mundial. Sin embargo, en México se puede retrasar y con ello perder opciones de generar bienestar social como lo anhelamos. 
En estos textos he mencionado muchas veces que las fuentes renovables son una alternativa deseable con respecto a los combustibles fósiles y que el sistema energético mexicano debe transitar, sin demora, hacia estar basado en una matriz energética renovable, articulada por un sistema eléctrico de transmisión y distribución moderno e inteligente.
La semana pasada la Agencia Internacional de Energía Renovable (IRENA) publicó su informe preliminar sobre la Trayectoria hacia una transición mundial energética para circunscribir la temperatura promedio del cambio climático a 1.5 C . En este reporte preliminar, enfatiza que si bien la ventana de oportunidad para lograr la meta de mantener el compromiso del Acuerdo de París está cerrándose, las recientes tendencias en el ámbito internacional indican que las diferencias entre los compromisos nacionales y los logros están decreciendo. El compromiso global implica una disminución del 45 % de las emisiones de gases de efecto invernadero para el 2030 con respecto al 2010. De esta manera, las acciones que definamos en los siguientes 9 años son fundamentales.
Para lograr este escenario, IRENA considera que las fuentes renovables, la electrificación y la eficiencia energética serán los pilares de esta transición. En particular la sinergia entre las cada vez más baratas tecnologías renovables y la adopción creciente de la electrificación en las aplicaciones de uso final y del transporte son indispensables. Sí, la electrificación del transporte. Este es un llamado para la industria automotriz y su proveeduría mexicana que debe modificar sus productos para atender este mercado emergente o quedará relegada de la transición. Se espera que un 67 % del total de la reducción de las emisiones en el transporte sean originadas por la electrificación de estos sistemas.
Para lograr los compromisos nacionales que nuestro país refrendó recientemente, debemos triplicar o cuadruplicar la generación eléctrica con fuentes renovables para conseguir al menos 90 % para el año 2050. Notemos, este compromiso no será visto por quien escribe y algunas personas lectoras de estas líneas, pero que podemos contribuir para lograrlo y dejar a la actual juventud una situación menos alarmante. Aquí es importante destacar que se plantea que las fuentes renovables no variables deberán aportar del orden de un 30 %, dejando el restante 60 % a las fuentes renovables variables. Para conseguir esta meta es importante, desarrollar sistemas de potencia flexibles que acompañados con estrategias de flexibilidad en el lado de la demanda (si de nosotros usuarios y usuarias) posibiliten los cambios en las costumbres y los usos energéticos de hoy, por otros que posibiliten alcanzar la sustentabilidad.
Para tener un sistema energético flexible en los dos lados, generación y uso, es esencial que el uso final de la energía pase a ser eléctrico en más del 50 %.
Un elemento al que debemos poner atención es el cambio a combustibles de cero emisiones netas como el hidrógeno verde y los biocombustibles cuyo aporte puede ser mayor al 10 % tanto para generar electricidad como para usos térmicos.  
Aunque, la mayoría de las tecnologías de eficiencia energética y de fuentes renovables están disponibles hoy en día, es esencial fomentar la innovación para la descarbonización de la sociedad en el ámbito energético mundial. 
En nuestro país, la dependencia de los combustibles fósiles es cercana al 75 % del total de la energía que usamos. Así que los esfuerzos para transitar a una matriz basada en fuentes renovables deben ser impulsados desde este momento. La formación de talento, que conozca las tecnologías y que genere conocimiento nuevo, tanto en la parte científico-técnica como en los aspectos sociales y organizacionales, es uno de los mayores retos que tenemos.
Por estas razones, las inversiones en el sector energético deben moverse hacia una transición baja en carbono, es decir, hacia las renovables. En particular, en nuestro país, se requiere inversión tanto privada como social en el sector energético. En esta situación de reactivación económica  ante la crisis COVID-19, las acciones de fomento para que lo promovamos esta transición son indispensables.
Aunque la transición energética es ineludible, puede darse de una forma no sustentable en nuestro país. Por esa razón, estoy convencido que el momento de actuar es ahora, invertir en soluciones tecnológicas renovables y en la formación de talento que pueda seleccionar las opciones de acuerdo con el entorno específico y a las capacidades sociales de cada lugar o región son de las acciones necesarias para poder construir una transición energética que conduzca al bienestar social. 

Este artículo fue publicado el día 31 de marzo en el periódico la Unión de Morelos.