Hace algunas semanas que se ha lanzado una propaganda para evitar el uso de los popotes plásticos como una alternativa para disminuir la contaminación plástica que estamos ocasionando. Por supuesto, que me parece un esfuerzo que debe apoyarse; pero lo considero insuficiente. Claramente, al no usar los popotes disminuimos la contaminación; pero el resultado es mínimo.
Una alternativa mayúscula sería reciclar todos los artefactos de plásticos que utilizamos; pero esta alternativa no es realmente viable. El problema radica en que la mayoría de los plásticos son muy baratos y con ellos podemos transportar fácilmente objetos, líquidos o productos. Los costos asociados a estas bolsas o estos envases son mínimos y no compiten con los reusables. La opción de reciclaje es importante; pero no es fácil reciclar los plaśticos. Una de las dificultades reside en que hay diversos tipos de plásticos y aunque la mayoría de los productos están clasificados no siempre el reciclado puede ser completo.
En particular, los símbolos triangulares con números que encontramos en la mayoría de los plásticos indican el tipo de plástico y con ello la temperatura y proceso de reciclamiento. En general se identifican siete tipos de ellos y con ello sabemos que una planta recicladora de plásticos completa debe implementar los siete procesos. Claramente, esta situación incrementa la inversión necesaria para establecer una industria recicladora de plásticos. Además, debemos considerar que los costos de transporte de estos plásticos ya usados se incluye generalmente en la parte del reciclado, incrementando con ello su costo. Si verdaderamente el primer usuario le transmite el costo del reciclado a quien desea reciclarlo y no paga por hacer uso de ese plástico que contaminará el entorno de todos nosotros. De esta manera, los costos del primer uso de plásticos desechables no se asocian con estos primeros usuarios sino con los que desean remediar el problema.
Esta última situación dificulta el reciclado, sería diferente si todo usuario de plásticos pagara por el proceso de reciclamiento, esto debe ser incluido en el primer uso.
Sin embargo, debemos ser claros y no pensar solamente en el proceso de remediación de la contaminación. Desde mi perspectiva, lo más importante es evitar esa contaminación. Así, que evitar el uso de plásticos desachables es una de las acciones realmente efectivas para evitar la contaminación plástica que estamos sufriendo.
El verdadero problema es que los productos desechables de plástico -como las bolsas de supermercado, que usamos durante un promedio de 12 minutos, pero puede persistir en el medio ambiente durante medio milenio- son un abuso de las posibilidades tecnológicas que hemos desarrollado. Para mi es claro que durante la mitad del siglo pasado, cuando se desarrolló la tecnología para producir plásticos, no se vislumbraban las posibilidades de ocasionar daños a los ecosistemas con ellos. Hoy estamos en un punto donde se debe considerar que la producción masiva de plástico desechables debería haberse evitado en lugar de promoverse.
Con esta problemática encontré en el bolg de la revista electrónica Scientific American un artículo escrito por Matt Wilkinson donde reflexiona y propone tres acciones para asumir la responsabilidad del uso de los plásticos.
Primero: asumir que las personas somos los responsables del desastre ecológico global causado por los plásticos. Nuestro gran problema con el plástico es el resultado de un marco legal que no contempla asociar los costos de los productos a quienes realmente los usan. Además de que reciclar también es muy difícil en la mayoría de los Estados Unidos y carece de los incentivos adecuados para que funcione bien.
Segundo: Promover discusiones sobre el tema con los miembros de su familia y amigos para tomar conciencia de nuestras decisiones al usar o no los plásticos desechables, como los popotes. Solicitar a nuestros legisladores locales y federales para que respalden las leyes que implanten costos reales a bolsas de plástico y, con ello, se genere una mayor responsabilidad sobre su uso y se promueva la reutilización y el reciclaje.
Tercero: Pensar en grande y en lugar de proponer acciones para reducir en una pequeña fracción el problema de los plásticos desechables, promover cambios en el estilo de vida para asegurarse de que casi todo se reutilice, recicle o composte.
Una mejor alternativa sería promover el modelos de economía circular, donde los desechos se minimizan al planificar cómo los productos pueden reutilizarse o reciclarse desde su mismo diseño y fabricación.
Aunque no es una solución definitiva empecemos ya; y digamos: “sin popote por favor”, “sin bolsa por favor”, “traigo mi recipiente”, etc. Esto será un comienzo para evitar seguir contaminando nuestro entorno para las próximas centurias.
Este artículo fue publicado el día 1 de Agosto en el periódico la Unión de Morelos.
En esta bitácora hay escritos que versan sobre ciencia, innovación, opinión política y divertimentos que quiero compartir
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miércoles, 1 de agosto de 2018
miércoles, 25 de mayo de 2016
Transporte y bienestar social
Estoy convencido que la problemática a la que enfrentamos en el día a día debe ser resuelta desde lo local con una perspectiva global. La complejidad de los problemas de nuestra civilización requiere de una visión integral y de sistema para poder proponer alternativas de solución y posteriormente monitorizar lo propuesto. Por esta razón cuando la ICLEI-Gobiernos locales por la Sustentabilidad y, en particular, su Secretariado para México Centroamérica y el Caribe me invitaron a participar en el VI Congreso Nacional de Obras y Servicios Públicos y platicar sobre las energías renovables y el desarrollo sustentable, desde la perspectiva de los gobiernos locales, busqué la forma de asistir. Mi idea era poder dialogar con los tomadores de decisión en el ámbito de los municipios o de los estados para informarlos de las posibilidades que existen hoy en día en estos temas.
Así fue como la semana pasada, en un viaje relámpago, estuve en Saltillo, Coahuila escuché con atención la mesa de “Movilidad y Transporte” y participé en la mesa de “Energias Renovables y Biomasa”. La verdad es que me fue muy interesante escuchar las propuestas de movilidad donde los ponentes en el ámbito local tienen muy claro que hay que movilizar a las personas y no a los vehículos. Las problemáticas y las ideas de solución que hemos discutido en estos textos son compartidas por los técnicos en diferentes ciudades de nuestro México. En muchas de las soluciones se pueden observar la aplicación de los modelos de flujo máximo, propuestos por Adrian Bejan hace algunos años, que proponen la construcción de un sistema de transporte basado en una red de movilidad masiva para las grandes distancias con disminución progresiva en los ramales de menor flujo hasta poder llevar a las personas a sus diferentes destinos. Lo he mencionado antes: es la idea de maximizar el flujo de personas en el tiempo y propiciar que el tiempo de traslado de un lugar a otro sea lo menor posible. En estas propuestas aparecían naturalmente los BRT, (autobuses de tránsito rápido) para ciudades medianas, ya que para las ciudades grandes, además de los BRT, se requiere la implantación de los trenes urbanos o “metros”.
Por supuesto que surgió el ejemplo del metrobús en el Ciudad de México, que ha contribuido positivamente en la disminución de CO2 a la atmósfera por el transporte, y que puede ser una solución en muchas ciudades medianas como Cuernavaca o Cuautla. Es más para algunas zonas metropolitanas de nuestro país es una alternativa que debemos impulsar en lugar de continuar con el transporte basado en pequeños autobuses.
No existe sistema de transporte basado en estos autobuses pequeños que resista el análisis en términos ambientales, es decir los autobuses pequeños o rutas como se les dice en Morelos, emiten más CO2 por persona transportada y kilómetro recorrido que los sistemas de autobuses rápidos.
Digamos estos análisis apuntan a beneficios desde una perspectiva ambiental; pero debemos adecuar estas acciones desde el ámbito social donde los operadores de camiones actuales presentan puntos de interés individual que deben ser considerados en la toma de decisiones; además, el aspecto económico debe analizarse. Las ciudades que desean tener una población en un régimen de bienestar social contribuyen con el pago de parte del transporte de sus ciudadanos. Esta inversión por supuesto que redunda en un beneficio colectivo que impacta positivamente en toda la sociedad y principalmente en aquellas personas que usan el transporte público. Con esto último quiero enfatizar que dada la estructura actual de las ciudades en Morelos, donde las zonas habitacionales están alejadas de las zonas de trabajo, el transporte debe ser una contribución social. Para evitar esto las ciudades pequeñas pueden apuntar hacia su desarrollo o reconversión a una urbanización donde las habitaciones estén en las cercanías zonas comerciales o de servicios. Cuando menciono cercanías, me refiero a proponer que los lugares de vivienda, esparcimiento y trabajo cotidiano estén a una distancia con posibilidad de caminar o de tener una movilidad no motorizada para la mayoría de la población. Esto claramente disminuiría las emisiones de CO2. Este tipo de modelo distribuido se está desarrollando en muchas ciudades europeas, podemos intentar planearlas e implantarlas en nuestro entorno.
Para cerrar esta parte quiero hacer unas reflexiones. En la actualidad acostumbramos ir de compras a un supermercado con el pretexto de que es más barato en comparación con la tienda del barrio; pero en los precios en el supermercado nunca incorporamos el costo del transporte, ni el de las emisiones de CO2 (esto último casi nunca se hace), ni el desgaste del automóvil, ni la inversión que realizan los gobiernos en mantener en buen estado las calles o avenidas, etc. En resumen, no es claro que después de incorporar todos estos costos sociales y ambientales, que por supuesto deben incluir los costos causados por la desigual distribución de la riqueza y sus consecuencias en la seguridad, el balance pueda ser positivo para la sociedad. Quizá debamos empezar a reflexionar sobre estos aspectos para construir una sociedad con bienestar para todos.
Una versión previa de este artículo fue publicada el día 25 de Mayo en La Unión de Morelos.
Así fue como la semana pasada, en un viaje relámpago, estuve en Saltillo, Coahuila escuché con atención la mesa de “Movilidad y Transporte” y participé en la mesa de “Energias Renovables y Biomasa”. La verdad es que me fue muy interesante escuchar las propuestas de movilidad donde los ponentes en el ámbito local tienen muy claro que hay que movilizar a las personas y no a los vehículos. Las problemáticas y las ideas de solución que hemos discutido en estos textos son compartidas por los técnicos en diferentes ciudades de nuestro México. En muchas de las soluciones se pueden observar la aplicación de los modelos de flujo máximo, propuestos por Adrian Bejan hace algunos años, que proponen la construcción de un sistema de transporte basado en una red de movilidad masiva para las grandes distancias con disminución progresiva en los ramales de menor flujo hasta poder llevar a las personas a sus diferentes destinos. Lo he mencionado antes: es la idea de maximizar el flujo de personas en el tiempo y propiciar que el tiempo de traslado de un lugar a otro sea lo menor posible. En estas propuestas aparecían naturalmente los BRT, (autobuses de tránsito rápido) para ciudades medianas, ya que para las ciudades grandes, además de los BRT, se requiere la implantación de los trenes urbanos o “metros”.
Por supuesto que surgió el ejemplo del metrobús en el Ciudad de México, que ha contribuido positivamente en la disminución de CO2 a la atmósfera por el transporte, y que puede ser una solución en muchas ciudades medianas como Cuernavaca o Cuautla. Es más para algunas zonas metropolitanas de nuestro país es una alternativa que debemos impulsar en lugar de continuar con el transporte basado en pequeños autobuses.
No existe sistema de transporte basado en estos autobuses pequeños que resista el análisis en términos ambientales, es decir los autobuses pequeños o rutas como se les dice en Morelos, emiten más CO2 por persona transportada y kilómetro recorrido que los sistemas de autobuses rápidos.
Digamos estos análisis apuntan a beneficios desde una perspectiva ambiental; pero debemos adecuar estas acciones desde el ámbito social donde los operadores de camiones actuales presentan puntos de interés individual que deben ser considerados en la toma de decisiones; además, el aspecto económico debe analizarse. Las ciudades que desean tener una población en un régimen de bienestar social contribuyen con el pago de parte del transporte de sus ciudadanos. Esta inversión por supuesto que redunda en un beneficio colectivo que impacta positivamente en toda la sociedad y principalmente en aquellas personas que usan el transporte público. Con esto último quiero enfatizar que dada la estructura actual de las ciudades en Morelos, donde las zonas habitacionales están alejadas de las zonas de trabajo, el transporte debe ser una contribución social. Para evitar esto las ciudades pequeñas pueden apuntar hacia su desarrollo o reconversión a una urbanización donde las habitaciones estén en las cercanías zonas comerciales o de servicios. Cuando menciono cercanías, me refiero a proponer que los lugares de vivienda, esparcimiento y trabajo cotidiano estén a una distancia con posibilidad de caminar o de tener una movilidad no motorizada para la mayoría de la población. Esto claramente disminuiría las emisiones de CO2. Este tipo de modelo distribuido se está desarrollando en muchas ciudades europeas, podemos intentar planearlas e implantarlas en nuestro entorno.
Para cerrar esta parte quiero hacer unas reflexiones. En la actualidad acostumbramos ir de compras a un supermercado con el pretexto de que es más barato en comparación con la tienda del barrio; pero en los precios en el supermercado nunca incorporamos el costo del transporte, ni el de las emisiones de CO2 (esto último casi nunca se hace), ni el desgaste del automóvil, ni la inversión que realizan los gobiernos en mantener en buen estado las calles o avenidas, etc. En resumen, no es claro que después de incorporar todos estos costos sociales y ambientales, que por supuesto deben incluir los costos causados por la desigual distribución de la riqueza y sus consecuencias en la seguridad, el balance pueda ser positivo para la sociedad. Quizá debamos empezar a reflexionar sobre estos aspectos para construir una sociedad con bienestar para todos.
Una versión previa de este artículo fue publicada el día 25 de Mayo en La Unión de Morelos.
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miércoles, 6 de abril de 2016
Hoy No Circula programa caduco, obsoleto y falaz.
Durante 30 años el programa Hoy No Circula no resolvió el problema del transporte en la Ciudad de México (CDMX), tampoco resolvió el problema de la contaminación, ha probado ser obsoleto, ya caducó y prometió falsas ilusiones al augurar una calidad del aire aceptable en la CDMX. Es más dio pauta para aumentar los mecanismos de corrupción. Hoy encontramos ciudadanos que pagan una dádiva a verificentros que las aceptan o promueven para tener una calcomanía cero. En lugar de premiar a quienes mantienen su auto en buenas condiciones, el programa fomentó las actividades irresponsables de todos los sectores de nuestra sociedad, desde el ciudadano que compra un calcomanía, el empresario que permite que su negocio otorgue calcomanías a conductores cuyos autos no la merecen, hasta las autoridades de la CDMX que para no contender con la problemática desatada acusan a la Suprema Corte de Justicia.
A pesar de las frases anteriores, la pregunta ¿funciona el programa hoy no circula? puede tener una respuesta positiva, pero solamente cuando se considera en muy corto plazo como ya lo vivimos. Claramente este programa es un paliativo y nunca ataca a los problemas desde la raíz. El Hoy No Circula se impuso en la CDMX hace unos treinta años y en aquel entonces provocó un disminución de los gases contaminantes; pero como no ataca el problema de raíz después de este tiempo ahora nuevamente se han alcanzado niveles preocupantes en los indicadores ambientales en la CDMX.
Desde mi perspectiva es totalmente inadmisible que, para disminuir la presión política sobre las malas decisiones en cuanto al tránsito y transporte se han tomado últimamente en esa ciudad, se proponga extender este programa a estados vecinos.
Estos estados vecinos todavía están en la situación donde pueden tomar medidas que ataquen el problema. Además no tienen las condiciones geográficas que presenta la CDMX, ni tampoco tienen el tiempo invertido por horas persona en el transporte que en ella hay, y por lo tanto, estos estados no deben implantar el paliativo “Hoy no circula”, sino desarrollar soluciones reales.
Por supuesto que en toda la República Mexicana hay problemas de contaminación ambiental, principalmente en la ciudades; pero debemos como sociedad solicitar se ataquen los problemas que la ocasionan, no debemos aceptar paliativos.
Una opción real en nuestros días es el uso de vehículos eléctricos, estos vehículos no emiten gases de efecto invernadero mientras están en operación, es decir, al usar un vehículo eléctrico se evita la emisión de gases en el sitio, el calentamiento del entorno cercano disminuyendo la isla de calor que ocasionan los vehículos de combustión interna y se disminuye el ruido en las ciudades. Solamente estos aspectos ya tendrían un efecto totalmente de alivio sobre los indicadores ambientales en el CDMX o en cualquier ciudad. Ya he mencionado aquí en varias ocasiones las bondades de los vehículos eléctricos, como por ejemplo que el costo de recorrer un kilómetro con un vehículo de eléctrico es casi la mitad del costo de recorrer el mismo kilómetro con un vehículo de gasolina. En varias ciudades europeas se está fomentando su uso, es más, en el Estado de California se ha propuesto que en menos de diez años no puedan circular vehículos de combustión interna en su territorio. ¿Podríamos hacer algo así en nuestro país?
Claro que sí, aunque muchos comentarían que es muy cara la implantación de esta medida, por el alto costo inicial de los automóviles. Esta frase no se basa en un cálculo completo, en esta aseveración hace falta incluir muchos costos que estamos pagando al utilizar los automóviles de gasolina. Lo caro es tener que comprar otro auto para circular el día que no se circula, caro es seguir respirando el aire contaminado de la CDMX, caro es para el sistema de salud contender con los malestares respiratorios de una buena parte de la población de las ciudades, caro es el tiempo que se invierte todos los días en el transporte. Si contabilizamos todos estos costos en 30 años veremos que la promoción del uso de los vehículos eléctricos es una alternativa totalmente costeable en nuestros días. Para analizar con mayor detalle las ventajas que tiene el uso de vehículos eléctricos consultar se puede ver un artículo de investigación.
Otro de los caminos, que no tiene porqué ser muy diferente, es el de solicitar un transporte público de calidad. En la CDMX se puede hacer que el metrobús y que todos los vehículos de transporte público sean eléctricos. Por supuesto, que se requerirían armar paquetes de financiamiento para este programa, pero el costo de hacer estos programas debería pagarse con los beneficios que tendríamos en los siguientes 30 años. Claramente, estos programas van más allá de los 6 años de la mayoría de los programas de gobierno; pero nosotros los ciudadanos requerimos soluciones con una visión de mayor plazo y de hecho solicitamos que estas soluciones beneficien también a las generaciones futuras. Así debemos exigir a los encargados en las haciendas de los gobiernos a prever soluciones del largo plazo.
Es más no solamente se podrían resolver problemas de tránsito y ambientales, sino con una visión agresiva se podría generar un sector industrial pujante.
Desde mi punto de vista, no basta con restringir el número de vehículos circulando, debemos propiciar que las personas elijan por conveniencia usar un transporte más eficiente y menos contaminante. Es así como, en todos los estados vecinos de la CDMX podemos optar por medidas que impulsen un transporte público eficiente, de calidad y eléctrico. Esta medida impactará en tener una mejor calidad de vida en las ciudades y en la salud de todos nosotros.
Con gusto trabajamos con los gobiernos de todos los niveles para analizar las posibles medidas que impulsen verdaderas soluciones al problema del transporte en la ciudades que contemplen su solución en el largo plazo.
Una versión previa de este artículo fue publicado el día 6 de Abril
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