El pasado 21 de marzo la Secretaria de Energía, la Ing. Rocío Nahle, comentó que México es pionero en la generación de energía limpia. Desde mi opinión, las acciones iniciales en temas energéticos y lenguaje no coincide con esta afirmación. Primero tengo que aclarar nuevamente que en campaña, el Lic. Andrés Manuel López Obrador era el único candidato que usaba el concepto de energías renovables, en lugar del de energías limpias. Ya en esta columna he comentado varias veces que la Ley de Transición Energética define a las energías limpias como: las energías renovables, la energía nuclear y a las energías que generen electricidad eficientemente; ejemplo de esta última son las plantas termoeléctricas de ciclo combinado (que normalmente queman gas natural). Recordemos que las energías renovables son aquellas que se usan a una tasa menor de la que se producen y no emiten gases de efecto invernadero que cambian la composición de la atmósfera; por lo tanto, este tipo de fuentes renovables son las únicas que verdaderamente evitan el cambio climático antropogénico. Así, el uso del concepto de energías limpias es un retroceso hacia las políticas de anteriores sexenios. En el mundo cuando se habla de energía limpia solamente se considera a las renovables y la energía nuclear. En cambio el Coordinador de Energía Renovables de la SENER, Luis Abelardo González, ha mencionado que para fin de este sexenio la generación de electricidad será del 40% con energías renovables. Este último compromiso me parece totalmente adecuado y accesible en nuestras condiciones, solamente requerimos definir estrategias para seguirlas desde este momento y muchas personas estamos listas para colaborar.
Debo comentar, que en otros lugares el viraje hacia las fuentes renovables está siendo contundente. Por ejemplo, Noruega, país petrolero, que aunque ha conseguido que su petróleo verdaderamente mejore la calidad de vida de sus habitantes, está optando por un impulso sin precedentes hacia las renovables. Las inversiones de los ingresos petroleros en ese país están siendo invertidos en instalaciones de renovables, tanto eólicas como solares. Es sorprendente como Noruega un país situado en una región del mundo donde el recurso solar no es tan abundante y con variaciones anuales mucho más pronunciadas que en nuestro país, está invirtiendo en esta fuente renovable. Lo mismo podemos decir de otros países petroleros de la región del Golfo Pérsico, que aunque venden el petróleo están desarrollando su capacidad de uso de las renovables. Incluso Alemania tiene una política muy agresiva de promoción de las renovables. En particular, Alemania está impulsando la generación distribuida en una forma que produce derramas económicas directas a la población, recordemos que en este país hay más de 1,800,000 productores de electricidad con fuentes renovables. Para comparar en nuestro país estamos abajo de los cien mil.
¿Qué nos hace falta en México para virar decididamente a las fuentes renovables? Primero reconocer, que el petróleo fue una riqueza que no se difundió a la gran población en nuestro país y que cada vez tenemos menos petróleo para vender o quemar. Si bien reconocemos que una parte muy importante de nuestros ingresos es por la exportación de este recurso natural, también debemos aceptar que si lo usamos como energético estamos cambiando la composición de la atmósfera y con ello estamos incrementando las posibilidades de eventos meteorológicos extremos que causan daños principalmente a nuestra población más vulnerable y, también estamos produciendo cambios irreversibles en nuestro entorno cercano. Segundo, que las energías renovables tienen la característica de que están distribuidas en el territorio nacional y que posibilitan que cada persona genere, al menos una buena parte, la energía que utiliza. Precisamente esta posibilidad abre la puerta a una verdadera democratización de la energía propiciando su accesibilidad y sin contaminar.
Por esta razón, estoy totalmente de acuerdo cuando Luis Abelardo González comenta que debemos propiciar desarrollos para el almacenamiento de energía de las fuentes renovables y su interconexión a la red de CFE. Con estas medidas estaremos disminuyendo los efectos de la variabilidad de las fuentes renovables. Para mi, es muy importante que se promueva la creación de empresas instaladoras certificadas de sistemas pequeños para que las personas podamos generar electricidad en nuestras casas, oficinas, negocios, industrias, etc. Les recuerdo, un sencillo ejemplo, que un consultorio dental requiere del orden de 32 metros cuadrados de paneles fotovoltaicos para generar la energía que usa o que una casa con solo 16 metros cuadrados puede satisfacer su demanda de energía incluyendo la cocción de alimentos. Estos ejemplos pueden ser utilizados para estimar lo que se requiere en cada lugar.
Al empezar promoviendo campañas de instalación de fuentes renovables, podríamos iniciar una disminución sustancial en el uso del petróleo como combustible en el país y podríamos vender más barriles y con ello obtener los mismos ingresos que antes del declive de la producción petrolera mexicana; y al mismo tiempo tener una atmósfera cercana mucho más limpia. Las ventas petroleras no tienen porqué estar asociadas al uso del petróleo como energético. Tampoco la energía barata está asociada a que extraigamos el petróleo de nuestro subsuelo. Hoy en día la energía eólica o energía solar son más baratas y no tienen el problema de emitir gases contaminantes en el lugar de generación, por lo tanto optar por estas últimas fuentes de energía en conjunto con la posibilidad de generación distribuida dará la oportunidad de que nuestra población tenga acceso a energéticos limpios y baratos.
Dado que en nuestro país tenemos un recurso natural no renovable como el petróleo que nos provee de ingresos por su exportación, propongo que lo extraigamos lo vendamos o lo transformemos; pero no lo quememos que para generar energía tenemos a las fuentes renovables.
Una versión previa de este artículo fue publicada el día 10 de Abril en el periódico La Unión de Morelos.
En esta bitácora hay escritos que versan sobre ciencia, innovación, opinión política y divertimentos que quiero compartir
miércoles, 10 de abril de 2019
miércoles, 3 de abril de 2019
La transición energética está en nuestras manos
La noticias sobre el futuro energético de nuestro país de la última semana son contradictorias o lo aparentan. Primero, el Coordinador de Energías Renovables de la SENER propuso, durante los foros organizados por la SENER en Campeche, Tabasco y Tamaulipas para definir el Plan Nacional de Desarrollo, que el gobierno mexicano elevaría el compromiso de 35% a 40% en el uso de las fuentes renovables de energía para fin del sexenio (2024). Por supuesto, que esta noticia va en la dirección hacia propiciar la sustentabilidad y el bienestar social en nuestro país y considera que la generación de electricidad por fuentes renovables es más barata que la generación por combustibles fósiles. Sin embargo, no se mencionan las estrategias para lograr este objetivo. Por supuesto, que hay una amplia y diversa comunidad de empresas, organizaciones civiles y académicos que estamos listos para colaborar y conseguir estos objetivos. Segundo, la semana pasada se anuncia que la CFE comprará del orden de un millón de toneladas de carbón para producir electricidad. Unos días después de esta noticia la CFE anuncia que, a pesar de estas compras, no está optando por la carbonización de la energía del país; pero comenta que está “diversificando” la matriz energética con el uso de carbón y gas natural. Desde mi punto de vista, por supuesto que no se está diversificando, claramente se está optando por combustibles fósiles que emiten gases de efecto invernadero y cambian la composición de la atmósfera y son causantes del cambio climático antropogénico que estamos sufriendo. Todas las termoeléctricas (alimentadas con carbón, combustóleo o gas natural) emiten gases de efecto invernadero; si bien es cierto que las termoeléctricas de ciclo combinado son más eficientes, también emiten CO2. En cambio las fuentes renovables de energía no lo hacen. Las plantas termosolares, las centrales fotovoltaicas, los aerogeneradores, o las geotérmicas son instalaciones generadoras de electricidad que en su operación no emiten los gases que cambian la composición de la atmósfera. Por otro lado, los biocombustibles producidos con desechos orgánicos (biogás, bioetanol, biodiesel) son energéticos con emisiones neutras, es decir, emiten lo que la naturaleza puede reincorporar a la masa vegetal y durante los ciclos biológicos no cambian la composición de gases en la atmósfera. Así la solar, eólica, o biocombustibles son renovables.
Por estas razones, me parece contradictorio lo que se anuncia en dos entidades encargadas de aspectos energéticos en nuestro país, CFEy SENER. Estoy de acuerdo, y como ya lo mencioné, estoy listo para colaborar en las acciones para hacer que la matriz energética en el país sea compuesta principalmente por fuentes renovables. Por supuesto que el reto no es menor; pero en el camino de lograrlo se obtendrán beneficios adicionales que causarán efectos sinérgicos y promoverán el bienestar social.
Desde mi perspectiva, los desarrollos tecnológicos actuales, en cuanto a las fuentes renovables de energías, están contribuyendo a la democratización de la energía al posibilitar que las personas podamos generar la energía que necesitamos en los sitios donde se requiere. En forma análoga a como los celulares democratizaron la comunicación y la información en las personas; ahora la posibilidad de generar energía en casa abre las opciones a que las personas generemos la energía que necesitamos para realizar nuestras actividades cotidianas y con ella fabriquemos o generemos productos y servicios de alto valor de intercambio.
En este tenor, el Dr. Constantino Macías García, del Instituto de Ecología de la UNAM, me hizo notar, esta semana, una de las acciones que se está implantando en Alemania por las personas pequeñas en sus escuelas, al ser parte activa en el manejo de la energía que se usa. Si leyeron bien, las niñas y los niños alemanes están involucrándose para conseguir la transformación energética en sus escuelas; se encargan de monitorizar el uso de la calefacción y de la electricidad y con ello toman conciencia del uso adecuado de la energía. Así la Alemania está formando a su población para el futuro. Lo mismo podríamos hacer en México. Las posibilidades reales que tenemos para monitorizar el uso de la energía son una fuente de información y conocimiento que debemos utilizar para conformar la conciencia hacia la sustentabilidad desde la infancia. Además la versatilidad en la generación de energía, que tenemos hoy en día, asegura que algún tipo de fuente renovable de energía es más barata que los combustibles fósiles en cada región de nuestro país; aunque pueden parecer caras en este momento, en el largo plazo son baratas y, además, las personas pequeñas precisamente son las que vivirán en ese largo plazo. Al permitir que la población infantil tome acciones con conocimiento sobre las ventajas y desventajas del uso de las diferentes fuentes de energía la estamos informando y entrenando para que en el futuro ella decida sobre las fuentes de energía. Hoy en día, en nuestro país solamente escuchamos que se desea tener combustibles baratos sin importar los costos intrínsecos no contabilizados al cambiar la composición de la atmósfera; me parece que la situación sería diferente si promoviéramos que este tipo de programas, donde las personas pequeñas aprenden, se implanten en nuestras escuelas de educación elemental y media.
Con esto quiero enfatizar que, dada la tecnología en fuentes renovables, hoy podemos ejercer el derecho a generar la energía (mediante fuentes renovables) que necesitamos para las diferentes actividades, sean productivas, sociales o de esparcimiento. Esta posibilidad verdaderamente abre opciones para democratizar la energía, al permitir el acceso a la energía renovable por todas las personas. Por supuesto, al principio se requiere de un apoyo finito para que los más necesitados tengan esa opción. Cuando digo que un apoyo finito, implica que con estos apoyos iniciales en un plazo de unos diez años los sistemas de generación distribuida ya habrán pagado su costo, a los precios actuales, y empezarán a dar beneficios a toda la sociedad.
Termino comentando que la transición energética no requiere de apoyos infinitos por parte del sector gubernamental (como parece ser que lo requieren los combustibles fósiles) y que la democratización de la energía es una transición que está a nuestro alcance y en nuestras posibilidades de acción. Tomemos el ejemplo de la niñez alemana y hagamos esto en nuestra casa, escuela, oficina, empresa, etc. actuemos, no esperemos, para darnos la oportunidad de caminar hacia la sustentabilidad.
Una versión previa de este artículo fue publicada el día 3 de Abril en el periódico La Unión de Morelos.
Por estas razones, me parece contradictorio lo que se anuncia en dos entidades encargadas de aspectos energéticos en nuestro país, CFEy SENER. Estoy de acuerdo, y como ya lo mencioné, estoy listo para colaborar en las acciones para hacer que la matriz energética en el país sea compuesta principalmente por fuentes renovables. Por supuesto que el reto no es menor; pero en el camino de lograrlo se obtendrán beneficios adicionales que causarán efectos sinérgicos y promoverán el bienestar social.
Desde mi perspectiva, los desarrollos tecnológicos actuales, en cuanto a las fuentes renovables de energías, están contribuyendo a la democratización de la energía al posibilitar que las personas podamos generar la energía que necesitamos en los sitios donde se requiere. En forma análoga a como los celulares democratizaron la comunicación y la información en las personas; ahora la posibilidad de generar energía en casa abre las opciones a que las personas generemos la energía que necesitamos para realizar nuestras actividades cotidianas y con ella fabriquemos o generemos productos y servicios de alto valor de intercambio.
En este tenor, el Dr. Constantino Macías García, del Instituto de Ecología de la UNAM, me hizo notar, esta semana, una de las acciones que se está implantando en Alemania por las personas pequeñas en sus escuelas, al ser parte activa en el manejo de la energía que se usa. Si leyeron bien, las niñas y los niños alemanes están involucrándose para conseguir la transformación energética en sus escuelas; se encargan de monitorizar el uso de la calefacción y de la electricidad y con ello toman conciencia del uso adecuado de la energía. Así la Alemania está formando a su población para el futuro. Lo mismo podríamos hacer en México. Las posibilidades reales que tenemos para monitorizar el uso de la energía son una fuente de información y conocimiento que debemos utilizar para conformar la conciencia hacia la sustentabilidad desde la infancia. Además la versatilidad en la generación de energía, que tenemos hoy en día, asegura que algún tipo de fuente renovable de energía es más barata que los combustibles fósiles en cada región de nuestro país; aunque pueden parecer caras en este momento, en el largo plazo son baratas y, además, las personas pequeñas precisamente son las que vivirán en ese largo plazo. Al permitir que la población infantil tome acciones con conocimiento sobre las ventajas y desventajas del uso de las diferentes fuentes de energía la estamos informando y entrenando para que en el futuro ella decida sobre las fuentes de energía. Hoy en día, en nuestro país solamente escuchamos que se desea tener combustibles baratos sin importar los costos intrínsecos no contabilizados al cambiar la composición de la atmósfera; me parece que la situación sería diferente si promoviéramos que este tipo de programas, donde las personas pequeñas aprenden, se implanten en nuestras escuelas de educación elemental y media.
Con esto quiero enfatizar que, dada la tecnología en fuentes renovables, hoy podemos ejercer el derecho a generar la energía (mediante fuentes renovables) que necesitamos para las diferentes actividades, sean productivas, sociales o de esparcimiento. Esta posibilidad verdaderamente abre opciones para democratizar la energía, al permitir el acceso a la energía renovable por todas las personas. Por supuesto, al principio se requiere de un apoyo finito para que los más necesitados tengan esa opción. Cuando digo que un apoyo finito, implica que con estos apoyos iniciales en un plazo de unos diez años los sistemas de generación distribuida ya habrán pagado su costo, a los precios actuales, y empezarán a dar beneficios a toda la sociedad.
Termino comentando que la transición energética no requiere de apoyos infinitos por parte del sector gubernamental (como parece ser que lo requieren los combustibles fósiles) y que la democratización de la energía es una transición que está a nuestro alcance y en nuestras posibilidades de acción. Tomemos el ejemplo de la niñez alemana y hagamos esto en nuestra casa, escuela, oficina, empresa, etc. actuemos, no esperemos, para darnos la oportunidad de caminar hacia la sustentabilidad.
Una versión previa de este artículo fue publicada el día 3 de Abril en el periódico La Unión de Morelos.
miércoles, 20 de marzo de 2019
Edificios grandes y parques públicos.
Hace algunos meses escribía que tenemos miedos y esperanzas en la nueva administración federal que recientemente cumplió 100 días. Ahora tengo que decir que los miedos y las esperanzas continúan. En cambio, a lo lejos, he notado las acciones acertadas de la administración de la Ciudad de México (CDMX), en este texto quiero enfatizar algunas aspectos que debemos retomar en otras ciudades, por supuesto incluyendo Cuernavaca.
En la CDMX se está revisando con cuidado los permisos otorgados para construir edificaciones grandes y, en especial, el cumplimiento de lo otorgado con miras a construir una ciudad sustentable. Además, se está promoviendo el uso de las energías renovables en la ciudad; en particular, el uso de la energía solar. Quiero aquí recordar que en el mes de Enero comentaba sobre la pertinencia de construir edificaciones, que parecen ser más baratas; pero que al revisar los temas de servicios de agua, electricidad, vialidades y espacio verdes no lo son; así es necesario analizar con mucho cuidado todos aspectos para que las edificaciones grandes sean sustentables.
En las ciudades pequeñas como Cuernavaca, existe la estrategia de aumentar la densidad de población con la creencia de que al hacer este aumento los servicios disminuyen y se incrementa el uso del espacio. Sin embargo, no es suficiente este hecho, sino que al construir edificaciones grandes debemos aumentar los servicios tanto de agua potable como de tratamiento de aguas residuales, el abasto de energía eléctrica, el manejo adecuado de los residuos sólidos, la movilidad de mayor número de personas y vehículos, etc. Los aspectos a estudiar son realmente variados, ya que las edificaciones grandes crea problemáticas diversas en cada ciudad con soluciones no triviales y que para dar con algunas posibles estrategias viables se requiere de análisis multidisciplinarios; así que no podemos hacer recomendaciones específicas de aplicación genera que contemplen la diversidad de situaciones.
En este pequeño texto, me arriesgaré a hacer una pequeña recomendación general que debe ser adecuada a cada situación en forma específica.
A la par de aumentar la densificación poblacional con la autorización para construir edificaciones grandes debemos aumentar los espacios de convivencia de la población. Específicamente debemos construir parques y áreas verdes donde las personas podamos convivir entre nosotros y disfrutar un contacto directo con especies animales y vegetales. Considero que la mayoría de nosotros hemos disfrutado de algún tiempo en un parque escuchando el canto de las aves, admirando el revolotear de las mariposas, la majestuosidad de algunos árboles o la belleza de pequeñas o grandes flores. Estos momentos disfrutables los pudimos haber tenido en algún parque o haber sido más afortunados y gozado de ellos en la naturaleza lejana de las ciudades, en ambos casos, me parece que todas las personas valoramos estos momentos y aumentan el sentido de pertenencia y contribuyen a consolidar el tejido social.
En este sentido, quiero enfatizar que en Cuernavaca existen muy pocos espacios de este tipo para el número de personas que habitamos la ciudad y deberíamos propiciar que se adecuen más espacios con este fin.
También tengo que reconocer que el Parque Ecológico Chapultepec de Cuernavaca es una maravilla que ha sido mantenido desde hace varios años y que tanto la administración anterior como este nueva han tomado acciones para preservarlo y actualmente parece funcional. Desde luego, que al igual que muchas personas que lo disfrutamos periódicamente, me gustaría que mejoraran sus servicios tanto ambientales como educativos y de convivencia con la naturaleza y otras personas. Las propuestas de mejora no pueden hacerse con base en ocurrencias; sino que requieren de la participación de expertos en cuestiones ecológicas, también de personas conocedoras del uso del tiempo libre, de aspectos comerciales y hasta de energías renovables. Me parece que el lector estará de acuerdo con las primeras tres ramas del conocimiento; y para enfatizar la última quiero comentar que, en especial, el Parque Ecológico Chapultepec tiene sistemas fotovoltaicos, captadores solares, bombas de agua movidas por bicicletas y tiene, al final de la barranca, una planta minihidráulica para producir electricidad que no ha trabajado a cabalmente.
Así este parque puede ser emblemático y mostrar las bondades del uso de las diferentes energías renovables que hoy en día son más baratas que los combustibles fósiles y no emiten gases a la atmósfera acercándonos hacia la sustentabilidad.
Este parque es visitado los fines de semana por miles de personas morelenses en grupos familiares, de jóvenes o individualmente y ya los visitantes de otras ciudades también lo reconocen como un atractivo natural de Cuernavaca. La idea de tener este tipo de parques donde las personas convivan y conozcan que las energías renovables son una posibilidad a su alcance es muy importante para motivar la conciencia social sobre la necesidad de construir instalaciones solares, eólicas o de producción de biocombustibles con residuos, etc.
Por lo anterior, además de recomendar que el gobierno de la ciudad de Cuernavaca revise con mayor cuidado los permisos que otorga para la construcción de grandes edificios para evitar alejarnos más de la sustentabilidad y preste, junto con el gobierno estatal, mayor atención a este parque y algunos otros en esta ciudad. Además de considerar la instalación de sistemas de generación de energía en el lugar donde se requiere, es decir, promover la generación distribuida en todos los niveles de gobierno y con ellos fomentar la construcción de edificios verdaderamente sustentables.
Por supuesto, ofrezco mi trabajo y conocimiento para construir ciudades que atiendan estas problemáticas.
Una versión previa de este artículo fue publicada el día 20 de Marzo en el periódico la Unión de Morelos
En la CDMX se está revisando con cuidado los permisos otorgados para construir edificaciones grandes y, en especial, el cumplimiento de lo otorgado con miras a construir una ciudad sustentable. Además, se está promoviendo el uso de las energías renovables en la ciudad; en particular, el uso de la energía solar. Quiero aquí recordar que en el mes de Enero comentaba sobre la pertinencia de construir edificaciones, que parecen ser más baratas; pero que al revisar los temas de servicios de agua, electricidad, vialidades y espacio verdes no lo son; así es necesario analizar con mucho cuidado todos aspectos para que las edificaciones grandes sean sustentables.
En las ciudades pequeñas como Cuernavaca, existe la estrategia de aumentar la densidad de población con la creencia de que al hacer este aumento los servicios disminuyen y se incrementa el uso del espacio. Sin embargo, no es suficiente este hecho, sino que al construir edificaciones grandes debemos aumentar los servicios tanto de agua potable como de tratamiento de aguas residuales, el abasto de energía eléctrica, el manejo adecuado de los residuos sólidos, la movilidad de mayor número de personas y vehículos, etc. Los aspectos a estudiar son realmente variados, ya que las edificaciones grandes crea problemáticas diversas en cada ciudad con soluciones no triviales y que para dar con algunas posibles estrategias viables se requiere de análisis multidisciplinarios; así que no podemos hacer recomendaciones específicas de aplicación genera que contemplen la diversidad de situaciones.
En este pequeño texto, me arriesgaré a hacer una pequeña recomendación general que debe ser adecuada a cada situación en forma específica.
A la par de aumentar la densificación poblacional con la autorización para construir edificaciones grandes debemos aumentar los espacios de convivencia de la población. Específicamente debemos construir parques y áreas verdes donde las personas podamos convivir entre nosotros y disfrutar un contacto directo con especies animales y vegetales. Considero que la mayoría de nosotros hemos disfrutado de algún tiempo en un parque escuchando el canto de las aves, admirando el revolotear de las mariposas, la majestuosidad de algunos árboles o la belleza de pequeñas o grandes flores. Estos momentos disfrutables los pudimos haber tenido en algún parque o haber sido más afortunados y gozado de ellos en la naturaleza lejana de las ciudades, en ambos casos, me parece que todas las personas valoramos estos momentos y aumentan el sentido de pertenencia y contribuyen a consolidar el tejido social.
En este sentido, quiero enfatizar que en Cuernavaca existen muy pocos espacios de este tipo para el número de personas que habitamos la ciudad y deberíamos propiciar que se adecuen más espacios con este fin.
También tengo que reconocer que el Parque Ecológico Chapultepec de Cuernavaca es una maravilla que ha sido mantenido desde hace varios años y que tanto la administración anterior como este nueva han tomado acciones para preservarlo y actualmente parece funcional. Desde luego, que al igual que muchas personas que lo disfrutamos periódicamente, me gustaría que mejoraran sus servicios tanto ambientales como educativos y de convivencia con la naturaleza y otras personas. Las propuestas de mejora no pueden hacerse con base en ocurrencias; sino que requieren de la participación de expertos en cuestiones ecológicas, también de personas conocedoras del uso del tiempo libre, de aspectos comerciales y hasta de energías renovables. Me parece que el lector estará de acuerdo con las primeras tres ramas del conocimiento; y para enfatizar la última quiero comentar que, en especial, el Parque Ecológico Chapultepec tiene sistemas fotovoltaicos, captadores solares, bombas de agua movidas por bicicletas y tiene, al final de la barranca, una planta minihidráulica para producir electricidad que no ha trabajado a cabalmente.
Así este parque puede ser emblemático y mostrar las bondades del uso de las diferentes energías renovables que hoy en día son más baratas que los combustibles fósiles y no emiten gases a la atmósfera acercándonos hacia la sustentabilidad.
Este parque es visitado los fines de semana por miles de personas morelenses en grupos familiares, de jóvenes o individualmente y ya los visitantes de otras ciudades también lo reconocen como un atractivo natural de Cuernavaca. La idea de tener este tipo de parques donde las personas convivan y conozcan que las energías renovables son una posibilidad a su alcance es muy importante para motivar la conciencia social sobre la necesidad de construir instalaciones solares, eólicas o de producción de biocombustibles con residuos, etc.
Por lo anterior, además de recomendar que el gobierno de la ciudad de Cuernavaca revise con mayor cuidado los permisos que otorga para la construcción de grandes edificios para evitar alejarnos más de la sustentabilidad y preste, junto con el gobierno estatal, mayor atención a este parque y algunos otros en esta ciudad. Además de considerar la instalación de sistemas de generación de energía en el lugar donde se requiere, es decir, promover la generación distribuida en todos los niveles de gobierno y con ellos fomentar la construcción de edificios verdaderamente sustentables.
Por supuesto, ofrezco mi trabajo y conocimiento para construir ciudades que atiendan estas problemáticas.
Una versión previa de este artículo fue publicada el día 20 de Marzo en el periódico la Unión de Morelos
jueves, 14 de marzo de 2019
Apuntes para discusión sobre el CTI 2019
Mis apuntes para la discusión en el Conversatorio para el análisis del sistema CTI 2019
Participé en: Mesa 8
Las actividades científicas, tecnológicas y de innovación para la solución de los problemas nacionales. Los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) como eje transversal en el Plan Nacional de Desarrollo (PND) y el Programa Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación (PECiTI).
Hoy en día la generación de conocimiento debe contemplarse desde una perspectiva global que incluya los conocimientos desarrollados en el ámbito internacional para resolver la problemática local y global. Así, el sistema científico de una región debe responder a las demandas de los locales en un contexto internacional. Con esta visión, en un esfuerzo internacional por plantear estrategias de largo plazo, se definió la Agenda 2030 que busca monitorizar las políticas públicas hacia la sustentabilidad del planeta mediante la definición de objetivos, metas e indicadores. De esta manera, surge un acuerdo internacional al definir los 17 objetivos del desarrollo sustentable, que en forma sucinta son: (1) acabar con la pobreza, (2) hambre cero, (3) salud y bienestar para todos, (4) educación de calidad, (5) igualdad de género, (6) agua limpia y saneamiento, (7) energía asequible y no contaminante, (8) trabajo digno y crecimiento económico, (9) industria, innovación e infraestructura, (10) reducción de desigualdad, (11) ciudades y comunidades sustentables, (12) producción y consumo responsable, (13) acción por el clima, (14) vida submarina, (15) vida de ecosistemas terrestres, (16) paz, justicia e instituciones sólidas, y (17) alianzas intersectoriales. Estos objetivos contemplan que la sustentabilidad del planeta radica en considerar cuatro dimensiones, que podemos resumir como: Naturaleza, Economía, Sociedad y Organizacional (para recordarlo se puede usar la brújula de la sustentabilidad ver Fig. 1 ), para analizar cualquiera de nuestras actividades (económicas, sociales, políticas o recreacionales) y determinar la huella que dejamos al hacerla. Es importante hacer notar que la dimensión organizacional es muy importante para nuestro país ya que considera el buen gobierno como una dimensión esencial en el análisis y que esta dimensión no se contemplaba en los primeros esfuerzos por definir la sustentabilidad. Con estas bases recientemente, las instituciones dedicadas a la educación superior han reconocido la necesidad de colaborar y se ha formado la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible encabezada por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey y la Universidad Nacional Autónoma de México que fundamenta, desde el punto de vista científico, las estrategias para brindar soluciones hacia la sustentabilidad.

Figura 1. Brújula de la sustentabilidad que representa las dimensiones de la sustentabilidad y las ligas con los 17 ODS
En el ámbito internacional y nacional se ha reconocido que la investigación en temas de la sustentabilidad global y local representan retos mayúsculos; pero que son muy relevantes para la sociedad en su conjunto y en todas las regiones, ya que aportan conocimiento para la toma de decisiones. Uno de los principales retos para conseguir los Objetivos del Desarrollo Sostenible radica en la definición de las formas de medir el camino hacia su cumplimiento, de aquí que una de las principales tareas para el sector científico sea la determinación de los indicadores idóneos para medir ese tránsito hacia la sustentabilidad. El entrelazamiento de los ODS se observa en que cada uno de ellos está relacionado con las diferentes dimensiones de la sustentabilidad y, por lo tanto, para cumplirlos se requiere de estrategias multidimensionales tanto en aspectos ambientales, económicos, sociales y organizacionales pasando por su implementación en los diferentes niveles: globales, regionales y locales. El seguimiento de la evolución en el cumplimiento de los ODS requiere de un marco de indicadores donde las metodologías científicas son imprescindibles. La ciencia puede fundamentar los procedimientos para monitorizar estos indicadores que deben tanto depender de las características de las regiones como incorporar sus diversidades sociales, ambientales y culturales. La integración entre el conocimiento empírico, desarrollado por personas locales, y el conocimiento científico es necesaria para mejorar el entendimiento de las interrelaciones y sinergias que las estrategias pueden brindar al cumplimiento de los ODS en cada región.
Desde mi perspectiva, debe quedar claro que el sector científico mexicano es profesional y presenta un impacto positivo en la ciencia global; sin embargo los datos indican que el impacto en la sociedad todavía no es el deseable, analicemos algunos datos.

Figura 2. Esquema que representa esquemáticamente que la inversión en ciencia y tecnología correlaciona con la ausencia de pobreza
Primero debemos enmarcar a la ciencia en el contexto social y reconocer que la desigualdad en nuestro país es lacerante, ya que un 43\% de la población está por debajo de la línea de pobreza, que incluso comparado con otros países latinoamericanos es lamentable. Estos datos son más lamentables cuando vemos que el porcentaje del PIB dedicado a actividades científicas correlaciona con la pobreza (ver Fig. 2). Por ejemplo, Brasil y Venezuela reportan un 10\% y 33\% de personas por debajo de la línea de pobreza; mientras que en Corea y Alemania el porcentaje en este rubro es insignificante.

Figura 3. Esquema que representa esquemáticamente que la inversión en ciencia y tecnología correlaciona con el menor número de científicos
Con este simple gráfico de la desigualdad abordemos lo tocante al número de personas dedicadas a actividades científicas, en Brasil y Venezuela se reportan a 2.5 y 9 personas por cada 10 mil habitantes; en cambio Corea y Alemania reportan 71 y 49; mientras que en nuestro país somos solamente 3 personas dedicadas a la ciencia por cada 10 mil habitantes. El porcentaje del PIB dedicado como presupuesto a actividades científicas en estos países es: 2.94\% Alemania, 4.24\% Corea, 1.28\% Brasil, 0.25\% Venezuela y menos del 0.5\% del PIB en nuestro país (ver Fig. 3). Con tan magra inversión en la generación de conocimiento de nuestra sociedad no podemos augurar una intervención positiva en la disminución de la pobreza, así es de esperar que el impacto del sector científico no sea el que deseamos.

Figura 4. Esquema que representa las contribuciones de las universidades, las familias de patentes y el índice h de los artículos de los países que se usan para ilustrar el punto de GII, 2017
Para reforzar mi dicho analicemos otro indicador global: el Índice Global de Innovación que nos coloca en el lugar 31 de 64 países y donde Alemania, Corea y Brasil ocupan los lugares 4, 9 y 28, respectivamente, indicando que requerimos mejorar la actividad en este sector de innovación. Es importante mencionar que este índice de innovación es una combinación de indicadores de ciencia y de desempeño empresarial. Un análisis más detallado señala que los indicadores académicos que componen este índice muestran un mejor desempeño que los indicadores empresariales como podemos ver el lugar que ocupan nuestras universidades y el número $h$ de nuestros artículos impacta mayormente en el índice en comparación con el número de familias de patentes que es un indicador del sector empresarial e industrial (situación que se ilustra en la Fig. 4). Esta situación reclama que haya una mayor participación de la inversión privada en actividades científico tecnológicas con una verdadera vocación innovadora que transforme al sector económico hacia un sector basado en la generación de productos o servicios con alto valor agregado que promoverá el desempeño económico y, dada la actividad económica basada en conocimiento, generará un sesgo al bienestar social.
Estrategias
Con esta información en mente, regresemos a los ODS que contemplan claramente objetivos que hoy estamos convencidos que deben ser abordados en nuestro país: Fin a la pobreza y hambre, asegurar la vida saludable y educación de calidad, combate al cambio climático y la protección al ambiente desde lo local a lo global.
Al observar los 17 ODS podemos notar que se requiere la participación de todas la ciencias y las humanidades para definir las políticas públicas que permitan cumplirlos en forma local y global y, más importante, definir los indicadores específicos correspondientes a cada región que permitan darle seguimiento a estas políticas. Así desde el sector científico, para conseguir los ODS podemos proponer algunas estrategias:
En esta última estrategia, es importante que las minorías y sectores relegados sean incluidos en las políticas de Ciencia Tecnología e Innovación (CTI) y una forma de asegurar esta inclusión es tomar como referencia los ODS y el marco dimensional de la sustentabilidad.
La perspectiva que debemos tomar al abordar estas estrategias es la de teoría de sistemas y con ello debemos considerar la argumentación de Donella Meadows, en "Thinking in Systems" y de Elinor Ostrom en "Understanding Institutional Diversity": referente a que los sistemas e instituciones deben ser evaluados con base en su desempeño y de ser posible por agentes externos; además de mostrar flexibilidad para responder ante situaciones diversas. En este sentido el sector científico también debe estar sujeto a las evaluaciones externas, como lo ha estado, y a contemplar diversidad de organizaciones, disciplinas y por supuesto de opiniones en su seno. De aquí la importancia de concebir un sistema CTI con una amplia diversidad de actores. La construcción de un sistema CTI flexible con diversidad de opinión garantiza involucrar las dimensiones de la sustentabilidad y la selección de soluciones basadas en conocimiento local y global.
Precisamente la generación de conocimiento local debe contribuir al conocimiento global y la ciencia internacional puede contribuir en la construcción de soluciones reales y de largo plazo.
Estas estrategias se pueden ilustrar con ejemplos en el ámbito de las energías renovables que contribuye directamente al ODS 7. Las energías renovables brindan la oportunidad a la población para que ella genere su propia energía y ha sido la ciencia y la tecnología que han contribuido en este aspecto. Hace algunas décadas, por ejemplo, la energía solar fotovoltaica era cara, hoy en día es más barata que la energía producida con combustibles fósiles. Así debemos reconocer y divulgar este hecho. Hoy en día las mujeres están optando por estudios doctorales en ámbitos de las energías renovables y en algunas instituciones ya son la mitad de la matrícula. En aspectos de brindar energía a comunidades es importante consultarlas para que ellas definan las necesidades de acuerdo a las actividades que deseen desarrollar, sean para producir productos o servicios con valor de intercambio o de esparcimiento o de educación. La estrategia para brindar energía renovable de acuerdo al entorno (ambiental, social) debe ser definida por la comunidad misma con participación de científicos, tecnólogos y humanistas que aporten conocimiento verificable.
Objetivos
Con respecto a los objetivos del sector CTI existe la propuesta consensuada en la comunidad académica y plasmada en el documento “Hacia la consolidación y desarrollo de políticas públicas en ciencia, tecnología e innovación” donde se establece que es “prioritario para el sistema de CTI hacer del conocimiento, la tecnología y la innovación, incluida la innovación social, una palanca fundamental para el crecimiento económico sustentable de México, que favorezca el desarrollo humano, posibilite una mayor justicia social, consolide la democracia y la paz, y fortalezca la soberanía nacional”. En este mismo documento se indica que: “La transformación y expansión del Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación en México es un factor crucial para establecer una verdadera sociedad y economía basadas en el conocimiento y en la información, con una visión ética, de compromiso social y sustentable para conseguir el bienestar social.”
Con estas miras es claro que la generación de conocimiento es un eje transversal en el combate a la pobreza, desigualdad y deterioro del ambiente que hoy sufrimos y que la generación de indicadores que monitoricen el avance en los ODS es una de las tareas de las ciencias que manifiestan esta transversalidad.
Tanto las ciencias e ingenierías como las humanidades son actividades que las personas podemos cultivar y disfrutar por igual. Hoy más que en las épocas pasadas, la información tanto científica como tecnológica abre posibilidades muy interesantes para las ciencias sociales y humanidades y su futuro desarrollo y divulgación. La participación de la sociedad en estas actividades puede detonar interacciones entre los profesionales de las ciencias y humanidades con los no profesionales generando efectos sinérgicos en la búsqueda de soluciones a los problemas o diversificando las propias actividades o compartición de visiones. Actualmente, el sistema de educación superior con su enfoque de extensión está contribuyendo en estos aspectos.
La educación superior, basada en la generación de conocimiento, es una inversión social imprescindible; además consideramos importante mencionar que la diversidad en el sector de educación superior y de investigación es fundamental para conseguir que la construcción del conocimiento permita adaptación social que utilice la flexibilidad de los ecosistemas para otorgar versatilidad al sector empresarial en la generación de productos y servicios con valor de intercambio en el entorno local, nacional e internacional. La diversidad de instituciones participantes en el sector de educación superior: tecnológicas, politécnicas, autónomas, etc. debe garantizarse para construir una sociedad flexible y adaptable.
En este contexto es esencial reconocer que la ciencia se enmarca dentro de las actividades participativas de las personas que se dedican a ella y que no se construye con base en verdades absolutas, sino en acuerdos entre las personas que se dedican a ella basadas en información verificada.
Por lo tanto, los objetivos del sistema de CTI, además del impulso a la ciencia fundamental y de frontera, deben contemplar:
Nuevamente a manera de ejemplo puedo ilustrar algunos aspectos con un objetivo, en cuanto al ODS 7 : energía accesible y renovable. Podemos comentar que es necesario que el sector científico construya y abra bases de datos físicos, químicos o biológicos que ayuden a diseñar e implementar sistemas renovables como sistemas fotovoltaicos o eólicos para producir electricidad o sistemas termosolares para calentamiento de fluidos necesarios en algún proceso productivo o sanitario. Hoy en día es necesaria la formación de talento en los niveles técnicos, ingenieriles y de generación de conocimiento en los temas de las energías renovables. No contamos en el país con suficientes instaladores, diseñadores, verificadores y científicos en temas de energías renovables. La implantación de sistemas distribuidos en conjunto con sistemas centralizados generadores de energía requiere de la coordinación efectiva de diversos niveles de gobierno, empresas, organizaciones sociales y de instituciones de educación para generar, transferir, divulgar y apropiarse de conocimiento para la toma de decisiones. La construcción de soluciones locales y distribuidas de generación de energía son un verdadero ejemplo de democratización energética y empoderamiento de las personas y comunidades.
Todas las figuras de este texto fueron elaboradas en colaboración con la Lic. Celeste Morales Santiago del IER-UNAM
Participé en: Mesa 8
Las actividades científicas, tecnológicas y de innovación para la solución de los problemas nacionales. Los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) como eje transversal en el Plan Nacional de Desarrollo (PND) y el Programa Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación (PECiTI).
Hoy en día la generación de conocimiento debe contemplarse desde una perspectiva global que incluya los conocimientos desarrollados en el ámbito internacional para resolver la problemática local y global. Así, el sistema científico de una región debe responder a las demandas de los locales en un contexto internacional. Con esta visión, en un esfuerzo internacional por plantear estrategias de largo plazo, se definió la Agenda 2030 que busca monitorizar las políticas públicas hacia la sustentabilidad del planeta mediante la definición de objetivos, metas e indicadores. De esta manera, surge un acuerdo internacional al definir los 17 objetivos del desarrollo sustentable, que en forma sucinta son: (1) acabar con la pobreza, (2) hambre cero, (3) salud y bienestar para todos, (4) educación de calidad, (5) igualdad de género, (6) agua limpia y saneamiento, (7) energía asequible y no contaminante, (8) trabajo digno y crecimiento económico, (9) industria, innovación e infraestructura, (10) reducción de desigualdad, (11) ciudades y comunidades sustentables, (12) producción y consumo responsable, (13) acción por el clima, (14) vida submarina, (15) vida de ecosistemas terrestres, (16) paz, justicia e instituciones sólidas, y (17) alianzas intersectoriales. Estos objetivos contemplan que la sustentabilidad del planeta radica en considerar cuatro dimensiones, que podemos resumir como: Naturaleza, Economía, Sociedad y Organizacional (para recordarlo se puede usar la brújula de la sustentabilidad ver Fig. 1 ), para analizar cualquiera de nuestras actividades (económicas, sociales, políticas o recreacionales) y determinar la huella que dejamos al hacerla. Es importante hacer notar que la dimensión organizacional es muy importante para nuestro país ya que considera el buen gobierno como una dimensión esencial en el análisis y que esta dimensión no se contemplaba en los primeros esfuerzos por definir la sustentabilidad. Con estas bases recientemente, las instituciones dedicadas a la educación superior han reconocido la necesidad de colaborar y se ha formado la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible encabezada por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey y la Universidad Nacional Autónoma de México que fundamenta, desde el punto de vista científico, las estrategias para brindar soluciones hacia la sustentabilidad.

Figura 1. Brújula de la sustentabilidad que representa las dimensiones de la sustentabilidad y las ligas con los 17 ODS
En el ámbito internacional y nacional se ha reconocido que la investigación en temas de la sustentabilidad global y local representan retos mayúsculos; pero que son muy relevantes para la sociedad en su conjunto y en todas las regiones, ya que aportan conocimiento para la toma de decisiones. Uno de los principales retos para conseguir los Objetivos del Desarrollo Sostenible radica en la definición de las formas de medir el camino hacia su cumplimiento, de aquí que una de las principales tareas para el sector científico sea la determinación de los indicadores idóneos para medir ese tránsito hacia la sustentabilidad. El entrelazamiento de los ODS se observa en que cada uno de ellos está relacionado con las diferentes dimensiones de la sustentabilidad y, por lo tanto, para cumplirlos se requiere de estrategias multidimensionales tanto en aspectos ambientales, económicos, sociales y organizacionales pasando por su implementación en los diferentes niveles: globales, regionales y locales. El seguimiento de la evolución en el cumplimiento de los ODS requiere de un marco de indicadores donde las metodologías científicas son imprescindibles. La ciencia puede fundamentar los procedimientos para monitorizar estos indicadores que deben tanto depender de las características de las regiones como incorporar sus diversidades sociales, ambientales y culturales. La integración entre el conocimiento empírico, desarrollado por personas locales, y el conocimiento científico es necesaria para mejorar el entendimiento de las interrelaciones y sinergias que las estrategias pueden brindar al cumplimiento de los ODS en cada región.
Desde mi perspectiva, debe quedar claro que el sector científico mexicano es profesional y presenta un impacto positivo en la ciencia global; sin embargo los datos indican que el impacto en la sociedad todavía no es el deseable, analicemos algunos datos.

Figura 2. Esquema que representa esquemáticamente que la inversión en ciencia y tecnología correlaciona con la ausencia de pobreza
Primero debemos enmarcar a la ciencia en el contexto social y reconocer que la desigualdad en nuestro país es lacerante, ya que un 43\% de la población está por debajo de la línea de pobreza, que incluso comparado con otros países latinoamericanos es lamentable. Estos datos son más lamentables cuando vemos que el porcentaje del PIB dedicado a actividades científicas correlaciona con la pobreza (ver Fig. 2). Por ejemplo, Brasil y Venezuela reportan un 10\% y 33\% de personas por debajo de la línea de pobreza; mientras que en Corea y Alemania el porcentaje en este rubro es insignificante.

Figura 3. Esquema que representa esquemáticamente que la inversión en ciencia y tecnología correlaciona con el menor número de científicos
Con este simple gráfico de la desigualdad abordemos lo tocante al número de personas dedicadas a actividades científicas, en Brasil y Venezuela se reportan a 2.5 y 9 personas por cada 10 mil habitantes; en cambio Corea y Alemania reportan 71 y 49; mientras que en nuestro país somos solamente 3 personas dedicadas a la ciencia por cada 10 mil habitantes. El porcentaje del PIB dedicado como presupuesto a actividades científicas en estos países es: 2.94\% Alemania, 4.24\% Corea, 1.28\% Brasil, 0.25\% Venezuela y menos del 0.5\% del PIB en nuestro país (ver Fig. 3). Con tan magra inversión en la generación de conocimiento de nuestra sociedad no podemos augurar una intervención positiva en la disminución de la pobreza, así es de esperar que el impacto del sector científico no sea el que deseamos.

Figura 4. Esquema que representa las contribuciones de las universidades, las familias de patentes y el índice h de los artículos de los países que se usan para ilustrar el punto de GII, 2017
Para reforzar mi dicho analicemos otro indicador global: el Índice Global de Innovación que nos coloca en el lugar 31 de 64 países y donde Alemania, Corea y Brasil ocupan los lugares 4, 9 y 28, respectivamente, indicando que requerimos mejorar la actividad en este sector de innovación. Es importante mencionar que este índice de innovación es una combinación de indicadores de ciencia y de desempeño empresarial. Un análisis más detallado señala que los indicadores académicos que componen este índice muestran un mejor desempeño que los indicadores empresariales como podemos ver el lugar que ocupan nuestras universidades y el número $h$ de nuestros artículos impacta mayormente en el índice en comparación con el número de familias de patentes que es un indicador del sector empresarial e industrial (situación que se ilustra en la Fig. 4). Esta situación reclama que haya una mayor participación de la inversión privada en actividades científico tecnológicas con una verdadera vocación innovadora que transforme al sector económico hacia un sector basado en la generación de productos o servicios con alto valor agregado que promoverá el desempeño económico y, dada la actividad económica basada en conocimiento, generará un sesgo al bienestar social.
Estrategias
Con esta información en mente, regresemos a los ODS que contemplan claramente objetivos que hoy estamos convencidos que deben ser abordados en nuestro país: Fin a la pobreza y hambre, asegurar la vida saludable y educación de calidad, combate al cambio climático y la protección al ambiente desde lo local a lo global.
Al observar los 17 ODS podemos notar que se requiere la participación de todas la ciencias y las humanidades para definir las políticas públicas que permitan cumplirlos en forma local y global y, más importante, definir los indicadores específicos correspondientes a cada región que permitan darle seguimiento a estas políticas. Así desde el sector científico, para conseguir los ODS podemos proponer algunas estrategias:
- Reconocer que la ciencia es una actividad humana que ayuda a la construcción de un mundo sustentable y que la ciencia básica es uno de los principales requerimientos para la innovación tecnológica y social, que conlleva a la actividad económica basada en productos o servicios de alto valor y que puede promover la armonía con el ambiente e inversión en el largo plazo.
- Incrementar la diversidad en el sector científico consolidando la equidad de género y construyendo un amplio espectro de actores, incluyendo grupos subrepresentados y minorías en el quehacer científico.
- Fortalecer la educación científica incrementando la divulgación de la ciencia y construyendo talento y entendimiento científico en todos los niveles educativos.
- Invertir en educación y generación de conocimiento mediante becas para programas científicos fomentando la participación de las minorías sin menoscabo de la excelencia.
- Incrementar el presupuesto a ciencia, tecnología e innovación al asignar el 1\% PIB para labores científicas y tecnológicas promoviendo la participación activa del sector privado para construir y consolidar la infraestructura científico tecnológica en escuelas, universidades, centros públicos de investigación y sector industrial y empresarial.
- Promover un sector científico integrado abordando las cuatro dimensiones de la sustentabilidad considerando aspectos sociales, económicos, ambientales y de buen gobierno con perspectivas tanto disciplinarias como fomentando la inter-, multi- y transdisciplina sin olvidar la colaboración local, regional nacional e internacional.
En esta última estrategia, es importante que las minorías y sectores relegados sean incluidos en las políticas de Ciencia Tecnología e Innovación (CTI) y una forma de asegurar esta inclusión es tomar como referencia los ODS y el marco dimensional de la sustentabilidad.
La perspectiva que debemos tomar al abordar estas estrategias es la de teoría de sistemas y con ello debemos considerar la argumentación de Donella Meadows, en "Thinking in Systems" y de Elinor Ostrom en "Understanding Institutional Diversity": referente a que los sistemas e instituciones deben ser evaluados con base en su desempeño y de ser posible por agentes externos; además de mostrar flexibilidad para responder ante situaciones diversas. En este sentido el sector científico también debe estar sujeto a las evaluaciones externas, como lo ha estado, y a contemplar diversidad de organizaciones, disciplinas y por supuesto de opiniones en su seno. De aquí la importancia de concebir un sistema CTI con una amplia diversidad de actores. La construcción de un sistema CTI flexible con diversidad de opinión garantiza involucrar las dimensiones de la sustentabilidad y la selección de soluciones basadas en conocimiento local y global.
Precisamente la generación de conocimiento local debe contribuir al conocimiento global y la ciencia internacional puede contribuir en la construcción de soluciones reales y de largo plazo.
Estas estrategias se pueden ilustrar con ejemplos en el ámbito de las energías renovables que contribuye directamente al ODS 7. Las energías renovables brindan la oportunidad a la población para que ella genere su propia energía y ha sido la ciencia y la tecnología que han contribuido en este aspecto. Hace algunas décadas, por ejemplo, la energía solar fotovoltaica era cara, hoy en día es más barata que la energía producida con combustibles fósiles. Así debemos reconocer y divulgar este hecho. Hoy en día las mujeres están optando por estudios doctorales en ámbitos de las energías renovables y en algunas instituciones ya son la mitad de la matrícula. En aspectos de brindar energía a comunidades es importante consultarlas para que ellas definan las necesidades de acuerdo a las actividades que deseen desarrollar, sean para producir productos o servicios con valor de intercambio o de esparcimiento o de educación. La estrategia para brindar energía renovable de acuerdo al entorno (ambiental, social) debe ser definida por la comunidad misma con participación de científicos, tecnólogos y humanistas que aporten conocimiento verificable.
Objetivos
Con respecto a los objetivos del sector CTI existe la propuesta consensuada en la comunidad académica y plasmada en el documento “Hacia la consolidación y desarrollo de políticas públicas en ciencia, tecnología e innovación” donde se establece que es “prioritario para el sistema de CTI hacer del conocimiento, la tecnología y la innovación, incluida la innovación social, una palanca fundamental para el crecimiento económico sustentable de México, que favorezca el desarrollo humano, posibilite una mayor justicia social, consolide la democracia y la paz, y fortalezca la soberanía nacional”. En este mismo documento se indica que: “La transformación y expansión del Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación en México es un factor crucial para establecer una verdadera sociedad y economía basadas en el conocimiento y en la información, con una visión ética, de compromiso social y sustentable para conseguir el bienestar social.”
Con estas miras es claro que la generación de conocimiento es un eje transversal en el combate a la pobreza, desigualdad y deterioro del ambiente que hoy sufrimos y que la generación de indicadores que monitoricen el avance en los ODS es una de las tareas de las ciencias que manifiestan esta transversalidad.
Tanto las ciencias e ingenierías como las humanidades son actividades que las personas podemos cultivar y disfrutar por igual. Hoy más que en las épocas pasadas, la información tanto científica como tecnológica abre posibilidades muy interesantes para las ciencias sociales y humanidades y su futuro desarrollo y divulgación. La participación de la sociedad en estas actividades puede detonar interacciones entre los profesionales de las ciencias y humanidades con los no profesionales generando efectos sinérgicos en la búsqueda de soluciones a los problemas o diversificando las propias actividades o compartición de visiones. Actualmente, el sistema de educación superior con su enfoque de extensión está contribuyendo en estos aspectos.
La educación superior, basada en la generación de conocimiento, es una inversión social imprescindible; además consideramos importante mencionar que la diversidad en el sector de educación superior y de investigación es fundamental para conseguir que la construcción del conocimiento permita adaptación social que utilice la flexibilidad de los ecosistemas para otorgar versatilidad al sector empresarial en la generación de productos y servicios con valor de intercambio en el entorno local, nacional e internacional. La diversidad de instituciones participantes en el sector de educación superior: tecnológicas, politécnicas, autónomas, etc. debe garantizarse para construir una sociedad flexible y adaptable.
En este contexto es esencial reconocer que la ciencia se enmarca dentro de las actividades participativas de las personas que se dedican a ella y que no se construye con base en verdades absolutas, sino en acuerdos entre las personas que se dedican a ella basadas en información verificada.
Por lo tanto, los objetivos del sistema de CTI, además del impulso a la ciencia fundamental y de frontera, deben contemplar:
- Facilitar el acceso al conocimiento científico y mejorar los procesos y mecanismos de transferencia y divulgación de conocimiento y tecnología, generados en las instituciones de educación superior y en los centros públicos de investigación.
- Fomentar la generación de talento en ciencia, tecnología e innovación desde la llamada ciencia básica, considerando que solamente existe una clase de ciencias: las aplicables, hasta la innovación por parte del sector empresarial contemplando las características ambientales y culturales de las diferentes regiones.
- Fomentar la divulgación del pensamiento científico y humanístico en todos los sectores sociales, así como buscar diferentes formas de acercamiento con organizaciones de la sociedad civil para la construcción, transferencia e intercambio de conocimientos y experiencias, respetando y construyendo diversidad.
- Coadyuvar mediante la generación de conocimiento científico y tecnológico a la búsqueda de soluciones que contribuyan positivamente a elevar los niveles de bienestar de la población mexicana, atendiendo en particular a los grupos vulnerables y con un enfoque hacia la sustentabilidad.
- Institucionalizar una coordinación efectiva entre todos los niveles de gobierno, la iniciativa privada, el sector social, las instituciones de educación superior y los centros públicos de investigación para fortalecer las tareas de vinculación en CTI; además de intensificar el intercambio entre las diversas instituciones de educación superior a lo largo del país, con el fin de compartir el conocimiento generado y propiciar su apropiación por parte de la población en general.
- Construir participativamente planes estratégicos con indicadores para abordar los ODS en todas las regiones contemplando sus diversidades culturales, sociales y ambientales basados en conocimiento y en la identificación de las ausencias de información.
Nuevamente a manera de ejemplo puedo ilustrar algunos aspectos con un objetivo, en cuanto al ODS 7 : energía accesible y renovable. Podemos comentar que es necesario que el sector científico construya y abra bases de datos físicos, químicos o biológicos que ayuden a diseñar e implementar sistemas renovables como sistemas fotovoltaicos o eólicos para producir electricidad o sistemas termosolares para calentamiento de fluidos necesarios en algún proceso productivo o sanitario. Hoy en día es necesaria la formación de talento en los niveles técnicos, ingenieriles y de generación de conocimiento en los temas de las energías renovables. No contamos en el país con suficientes instaladores, diseñadores, verificadores y científicos en temas de energías renovables. La implantación de sistemas distribuidos en conjunto con sistemas centralizados generadores de energía requiere de la coordinación efectiva de diversos niveles de gobierno, empresas, organizaciones sociales y de instituciones de educación para generar, transferir, divulgar y apropiarse de conocimiento para la toma de decisiones. La construcción de soluciones locales y distribuidas de generación de energía son un verdadero ejemplo de democratización energética y empoderamiento de las personas y comunidades.
Todas las figuras de este texto fueron elaboradas en colaboración con la Lic. Celeste Morales Santiago del IER-UNAM
miércoles, 20 de febrero de 2019
La autonomía garante de la diversidad
En estos días en el ámbito nacional se ha discutido sobre la autonomía de algunas instituciones. Si bien se ha argumentado que algunas instituciones autónomas obedecen a intereses grupales en lugar de velar por el bienestar social, considero que de ser cierto, el error está en la composición de estas instituciones y no se debe cuestionar su existencia por algunos errores en la composición.
Para analizar este punto, nuevamente quiero llamar la atención sobre el trabajo de Donella Meadows, Thinking in Systems, donde alerta sobre la resistencia política que puede haber en un sistema cuando diversos actores intentan impulsar al sistema en diferentes direcciones para satisfacer objetivos diferentes. Para contrarrestar esta resistencia lo que propone es atraer a todos los actores para usar la energía de cada uno de ellos y buscar la satisfacción de todos ellos mediante la definición de objetivos más amplios y más importantes en el largo plazo. De esta manera, cada uno de los actores puede impulsar sus propios objetivos, pero en forma conjunta con los otros actores. Desde mi punto de vista, esta es una clara visión sistémica de la compleja problemática que hoy sufrimos en nuestro país. Si bien el discurso oficial de hoy es de inclusión, en la práctica debe enfatizarse y manifestarse. En particular, es importante promover la consideración de actores diferentes en los objetivos de largo plazo para implantar políticas que desde el corto plazo estén alineadas con un futuro donde el bienestar social impere, en lugar de definir trayectorias rígidas que generan descontento en algunos sectores.
Con esta visión general, ahora déjenme transitar al problema de la autonomía de las instituciones de educación superior. Primero, considero importante mencionar que las universidades tienen, principalmente, los objetivos de preparar los talentos y generar los conocimientos para alcanzar un bienestar social. Ya este lunes el Dr. Juan Ramón de la Fuente expuso con detalle las motivaciones y bondades que hace casi un siglo se argumentaron para dar la autonomía a las universidades, y que, desde mi perspectiva, siguen siendo vigentes. Además, el Dr. de la Fuente aclaró las características que tiene la autonomía en las universidades y la responsabilidad social que conlleva esta autonomía; así como, el compromiso con la rendición de cuentas (Ayer martes la UNAM cumplió al 100% con los requisitos de transparencia del INAI). Hoy en día en nuestro país tenemos un sistema educativo público en el nivel superior muy diverso. Contamos con el Instituto Tecnológico Nacional de México con decenas de entidades en todo el país, Universidades Politécnicas y Universidades Tecnológicas que presentan la característica de depender de las autoridades políticas de cada región o del nivel federal. Por otro lado, también están las diferentes universidades autónomas que precisamente ofrecen una forma diferente de educación e investigación para propiciar el bienestar social. Con una visión reduccionista esta diversidad de opciones para la educación superior pudiera parecer caótica; sin embargo, en el tema de la educación superior en una sociedad debe responder de manera diversa para poder construir y contender con la diversidad que se requiere en la actualidad. Además, la forma de organización de las universidades autónomas obedece, generalmente, a estructuras multinivel para la toma de decisiones con el objeto de garantizar la buena administración de los recursos y talentos.
Desde una visión sistémica, podemos recordar lo mencionado por Elinor Ostrom en Understanding Institutional Diversity, donde menciona la importancia de contar con sistemas de gobernanza policéntricos para fomentar la capacidad adaptativa de los sistemas sociales. Ella define que sistema policéntrico se refiere a aquellos sistemas donde las personas son capaces de organizarse no solo bajo un esquema de una autoridad sino de múltiples autoridades en diferentes escalas. Cada uno de estos niveles ejerce considerable independencia para hacer y seguir reglas dentro del dominio de su autoridad. En las universidades autónomas se tienen consejos internos, asesores, técnicos, académicos o universitarios o asambleas y todas estas autoridades en sus respectivos ámbitos tienen representación de la comunidad universitaria respectiva. Esta organización, que ya de por sí es policéntrica, es compleja y obedece a características específicas de cada comunidad y entorno. La gama de este tipo de estructuras es amplia y, desde mi punto de vista, perfectible pero está funcionando en la mayoría de los casos.
Esta diversidad en las universidades garantiza a la sociedad una capacidad de respuesta y adaptación ante diferentes problemáticas que un sistema de educación superior sin diversidad no puede ofertar.
Así, desde la perspectiva de los sistemas complejos, nuestra sociedad requiere tener diversidad en las instituciones que preparan talentos y generan conocimiento y al garantizar la autonomía de estas instituciones en la Constitución es la única forma efectiva tener la adaptabilidad requerida por nuestra sociedad para transitar hacia el bienestar social.
Una versión previa de este artículo fue publicada el día 20 de Febrero en el periódico la Unión de Morelos.
Para analizar este punto, nuevamente quiero llamar la atención sobre el trabajo de Donella Meadows, Thinking in Systems, donde alerta sobre la resistencia política que puede haber en un sistema cuando diversos actores intentan impulsar al sistema en diferentes direcciones para satisfacer objetivos diferentes. Para contrarrestar esta resistencia lo que propone es atraer a todos los actores para usar la energía de cada uno de ellos y buscar la satisfacción de todos ellos mediante la definición de objetivos más amplios y más importantes en el largo plazo. De esta manera, cada uno de los actores puede impulsar sus propios objetivos, pero en forma conjunta con los otros actores. Desde mi punto de vista, esta es una clara visión sistémica de la compleja problemática que hoy sufrimos en nuestro país. Si bien el discurso oficial de hoy es de inclusión, en la práctica debe enfatizarse y manifestarse. En particular, es importante promover la consideración de actores diferentes en los objetivos de largo plazo para implantar políticas que desde el corto plazo estén alineadas con un futuro donde el bienestar social impere, en lugar de definir trayectorias rígidas que generan descontento en algunos sectores.
Con esta visión general, ahora déjenme transitar al problema de la autonomía de las instituciones de educación superior. Primero, considero importante mencionar que las universidades tienen, principalmente, los objetivos de preparar los talentos y generar los conocimientos para alcanzar un bienestar social. Ya este lunes el Dr. Juan Ramón de la Fuente expuso con detalle las motivaciones y bondades que hace casi un siglo se argumentaron para dar la autonomía a las universidades, y que, desde mi perspectiva, siguen siendo vigentes. Además, el Dr. de la Fuente aclaró las características que tiene la autonomía en las universidades y la responsabilidad social que conlleva esta autonomía; así como, el compromiso con la rendición de cuentas (Ayer martes la UNAM cumplió al 100% con los requisitos de transparencia del INAI). Hoy en día en nuestro país tenemos un sistema educativo público en el nivel superior muy diverso. Contamos con el Instituto Tecnológico Nacional de México con decenas de entidades en todo el país, Universidades Politécnicas y Universidades Tecnológicas que presentan la característica de depender de las autoridades políticas de cada región o del nivel federal. Por otro lado, también están las diferentes universidades autónomas que precisamente ofrecen una forma diferente de educación e investigación para propiciar el bienestar social. Con una visión reduccionista esta diversidad de opciones para la educación superior pudiera parecer caótica; sin embargo, en el tema de la educación superior en una sociedad debe responder de manera diversa para poder construir y contender con la diversidad que se requiere en la actualidad. Además, la forma de organización de las universidades autónomas obedece, generalmente, a estructuras multinivel para la toma de decisiones con el objeto de garantizar la buena administración de los recursos y talentos.
Desde una visión sistémica, podemos recordar lo mencionado por Elinor Ostrom en Understanding Institutional Diversity, donde menciona la importancia de contar con sistemas de gobernanza policéntricos para fomentar la capacidad adaptativa de los sistemas sociales. Ella define que sistema policéntrico se refiere a aquellos sistemas donde las personas son capaces de organizarse no solo bajo un esquema de una autoridad sino de múltiples autoridades en diferentes escalas. Cada uno de estos niveles ejerce considerable independencia para hacer y seguir reglas dentro del dominio de su autoridad. En las universidades autónomas se tienen consejos internos, asesores, técnicos, académicos o universitarios o asambleas y todas estas autoridades en sus respectivos ámbitos tienen representación de la comunidad universitaria respectiva. Esta organización, que ya de por sí es policéntrica, es compleja y obedece a características específicas de cada comunidad y entorno. La gama de este tipo de estructuras es amplia y, desde mi punto de vista, perfectible pero está funcionando en la mayoría de los casos.
Esta diversidad en las universidades garantiza a la sociedad una capacidad de respuesta y adaptación ante diferentes problemáticas que un sistema de educación superior sin diversidad no puede ofertar.
Así, desde la perspectiva de los sistemas complejos, nuestra sociedad requiere tener diversidad en las instituciones que preparan talentos y generan conocimiento y al garantizar la autonomía de estas instituciones en la Constitución es la única forma efectiva tener la adaptabilidad requerida por nuestra sociedad para transitar hacia el bienestar social.
Una versión previa de este artículo fue publicada el día 20 de Febrero en el periódico la Unión de Morelos.
miércoles, 13 de febrero de 2019
La diversidad es fundamental en la construcción del conocimiento
La semana pasada se difundió la noticia sobre una propuesta para modificar la Ley de Ciencia y Tecnología. Esta propuesta contiene cambios en la estructura del sector científico tecnológico que debemos analizar con cuidado. En estas líneas brevemente expondré algunas ideas para analizar la propuesta y evidentemente dejaré otras para el futuro.
Primeramente, debemos reconocer que la ciencia se enmarca en actividades participativas de las personas que se dedican a ella y que no se construye con base en verdades absolutas, sino en acuerdos entre las personas que se dedica a ella basadas en información verificada. Además, es común que existan diferentes corrientes de pensamiento, que a lo largo del tiempo convergen en un mayor y profundo entendimiento de los fenómenos naturales o sociales en los que estamos inmersos. La diversidad de opinión es uno de los baluartes de la comunidad científica.
Por otro lado, siguiendo la argumentación de Donella Meadows, en Thinking in Systems y de Elinor Ostrom en Understanding Institutional Diversity: los sistemas e instituciones deben ser evaluados con base en su desempeño y de ser posible por agentes externos. En este sentido el sector científico también debe estar sujeto a las evaluaciones externas y a contemplar diversidad de opiniones en su seno.
Otro aspecto importante, es que en la mayoría de las sociedades actuales, los científicos se han agrupado en organizaciones que conforman núcleos asesores para los gobiernos y, que basados precisamente en la diversidad de opiniones y de información verificada, orientan las decisiones hacia soluciones científico-tecnicas que son priorizadas por la política del gobierno en turno. Dado estas acciones, los gobiernos financian las actividades de estas organizaciones científicas para mantenerlas activas y prestas a colaborar. Este financiamiento debe ser otorgado aunque en ocasiones las academias alerten sobre la posible implementación políticas que no concuerden con la visión gubernamental en turno.
Recordemos, que uno de los sectores más críticos de toda sociedad siempre es el científico, ya que está entrenado para encontrar aspectos no contundentes en las afirmaciones de otras personas y con ello proponer formas que sean más incluyentes o más precisas o más generales en el entendimiento de los fenómenos naturales o sociales.
Desde mi punto de vista, toda modificación a la Ley de Ciencia y Tecnología debe contemplar los puntos señalados arriba y comento que la propuesta no parece incluirlos. Al proponer que el Consejo Nacional de Humanidades Ciencias y Tecnología es el único actor que define la política en este sector y que tiene las facultades inhibir actividades en algunos tópicos es totalmente anticientífico. Además, me parece que al dejar a una sola persona tomar de decisiones de una variedad muy amplia de temas que humanamente son imposibles de comprender a cabalidad, no es deseable. Si se plantea tener órganos consultores, la pregunta es ¿por qué no los existentes? ¿Acaso se desconfía de ellos?, me parece que la suspicacia es extrema. Las organizaciones científicas actuales, las Academias de Ciencias, Ingeniería, Medicina, etc. son organizaciones caracterizadas por su diversidad y actitud crítica hacia cualquier propuesta. Esta forma de responder críticamente ante cualquier propuesta es una de las características del sector científico que los tomadores de decisión deben aquilatar en sobremanera y usarla para evitar tomar decisiones equivocadas.
Basado, precisamente en las propuestas sistémicas de Meadows y Ostrom, las evaluaciones en el ámbito académico deben tener una componente externa. En este sentido el nuevo CONAHCyT, debe tener precisamente evaluadores y consultores externos que critiquen o aplaudan las políticas que defina. Las diversas organizaciones que los científicos hemos construido orgánica y participativamente a lo largo de décadas pueden ser estos evaluadores externos. En el ámbito científico y de las humanidades la diversidad no solo es tolerada sino se fomenta con la certeza de poder construir entendimientos y apreciaciones más sólidos e incluyentes de los fenómenos naturales y sociales.
Por estas razones, me preocupa la propuesta de eliminar al Consejo Consultivo de Ciencias (membresía unipersonal formado por las personas que han recibido Premios Nacionales en Ciencias) y al Foro Consultivo Científico Tecnológico (asociación de instituciones: Academia de Ingeniería, Academia Mexicana de Ciencias, Academia Mexicana de la Lengua, Academia Nacional de Medicina de México, Asociación de Directivos de la Investigación Aplicada y Desarrollo Tecnológico, Consejo Mexicano de Ciencias Sociales, CANACINTRA, CONCAMIN, COPARMEX, Presidente del Consejo Nacional Agropecuario, Red Nacional de Consejos y Organismos Estatales de Ciencia y Tecnología, CINVESTAV, IPN, UNAM, Sistema de Centros Públicos de Investigación CONACyT y adicionalmente tres científicos electos por votación directa de los miembros del SNI) como elementos de acompañamiento y vigilancia desde la comunidad científica hacia las actividades del CONACyT. Como se puede observar de la lista de organizaciones e instituciones es realmente diversa y muchas de ellas tiene prácticas democráticas y participativas desde hace décadas; no hay forma de argumentar que todas ellas puedan confabularse para conseguir canonjías o corromperse simultáneamente. Para mi, es claro que se pueden incluir otras organizaciones desde las raíces de la sociedad; pero eliminar las que pudieran presentar una oposición con base en conocimiento y experiencia me parece una actitud no promotora de la participación de la comunidad científica en la toma de decisiones. Me preocupa principalmente que la Junta de Gobierno del nuevo CONAHCyT estaría totalmente integrada por titulares de secretarías de gobierno y no habría ninguna representación social o científica, considero esto no es adecuado. También desde mi punto de vista, muchos científicos y humanistas votaron en 2018 por un cambio en el sentido de propiciar mayor participación, para nada en el sentido de la toma de decisiones verticales arguyendo una verdad absoluta preconcebida. También votaron por un mayor financiamiento a las actividades científicas, humanistas y culturales, aspecto que no se ha cumplido hasta el momento.
En todos los ámbitos científicos y humanistas, el intercambio de ideas con los que piensan diferentes se fomenta con el afán de construir, es muy lamentable que esta propuesta de cambio haya sido presentada por un partido sin haberla discutida con el sector científico tecnológico.
Estas y otras partes preocupantes de la propuesta, espero hayan sido presentadas causadas por algún error como ha pasado recientemente en aspectos de financiamiento a las universidades.
Estoy seguro que la mayoría de las personas que participaron en las elecciones del 2018 no votarían por un sistema dictatorial, y, en cambio, sí lo hicieron por la construcción de una sociedad donde el bienestar social aparezca y la diversidad de opiniones sea considerada en forma participativa. La diversidad es fundamental en la construcción del conocimiento y debemos fomentarla en todos los ámbitos de nuestra vida.
Una versión previa de este artículo fue publicada el día 13 de Febrero en el periódico La UNIÓN de Morelos.
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