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miércoles, 18 de diciembre de 2013

Altruismo, comportamiento ético e impuestos

Una de las características de la sociedad humana es que sus miembros cooperan para satisfacer sus necesidades. Esta característica ha sido enfatizada por algunos y despreciada por otros. Aquí, en estos escritos, hemos invocado que para lograr un desarrollo sustentable se tiene que fomentar el altruismo entre los miembros de la sociedad.
Recientemente leí un artículo (PLoS One. 2012; 7(8): e43294) donde se comenta que el comportamiento altruista varía en diferentes poblaciones humanas y esta variación probablemente se explica por la variación en el contexto económico de las poblaciones. En particular analiza las características socio-económicas a nivel de región que determinan los niveles de altruismo que se encuentran en las personas que viven en esa región. Esto lo analizaron mediante un experimento sencillo con una carta “perdida”. Estudiaron el comportamiento de las personas de diferentes regiones al encontrar un carta tirada en el piso con la dirección visible. Este estudio se realizó en la ciudad de Londres, Gran Bretaña. Los resultados mostraron un fuerte correlación entre el comportamiento no altruista y la pobreza del barrio donde se efectuó el experimento. En concreto se encontró que las cartas “perdidas” en los barrios pobres tenían un 91% menos probabilidades de ser entregadas a sus destinatarios que las cartas que se “perdieron” en los barrios más ricos. Con este estudio se pretende mostrar que las personas que viven en los barrios pobres son menos altruistas que los individuos que viven en los barrios más ricos. Sin embargo, en el estudio no fueron capaces de identificar las características específicas que causaron este comportamiento y por lo tanto la simple correlación no puede establecer una relación de causa efecto.
Este crudo resultado parece contrastar con aquel que comentamos hace algunos meses, cuando compartimos el hecho que la población con mayor nivel económico es más propensa a tener comportamiento no ético.
Sin embargo debemos notar la diferencia entre comportamiento altruista (diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio) y comportamiento no ético (romper explícitamente alguna regla de convivencia social). Claramente, el tomar un objeto que no es de uno tiene una connotación diferente a la de actuar para regresar un objeto a su dueño. El primero toma el objeto para su uso por parte de la persona que lo toma; mientras que el segundo lo abandona y no lo usa.
Podemos seguir comentando ambos estudios, pero considero más importante reflexionar sobre estos aspectos en estos días de fiestas navideñas.
Quiero llamar la atención sobre un punto que hemos mencionado varias veces en esta columna, sobre los llamados impuestos y que en ocasiones se les puede llamar contribuciones del individuo para la comunidad, estas contribuciones tienen una parte altruista y otra parte ética.
Para ello tomaré los datos reportados por la (OCDE). En nuestro país tenemos el no grato privilegio de ser el último país en la lista de la OCDE de pago de impuestos y al mismo tiempo ser uno de los países de este grupo con mayor desigualdad en el bienestar social.
Según estos datos estadísticos tenemos que el impuesto como porcentaje del PIB en México fue el más bajo entre los países de la OCDE entre 2010 y 2012, es más este porcentaje está muy por debajo del promedio de la OCDE desde el año 2000. Ha tenido un comportamiento oscilante ya que este cociente se incrementó de 16.9 % en 2000 a 20.9% en 2008; sin embargo cayó abruptamente al 17.4 % en 2009 para luego de comenzar a subir de nuevo al 19.6 % en 2012. Estas cifras están alrededor de 14 puntos porcentuales por debajo de la medida de la OCDE de 34.1 %.
Las principales observaciones para nuestro país por parte de la OCDE son que: Los ingresos por impuestos sobre la renta tanto de personas como de corporativos fue de 4.6% del PIB en 2000 y 5.4 % en 2012. Esto es menos de la mitad del promedio de la OCDE de 11.4 %.
La tasa fiscal para la seguridad social se mantuvo estable en torno al 3% entre 2000 y 2010 y la medida de 2011 del 2.9 % fue muy inferior al promedio de la OCDE de 9.1 %.
La tasa impositiva sobre los bienes y servicios se estabilizó en torno al 8.9 % del PIB en 2000 al 12.4 % en 2008 . Luego volvió a caer a 10.7 % en 2011, y todo este tiempo se mantuvo por debajo del promedio de la OCDE de 11.0 %.
Los ingresos fiscales de la propiedad fueron de 0.3 % del PIB en 2011 , menos de una quinta parte de la media de la OCDE del 1.8%.
Estos datos lo único que nos auguran es que la desigualdad en el bienestar social se incrementará de no revertir la actual tendencia a recaudar muy poco por parte del gobierno. Esto sin contar que se debe propugnar por un uso ético de los recursos que se entregan al gobierno como parte del pago de impuestos.
Estoy convencido que debemos contribuir para el bienestar social y nuestra percepción de esta situación tiene que cambiar.
Por supuesto, invito a colegas científicos y a actores de la sociedad a generar conocimiento relativo a nuestro comportamiento altruista y ético en nuestro entorno. Debemos conocernos mejor.

Este artículo fue publicado el día 18 de Diciembre

miércoles, 11 de enero de 2012

Utopía o realismo

Las últimas dos semanas he comentado sobre la conjetura que a mayor educación las posibilidades de conseguir empleo son mayores y que en los últimos 11 años la tasa de desempleo se ha duplicado de acuerdo con datos del INEGI. Este día lunes el antiguo Secretario de Hacienda, José Angel Gurría, actual Secretario General de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) comentó, en la ciudad de Chihuahua, que México requiere crear más de un millón de empleos para empezar a consolidar el crecimiento económico. A su vez, Felipe Calderón declaró hace una semana que en 2011 se crearon algo más de 500 mil empleos. El pronostico de José A. Gurría es que en 2012 se generarán aproximadamente este mismo número de empleos. Esta noticia es muy triste, ya que continuamos dejando sin posibilidades de trabajo cada vez a un mayor número de mexicanos. Esto a nadie beneficia. Insistimos en que la actual política económica de los últimos 11 años ha incrementado el desempleo y por lo tanto la pobreza; aunque los parámetros macroeconómicos indican una economía “sana”. Como físico conozco que los parámetros termodinámicos no reflejan el estado individual de todas las partículas de un sistema. Con esto quiero remarcar que aunque los indicadores económicos dicen que la economía mexicana tiene valores promedio equivalentes a muchos otros países, la situación de la mayoría de los mexicanos está muy lejana a la correspondiente a los ciudadanos de esos países. Es bien conocido que la distribución de la riqueza en la mayoría de los sistemas sociales no es la distribución normal o gaussiana, sino obedece una relación de Pareto. En mi opinión, esta distribución no es la adecuada para conseguir el desarrollo sustentable, solamente indica que unos pocos tienen mucho y muchos tienen muy poco. Esta situación es inestable y lleva a cambios bruscos y a tensiones entre la sociedad o a crisis periódicas similares a las que vivimos actualmente.
Quizá los parámetros macroeconómicos sean los adecuados para mantener el grado de inversión del país, pero los mismos inversionistas sufren los estragos de la disparidad entre la distribución de la riqueza en México.
Esta semana estuve platicando con un exitoso empresario morelense que ha tenido que huir a vivir a otro país por la inseguridad que estamos viviendo, aunque continua con sus inversiones en el Estado de Morelos. Claramente él tiene las posibilidades de vivir en otro lado con su familia, sin embargo no puede disfrutar de México. Quizá se deba preguntar ¿qué sucedería si mis empleados ganaran más? Esta es una pregunta directa, cruda y que no puede ser contestada fácilmente, ya que requiere de analizar el contexto y múltiples variables y situaciones. Es más, esta pregunta individualizada admite solo una contundente respuesta: nada. Sin embargo, al colectivizarla, al hacerla a todos los empresarios y ampliarla a todos los sectores sociales, al gobierno, al sector educativo, al sector agropecuario, etc., es decir al preguntarnos ¿qué pasaría si todos los empleados ganaran más dinero? daríamos lugar a una reflexión que puede ayudarnos a resolver la intrincada problemática económico social y ambiental a la que nos enfrentamos. En mi opinión, la respuesta sería que los empresarios podrían ver disminuidas sus ganancias inmediatas; pero a largo plazo se activaría el mercado interno y habría más ventas y por lo tanto ganancias a largo plazo y viviríamos en una sociedad más segura. Esta reflexión puede recordar a los llamados socialistas utópicos o a la reciente izquierda darwinista (darwinian left) que plantea la importancia de definir políticas económicas de largo plazo, con las que se puedan sobrepasar las contradicciones entre los intereses económicos, ambientales y sociales; es decir hablar de políticas para el bien común.
En los últimos estudios sobre sistemas biológicos que he emprendido, me he convencido que estos sistemas operan a máxima potencia, lo que indica que buscan usar la mayor cantidad de energía o de suministros para aumentar a toda costa su población; la mayoría de las veces en contra de su propia existencia. Lo mismo parece suceder con los sistemas sociales y económicos, por ejemplo, las empresas usualmente pretenden obtener el máximo beneficio en el menor tiempo posible, esto incluso en contra de su existencia en el largo plazo.
Solamente el hecho de conocer esta forma natural de operar de los sistemas biológicos, hecho que nos hace diferente a los otros organismos vivos, es lo que puede cambiar la situación de agotamiento de los recursos naturales y sociales por parte de las actividades humanas. Es decir, ahora tenemos que cambiar esa forma natural de proceder y utilizar una forma racional que genere un desarrollo sustentable.
Esto puede ser una utopía o un realismo para nuestra existencia.

Una versión de este artículo fue publicado el 11 de enero.

miércoles, 12 de octubre de 2011

¿Más impuestos?

Esta semana se celebró el LVI Congreso Nacional de Física en Mérida. Estoy seguro el lector se preguntará y qué tiene que ver esto con el título: ¿Más impuestos? Pues la verdad es que muy poco. Sin embargo sirve de introducción para comentar que por esta razón estuve en Mérida y gocé del domingo ciclista en esa ciudad, renté una bicicleta y por 20 pesos anduve paseando por sus calles y avenidas. Desde las 8:00 hasta las 12:30, el Paseo Montejo, la calle 60 y 62 hasta la Ermita son peatonales. En ellas tanto los meridanos como los turistas disfrutamos de un sol tempranero y de sus calles. Vi familias completas, papás enseñando a sus hijos a andar en bicicleta, mamás o tías corriendo tras los niños que zigzagueaban con su bicis. Ancianos en bicicleta, jóvenes, muchos jóvenes en grupos. Todos disfrutábamos del paseo, recuperábamos las calles para todos y lo principal: las compartíamos. Un ejercito de estudiantes de nivel medio superior (bachillerato) cumplían su servicio social auxiliando en las tareas viales. Es más esta actividad sirve claramente para enseñar a los niños aspectos viales y de seguridad en un entorno lúdico muy similar al planteado por el pedagogo Frans Limpens. Ésta es una actividad social que se efectúa desde hace más de cinco años y que también se hace con éxito en algunas otras ciudades mexicanas, por ejemplo: Guadalajara. En Cuernavaca hay una iniciativa que propone implementar esta actividad y que ha sido del agrado de un buen sector de la población y que, en mi opinión, merece ser impulsada. Aunque debe quedarnos claro que estas actividades sociales no pueden ser la solución a los problemas económicos, sociales y ambientales; ya que antes la gente debe poder comprarse su bicicleta, o tener el dinero para rentarla, o tener el dinero para poder disfrutar un domingo de esparcimiento, o tener el conocimiento para elegir o tener dinero para satisfacer sus necesidades primarias. Esto no es fácil con los bajos salarios que actualmente hay en nuestro país.
Como empezarán a sospechar la mención al paseo ciclista tiene que ver con actividades cooperativistas, ya que en principio las avenidas fueron pavimentadas para el uso de automóviles, pero el sacrificio de algunos será recompensado con creces para ellos mismos y para la sociedad. Sucede que las ventas de los comercios aledaños al paseo aumentan y que grandes empresas contratan a promotores para hacer campañas de publicidad, se tiene un foro “gratuito” para hacer campañas publicitarias (por supuesto también electorales) y muchas otras cosas más. En resumen el paseo ciclista es una analogía, con las bondades y limitaciones de todas ellas, de una forma de cooperar en todos aspectos y regresando al título, en mi opinión, los impuestos son contribuciones.
La semana pasada planteé el problema del pago de impuestos en el contexto de la cooperación. Comenté a cerca del dilema del prisionero que implica el no perder más con tal que nuestro semejante tampoco pierda mucho. Por claridad planteo nuevamente el problema: La policía arresta a dos personas y los acusa de cometer un delito. No hay pruebas suficientes para condenarlos y, tras haberlos separado, se interroga a cada uno y se les ofrece el mismo trato. Si uno delata y el otro no, el que no delató será condenado a la pena de diez años, y el delator será liberado. Si ambos delatan, ambos serán condenados a seis años. Si ambos no delatan serán encerrados solamente seis meses. Claramente, si el dilema se presenta una vez: un razonamiento simple indica que lo mejor es delatar, sin embargo desde el punto de vista colectivo esta respuesta es la peor, ya que en total la sociedad pierde 12 años, 6 de cada uno en la cárcel; pero ambos ganan ya que cada persona será encarcelada solamente 6 años. Sin embargo si se sabe que se jugará muchas veces, y que la otra persona puede cambiar de estrategia, entonces el comportamiento cooperativo es el adecuado: no delatar. Lo podemos razonar en el sentido que la otra persona también entenderá el juego y no delatará con lo cuál todos saldrán ganando (ver el comentario de Checo en el artículo anterior).
Esto se puede asociar con los impuestos. Sin embargo, el nombre mismo de impuestos nos aleja de su afán cooperativista y nos indica un marco dictatorial. En español la palabra proviene de imponer y que se exige por la fuerza, de ahí las amenazas de “Lolita”. La palabra en francés tiene similares orígenes. En Inglés la palabra tax proviene de estimar la riqueza de alguien, más cercana a tasar en español. Mi ignorancia se muestra al no saber la correspondiente palabra en nahuatl, quizás algún lector me podría enseñar esto. En resumen, si consideramos que el llamado impuesto es una contribución del individuo a la sociedad, el concepto de cooperar se recupera. De niño cuando iba con mi madre a pagar las contribuciones (impuesto predial) y hacíamos largas colas para hacer los pagos anuales, y gozar del descuento, entendía que era nuestro aporte a la ciudad donde vivíamos y me parecía razonable. Considero que ésta es la forma en que deberíamos ver a los llamados impuestos, como nuestra contribución a las tareas que convienen a la sociedad. Es así como entiendo el llamado de muchos como Warren Buffett y Helle Thorning-Schmidt para fomentar el pago de más contribuciones (impuestos). Creo importante hacer referencia a la llamada izquierda darwinista definida por Peter Singer quien considera que la sociedad ahora tiene el compromiso de entender su presencia y su capacidad de cambiar las interacciones entre los ámbitos ecológicos, sociales y económicos con un afán cooperativista; y algunos pensamos que esto es posible a través de las instituciones y el conocimiento y su aplicación: la tecnología que será la forma de resolver los antagonismos con este afán. Coincido con Natalia (comentario artículo anterior), y ya abundaremos en esto último.
Una versión resumida de este artículo fue publicada el día 12 de Octubre

miércoles, 5 de octubre de 2011

¿Subir impuestos?

Hace unas dos semanas me llamó la atención la noticia de que Helle Thorning-Schmidt, lideresa del partido social demócrata danés ganó las elecciones con la propuesta de aumentar en 1% del PIB los impuestos. Hace casi un año Warren Buffett, jefe y director general (Chairman and CEO) de Berkshire Hathaway Inc. (compañía que comercializa desde la venta de joyería hasta la fabricación de ladrillos y seguros y reaseguros), propuso que los ricos pagaran más impuestos, noticia que también me invitó a la reflexión. Es más el actual Secretario de Hacienda de México se opone a bajar los impuestos. Sin embargo, los empresarios en general piden se disminuyan los impuestos y la clase media ve en los impuestos una carga innecesaria. Es decir parece que tenemos dos ideas en juego: la cooperativista o la individualista .
El tipo de ideas cooperativistas vienen desde hace mucho tiempo, por ejemplo Tomás Moro propuso una sociedad ideal donde se convivía en armonía y los bienes serían comunes. Pero no voy aquí a hacer un recuento histórico, solamente quiero apuntar que la idea de una sociedad ideal basada en el compartir tiene un origen muy antiguo, incluso desde los griegos.
Efectivamente, el cobrar más impuestos tiene el objetivo de compartir. La sospecha que muchas personas han tenido a lo largo de la historia, en el sentido de que el compartir puede generar una sociedad justa y por lo tanto segura parece idealista. Sin embargo, creo importante mencionar que las matemáticas y las computadoras nos han permitido hacer algunas simulaciones que son muy interesantes en el análisis de los aspectos del compartir, también llamado altruismo social o cooperativismo. Lo importante con las simulaciones computacionales es analizar las diferentes actitudes, digamos la cooperativa o la individualista y observar cuál es el resultado final tanto para el individuo como para un conjunto de individuos, es decir para una sociedad.
El punto de vista individualista fomenta la competencia y pretende obtener el máximo beneficio en el menor tiempo posible. Desde mi punto de vista, esto es lo que toda empresa y todo ser vivo busca: el máximo beneficio en el menor tiempo posible. Podemos citar algunos ejemplos: una población de bacterias en un reactor donde se les suministre alimento ilimitado tenderá a crecer sin límite, lo mismo hará una empresa extractora de petróleo o de algún mineral, lo tratará de extraer lo más rápido posible para obtener el mayor beneficio. Sin embargo, si el alimento de las bacterias se limita, su población no podrá crecer infinitamente y, si se agota seguramente morirá. Lo mismo le pasará a la empresa minera cuando se agote la veta del mineral. Cuando analizamos estas situaciones y vemos que ni las bacterias ni las empresas están aisladas, sino que interaccionan con otras empresas o con otros seres vivos o que pretendan un desarrollo a largo plazo, notamos que existe la competencia por los recursos y los comportamientos deberían cambiar. Actualmente se dice que las empresas deben estar en libre competencia y esto se asocia con una burda explicación de la sobrevivencia del más fuerte, que quede claro que esto no es lo que decía Charles Darwin, es una sobresimplificación de la Teoría de la Evolución. Ya hasta los economistas neoliberales están empezando a revisar las supuestas bondades de la libre competencia y están concluyendo que ciertas normas regulatorias son necesarias para el buen funcionamiento de la economía.
Como ya mencioné, este debate entre la cooperación y la competencia a ultranza puede ser analizado usando herramientas matemáticas y computacionales. El dilema del prisionero es un modelo matemático desarrollado para estudiar las bondades o desventajas de actitudes cooperativistas o de competencia. El problema es el siguientes: La policía arresta a dos personas y los acusa de cometer un delito. No hay pruebas suficientes para condenarlos y, tras haberlos separado, se interroga a cada uno y se les ofrece el mismo trato. Si uno delata y el otro no, el que no delató será condenado a la pena de diez años, y el delator será liberado. Si ambos delatan, ambos serán condenados a seis años. Si ambos no delatan serán encerrados solamente seis meses. Claramente, el comportamiento competitivo indica que lo mejor es delatar, sin embargo desde el punto de vista colectivo esta respuesta es la peor, ya que en total la sociedad pierde 12 años, 6 de cada uno en la cárcel; pero ambos ganan ya que Pedro y Juan serán encarcelados solamente 6 años. En cambio si este juego es realizado muchas veces, es decir se hace iterativamente, se encuentra que un comportamiento cooperativista donde ninguno delata es el que produce bienestar, ya que solamente serán encarcelados 1 año (6 meses cada uno), es decir la sociedad gana. Este experimento fue realizado con ayuda de computadoras.
Todos los días y en muchos momentos tenemos dilemas similares: al conducir un automóvil y llegar a un crucero donde la señal roja indica alto, si observamos que no viene carro en el sentido del siga se podría optar por pasarse la señal de alto, pero eso sabemos los posibles riesgos: una colisión como resultado. Podría relatar muchos ejemplos.
Notemos que nuestro comportamiento individualista se sustenta en el hecho de que no conocemos si los recursos son limitados o si solamente tendremos que elegir una vez; sin embargo, si disponemos de información, conocimiento y deseamos un beneficio a largo plazo la opción cooperativista es la que produce bienestar a un mayor número de personas y por un mayor tiempo. de aquí mi insistencia de que debemos promover la cultura científica y recuperar el conocimiento tradicional.
En mi opinión, el comportamiento cooperativista está muy relacionado con el desarrollo sustentable, concepto que dista mucho de una ilusión idealista y que dado el conocimiento que poseemos actualmente la sociedad puede seleccionar un camino de largo plazo basado en ciencia y conocimiento tradicional.
Quizá todavía no tengamos una respuesta a la pregunta del título.

Una versión resumida de este artículo fue publicada el día 5 de Octubre