Mostrando entradas con la etiqueta dilema del prisionero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dilema del prisionero. Mostrar todas las entradas

miércoles, 31 de enero de 2024

Populista vs cooperativista

En los últimos años me he preguntado, seguramente al igual que ustedes, por qué las opciones populistas y antidemocráticas están siendo seleccionadas por la población de diversas latitudes. Para mi es claro que las democracias han mostrado construcciones del bienestar social en algunas regiones del planeta, pero en muchos lugares no han podido disminuir las desigualdades y en muchas regiones como en nuestro país están aumentando estas inequidades. La selección de gobiernos populistas indica el hartazgo de la población que busca egoístamente el beneficio inmediato en lugar de buscar el beneficio social.
Desde mi punto de vista, la tragedia de los comunes es un hecho que, aunque simplificadamente, describe una gran parte de las inequidades que padecemos hoy en día. El hecho de que los bienes comunes sean utilizados por pocas personas, sin la correspondiente responsabilidad, para con el resto de la comunidad, en su preservación para el uso de las comunidades actuales y futuras, es uno de los aspectos que evita llegar al bienestar social. Este tipo de uso no equitativo de los bienes comunes contrasta con la actitud cooperativista que promovieron el desarrollo de las poblaciones humanas desde el principio de nuestra aparición en el planeta. 

Imagen generada con inteligencia artificial mediante la frase "high quality surrealistic image of people showing cooperation in prisoner dilemma mathematical game" en leonardo.ai

Estas conductas cooperativistas de la población humana nacieron con la definición de reglas o normas de convivencia entre las personas y, por supuesto, que en ella estaban incluidas las normas para el aprovechamiento de los recursos naturales y sociales o los que llamamos bienes comunes. 
No es la primera vez que me refiero a la llamada tragedia de los comunes, definida por Hardin, pero en esta ocasión quiero comentar dos artículos aparecidos en los días pasados en los https://axirv.org que abordan los problemas relacionados con las normas de la vida o de las interacciones en colectividad mediante modelos matemáticos.
El primer artículo versa sobre el impacto que las diferentes maneras temporales de interactuar de las personas tienen en la evolución de los comportamientos cooperativos en diferentes entornos sociales. Podemos pensar que estas interacciones consisten en actividades entre las personas, es decir se refuerzan los lazos mediante actividades comunes. Notemos este detalle, el trabajo se enfoca en definir un tipo de interacción entre las personas del grupo como aleatorio o en forma periódica. Para simplificar el problema se analizan dos mecanismos de interacción temporal entre las personas: uno azaroso y otro periódico analizando el impacto de la frecuencia de la interacción y la sincronicidad en la cooperación en la colectividad. En este modelo matemático el juego consiste en manifestar dos comportamientos: uno cooperativo y otro de abandono, pero en este segundo aunque hay abandono se participa de los bienes. No voy a entrar en detalle del modelo, lo interesante son sus resultados. El modelo indica que la interacción temporal puede promover en gran medida la cooperación, y la mejora del nivel de cooperación está muy influenciada por los patrones temporales de interacción. Las situaciones donde las interacciones son azarosas no conducen a comportamientos cooperativistas, pero las interacciones periódicas conducen a zonas con cooperación. Así este trabajo parece evidenciar que la interacción temporal es un mecanismo alternativo para mejorar la cooperación. Como bien sabemos hay diferentes formas de interacción de las culturas que existen en el planeta, pero estos indicios alertan sobre la necesidad de analizar la periodicidad que deben tener estas interacciones para promover comportamientos cooperativistas en las diferentes regiones del planeta. 
El otro trabajo analiza la forma en que las normas conforman la evolución hacia un comportamiento cooperativista. También mediante un modelo matemático formal de la toma de decisiones de los individuos bajo normas sociales generales. Utilizando el juego del dilema del prisionero se comparan cuatro normas diferentes: compasión, universalización, reciprocidad y equidad, para determinar cuál de ellas facilita la evolución de la cooperación. En este caso se encontró que las dos primeras normas conducen al surgimiento de la cooperación en una amplia gama de juegos, pero las dos últimas no lo hacen por sí solas. La explicación que se presenta en el trabajo es que las conductas recíprocas sirven como amortiguadores para la población. Es decir, simultáneamente desertan con los desertores y cooperan con los cooperadores, reprimiendo a los primeros e impulsando a los segundos. Sin embargo, las normas de reciprocidad y equidad no pueden promover un comportamiento prosocial porque no proporcionan ningún incentivo para que las personas sean más cooperativas. 
Por un lado, este último trabajo nos indica que los castigos (reciprocidad) pueden parecer una opción a corto plazo, pero que no conducen a comportamiento cooperativista. Mientras que el primer trabajo nos señala la importancia de encontrar situaciones donde la población en su conjunto pueda interaccionar de manera periódica para conocerse y ser proclive a manifestar el comportamiento cooperativista.
Es cierto estos dos trabajos no abonan directamente al entendimiento del proceso que en muchas partes del mundo conduce a los populismos, pero considero que al valorar las enseñanzas de los modelos matemáticos de los comportamientos sociales nos da ciertos indicios para definir acciones concretas y evitar que el egoísmo inunde nuestras actividades.

Este artículo fue publicado el día 31 de enero en el periódico La Unión de Morelos

miércoles, 5 de mayo de 2021

Comportamiento cooperativo, nuestra respuesta para el regreso del aislamiento del COVID-19

Con la vacunación para contender contra la COVID-19 a las personas que laboran en el sector educativo se está planeando el regreso de la población infantil, adolescente y universitaria a las actividades presenciales. Estamos a punto de iniciar una nueva forma de interaccionar en nuestros entornos cercanos. La COVID-19 nos obligó a cambiar por más de un año nuestras actividades, por un lado enfatizó nuestro aspecto egoísta al mismo tiempo que fomentaba nuestro comportamiento cooperativista. 
Me parece que tengo que explicar la frase anterior que parece contradictoria. El comportamiento, egoísta se observa en la reclusión que pudimos hacer quienes pudimos trabajar desde nuestro domicilio, sin importar lo que pudiera pasar fuera de nuestro entorno. Sin embargo, nuestro comportamiento cooperativista se manifestó de diferentes formas, al realizar compras en los comercios locales, al resguardarnos al menor síntoma de enfermedad respiratoria o al usar el cubrebocas. La población en conjunto tuvo en mayor o menor medida este tipo de actitudes.
La pregunta ahora es ¿cómo debe ser nuestro comportamiento en el regreso a las actividades presenciales? 
En esta serie de escritos he mencionado con anterioridad el “Dilema de prisionero” como un artilugio matemático para, de una manera simple, representar lo complejo del comportamiento humano. Este modelo fue empleado por Robert Axelrod para analizar la evolución del comportamiento cooperativista en la población humana[1]. Recordemos en una manera resumida este dilema: La policía arresta a dos personas y los acusa de cometer un delito. No hay pruebas suficientes para condenarlas, parece son inocentes, y, tras haberlas separado, se les interroga por separado y se les ofrece el mismo trato. Si una delata y la otra no, el que no delató será condenada a la pena de tres años, y la delatora será liberada. Si ambas delatan, ambas serán condenadas a dos años. Si ambas no delatan serán encerradas solamente seis meses. Claramente, el comportamiento egoísta prefiere delatar; sin embargo, si ambas delatan desde el punto de vista colectivo es la peor respuesta, ya que en total la sociedad pierde cuatro años de actividades de una persona, dos de cada una en la cárcel; pero ambas ganan ya solo tienen dos años. En cambio, si este juego es realizado muchas veces, es decir, se hace iterativamente, se encuentra que un comportamiento cooperativista donde ninguno delata es el que produce bienestar social, ya que solamente serán encarceladas 1 año (6 meses cada una), es decir, la sociedad gana totalmente con un comportamiento cooperativista. Este experimento se ha realizado a manera de juego tanto de forma presencial como en su versión computacional. Este modelo data ya desde mediados del siglo pasado y ha sido frecuentemente utilizado para análisis conductuales y hoy nos puede ilustrar la forma en la que debemos regresar a las actividades presenciales en diferentes entornos.
Uno de los principales retos en el esclarecimiento del comportamiento de las personas radica en poder distinguir cuando se transita de un comportamiento intuitivo de cooperación a un comportamiento intencional de cooperación. El primero, no requiere de información y conocimiento, el segundo se basa en razonamientos y reflexiones explícitas sobre el conocimiento de la situación. Es, precisamente, el comportamiento cooperativo basado en el conocimiento en el que debemos basar nuestro actuar en el regreso.
Recientemente, se publicó un trabajo precisamente sobre la transición entre un comportamiento altruista intuitivo y otro de deliberada racionalidad cooperativista. Este estudio realizado por R. Gallotti y J. Grujic se publicó en 2019 en formato de acceso abierto. En él se encontró, que aunque en la fase inicial del problema, el comportamiento intuitivo predomina muy rápidamente; mientras que la solución basada en la deliberación racional se vuelve predominante hacia la cooperación con la repetición del dilema, es decir con el tiempo. Esta transición se basa en el fomento para las acciones cooperativistas y las retroalimentaciones negativas por el actuar egoísta. El proceso de aprendizaje basado en las pruebas de los resultados positivos hacia el cooperativismo es crucial, es decir, el reforzamiento hacia la cooperación debe ser constante.
De esta manera, es muy importante que en nuestro actuar cotidiano empecemos a fomentar con retroalimentación positiva hacia el comportamiento cooperativista de nuestro entorno. 
Efectivamente, en nuestro próximo retorno a un accionar presencial con mayor número de personas, tenemos la oportunidad de transformar el comportamiento de quienes nos rodean hacia las acciones que beneficien en forma colectiva a nuestra comunidad. Con este proceder estaremos cediendo algunos beneficios a cambio de cosechar beneficios compartidos mayores. 

[1] Axelrod, Robert (2006), The Evolution of Cooperation, Perseus Books Group, ISBN 0-465-00564-0

Este artículo fue publicado el día 5 de mayo en el periódico la Unión de Morelos.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Altruismo, comportamiento ético e impuestos

Una de las características de la sociedad humana es que sus miembros cooperan para satisfacer sus necesidades. Esta característica ha sido enfatizada por algunos y despreciada por otros. Aquí, en estos escritos, hemos invocado que para lograr un desarrollo sustentable se tiene que fomentar el altruismo entre los miembros de la sociedad.
Recientemente leí un artículo (PLoS One. 2012; 7(8): e43294) donde se comenta que el comportamiento altruista varía en diferentes poblaciones humanas y esta variación probablemente se explica por la variación en el contexto económico de las poblaciones. En particular analiza las características socio-económicas a nivel de región que determinan los niveles de altruismo que se encuentran en las personas que viven en esa región. Esto lo analizaron mediante un experimento sencillo con una carta “perdida”. Estudiaron el comportamiento de las personas de diferentes regiones al encontrar un carta tirada en el piso con la dirección visible. Este estudio se realizó en la ciudad de Londres, Gran Bretaña. Los resultados mostraron un fuerte correlación entre el comportamiento no altruista y la pobreza del barrio donde se efectuó el experimento. En concreto se encontró que las cartas “perdidas” en los barrios pobres tenían un 91% menos probabilidades de ser entregadas a sus destinatarios que las cartas que se “perdieron” en los barrios más ricos. Con este estudio se pretende mostrar que las personas que viven en los barrios pobres son menos altruistas que los individuos que viven en los barrios más ricos. Sin embargo, en el estudio no fueron capaces de identificar las características específicas que causaron este comportamiento y por lo tanto la simple correlación no puede establecer una relación de causa efecto.
Este crudo resultado parece contrastar con aquel que comentamos hace algunos meses, cuando compartimos el hecho que la población con mayor nivel económico es más propensa a tener comportamiento no ético.
Sin embargo debemos notar la diferencia entre comportamiento altruista (diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio) y comportamiento no ético (romper explícitamente alguna regla de convivencia social). Claramente, el tomar un objeto que no es de uno tiene una connotación diferente a la de actuar para regresar un objeto a su dueño. El primero toma el objeto para su uso por parte de la persona que lo toma; mientras que el segundo lo abandona y no lo usa.
Podemos seguir comentando ambos estudios, pero considero más importante reflexionar sobre estos aspectos en estos días de fiestas navideñas.
Quiero llamar la atención sobre un punto que hemos mencionado varias veces en esta columna, sobre los llamados impuestos y que en ocasiones se les puede llamar contribuciones del individuo para la comunidad, estas contribuciones tienen una parte altruista y otra parte ética.
Para ello tomaré los datos reportados por la (OCDE). En nuestro país tenemos el no grato privilegio de ser el último país en la lista de la OCDE de pago de impuestos y al mismo tiempo ser uno de los países de este grupo con mayor desigualdad en el bienestar social.
Según estos datos estadísticos tenemos que el impuesto como porcentaje del PIB en México fue el más bajo entre los países de la OCDE entre 2010 y 2012, es más este porcentaje está muy por debajo del promedio de la OCDE desde el año 2000. Ha tenido un comportamiento oscilante ya que este cociente se incrementó de 16.9 % en 2000 a 20.9% en 2008; sin embargo cayó abruptamente al 17.4 % en 2009 para luego de comenzar a subir de nuevo al 19.6 % en 2012. Estas cifras están alrededor de 14 puntos porcentuales por debajo de la medida de la OCDE de 34.1 %.
Las principales observaciones para nuestro país por parte de la OCDE son que: Los ingresos por impuestos sobre la renta tanto de personas como de corporativos fue de 4.6% del PIB en 2000 y 5.4 % en 2012. Esto es menos de la mitad del promedio de la OCDE de 11.4 %.
La tasa fiscal para la seguridad social se mantuvo estable en torno al 3% entre 2000 y 2010 y la medida de 2011 del 2.9 % fue muy inferior al promedio de la OCDE de 9.1 %.
La tasa impositiva sobre los bienes y servicios se estabilizó en torno al 8.9 % del PIB en 2000 al 12.4 % en 2008 . Luego volvió a caer a 10.7 % en 2011, y todo este tiempo se mantuvo por debajo del promedio de la OCDE de 11.0 %.
Los ingresos fiscales de la propiedad fueron de 0.3 % del PIB en 2011 , menos de una quinta parte de la media de la OCDE del 1.8%.
Estos datos lo único que nos auguran es que la desigualdad en el bienestar social se incrementará de no revertir la actual tendencia a recaudar muy poco por parte del gobierno. Esto sin contar que se debe propugnar por un uso ético de los recursos que se entregan al gobierno como parte del pago de impuestos.
Estoy convencido que debemos contribuir para el bienestar social y nuestra percepción de esta situación tiene que cambiar.
Por supuesto, invito a colegas científicos y a actores de la sociedad a generar conocimiento relativo a nuestro comportamiento altruista y ético en nuestro entorno. Debemos conocernos mejor.

Este artículo fue publicado el día 18 de Diciembre

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Sobre el prejuicio del comportamiento ético de los ricos.

Al ver el título de un artículo sobre el comportamiento no ético de las personas con altos ingresos recordé con coraje una situación de hace como treinta años. Al viajar en autobús de la ciudad de México a Tijuana, nos revisaron en la garita de Sonoita y los oficiales de migración pusieron especial atención a mi tocayo: un artesano nayarita que iba a vender sus pinturas en amate. Moreno y con su vestimenta tradicional blanca y cargado de coloridos dibujos sobre lienzos sepias, Antonio fue cuestionado y revisado de pies a cabeza, mientras que otros pasajeros y yo solamente fuimos interrogados con la frase: ¿de dónde eres? ¿a qué vas a Tijuana? En cambio, mi tocayo fue separado, registrado y solamente después de una ardua y minuciosa revisión de su persona y sus pertenencias fue devuelto al autobús.
Claramente esa actitud de los oficiales de migración es similar a la de muchos de nosotros cuando tenemos prejuicios sobre el comportamiento ético de individuos en condiciones de pobreza.
También quiero comentar que caminé tranquilamente por las calles de Puerto Príncipe, Haití, uno de los países más pobres del mundo y disfruté el compartir el conocimiento con los haitianos en la Universidad Estatal de Haití. La convicción de compartir el conocimiento sobre fuentes renovables de energía me han permitido tener relaciones con muchas personas en diferentes condiciones y siempre el bienestar común a prevalecido.


Sin embargo, en esta ocasión quiero comentar los hallazgos de ese estudio que me llamó la atención y que fue publicado recientemente en una de las revistas científicas de más prestigio internacional que concluye: La pertenencia a una clase social alta predice un aumento en la posibilidad de exhibir un comportamiento poco ético (Higher social class predicts increased unethical behavior, P.K. Piff, D. M. Stancato, S. Côté, R. Mendoza-Denton, y D. Keltner, Proc Natl Acad Sci U S A. 2012 March 13; 109 (11): 4086–4091) . Este resultado es totalmente contrario al prejuicio de muchos que inmediatamente juzgan a una persona por su vestimenta, habla o comportamiento.
En ese artículo se analizan siete estudios donde se utilizaron métodos experimentales y observaciones del comportamiento natural de diferentes personas. Estos estudios revelan que las personas de ingresos altos suelen comportarse con mayor frecuencia inmoralmente que los individuos de menores ingresos. En los estudios donde se observaba el comportamiento natural en situaciones citadinas, las personas de ingresos altos eran más propensas a violar la ley al conducir un automóvil, en comparación con los individuos de menores ingresos. En los estudios preparados en el laboratorio social, los individuos de mayores ingresos eran más propensos a: a) exhibir las tendencias de adopción de decisiones no éticas, b) tomar bienes costosos de otros, c) mentir en una negociación, d) engañar para aumentar sus posibilidades de obtener un premio, y e) avalar el comportamiento poco ético en el trabajo, que las personas de menores ingresos. En estos experimentos las bitácoras de los mediadores y moderadores, que participaron en ellos, demostraron que las tendencias contrarias a la ética de individuos de mayores ingresos obedecían, en parte, a su actitud más favorable hacia la codicia.
Este estudio buscó la respuesta a ¿Qué clase social es el origen más probable de la conducta ética, la clase alta o la clase baja? Claramente, examinar cómo la clase social se asocia con el comportamiento poco ético, o las acciones que dañan a otros y son ilegales o moralmente objetables para la comunidad, arrojaría luz sobre comportamientos proclives al engaño o violación a la ley. El prejuicio de que dado que las personas de menores ingresos viven en ambientes con menos recursos, una mayor amenaza a su supervivencia y más incertidumbre conduce a que ellas puedan estar más motivadas para comportarse de forma poco ética para aumentar sus recursos o superar su situación de desventaja, es falso.
En cambio, ese análisis encontró lo opuesto: actitudes más favorables de las personas de mayores ingresos hacia la codicia que genera una propensión hacia el comportamiento poco ético. Los resultados parecen indicar que el aumento de los recursos y la reducción de la dependencia de otros pueden dar lugar a valores sociales que hacen hincapié en la codicia como un aspecto positivo. Por otra parte, la educación individualista que se centra en la maximización del beneficio propio, puede llevar a la gente a ver la avaricia como algo positivo. Los individuos de mayores ingresos, que pueden ser más propensos a actuar como líderes en sus organizaciones, también pueden ser más propensos a haber recibido una formación orientada hacia lo económico y a trabajar en entornos que resaltan el interés individual.
El artículo no analiza las razones del comportamiento más propenso hacia el beneficio común de las clases bajas. Surgen aquí varias preguntas: ¿qué valores deben fomentarse para buscar un comportamiento ético? ¿la educación hacia la colectividad fomentará el comportamiento ético? ¿un afán cooperativista propicia el respeto a las leyes?
Ese artículo destruye un prejuicio, ¿cuántos más tendremos arraigados en nuestra sociedad? Considero importante analizar si los supuestos de nuestras conceptualizaciones resisten una revisión científica.

Una versión previa de este artículo fue publicada el día 11 de septiembre

miércoles, 12 de octubre de 2011

¿Más impuestos?

Esta semana se celebró el LVI Congreso Nacional de Física en Mérida. Estoy seguro el lector se preguntará y qué tiene que ver esto con el título: ¿Más impuestos? Pues la verdad es que muy poco. Sin embargo sirve de introducción para comentar que por esta razón estuve en Mérida y gocé del domingo ciclista en esa ciudad, renté una bicicleta y por 20 pesos anduve paseando por sus calles y avenidas. Desde las 8:00 hasta las 12:30, el Paseo Montejo, la calle 60 y 62 hasta la Ermita son peatonales. En ellas tanto los meridanos como los turistas disfrutamos de un sol tempranero y de sus calles. Vi familias completas, papás enseñando a sus hijos a andar en bicicleta, mamás o tías corriendo tras los niños que zigzagueaban con su bicis. Ancianos en bicicleta, jóvenes, muchos jóvenes en grupos. Todos disfrutábamos del paseo, recuperábamos las calles para todos y lo principal: las compartíamos. Un ejercito de estudiantes de nivel medio superior (bachillerato) cumplían su servicio social auxiliando en las tareas viales. Es más esta actividad sirve claramente para enseñar a los niños aspectos viales y de seguridad en un entorno lúdico muy similar al planteado por el pedagogo Frans Limpens. Ésta es una actividad social que se efectúa desde hace más de cinco años y que también se hace con éxito en algunas otras ciudades mexicanas, por ejemplo: Guadalajara. En Cuernavaca hay una iniciativa que propone implementar esta actividad y que ha sido del agrado de un buen sector de la población y que, en mi opinión, merece ser impulsada. Aunque debe quedarnos claro que estas actividades sociales no pueden ser la solución a los problemas económicos, sociales y ambientales; ya que antes la gente debe poder comprarse su bicicleta, o tener el dinero para rentarla, o tener el dinero para poder disfrutar un domingo de esparcimiento, o tener el conocimiento para elegir o tener dinero para satisfacer sus necesidades primarias. Esto no es fácil con los bajos salarios que actualmente hay en nuestro país.
Como empezarán a sospechar la mención al paseo ciclista tiene que ver con actividades cooperativistas, ya que en principio las avenidas fueron pavimentadas para el uso de automóviles, pero el sacrificio de algunos será recompensado con creces para ellos mismos y para la sociedad. Sucede que las ventas de los comercios aledaños al paseo aumentan y que grandes empresas contratan a promotores para hacer campañas de publicidad, se tiene un foro “gratuito” para hacer campañas publicitarias (por supuesto también electorales) y muchas otras cosas más. En resumen el paseo ciclista es una analogía, con las bondades y limitaciones de todas ellas, de una forma de cooperar en todos aspectos y regresando al título, en mi opinión, los impuestos son contribuciones.
La semana pasada planteé el problema del pago de impuestos en el contexto de la cooperación. Comenté a cerca del dilema del prisionero que implica el no perder más con tal que nuestro semejante tampoco pierda mucho. Por claridad planteo nuevamente el problema: La policía arresta a dos personas y los acusa de cometer un delito. No hay pruebas suficientes para condenarlos y, tras haberlos separado, se interroga a cada uno y se les ofrece el mismo trato. Si uno delata y el otro no, el que no delató será condenado a la pena de diez años, y el delator será liberado. Si ambos delatan, ambos serán condenados a seis años. Si ambos no delatan serán encerrados solamente seis meses. Claramente, si el dilema se presenta una vez: un razonamiento simple indica que lo mejor es delatar, sin embargo desde el punto de vista colectivo esta respuesta es la peor, ya que en total la sociedad pierde 12 años, 6 de cada uno en la cárcel; pero ambos ganan ya que cada persona será encarcelada solamente 6 años. Sin embargo si se sabe que se jugará muchas veces, y que la otra persona puede cambiar de estrategia, entonces el comportamiento cooperativo es el adecuado: no delatar. Lo podemos razonar en el sentido que la otra persona también entenderá el juego y no delatará con lo cuál todos saldrán ganando (ver el comentario de Checo en el artículo anterior).
Esto se puede asociar con los impuestos. Sin embargo, el nombre mismo de impuestos nos aleja de su afán cooperativista y nos indica un marco dictatorial. En español la palabra proviene de imponer y que se exige por la fuerza, de ahí las amenazas de “Lolita”. La palabra en francés tiene similares orígenes. En Inglés la palabra tax proviene de estimar la riqueza de alguien, más cercana a tasar en español. Mi ignorancia se muestra al no saber la correspondiente palabra en nahuatl, quizás algún lector me podría enseñar esto. En resumen, si consideramos que el llamado impuesto es una contribución del individuo a la sociedad, el concepto de cooperar se recupera. De niño cuando iba con mi madre a pagar las contribuciones (impuesto predial) y hacíamos largas colas para hacer los pagos anuales, y gozar del descuento, entendía que era nuestro aporte a la ciudad donde vivíamos y me parecía razonable. Considero que ésta es la forma en que deberíamos ver a los llamados impuestos, como nuestra contribución a las tareas que convienen a la sociedad. Es así como entiendo el llamado de muchos como Warren Buffett y Helle Thorning-Schmidt para fomentar el pago de más contribuciones (impuestos). Creo importante hacer referencia a la llamada izquierda darwinista definida por Peter Singer quien considera que la sociedad ahora tiene el compromiso de entender su presencia y su capacidad de cambiar las interacciones entre los ámbitos ecológicos, sociales y económicos con un afán cooperativista; y algunos pensamos que esto es posible a través de las instituciones y el conocimiento y su aplicación: la tecnología que será la forma de resolver los antagonismos con este afán. Coincido con Natalia (comentario artículo anterior), y ya abundaremos en esto último.
Una versión resumida de este artículo fue publicada el día 12 de Octubre