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miércoles, 12 de junio de 2024

Dialogar para deconstruir y construir

¿Qué esperamos para nuestro futuro cercano y que impacte positivamente en nuestro futuro a largo plazo? Este tipo de pregunta es de las que más ha estado rondado por nuestras cabezas en estos tiempos de elecciones. Esta situación no solo está sucediendo en México, sino en muchos lugares del mundo, ya que estamos en plenas elecciones en una buena porción del planeta. Por ejemplo en El Salvador la mayoría ha decidido reelegir al Nayib Bukele como presidente, en México el triunfo de Claudia Sheinbaum como la primera presidenta. En Morelos, el estado donde vivo, Margarita González Saravia será la primera gobernadora. Esta semana, en las elecciones para el parlamento europeo, los grupos de derecha obtuvieron el respaldo de la población.
Aunque no parezca, estos resultados tienen que ver con la desilusión que la mayoría de la población está percibiendo de la situación actual (estatus quo) y parece que se apunta hacia las transformaciones y ruptura con las instituciones actuales o al menos de como las conocemos.
Observamos que no son elecciones tradicionales, al menos como las que viví en el siglo pasado, en el sentido de izquierdas o derechas. Los colores de la opción ciudadana no son unívocos, sino que parece ser que se intenta explorar por otras vías diferentes a las institucionales. Estos hechos nos invitan a la reflexión. En el contexto mexicano, en los últimos siglos, no se ha podido disminuir la situación de pobreza de una porción cercana al 50 % de la población. En el mundo cerca del 40 % de la población vive con menos cinco dólares al día, que claramente no alcanza para salir de la pobreza. La situación actual, en regiones donde la población puede elegir a quien gobierne, la selección de propuestas de ruptura se aprecia como la que más promete. Parece ser que esta situación indica que estamos pensando en el futuro cercano y no en el largo plazo que se vislumbra incierto.
También en estos días, nos hemos percatado de los cambios globales que hemos producido en el clima del planeta y lo que se veía improbable, ahora es lo cotidiano. Las olas de calor y sequías están afectando nuestras poblaciones y los eventos meteorológicos extremos están presentándose con mayor frecuencia e intensidad. Para mí, las acciones que debemos adoptar para mitigar, adaptarnos y combatir este cambio climático son de carrera larga, es decir, nuestras acciones no tienen impacto inmediato y hasta parecieran que no sirven, que no disminuyen las desigualdades. Por esta razón, es necesario alertar a la población en general de estos hechos, con datos e información para buscar las estrategias a largo plazo que consideren el día a día.

Imagen generada con inteligencia artificial mediante la frase: "Image of a scene alive with vibrant colors and infectious joy as the sun casts its golden glow over a picturesque Latin American city. The cobblestone streets hum with energy as happy people stroll leisurely, their laughter mingling with the melodic rhythms of street musicians." en leonardo.ai.

Dentro de las acciones de ruptura están las propuestas de cambio de la estructura de nuestras ciudades y pensar en ciudades o vecindarios pequeños, donde la población pueda realizar la mayoría de sus actividades económicas, sociales, culturales, educativas y de esparcimiento en distancias caminables o de movilidad no motorizada. Esto implica la ruptura con el actual modo basado en el transporte individual con vehículos de combustión interna. En este sentido, el cambio hacia un transporte público eléctrico no solo implica el cambio de combustible, sino la transformación de la infraestructura urbana para acoplar eficientemente el transporte público con la movilidad no motorizada. 
A pesar de muchas personas u organizaciones la población parece caminar hacia la sustitución de los combustibles fósiles, parece evidente que en unos 20 años estaremos presenciando la electrificación de nuestras actividades productivas y cotidianas y esta transformación implica el uso de energías renovables o al menos limpias.
No me queda duda que en México, las acciones de Claudia Sheinbaum van en la dirección de instrumentar acciones hacia las fuentes renovables de energía, pero también se requiere de mensajes claros en esta dirección. En Morelos, he sido testigo de la construcción de estrategias sustentables para Cuernavaca; pero se requiere nuevamente de la actualización y adecuación a la situación actual y de todo Morelos. He visto las estrategias planeadas hace unos 15 años por Margarita González Saravia y considero pueden ser las bases para la construcción de un Morelos que responda a sus entornos sociales y ambientales, en plural por la diversidad de hoy.
Entendamos la ciudadanía mexicana habló y eligió, sean las razones que sean, me parece que debemos caminar colaborando.
Como lo decía al principio, son tiempos de cambios, la población en todos lados está cuestionando la forma en la que se trazaron las instituciones, ya que no han funcionado, tenemos porciones grandes de la población en pobreza. Como parte de una generación que luchó por configurar estas instituciones que pretendía responder a la población en general, me doy cuenta de que necesitamos replantear lo hecho. Para ello considero, ahora que hemos construido más conocimiento, social, ambiental y técnico, tenemos la oportunidad de construir estrategias basadas en este conocimiento y vislumbrar un futuro más lejano.
Desde mi punto de vista, la disposición para dialogar con la diversidad implica la apertura para, con argumentos, flexibilizar y en su caso modificar las posiciones. Lo he mencionado muchas veces, el diálogo con miras en el futuro lejano ayuda a encontrar las coincidencias y construir estrategias de consenso.
Redoblemos esfuerzos por dialogar y deconstruir para construir con base en el conocimiento.


Una versión previa de este artículo fue publicada el día 12 de junio en el periódico la Unión de Morelos.

miércoles, 17 de abril de 2024

El cambio climático ya llegó a nuestro hogar

Cuando pensamos en qué lugares son vulnerables al cambio climático, generalmente pensamos en lugares alejados, digamos pequeñas islas en el Pacífico o en Indonesia. Por qué menciono estos lugares, porque están lejos y no vemos que podría ser nuestro propio hogar. Es más no pensamos que ya estamos siendo vulnerables a los efectos del cambio climático.
Recientemente, leí un artículo en el periódico The Economist que analiza las consecuencias para nuestros hogares del cambio climático. Como es de esperarse este periódico se enfoca en aspectos económicos y señala que alrededor de una décima parte del valor de las propiedades residenciales del mundo está amenazada por el calentamiento global, incluidas muchas casas que no están cerca de la costa. En nuestro país, el huracán Otis afectó Acapulco y la zona costera; pero cada día conocemos de un mayor número de eventos que eran raros y ahora son más comunes. Por ejemplo, hace algunos años las granizadas en el centro del país o la sequía que está afectando a gran parte del centro del país o los incendios forestales. Todos estos fenómenos, aunque aparecían en el pasado cada vez son más frecuentes o más intensos.

Imagen generada con inteligencia artificial mediante la frase "Silhouettes of a group of people are depicted against a backdrop of rolling hills and open sky. The figures walk quietly, reflecting the reticent nature of the journey. The warm colors of the sunset sky add a sense of tranquility and introspection to the scene." en leonardo.ai.

Según la estimación de The Economist, el cambio climático y la lucha contra él podrían impactar con una reducción del 9 % del valor de las viviendas en el mundo para 2050, esta cantidad es una enorme factura que pesa sobre la vida de las personas que pudieran ser ustedes o sus infantes o jóvenes. La verdad que esta población de edades pequeñas no ha usado la energía en la forma en la que nuestras generaciones las han usado; pero tendrán que pagar por nuestra irracionalidad.
Hoy en la zona intertropical, como la zona del centro y sur del país, está viviendo sequías más frecuentes y prolongadas, lo que puede afectar la disponibilidad de agua para consumo humano, agricultura y otros usos. Adicionalmente, si se contamina con hidrocarburos en las ciudades, la problemática del agua se agudiza. Las sequías también pueden provocar incendios forestales y, por ende, degradación del suelo. Las variaciones en los patrones de lluvia y las temperaturas extremas pueden afectar la producción agrícola, lo que podría llevar a la pérdida de cultivos y a la inseguridad alimentaria. ¿Te has preguntado de qué lugar vienen los alimentos que compras cotidianamente? Lo más seguro es que su producción se esté viendo afectada por las sequías o las heladas. En particular, en Cuernavaca, ciudad donde vivo, la diversidad de leche ha cambiado y no se tiene la disponibilidad que había hace algunos años. Adicionalmente, los precios de productos agropecuarios, como el limón, se han incrementado recientemente. Este tipo de fenómenos se está observando cada vez más frecuentemente. En México, ya se están anunciando las olas de calor para estos meses de abril y mayo. Al momento de escribir esta nota leo que hoy (lunes 15 de abril) se registró un récord de temperatura en el Observatorio de Tacubaya de 34.2 C. Estas olas de calor, además de las incomodidades para las personas pueden aumentar el riesgo de enfermedades relacionadas con el calor y afectar la calidad del aire, lo que podría exacerbar problemas respiratorios y cardiovasculares, especialmente para los ancianos, los niños y las personas con enfermedades crónicas.
En esta época del año padecemos sequías, pero en el verano observaremos inundaciones. En los años recientes la lluvia torrencial ha aparecido en muchas poblaciones del centro del país o de los países de América Latina de la zona intertropical provocando malas cosechas o migración. Estas inundaciones dañan viviendas, infraestructura y cultivos, y también pueden desplazar a las personas de sus hogares.
El cambio climático también puede exacerbar problemas de salud existentes, como enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Además, puede aumentar la incidencia de enfermedades transmitidas por vectores, como el dengue y la chikungunya. En estos aspectos en América Latina compartimos los efectos del cambio climático que son diferentes para las zonas templadas o mediterráneas; pero también podemos compartir soluciones.  
En los países del norte global, las aseguradoras suelen cubrir los costos de las reparaciones después de que una tormenta o incendio afecta o destruye una propiedad; pero en nuestros países la adquisición de seguros no es algo que pueda hacer la mayoría de la población, ya que no tiene la solvencia económica o la costumbre de hacerlo.
Si nuestro hogar es de nuestra propiedad, ¿podemos adecuar su construcción para sobrepasar algún evento extremo? o si rentamos ¿podemos soportar sin alterar nuestras actividades estos eventos o seleccionar viviendas que los soporten? Los eventos pueden ser como los que hemos señalado: inundaciones, falta de agua, olas de calor, invasión por insectos no comunes en la zona, etc.
Desde mi perspectiva, estas acciones de mitigación requerirán dinero y más energía. Sin embargo, esa energía tiene que provenir de fuentes renovables. Debemos exigir a las autoridades el diseño e implementación de políticas y acciones que puedan resolver estas cuestiones en nuestras colonias o barrios.
Los gobiernos pueden resolver estos problemas convocando a la acción colectiva mediante la construcción de infraestructura, y deben hacerlo en todas las ciudades o poblados, estamos en una situación donde la inversión puede ser mucho menor que los pagos de no hacerlas. El cambio climático ya llegó a nuestro hogares, reitero, necesitamos modificar nuestras actividades productivas y cotidianas buscando la eficiencia energética y el uso de fuentes renovables.

Este artículo fue publicado el día 17 de abril en el periódico La Unión de Morelos

miércoles, 17 de enero de 2024

Los planes de gobierno deben incluir el impulso a la electrificación

Sabemos que el cambio climático ha sido originado por el uso desmedido de los combustibles fósiles y, que en la actualidad, lo estamos padeciendo de diferentes formas toda la población humana y los otros seres vivos que nos acompañan en el planeta. Aunque el cambio es global, no quiere decir que en todas partes sus efectos sean iguales, ni que a todas las personas nos afecte equitativamente. Cada vez estamos más seguros que los efectos son más intensos para las personas que menos tienen.
Hoy en día, la inmensa mayoría de la población humana usa directa o indirectamente combustibles fósiles durante su vida cotidiana; pero por supuesto que cada persona los usa de manera diferente y en algunos casos de manera racional y con mesura.
Consideremos algunos datos. Las emisiones en el año 2022 promedio de la población mexicana fue de 4 toneladas de CO2 por habitante, en cambio, una persona en Estados Unidos emitió en promedio 14.9, mientras que una persona en China emitió 8, en cambio, una persona en Colombia contribuyó con 1.9 toneladas. Como vemos nuestras emisiones varían grandemente en las diferentes partes del mundo y también localmente hay variaciones. Por ejemplo, no emite la misma cantidad de CO2 a la atmósfera una persona promedio que habite en San Pedro, Nuevo León que una que viva en Cuernavaca, Morelos. También es importante mencionar que la emisión de gases de efecto invernadero no es proporcional a la cantidad de riqueza que las personas generan. Esta última afirmación va para quienes creían que al emitir menos CO2 la gente es menos productiva, incluso restringiendo productividad en su carácter económico, no hay correlación entre la productividad y la emisión.
Para medir nuestra contribución en las emisiones de gases de efecto invernadero se han desarrollado diferentes algoritmos, como la huella de carbono o la huella ecológica. De hecho, ya hay calculadoras en la Internet que nos ayudan a verificar cuáles son las actividades que realizamos con mayor contribución al cambio climático . Con ellas podemos analizar nuestras actividades con base en estos conceptos que claramente nos ayuda a tener conciencia de lo que hacemos. La idea de estas calculadoras es ayudarnos a definir una serie de acciones que verdaderamente contribuyan a disminuir nuestros impactos negativos en el entorno ambiental tanto local como global. Pero surge la pregunta ¿podemos definir acciones individuales? Para responder a esta pregunta, quizá sea conveniente hacernos algunas otras preguntas que nos parecen más cercanos. Por ejemplo: ¿cuánto contribuyen a las emisiones de gases de efecto invernadero mi forma de cocinar? ¿cuánto contribuye la forma en la que me traslado por la ciudad? ¿de qué manera contribuyen mis hábitos de consumo, de vestimenta, alimentación y esparcimiento?
Claramente estas preguntas se refieren a que analicemos las pequeñas actividades cotidianas, en síntesis a que midamos lo que hacemos y que con ello calculemos nuestras contribuciones. Sin embargo, esto no es tan fácil y las calculadoras que mencioné anteriormente están diseñadas para otras latitudes que quizá correspondan más cercanamente al norte del país. Nos hace falta definir los aspectos importantes para nuestras regiones situadas en la zona intertropical. Esta tarea no es sencilla y requiere mayores esfuerzos por parte de la comunidad académica o de organizaciones civiles ocupadas por divulgar las ideas sobre las trayectorias hacia sustentabilidad. Por estas razones, considero muy importante impulsar los temas de educación ambiental en los niveles escolares elementales y medios para asegurar que la población, cuando sea adulta o tenga capacidad de decisión, pueda intuir los cambios que se requieren para disminuir las emisiones que hacemos por vivir en esta época.

Imagen generada con inteligencia artificial mediante la frase "Realistic image of an old Mexican kitchen with a modern electric induction stove. The view is from an overhead perspective with a 45-degree downward inclination. The background is a Mexican-type kitchen with old and modern utensils." en leonardo.ai

Por ejemplo, en la primera mitad del siglo pasado el pasar de la estufa de petróleo a la con gas fue una mejora significativa para la salud y el entorno físico y ambiental. Ahora el uso de la electricidad para cocinar puede, no solo evitar los gases nocivos de la combustión en nuestros hogares, sino evitar la quema de gas en cada hogar con la consecuente emisión de gases de efecto invernadero. También es importante considerar que es más fácil y menos costoso conducir electricidad por cables que transportar el gas en recipientes, camiones cisterna o pipas o por tuberías; además, mucho menos peligroso.
Con estos ejemplos y esta discusión, considero muy importante que las personas candidatas a ocupar puestos de autoridad o legislación incluyan en sus planes el impulso la electrificación de las diferentes actividades que realizamos cotidianamente. Quisiera ver en las campañas este punto, ya que con ello se indicaría que se está pensando a largo plazo y no solo con estrategias populistas.
Adicionalmente, este impulso puede ser también fomentado desde lo personal; sí, estoy convencido que, aunque nuestras emisiones no sean muy altas, podemos empezar por electrificar nuestras actividades (productivas, hogareñas, de esparcimiento, de educación, etc.) y con ello disminuir nuestras emisiones y contribuir a combatir el cambio climático.
El combate al cambio climático es una tarea gigantesca de dimensiones planetarias y por ello requiere el esfuerzo de toda la población.

Este artículo fue publicado el día 17 de enero en el periódico la Unión de Morelos.

miércoles, 13 de diciembre de 2023

No buenas noticias

Con este título podría referirme a muchísimos eventos que estamos viendo pasar en nuestro país, en la región Latino Americana o en el mundo. Hoy no me referiré a la violencia que estamos sufriendo o a la desigualdad que viven las mujeres o a los eventos políticos que suceden en nuestros entorno. Quiero alertar sobre los avisos que se anunciaron este día lunes en relación a la declaratoria final de la COP 28 era insuficiente. La COP 28 es la Conferencia de las Partes donde se discute la política ambiental en el entorno internacional y es el órgano político de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), es decir, en estas conferencias se discuten y negocian acciones conjuntas entre las naciones para abordar el cambio climático.
De hecho, la COP 21, celebrada en Francia (2015), concluyó con el Acuerdo de París estableciendo estrategias para limitar el incremento de temperatura a 1.5 grados centígrados. El acuerdo propuesto en la COP celebrada en Dubái en las pasadas dos semanas, no tiene la suficiente contundencia para verdaderamente influir en la trayectoria de un cambio climático que se vislumbra irreversible.
Para mi es alarmante que el lunes 11 de diciembre, el gobierno alemán, indicara que el documento preliminar es insuficiente y decepcionante. En particular, este documento no considera que los combustibles fósiles deben ser sustituidos por fuentes renovables. 
El punto sensible para el gobierno alemán consiste en que la sustitución de los combustibles fósiles es una estrategia totalmente necesaria para abordar la limitación al cambio climático. Con estas afirmaciones terminó la COP 28, pero se manifestó la disposición al diálogo para continuar y luchar por convencer en lugar emitir un documento limitado.
Una de las frases desafortunada dice que las naciones se comprometen a “reducir tanto el consumo como la producción de combustibles fósiles, de manera justa, ordenada y equitativa, con el objetivo de alcanzar emisiones netas cero para, antes o alrededor de 2050, de acuerdo con la ciencia” (en inglés: reducing both consumption and production of fossil fuels, in a just, orderly and equitable manner, so as to achieve net zero by, before or around 2050, in keeping with the science). Claramente, esta frase es la que se había estado estableciendo con anterioridad, pero ante los últimos informes del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) y de los hallazgos validados por la comunidad científica, es totalmente insuficiente. Muchas naciones están de acuerdo en establecer que los combustibles fósiles deben salir del ámbito energético. Los principales desacuerdos están en el llamamiento a iniciar una fase de salida de los combustibles fósiles en lugar de su reducción. El fraseo parece simple, pero hay una diferencia muy grande en las acciones que debemos implementar para reducir el consumo y producción de los combustibles fósiles, comparadas con las acciones que debemos promover para iniciar la fase de salida de estos combustibles. Para enfatizar más este punto, podemos mencionar que en el 2021, en Glasgow en la COP 26, ya se había planteado acordar la salida de los combustibles fósiles y muchas personas y naciones pensaban que ya era el momento de iniciar esta fase con el acuerdo declaratorio en esta COP 28.

Imagen generada con inteligencia artificial con la frase "detailed Mexican city landscape with solar photovoltaics, wind turbines, green walls on buildings, road with bicycle lanes, trees and flowers on the side walks and happy people under a sunny sky and mountains in the horizon" en leonardo.ai

Las estrategias y acciones se están instrumentado en muchas partes del mundo, por ejemplo, en Europa para el año 2035 será ilegal circular en autos usando gasolina o diésel. Es claro que no se trata de si la gasolina es cara o barata, hay una conciencia sobre que la quema de la gasolina afecta nuestra vida y la de muchas otras especies.
Las negociaciones en la COP 28 fueron auspiciadas por los países extractores de las mayores cantidades de petróleo del subsuelo. Aunque estas actividades extractivistas producen riqueza para ciertos sectores de esos países, también es claro que en ellos hay desigualdades que laceran a parte de su población. Lo que sucede en esas regiones, lo conocemos por vivencia en nuestra región. Por casi un siglo, en México, hemos explotado los mantos petrolíferos de nuestro subsuelo; sin embargo, esta riqueza no ha permeado a la sociedad y la desigualdad impera hoy en nuestra población. Cerca de la mitad de la población mexicana vive por debajo de la línea de pobreza. Este dato nos debe alertar, ya que el bienestar de todas las personas fomenta el tener un bienestar individual, si hay población en pobreza nadie puede tener bienestar pleno.
No tenemos buenas noticias, pero estoy seguro de que podemos implantar estrategias y acciones desde cualquier población y sobre estas acciones comentaré este fin de año.

P.D. Después de las 22:00 hrs del día 12 de diciembre finalmente, en sesiones extraordinarias, se llegó a un acuerdo y se modificó la frase de reducción de los combustibles fósiles por transitar hacia el abandono de los combustibles fósiles ("transition away" from coal, oil and gas)). Claramente esto no es tan contundente como iniciar una fase de salida de los combustibles fósiles.


Una versión precia de este artículo fue publicada el día 13 de Diciembre en el periódico La Unión de Morelos.

miércoles, 7 de junio de 2023

El cambio climático antropogénico nos alcanzó

“Se desata ola de calor”, este fue el encabezado de La Unión de Morelos de este día lunes. Cada vez más frecuentemente estaremos sufriendo estas situaciones de temperaturas extremas, inclusive en ciudades como Cuernavaca, conocida por su agradable clima durante todo el año. Estas olas de calor que han tenido efectos directos a la población en otros lugares del mundo, están empezando a ocasionar problemas a la salud de las personas, de los animales y, por supuesto, de las plantas, es decir, a todos los seres vivos en las muy diversas regiones del planeta.

Imagen creada con inteligencia artificial usando la frase "drying trees  and people in a city suffering a heat wave,  futuristic style" en https://huggingface.co/spaces/stabilityai/stable-diffusion.

De hecho, este tipo de encabezados en los periódicos de Europa empezaron a ser comunes desde hace algunos años durante el verano, pero en climas más tropicales no habían despertado las inquietudes que ahora observamos y menos habían sido motivos de primeras planas en los periódicos.
La Comisión Nacional del Agua informó que esta semana presenciaremos la tercera ola de calor, sí ya van tres este año, y que se mantendrá al menos hasta el día 9 de junio. Los Servicios de Salud de Morelos alertaron a la población para evitar los golpes de calor y otras enfermedades asociadas. Recomendaron mantenerse hidratado, buscar estar en lugares frescos, evitar la exposición al sol, buscar que nuestras habitaciones se ventilen con aire fresco, usar cortinas o persianas para bloquear la radiación del sol en nuestras habitaciones y evitar actividades extenuantes. Es muy importante estar atento a los posibles signos del golpe de calor: mareos, náuseas, dolor de cabeza intenso, piel enrojecida y caliente. Al observar estos síntomas es importante buscar ayuda médica.
Las olas de calor son fenómenos naturales que suceden en diferentes lugares dada las variaciones climáticas de nuestro entorno; sin embargo, lo que es notable en este momento es que a partir de hoy sucederán con mayor frecuencia. Estas olas de calor irán aumentando tanto en frecuencia como en intensidad y se originan por el cambio climático antropogénico. Quiero enfatizar, que lo que ahora sufrimos lo hemos causado por usar indiscriminadamente la energía que proviene de los combustibles fósiles durante un siglo. Uno de los efectos de quemar gasolina o gas en motores o en cualquiera de nuestras actividades cotidianas es arrojar bióxido de carbono, CO2, a la atmósfera. Con este incremento de CO2 en la atmósfera aumentamos el efecto invernadero que a su vez incrementa la temperatura promedio en el planeta. A medida que la temperatura promedio de la Tierra aumenta, las probabilidades de eventos extremos, como las olas de calor, también aumentan. En síntesis, el cambio climático antropogénico está aumentando la duración, frecuencia e intensidad de estos eventos.
Ante esta situación debemos empezar a tomar medidas de mitigación y adaptación. Podemos empezar por incrementar las áreas verdes en las ciudades. Esto ayudaría a reducir la temperatura local y la vegetación aporta sombra y refresca el ambiente. Promover los techos y paredes verdes en las edificaciones, acción que tiene efecto equivalente a aumentar las áreas verdes. Reducir el consumo de energía en las edificaciones, con acciones que incrementen la eficiencia de los sistemas que se estén utilizando en ellos para utilizar menos combustibles fósiles. De lo más importante es la planeación urbana y definición de reglamentaciones de las nuevas construcciones para que incluyan estrategias de eficiencia energética y aspectos bioclimáticos; así como la definición de porciones verdes en el uso del suelo. Estas estrategias disminuyen el uso de energía y, por ende, disminuyen las emisiones de CO2 y aumentan en el confort de las personas mientras están en esas edificaciones.
Recordemos que Cuernavaca, y una buena porción de la República Mexicana, se encuentra en la región intertropical donde los efectos de las olas de calor también se manifiestan en las regiones rurales. Las olas de calor intensas o más frecuentes pueden afectar negativamente los cultivos y en general la producción agrícola. Las altas temperaturas y la falta de agua pueden provocar la pérdida de cultivos y la disminución de la disponibilidad de alimentos para las comunidades. El calor extremo de estas olas de calor aumenta la evaporación en el campo incrementando la demanda de agua o favoreciendo los incendios dañando no solo los cultivos sino a la fauna y flora de las regiones.
Estoy seguro de que mucho de lo antes mencionado es del conocimiento de quienes leen estas líneas; pero considero muy importante insistir en que la educación e información sobre los impactos negativos que estamos produciendo con el uso de los combustibles fósiles de forma desmedida es fundamental para que las personas puedan tomar decisiones informadas.
Me parece importante que se esté alertando a la población sobre los riesgos que representan las olas de calor. Además, se deben mencionar las vulnerabilidades diferenciadas para la población anciana o infantil o trabajadora al aire libre. Mencionar consejos para ser usados en los hogares es otro aspecto a ser difundido. En este sentido, el trabajo de las autoridades en los diferentes niveles de gobierno apoyados por los medios de comunicación es una alianza que hay que fomentar.
El cambio climático antropogénico nos alcanzó, tenemos que actuar para poder mitigar sus efectos y adaptar nuestras actividades a las diferentes condiciones respecto a las que crecimos como humanidad en los diferentes entornos.


Este artículo fue publicado el día 7 de junio en el periódico la Unión de Morelos.

miércoles, 30 de marzo de 2022

La reforma eléctrica no promueve el bienestar social

Hay tantos problemas, tantas situaciones que nos agobian en el día a día y que también nos ensombrecen el futuro que no nos permiten emitir opiniones y dejar plasmados nuestro pensamientos. Estoy seguro de que quienes leen estas líneas tienen propuestas que podrían compartir para atender estos problemas. También es complicado leer la información que circula y con ella construir soluciones a largo plazo que consideren situaciones específicas en nuestro cotidiano deambular.
En esta ocasión, escogí el tema recurrente en estos textos sobre la energía, en particular, la reforma a la industria eléctrica de México para comentar algunos aspectos que nutren con información las posibles ideas para elaborar propuestas concretas.
Antes me parece necesario indicar que en nuestro país, se está volviendo cotidiano el descalificar propuestas solamente por el conocimiento de quien la propone. Desde mi punto de vista, el conocer quien elabora y plantea una propuesta no debe ser el único criterio para evaluarla y entonces aceptarla o rechazarla. De hecho, considero que lo que debe aportar criterios de selección es el análisis a fondo de ellas. Con esto quiero decir que la descalificación de propuestas porque las hizo alguien de la derecha o de la izquierda o del conservadurismo o del neoliberalismo o del comunismo no conduce a construir verdaderas soluciones. La tentación que nos orilla al maniqueísmo es atractiva por su simplicidad: si todo fuera como en las historias de nuestra niñez una lucha entre buenos y malos, entre la maldad y la bondad, las posibles soluciones serían sencillas: apoyar a la bondad; pero nada más contrario a nuestra realidad que es verdaderamente compleja y donde las mayoría de nuestras acciones tienen vertientes que ayudan individualmente perjudicando a la colectividad u otras que fomentan el bienestar social, pero cuestan en lo individual. Por esto, es necesario analizar las propuestas desde diferentes puntos de vista y de ser posible contar con datos que sostengan las afirmaciones en lugar de emitir descalificaciones sin información de los posibles desempeños o de datos históricos.
A principios de este siglo la producción petrolera mexicana alcanzó su máximo histórico con una producción mayor a los 4,000 millones de barriles diarios. En esos momentos el ingreso petrolero era abundante y pudo haber sido utilizado para disminuir las desigualdades, sabemos que no fue así. Desde 2016 la caída en la producción de petróleo se ha mantenido independientemente de los esfuerzos que se hayan realizado. Es claro, el petróleo se está acabando. En lo que va del año 2022, la producción petrolera en México es menor a los 2,000 millones de barriles diarios y, desde mi perspectiva, no parece que podamos regresar a la bonanza de hace más de 15 años. Por estas razones, independientemente de las razones que demandan acciones para combatir el cambio climático, el llamado a usar la fuentes renovables es urgente.


La producción petrolera ha caído en los últimos años.

Por otro lado, en el mundo se está incrementado de manera sostenida la inversión en fuentes renovables pasando de cerca de 200 billones de dólares en 2013 a más de 350 billones de dólares en 2021 anuales. Otro aspecto llamativo es que la inversión en transporte eléctrico, sea público o individual también está creciendo y ha pasado de menos de 50 billones de dólares en 2014 a más de 250 billones de dólares en 2021. Con estos datos, es claro que el mundo del dinero gira hacia las renovables y a la electrificación del transporte por muy diversos motivos. Desde mi perspectiva, por supuesto que, el combate al cambio climático es una de estas razones. Con estas acciones las demás personas podemos influir y buscar que las inversiones no solo sean para promover las ganancias monetarias, sino que también sean utilizadas para promover el bienestar social. Es importante que estas inversiones consideren los aspectos sociales y ambientales para que construyamos una realidad menos desigual. Recordemos que solamente la electrificación de la energía en sí misma no es suficiente. El ejemplo claro es el transporte, donde la movilidad no motorizada es una herramienta que apunta hacia la descarbonización, pero también tiene impactos sustantivos en la salud de las personas y en la construcción de ambientes saludables tanto para otras especies como para las comunidades de personas.
La inversión e renovables y en electrificación del transporte esta subiendo.

Desde mi perspectiva, estos son datos que contribuyen a la discusión sobre la reforma eléctrica que no justifican la versión actual de ella, pero que aportan elementos para modificaciones que permitan tener un sistema eléctrico sustentable que disminuya los efectos que hemos causado a la atmósfera, al mismo tiempo, que promueva el bienestar social. La propuesta actual, desde mi punto de vista, no apunta en estas direcciones que estoy seguro son anhelos que la población mexicana merece disfrutar a la brevedad.
Insisto, no basta con saber quién propone alguna acción para juzgarla, es esencial analizarla y desmenuzarla para poder definir si es adecuada o no. No juzguemos a quien trae el mensaje, analicemos el mensaje para poder juzgarlo adecuadamente. Cada persona tiene la capacidad de hacer estos análisis y nadie debe seguir, sin análisis, a otra persona por más buenas intenciones que se manifiesten.

Una versión previa de este artículo fue publicado el día 30 de marzo en el periódico La Unión de Morelos.

miércoles, 2 de marzo de 2022

Urgen medidas para mitigar el cambio climáticos

Estamos en medio de guerras. Desde que recuerdo hay guerras en este planeta, parece que las sociedades no entienden que los conflictos deben, esencialmente, arreglarse mediante la discusión y el acuerdo.
Aquí, no voy a comentar los peligros de las guerras entre naciones o entre bandos delictivos, ya sean en un lugar de Europa, Asía o en nuestro país. Hoy quiero hablar sobre una guerra que las personas debemos retomar en contra de la manera en que estamos cambiando la composición de la atmósfera y utilizando los otros recursos naturales. Podemos combatir en muy diferentes frentes desde nuestra vida cotidiana y exigir que tanto los gobiernos como las empresas y las organizaciones civiles, también propongan o actúen para modificar esta forma de utilización de los recursos del planeta que modifica nuestros entornos.
Este lunes 28 de febrero el Panel Intergubernametal para el Cambio Climático ha emitido el sexto reporte abordando temas de Impactos, adaptación y vulnerabilidad. Un resumen se puede consultar en su sitio en Internet y la versión preliminar del reporte técnico también está disponible [2].
Veamos algunos de los riesgos en función del incremento en la temperatura promedio global que se alcance en los próximos años: Si se incrementa la temperatura un 1.5 °C: a) la sequía afectará a casi un billón de personas, b) los días con temperaturas arriba de 35 °C serán alrededor de 50 al año, c) el nivel de mar subirá en promedio alrededor de medio metro, entre otros impactos. En cambio, si para el año 2100 el incremento en la temperatura sobrepasa los 3 °C:  la sequía afectará a casi 1. 28 billones de personas, los días con temperaturas arriba de 35 °C serán alrededor de 70 al año, el nivel de mar subirá en promedio alrededor de 0.70 m. Estos son datos que no podemos aquilatar directamente en lo que sucederá en nuestras vidas y actividades cotidianas. En el resumen para tomadores de decisión podemos encontrar recomendaciones. 

Incendio en RBSM
Los incendios forestales se intensifican. En México cada vez más sufrimos de sus estragos.

A continuación, parafrasearé algunas de los impactos que se esperan sobre el cambio del clima: En todos los sectores y regiones de planeta, se observa que las personas y los sistemas más vulnerables se ven afectados de manera desproporcionada, es decir, se afecta más a los que menos tienen. El aumento de los fenómenos meteorológicos extremos ha provocado algunos impactos irreversibles a medida que los sistemas naturales y humanos se ven empujados más allá de su capacidad de adaptación. Es decir, ya se están observando cambios irreversibles tanto en la infraestructura que las personas hemos construido como en los ecosistemas. No es algo que sucederá, sino que se está observando. Aproximadamente entre 3,300 y 3,600 millones de personas viven en contextos altamente vulnerables al cambio climático. Una alta proporción de las especies es vulnerable al cambio climático. La vulnerabilidad humana y del ecosistema son interdependientes, lo que le afecta negativamente a las otras especies que habitan el planeta nos afecta en el mismo sentido a las personas. 
Los actuales patrones de generación de productos y servicios son insostenibles y están aumentando la exposición de los ecosistemas y las personas a los peligros climáticos. No solo es la emisión de gases de efecto invernadero, el uso de los combustibles fósiles, sino la actual manera de utilizar los minerales o las otras especies para satisfacer las necesidades básicas o creadas de las personas. Un punto importante a resaltar es que si instrumentamos acciones a corto plazo que limiten el calentamiento global a cerca de 1.5 °C se reducirían sustancialmente los impactos negativos que se prevén con el cambio climático tanto en los sistemas humanos y como en el resto del ecosistema, en comparación con niveles de calentamiento más altos. Un aspecto muy relevante es que para el año 2040, el cambio climático generará numerosos riesgos para los sistemas naturales y humanos. Los impactos que sucederán en ese futuro cercano serán, varias veces mayores que los observados actualmente. La magnitud y el ritmo del cambio climático y los riesgos asociados dependen en gran medida de las medidas de mitigación y adaptación a corto plazo, y los impactos adversos proyectados y las pérdidas y los daños relacionados aumentan con cada incremento del calentamiento global. 
La advertencia es clara, tenemos que actuar ahora, sabiendo que podemos disminuir los impactos negativos aunque no los revertiremos. Hemos iniciado la fase irreversible, al menos para escalas de tiempo humanas. La advertencia continúa enfatizando que si el calentamiento global supera transitoriamente los 1.5 °C en las próximas décadas muchos sistemas humanos y naturales enfrentarán graves riesgos adicionales, en comparación con permanecer por debajo de los 1.5 °C. De aquí lo apremiante de implementar medidas de mitigación. 
El reporte continúa con las opciones de adaptación afirmando que existen opciones de adaptación eficaces que pueden reducir los riesgos para las personas y la naturaleza. La viabilidad de poner en marcha estas acciones a corto plazo difiere entre sectores y regiones. Es decir, tenemos que generar el conocimiento para construirlas. Las soluciones integradas y multisectoriales que abordan las desigualdades sociales aumentan la viabilidad y la eficacia de la adaptación en múltiples sectores. Es claro que no podemos pensar solamente en la reducción de las emisiones, sino que tenemos que considerar el tomar acciones que redistribuyan el beneficio entre las personas y se transite hacia el bienestar social. Para esto último, es importantísimo que las acciones consideren la flexibilidad en ellas, así como que deben ser acciones multisectoriales y que involucren una planeación a largo plazo promoviendo los beneficios tanto en sectores como en los sistemas completos.  Las evidencias que se observan hoy en día indica que el desarrollo de acciones es más urgente que antes, requiriendo respuestas innovadoras y sinergias entre adaptación y mitigación.
Todo esto implica a que debemos destinar recursos económicos en los estudios para luego conformar los planes de acción y dentro de ellos las estrategias de evaluación con sus respectivos indicadores. Esto último serán los datos que conducirán a seleccionar las opciones que la flexibilidad exige y que las estrategias deben considerar. El trabajo conjunto entre gobiernos, sociedad civil, sector privado es prioritario para reducir la inequidad e injusticia que impera hoy. 
Las decisiones y acciones que como sociedad implementemos en la próxima década determinarán la medida en que las trayectorias a mediano y largo plazo generarán un mayor o menor desarrollo resiliente al clima y, por lo tanto, nos conduzcan a un bienestar más próximo al bienestar social.
Insisto, desde nuestra vida cotidiana podemos contribuir; pero también debemos exigir a los gobiernos, sector privado y organizaciones civiles que implementemos a la brevedad medidas que mitiguen el cambio climático que estamos provocando.

Una versión resumida de este artículo fue publicado el día 2 de marzo en el periódico la Unión de Morelos.

miércoles, 13 de octubre de 2021

Un sector energético mexicano que promueva el bienestar social

Empecemos con alguna buena noticia. El pasado 8 de octubre el Consejo de Derechos Humanos de la ONU aprobó por consenso, es decir, sin voto en contra, el Derecho Humano a un ambiente seguro, limpio y saludable. Con este hecho histórico se reconoce que todas las personas que habitamos este planeta tenemos el derecho a disfrutar de un ambiente que nos brinde seguridad y aporte a nuestra salud. Con esta declaración, que por cierto el gobierno mexicano votó en favor, podemos continuar exigiendo que las actividades humanas no deterioren el ambiente provocando daños a la salud y contaminando los suelos, las aguas o el aire. 
Como lo he mencionado en diversas ocasiones, las actividades humanas en este último siglo han provocado cambios en la atmósfera; sin embargo, hay que mencionar que quienes más consumen tienen mayor contribución a este cambio climático global. Aunque las consecuencias son pagadas por la población en general y quienes menos tienen pagan en demasía.
En este sentido, la propuesta de que la CFE despache primero las plantas de combustibles fósiles que las plantas solares o eólicas es un contrasentido. Ya que al no disminuir la cantidad de gases de efecto invernadero estamos obligando a las futuras generaciones a pagar los impactos negativos que hoy en día estamos generando nosotros. Es un total contrasentido despachar antes de la solar y eólica a las generadas con combustibles fósiles que son caras y contaminan. Debe quedar muy claro, el cambio climático futuro lo estamos causando quienes vivimos y usamos la energía que hoy se genera con combustibles fósiles y, más daño se provoca, si se usan el carbón y el combustóleo. 

Panel Solar generando electricidad en los techos de las casas 
(foto arp)

Para lograr que el cambio climático no sea tan grave en algunas décadas debemos actuar hoy. No es posible diferir el cambio a las fuentes renovables, de hecho, ya nos tardamos. Desde el sexenio anterior el apoyo a las renovables no fue contundente, sino que la reforma energética de ese período se encaminó a posibilitar la extracción rápida de los hidrocarburos del subsuelo. A pesar de este objetivo extractivista, se posibilitó que se abriera el mercado a las fuentes renovables. Estas fuentes renovables presentan hoy en día los precios más bajos y por ello el mercado mismo las selecciona para incrementar las ganancias.
En nuestro país la generación con renovables, solar y eólica, ha crecido y gracias a ello, se están cumpliendo marginalmente las metas que nos fijamos para colaborar en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. La forma actual de suministrar energía es despachar primero a las fuentes más baratas para luego satisfacer la demanda con las otras fuentes. Si bien este esquema es totalmente mercantilista, tiene la ventaja de que hoy las renovables son más baratas y no emiten gases de efecto invernadero. Durante muchos años, quienes estamos preocupados y ocupados en disminuir los gases de efecto invernadero para no contribuir más al cambio climático, proponíamos que se impusiera un costo adicional a los combustibles fósiles para promover la investigación y el desarrollo tecnológico; para con las alternativas renovables combatir, precisamente, a la contaminación generada con los combustibles fósiles. Esas acciones ya no son tan necesarias, sin embargo, es necesario que implantemos una política de apoyo decidido a las fuentes renovables y es urgente que saquemos de funcionamiento a las plantas generadoras de combustión.
Cada vez es más claro que el cambio climático inició desde que la humanidad controla el fuego solamente que es un cambio exponencial y lo peor es que estamos al final, donde el doble del impacto en miles de años está ocurriendo en décadas. Basta leer el artículo que salió publicado la semana pasada en la revista Nature sobre la huella que dejaron los primeros pobladores Maorís de Nueva Zelanda en los hielos de la Antártida, si esa población agrícola de roza, tumba y quema, como las culturas agrícolas mesoamericanas, dejó su huella por miles de años en los glaciares. Una muestra de que los grupos de personas a lo largo de la historia han causado impactos negativos. Solo que con el conocimiento científico de ahora lo sabemos, ellas no lo sabían, y, por lo tanto, también tenemos la obligación de cambiar lo que ha parecido natural a lo largo del tiempo.
Por otro lado, la reserva para el estado de la extracción del litio debe ser acompañada de una política que limite un comportamiento extractivista por parte de cualquier empresa o del mismo estado. Adicionalmente, su explotación debe realizarse respetando el ambiente y las culturas donde se encuentran estos yacimientos. Ideal sería promover un desarrollo sustentable, considerando aspectos sociales, económicos, ambientales e institucionales, de las regiones y del país mismo basado en la conceptualización y oferta de productos y servicios con alto valor de intercambio. Para muestra de que acciones que nos conduzcan a esquemas extractivistas no construyen el bienestar social, tenemos al petróleo que en más de 80 años no nos ha ayudado a tener un régimen de bienestar social.
Nuevamente, insisto, la propuesta de reforma en la política energética no está basada en el conocimiento, sino que parece provenir de ideas preconcebidas hace algunas décadas que hoy han mostrado no conducen al bienestar social.
Las organizaciones sociales, las comunidades, algunos pueblos indígenas, seguidas de gobiernos y empresas, promovieron ante la ONU la declaratoria para que toda persona tenga derecho a un ambiente seguro, limpio y saludable. México votó a favor de esta declaratoria. La propuesta actual de la reforma constitucional para el sector energético está a contrapelo de esta declaratoria. 
Estoy listo para colaborar con organizaciones sociales, comunidades, pueblos indígenas, gobiernos y empresas para conseguir un sector energético mexicano que promueva el bienestar social basado en decisiones colectivas y en el conocimiento.


Este artículo fue publicado el día 13 de Octubre en el periódico La Unión de Morelos

miércoles, 1 de septiembre de 2021

Propuestas para nuestras ciudades: movilidad sustentable

Es urgente la transición hacia una movilidad sustentable. Con esta frase quiero enfatizar lo que muchas personas están demandando en la actualidad, no solo se requiere de un transporte de calidad y que no emita gases tóxicos por donde pasa, sino de un verdadero sistema de movilidad. Es decir, no solo debemos esperar grande avenidas para los autos, sino que es imperioso definir sistemas de transporte verdaderamente limpios, eficientes, que aporten a la movilidad de las personas y respeten el espacio público.
En las semanas pasadas, comentaba sobre la advertencia que emitió el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático de que es urgentísimo que redoblemos los esfuerzos en las estrategias para la descarbonización de la economía en general. 
El transporte, hoy en día, es uno de los sectores con mayores emisiones de gases de efecto invernadero y que afecta a las personas en cada punto donde transita un vehículo de combustión interna.
Si bien es cierto que durante el siglo pasado se consideraba inocuo el uso de los combustibles fósiles para generar la energía que se deseara, sin buscar la eficiencia y la racionalidad en el uso de esos recursos. En la actualidad, el conocimiento que se ha generado indica que estamos cambiando la composición de la atmósfera y que con ello cambiamos el clima y ponemos en riesgo la actual forma de vida de nuestra especie y de muchas otras que nos acompañan en este planeta.
Nuestras ciudades han sido moldeadas durante más de un siglo por la ilusión de un transporte individual que incluye aspiraciones enajenantes con miras totalmente consumistas y de derroche de los recursos naturales. 

Transporte público, imagen de pxhere.com


Hoy es necesario repensar estas formas de urbanización que demandan movilización de personas por grandes distancias o de flujos intensos de personas entre sus domicilios y sus lugares de trabajo.
La solución requiere de un enfoque que considere la dinámica de las ciudades. Notemos que las ciudades son verdaderos ejemplos de lo que llamamos sistemas complejos. En varias ocasiones hemos discutido que en este tipo de sistemas, entender las interacciones es más importante que considerar a los entes que los forman para promover un funcionamiento que fomente el bienestar de todos los entes. Es decir, para propiciar el bienestar social es necesario conocer las dinámica en estos sistemas complejos, más que considerar a las personas individualmente.
Las semanas anteriores comentamos en estos textos algunas sugerencias para promover este bienestar social a las autoridades municipales que están por asumir sus cargos, dadas las elecciones del pasado mes de junio en México.
Hoy nuevamente comentamos la necesidad de iniciar un cambio radical en la concepción de la movilidad en los entornos urbanos y rurales. Esta concepción debe privilegiar primeramente a la movilidad más que a los sistemas de transporte. Ciertamente es esencial modificar la forma de pensar y en lugar de construir sistemas de transporte, se debe conceptualizar una urbanización que permita una movilidad eficiente y limpia. Hoy se define una urbanización y posteriormente se adecúan los sistemas para la movilidad de las personas o productos. 
Necesitamos concebir que la urbanización debe promover un transporte con acceso equitativo, seguro, limpio y eficiente. Este tipo de transporte también debe respetar el espacio público para la convivencia.
Las personas que han tenido en sus manos la toma de decisiones han postergado la implantación de esta visión, ya que se requiere de una cambio en la infraestructura de las ciudades que no necesariamente se podrá concluir en los períodos de vigencia de las autoridades. Aplazar las soluciones es condenar a las generaciones actuales y futuras a continuar sufriendo las consecuencias de este cambio climático.
En la mayoría de nuestras ciudades es posible implementar un sistema de movilidad pública eléctrica articulado con infraestructura para la movilidad no motorizada. 
En Cuernavaca es posible tener al menos dos sistemas troncales de autobuses eléctricos acompañados de la adecuación de la ciudad para la movilidad peatonal y de ciclistas. Lo mismo puede diseñarse para diferentes ciudades tanto en nuestro país como en otros entornos latinoamericanos.
Valga este exhorto para las autoridades que en breve asumirán el cargo.

Este artículo fue publicado el día 1 de Septiembre en el periódico La Unión de Morelos

miércoles, 28 de julio de 2021

Para contender con la COVID-19 y el cambio climático

Por supuesto que deseamos salir de la crisis económica y de salud en la que estamos inmersos. Es más, también es nuestro anhelo combatir el cambio climático que está empezando a hacer estragos en muchas partes del mundo y que se ha manifestado, también, en nuestro país. Para muestra, un botón, recordemos los incendios que sufrimos en 2019 que causaron el cierre de las actividades económicas y de educación en algunas ciudades del centro de la República Mexicana.  

Imagen de Freepik

Cambio climático, imagen de Freepik


Seguramente, algunas personas pueden alegar que las inundaciones, el incremento en la intensidad de las tormentas o algún otro evento extremo son estadísticamente probables; pero ya son más frecuentes y se manifiestan de manera generalizada en el planeta indicando que pudiera ser algo precisamente global causado por las actividades humanas del último siglo. Desde mi perspectiva, es el uso indiscriminado de la energía fósil que está cambiando la composición de la atmósfera y con ello nuestro clima.
Con la intensión de cambiar la situación, tanto urgente como de largo plazo, se están poniendo en funcionamiento diversas medidas en diferentes regiones. Cada propuesta puede estar pensada para un contexto socioambiental específico y con acciones diferenciadas. Para saber si estas acciones son las adecuadas es imprescindible medir su desempeño. Esta medición debe ser tal que verdaderamente brinde elementos para evaluar el desempeño de las acciones que se proponen. No pueden ser indicadores para salir del paso, sino que requieren de un proceso de análisis crítico de lo que se desea, y que requiere de una honestidad por parte de las personas que proponen las acciones o medidas. En muchas ocasiones las personas que proponen estos indicadores son las mismas que proponen las medidas. En esta situación se debe buscar el máximo desempeño en lugar de buscar una evaluación de medianía.
Donella Meadows en su libro “Thinking in Systems” alerta sobre el uso de indicadores que conducen a un bajo desempeño para satisfacer a las mayorías en lugar de buscar el máximo desempeño para conducir al bienestar de los comunes a largo plazo. La idea de contar con indicadores cuantificables y comparables conduce a una posible evaluación objetiva por parte de las personas involucradas. En este sentido, Elinor Ostrom, en “Governing the Commons” también enfatiza que la información es fundamental para actuar y evaluar las propuestas instrumentadas. Así es necesario, que estos indicadores sean compartidos con la población en general.  
Normalmente, la información se genera y puede ser analizada por personas entrenadas, quienes deben tener la visión y el compromiso de compartirla y promover la apropiación de esa información por parte de las más amplias comunidades. 
La idea de compartir la información en conferencias periódicas sobre la pandemia de la COVID-19, en principio, es importante; sin embargo, como ya se ha mencionado la selección de los indicadores debe ser rigurosa y comprometida con la evaluación del desempeño en lugar de obedecer a esquemas que se presten a interpretaciones subjetivas o encubridoras de limitaciones de las propuestas o acciones.
Con estas ideas en mente, Meadows alerta sobre la necesidad de buscar el beneficio a largo plazo en lugar de argumentar bondades inmediatas o de encubrir bajos desempeños.
Desde mi punto de vista, en cuanto al manejo de la crisis de salud provocada por la COVID-19, los indicadores que se pueden construir para nuestro país están disponibles, pero tienen limitada cobertura por el hecho de limitar las pruebas. Sin embargo, un dato muy duro son las muertes en exceso que claramente indican hay un manejo enfocado a mantener el número de camas disponibles para tratamiento en lugar de haber sido dirigido a minimizar las pérdidas de vida.
En cuanto al cambio climático, el indicador de uso de fuentes renovables es un dato revelador, pero la información de la distribución en el uso de la energía per cápita es realmente una herramienta que nos conduciría a definir estrategias diferenciadas para los diferentes grupos poblacionales. Estas distribuciones en el uso de la energía indicarían que hay regiones y grupos poblacionales que deben urgentemente disminuir su uso irracional de energía y otras regiones o grupos a los que se les debe otorgar el acceso a una energía de calidad y suficiente para su bienestar.
De esta manera, es imperioso, primeramente, construir conjuntos de indicadores que nos conduzcan al mejor desempeño y, segundo, con el detalle para definir estrategias diferenciadas para construir el bienestar social.


Este artículo fue publicado el día 28 de julio en el periódico la Unión de Morelos

miércoles, 9 de junio de 2021

Lo inmediato, las elecciones pasaron, ahora a construir el futuro

En este principio de siglo, la sociedad mexicana ha cambiado su percepción de las elecciones. Recuerdo claramente los comentarios en la década de los años 1970 y 1980 sobre el llenado de urnas, la invalidación de los votos a la oposición de entonces, las estrategias de acarreos, los votos múltiples y una interminable mención de acciones para hacer trampa en las elecciones. Sí, de acciones para cometer fraude electoral. En este siglo, después de la construcción paulatina de un IFE primero y ahora de un INE, las desconfianzas sobre el conteo cibernético o a la manipulación de datos que se esparcieron entre sectores amplios de la sociedad a principios de este siglo. Por ejemplo, recuerdo los esfuerzos de colegas utilizando la información que se vertía en páginas del IFE para analizar los cambios y detectar anomalías. El esfuerzo hormiga que muchas personas realizamos con la verificación de actas de las casillas electorales mediante fotos enviadas por otras personas voluntarias y su verificación posterior con el reporte final de las elecciones. Estas acciones ciudadanas fueron motivadas por la ausencia de datos disponibles y confiables para verificar lo sucedido en el conteo o en la transcripción a los resultados finales, donde se realizaba el fraude en el siglo pasado. Estos esfuerzos  y sus resultados fueron generando confianza, pero mediante caminos tortuosos y plagados de obstáculos que hoy han sido allanados.
En esta ocasión, la jornada del 6 de junio transcurrió sin suspicacias en torno al conteo o al fraude en las urnas o en la transcripción de los resultados de las actas de casillas a los resultados finales. Desde mi punto de vista, hay un gran avance en la confiabilidad que la institución electoral, que hemos construido y que vigila las elecciones, ha despertado en la población mexicana. En esta ocasión, la jornada electoral marchó con participación ciudadana y se están realizando las denuncias pertinentes en donde es necesario, pero no movilizó a una ciudadanía vigilante fuera de los causes institucionales, como había ocurrido en las primeras elecciones de este siglo.
Es más, en los portales de conteos, los PREP federales o estatales pusieron los datos a disposición del público mediante bases de datos abiertas para facilitar el análisis estadístico y de coherencia que se deseara (en las ligas están los ejemplos de los datos nacionales y de Morelos ). Esta actitud de transparencia despierta confianza. Adicionalmente, los grupos encargados de realizar estos análisis también abrieron (pusieron a disposición del público) los códigos que utilizaron para, a partir de los conteos rápidos, dar los resultados preliminares con confiabilidad estadística (como ejemplo el código del equipo 2 del COTECORA). Estas dos sencillas acciones, pero de profunda apertura y transparencia, otorgan la posibilidad de verificación del manejo de datos e incrementan la confianza, basada en datos y su múltiple análisis y escrutinio, que la ciudadanía puede construir en los procesos electorales mexicanos.
Comparto la tranquilidad que nos ha dejado este proceso electoral, en general se percibe que la voluntad de la ciudadanía que se manifestó se ha respetado. Por supuesto, quedarán algunos casos por resolver; pero el sentir es que podemos seguir en camino hacia una democracia participativa, con sus bondades y limitaciones, revisando otros aspectos como el comportamiento no adecuado en las campañas por parte de algunos contendientes.
Me parece que ya resuelto lo inmediato, ahora debemos preocuparnos por construir nuestro futuro.
Ya en este camino tenemos que atender dos crisis que nos agobian en estos momentos. La crisis provocada por la COVID-19 y la emergencia que está demandando el Cambio Climático son dos problemas que exigen acciones inmediatas que se traducirán en bienestar en el futuro. Al menos con estas dos urgencias en mente, propongo poner a discusión la conveniencia de comprar una refinería en otro país. Por ejemplo, con el dinero que se va a invertir en la refinería en Texas se podría construir un consorcio de industrias mexicanas dedicadas a la fabricación de vacunas. ¿Sería más conveniente? El argumento del actual gobierno por la lentitud en la vacunación, a principios de año, fue que no se surtía de vacunas con la suficiente rapidez, pero esto no sucedería si esas vacunas se fabricaran en nuestro país. Las ventajas de construir empleos aquí son obvias: se invierte en nuestro país, disponibilidad de vacunas, empleos bien remunerados para personal técnico especializado en el país, posibilidad de vender o donar vacunas a otros países, obtención de divisas, etc. En cambio con la comprar de la refinería en Texas se abren o mantienen fuentes de empleos en otro país para sus ciudadanos, se usa tecnología que será obsoleta en algunos años, se invierte en el extranjero, se descapitaliza al país, se ofrecerá gasolina a una sociedad que ha despilfarrado la energía de los combustibles fósiles y que es responsable de una buena parte de las emisiones de gases de efecto invernadero que está cambiando en clima en el planeta. Si se analiza esta inversión en Texas con miras a corto plazo pudiera aparecer rentable, ya que habría gasolina asegurada, sin embargo la gasolina no cura o evita cambios globales. Con miras en el futuro de la juventud mexicana parece más adecuado invertir en tecnologías que produzcan bienes o servicios con valor de intercambio. Este es un ejemplo y no estoy casado con él, pero podemos cuestionar otras acciones con esta visión de largo plazo y hacer las modificaciones necesarias en la política pública en todos los niveles. Por supuesto, no soy joven y no estoy abogando por mis privilegios, estoy llamando a verdaderamente construir el futuro de nuestra juventud que está atado a la construcción de una sociedad que considere para su vivir aspectos ambientales, económicos, sociales e institucionales.
Con la paulatina, pero sólida, construcción de la institucionalidad en nuestro país debemos continuar forjando y fortaleciendo estas entidades autónomas (por ejemplo el INE) que nos ayuden a vigilar el tránsito a la construcción del bienestar social. 


Una versión previa de este artículo fue publicada el día 9 de junio en el periódico la Unión de Morelos

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Por un sector energético que promueva el bienestar social

En nuestro querido pero vapuleado país, en las últimas semanas… digo en los últimos meses... mejor dicho en los últimos años hemos observado como se promueve el uso de los combustibles fósiles en lugar de fomentar el uso de las fuentes renovables de energía.  Cualquier persona puede revisar mis comentarios en estas páginas donde he escrito en muy diversas ocasiones la ausencia de una política energética clara de apoyo a las renovables. Desde la llamada reforma energética que fue concebida en los momentos de máximos precios del petróleo, donde se auguraba que esos precios posibilitarían la inversión extranjera para sacar más rápido el petróleo del subsuelo y venderlo para tener ingresos a las arcas nacionales. Digo a las arcas nacionales no para el beneficio social de nuestro país. Esa reforma energética sin querer benefició la inversión en fuentes renovables que cada día son más baratas en comparación con la energía que proviene de los combustibles fósiles. Recordemos que al usar estos combustibles modificamos la composición de la atmósfera provocando un cambio climático que, a su vez, está propiciando que los eventos extremos en la atmósfera aparezcan más frecuentemente y con mayor intensidad. Debe quedar claro que si la atmósfera se calienta habrá más energía disponible y, por lo tanto, los huracanes y ciclones se manifestarán más violentamente. La energía disponible favorece las mayores velocidades de viento; así como el agua evaporada es mayor y, por ende, la precipitación pluvial aumenta. Esta es una muy sencilla forma de explicar lo que nos espera ante este cambio climático antropogénico.  
Después de esta desviación explicativa de los efectos del cambio climático. Regresemos a la política energética, en el año 2018 en las propuestas de campaña de los tres principales candidatos se observaba que Andrés Manuel López Obrador mencionaba a las fuentes renovables en su escrito político, mientras que los otros dos candidatos mencionaban a las energías limpias. La diferencia está en la ley mexicana que define como energías limpias: las renovables, la nuclear y la cogeneración eficiente. Esta última normalmente se realiza con gas natural en ciclos combinados, pero no deja de emitir gases de efecto invernaderos causantes del cambio climático. Por lo tanto, yo prefiero hablar de renovables para ser claro y específico. Así con esa propuesta de plan de gobierno de AMLO se esperaba un apoyo a las fuentes renovables; pero, para mi sorpresa, la política energética se ha centrado en buscar una mayor extracción de petróleo, que por cierto no se han cumplido las metas en este rubro, y en la construcción de una refinería. Además de aferrarse a la entronización de las empresas productivas del estado en el sector energético, cuando ahora las fuentes renovables de energía apuntan hacia una verdadera democratización de la generación con su inclinación hacia la generación distribuida.
Cuando en otras latitudes se fomenta la generación distribuida para evitar pérdidas por la transmisión, en nuestro país se desea regresar a un centralismo en la generación que ya mostró su incompetencia para evitar que más del 40 % de la población mexicana esté por debajo de la línea de pobreza. En estos momentos la empresa productiva del estado en el ámbito de la electricidad está perdiendo la oportunidad de ponerse a la vanguardia en cuanto a la tecnología inteligente para manejo de la red de Transmisión y Distribución y se aferra a retornar a un dominio centralista de la generación, donde perdió su oportunidad de ser innovadora hace varias décadas, yendo en dirección opuesta al beneficio social.
Por otro lado, las estadísticas internacionales indican que en el sector energético las fuentes de empleo están en las renovables, principalmente en la solar. Además, señalan tanto IRENA como IEA, las dos agencias internacionales en el ámbito energético, que los empleos en las fuentes renovables son de calidad en comparación con los empleos en las fuentes de combustibles fósiles. Es decir, si preparamos a personas en el sector de las renovables su salario será mejor que en el sector de combustibles fósiles. 
Por estas razones y muchas otras que hemos escrito muy diferentes personas a lo largo de estos años, invito a la población en general a reflexionar y actuar en consecuencia. El uso de las fuentes renovables, solar, eólica, biocombustibles no solamente son viables, sino en muchos casos más baratas. Además, no aumentan el contenido de gases de efecto invernadero en la atmósfera y demandan empleos de calidad. Si la política energética no fomenta a las renovables nosotros como población pensante si podemos hacer el cambio y usarlas. Necesitamos un sector energético que verdaderamente promueva el bienestar social y no solo el de unos cuantos. 

Este artículo fue publicado el día 4 de Noviembre en el periódico la Unión de Morelos.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Democracia, centralismo y transición energética

La crisis de salud y económica que estamos padeciendo nos ha mostrado que tenemos que replantearnos la forma de vida que estamos llevando. Esta forma de utilizar los recursos naturales lo más rápido posible para obtener los mayores beneficios económicos en el menor tiempo posible y sin construir el bienestar social nos ha conducido a una estructura totalmente desigual e injusta. Con el actual modelo económico las desigualdades son lacerantes y una proporción muy grande de la población no obtiene ni los mínimos satisfactores, cuando otra proporción extremadamente pequeña de la población vive en la opulencia malgastando y desperdiciando los recursos a las que otras personas no tienen acceso. 

Por otro lado, en estos textos he planteado en diversas ocasiones que la descentralización de la generación de energía usando las fuentes renovables posibilita la democratización de la energía y por ende facilita la construcción del bienestar social y no solo del beneficio a unas cuantas personas. En este contexto, un colega periodista, Juan Mayorga, me llamó la atención sobre un artículo que analiza en un plano de dos dimensiones esta dicotomía. En este trabajo Ryan Thombs, pone en un eje el tipo de propiedad de la fuente: monopolista o democrática y en el otro eje el tipo de planta de generación: centralista o distribuida. Con esta forma esquemática analiza las opciones en cuatro cuadrantes: (1) descentralismo energético libertario, (2) centralismo energético tecnocrático, (3) centralismo energético democrático y (4) descentralismo energético democrático. El esquema descentralismo energético libertario, consiste en tecnologías de energía distribuida que pertenecen y son operadas principalmente por empresas privadas que maximizan las ganancias con una modesta supervisión y regulación gubernamental. El segundo (centralismo energético tecnocrático) consiste en un sistema energético donde el control está centralizado independientemente de que sean de propiedad estatal, privada o una combinación de ambas; las decisiones relacionadas con el sistema se toman centralmente basadas en aspectos tecnócratas. La tercera (centralismo energético democrático), aunque la toma de decisiones en este esquema es democrática lo esencial es que las tecnologías y los sistemas son centralizados. Finalmente el cuarto esquema contempla la toma de decisiones en forma democrática y añade la operabilidad descentralizada de las fuentes de energía, es decir se contemplan la generación distribuida, las tecnologías de red y la cercanía entre la generación y el uso de la energía. Para mi resulta muy interesante y novedosa la forma de presentar las opciones, Thombs indica que las cuatro alternativas no son equivalentes en términos de potencia, equidad e impacto ecológico. 

El artículo fue publicado a principios del año pasado cuando todavía no existía la pandemia del COVID-19, sin embargo, su análisis concluye en que actualmente, la mayoría de las sociedades reflejan el descentralismo energético libertario o el centralismo energético tecnocrático, que la propia pandemia nos ha invitado a cuestionar. Bajo el análisis de Thombs, se observa que es poco probable una transición justa bajo estos esquemas dada la naturaleza explotadora y al consumo insostenible de recursos que imperan en ellos. Así, Thomb considera que para cualquier transición justa es fundamental democratizar las relaciones sociales, incluidas aquellas del sistema energético. Por otro lado, enfatiza que la escala del sistema energético desempeñará un papel fundamental en la configuración y el refuerzo de las relaciones sociales en el futuro energético. En particular, señala que merece una seria consideración por parte de activistas sociales y legisladores la configuración de la propiedad social de la generación de energía. Por lo tanto, sugiere crear e implantar instrumentos de política que sean multiescalares, como los que caracterizan al esquema democrático descentralizado y contemplar las escalas desde edificios, barrios, ciudades, regiones, etc. Aunque advierte que la centralización o descentralización completas tendrán limitaciones tanto sociales como ecológicas, por lo que un futuro justo y sostenible probablemente será una amalgama de esquemas contemplando las diferencias de las comunidades, recursos, tecnologías y estructuras de gobernanza y todos ellos interconectados. Ante este análisis, desde mi perspectiva, planteo utilizar la herramienta, muy útil en el ámbito de la efectividad gerencial, de proponer hacer un análisis usando un tercer eje el del bienestar social opuesto a solo el bienestar individual, donde podamos realizar una estructuración de las bondades y de las limitaciones de cada esquema en la construcción de ese bienestar social. 




Claramente el análisis deberá realizarse en el marco de las cuatro dimensiones de la sustentabilidad: economía, naturaleza, sociedad y el ámbito organizacional. Todas estas dimensiones se enmarcan en el trabajo de Thombs y merecen ser revisadas a la luz del eje del bienestar social. Aquí enfatizo la palabra social ya que los actuales esquemas descentralismo energético libertario o centralismo energético tecnocrático han propiciado el bienestar de unas cuantas personas. Este análisis queda pendiente, pero me parece puede hacerse.

La acertada coexistencia o combinación de estos esquemas para construir un sistema energético justo depende claramente de los entornos naturales y sociales de las diferentes regiones, por lo tanto, a la luz de ese trabajo proponer esquema único es un error conceptual evidente. Es decir, la selección acertada depende fuertemente de la situación en articular de la región o localidad del sistema energético. 

La problemática actual del sistema energético y las herencias centralistas y antidemocráticas que padecemos de los combustibles fósiles deben ser revisadas y utilizar las bondades democratizadoras y descentralizadores que nos otorgan las fuentes renovables. 


Una versión previa de este artículo fue publicada el día 2 de Septiembre en el periódico la Unión de Morelos.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

Incerteza en el conocimiento científico y la toma de decisiones

En estos textos he comentado en varias ocasiones que la toma de decisiones debe basarse en el conocimiento científico y que las acciones derivadas de estas decisiones seguramente ayudarán a resolver la problemática que enfrentamos. Sin embargo, es importante mencionar que el conocimiento científico tiene asociada incertidumbre en las afirmaciones y, aunque los científicos las reconocemos, muchas veces hablamos como si no existieran o, por otro lado, las enfatizamos y pareciera que todo fuera totalmente inexacto. Este último comportamiento, el de hablar cotidianamente con aseveraciones totalitarias puede conducir a malinterpretaciones por parte de la población en general al referirse al conocimiento generado. Esta situación es más sensible en temas donde puede haber debate mientras se construye el conocimiento, como por ejemplo el Cambio Climático Antropogénico.
Recientemente, aparecieron dos artículos abordando la problemática de la confianza en los datos científicos sobre el cambio climático en la revista Nature Climate Change y su influencia en la aceptación sobre el tema en la población de los hallazgos científicos. Aunque estos estudios fueron realizados en forma independiente y en dos poblaciones diferentes (Alemania y Estados Unidos) sus conclusiones son de llamar la atención para la población mundial y para los científicos en general.
Uno de ellos el publicado en el pasado mes de Octubre comenta que la confianza en el conocimiento que tiene la población puede ser muy relevante para la toma de decisiones en áreas de alta incertidumbre. En particular, para el área del cambio climático, donde existe información científicamente correcta junto con la información errónea en el discurso público y de algunos medios de comunicación o redes sociales. En ese trabajo se encontró que la confianza de los ciudadanos en sus conocimientos sobre el cambio climático fue solo alrededor de la mitad de lo que podría basarse en la precisión de sus conocimientos. Además, su confianza sobre la precisión del conocimiento que manifestaron fue menor para el área de cambio climático en comparación con la confianza que tienen en el conocimiento de ciencias en general. Los resultados de este trabajo sugieren que la confianza de los ciudadanos en su conocimiento sobre el cambio climático es innecesariamente confusa dado su conocimiento real sobre ellos. En mi opinión, esto puede deberse a la cantidad de malinformación que está siendo difundida con lenguaje pseudo científico en los medios masivos de comunicación o en las redes sociales.
En el otro estudio publicado en este mes se manifiesta la necesidad de presentar los resultados científicos asociados a la certeza con que son generados. Es decir, que es importante hacer conocer al público en general que los resultados tienen incertidumbre y que, la población debe aprender a manejar estas incertezas del conocimiento científico para tomar decisiones. Así en el tema del cambio climático, donde las predicciones no pueden hacerse con total certeza, reconocer la incertidumbre puede aumentar la confianza en los científicos y la aceptación pública de sus mensajes. Este estudio rechaza la afirmación de que expresar incertidumbre disminuye la persuasión. El público lego a menudo opera bajo el supuesto de que reconocer la incertidumbre reconoce la debilidad. Sin embargo, las personas en general parecen reconocer que la certeza completa en las predicciones futuras no es posible, especialmente en el contexto del calentamiento global. Así, si los científicos que admiten abiertamente las limitaciones inherentes a sus predicciones pueden reforzar su credibilidad y, como resultado, pueden aumentar el uso apropiado de los hallazgos científicos por parte de no expertos. Por esta razón, la comunicación óptima sobre el cambio climático puede implicar presentar incertidumbre que tiene límites predecibles sin abrumar al público con la discusión de factores que involucran incertidumbre irreducible.
Con este texto, quiero enfatizar dos puntos: 1) Para los científicos que tenemos que hablar al público en general manifestando la certeza que tenemos en nuestros hallazgos sin enfatizar en la imposibilidad del conocimiento total. 2) A las personas no especialistas (científicos en otras áreas o personas en general), recordarles que los conocimientos científicos tienen incertidumbres y que debemos aprender a manejar esos diferentes grados de certeza en el conocimiento científico para tener confianza en lo que conocemos y tomar decisiones más apegadas a estos conocimientos.
La ciencia construye constantemente conocimiento que puede hacer que cambiemos las decisiones que tomamos con anterioridad basadas en conocimientos previos.


Una versión previa de este artículo fue publicada el día 29 de Noviembre en el periódico La Unión de Morelos.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Correlación entre usuarios de renovables y diversidad política

Muchas veces me he preguntado por qué no actuamos para cambiar la situación del cambio climático a la que nos enfrentamos. Me refiero a que claramente estamos observando, sin actuar, situaciones que son consecuencias de este cambio climático antropogénico. Por ejemplo, la inundación de la ciudad de Venecia y la aparición de huracanes más violentos que azotan las islas caribeñas. Quizá nos parezcan lejanas ya que las mencionadas suceden realmente lejos de nuestros entornos cotidianos; pero dado que ahora la información fluye muy rápidamente deberíamos estar preocupados y ocupados en actuar para evitar este cambio que no augura una vida más placentera, en el futuro, para la mayoría de la población.
Por otro lado, a veces me he preguntado ¿la inclinación política sesga las decisiones sobre las acciones para contender contra el cambio climático?
Estaba rumiando estas ideas cuando noté un artículo en la revista Nature Energy, este pasado lunes 18 de noviembre, analizando algunas de las inclinaciones políticas de las personas que han instalado sistemas fotovoltaicos en sus casas. Me llamó la atención una de las posibles conclusiones de trabajo en el sentido que los hogares que tienen instalada energía solar en la azotea sean habitados por personas con diversos orígenes políticos; pero que sean mucho más propensos a ser políticamente activos. Este estudio fue realizado por académicos de la Universidad de California. Los científicos analizaron los registros históricos de votación e imágenes satelitales para comparar el comportamiento de los votantes con las propiedades donde se han instalado sistemas solar. Se tomaron en cuenta varios factores demográficos para garantizar que el estudio pudiera identificar con precisión las posibles correlaciones entre los resultados de diversas votaciones y la propiedad de sistemas fotovoltaicos en los techos de las casas. Los científicos encontraron que mientras los propietarios de sistemas fotovoltaicos en los techos eran ligeramente más progresistas en sus ideas políticas, y generalmente tendían a votar por los demócratas, esta tendencia era muy pequeña; pero no era un indicador determinante de cómo las personas votaban. Los datos refieren que, en las localidades analizadas, se encontró que el 34% de las personas que instalaban sistemas fotovoltaicas eran demócratas; mientras que en el grupo control era del 31%. En cambio, el 20% se declaraba republicano mientras que el 22% lo era en el grupo control. Claramente estas pequeñas diferencias no pueden ser concluyentes. Sin embargo, lo más relevante era que los sistemas fotovoltaicos eran instalados independientemente de la orientación política. Así, la investigación mostró que los propietarios de los sistemas solares en la azotea votaban indistintamente por los partidos demócratas o republicanos a tasas casi idénticas a la población general de la zona analizada. Por lo tanto, los investigadores concluyeron que no había correlaciones entre la instalación fotovoltaica y la afiliación a un partido. Dado que los científicos tampoco encontraron correlación ideológica en los que instalaron primero o después los sistemas fotovoltaicos, se puede concluir que el momento de la adopción de la tecnología solar no es un indicador de la afiliación política.


Si bien la adopción de una tecnología renovable, como la energía solar, no parece estar correlacionada con una afiliación política particular, la investigación sí encontró que los propietarios de sistemas solares eran sustancialmente más activos políticamente que sus vecinos, y eran significativamente más propensos a haber votado en elecciones anteriores. Esta conclusión fue sustentada al encontrar que los propietarios de la energía solar en la azotea votaron con mayor frecuencia en las elecciones federales y municipales que en los grupos control. Además también se encontró que eran más activos durante las elecciones "primarias" en las que se eligió a un candidato particular del partido por los votantes (recordemos que en Estados Unidos, hay elecciones para elegir al candidato de un partido y a estas elecciones se les llama primarias).
Este estudio, aunque realizado en Estados Unidos y para el entorno específico de California parece indicar que precisamente las personas con mayor iniciativa y participación son las que primero seleccionan tecnología renovable y entonces la respuesta a mi pregunta sobre la inclinación política de los que actúan contra el cambio climático no tiene una respuesta sencilla.
Sin embargo, con este estudio reafirmo que nosotros como sociedad activa podemos propiciar el cambio hacia un mundo sustentable y podemos llegar a establecer consensos independientemente de la inclinación partidista, solamente tenemos que pensar en el largo plazo. Así que tenemos que actuar ya y no esperar a que otros lo hagan por nosotros.


Una versión previa de este artículo fue publicada el día 20 de Noviembre en el periódico La Unión de Morelos.